martes, noviembre 17, 2009

Tras las huellas de Lévi- Strauss

Tras las huellas de Lévi- Strauss
Tomado de http://www.semanario.ucr.ac.cr/index.php/mainmenu-suplementos/mainmenu-loslibros/1628-tras-las-huellas-de-levi-strauss.html


Escrito por Daniel Arjona
“Desde niño me he sentido incómodo ante lo irracional y desde entonces he intentado encontrar un orden por detrás de aquello que se nos presenta como el desorden”.

Así describía hace años, con iluminadora sencillez, el antropólogo francés Claude Lévi-Strauss (Bruselas, 1908) su quehacer intelectual y, por ende, el significado último de la corriente estructuralista de la que es principal referente: “buscar el orden tras el desorden”.


Su indiscutible magisterio movilizó poderosas energías intelectuales durante toda la segunda mitad del siglo XX. El estructuralismo que aplicó a los estudios antropológicos, -receloso ante la moda en que se convirtió en los sesenta y que, como tal, pronto se marchitaría-, no era según él más que una tentativa de trasladar a la lingüística, la antropología y las ciencias sociales en general “lo que las ciencias naturales han venido realizando desde siempre” (Mito y significado, Alianza, 1987). Se trataba de fabricar instrumentos conceptuales que nos permitieran conocer las férreas estructuras que rigen las actividades de los hombres con independencia de su voluntad: parentescos, sistemas mitológicos, tabúes... ¿Qué balance hacen hoy filósofos y antropólogos de su legado? ¿Y qué fue del estructuralismo?

Para el filósofo y catedrático de la Universidad de Barcelona Manuel Cruz “la onda expansiva de la obra de Claude Lévi-Strauss desborda los confines de cualquier especialidad alcanzando a afectar por entero al imaginario colectivo de nuestra época”. Coincide con él el catedrático de Filosofía de la Universidad de Sevilla Manuel Barrios Casares, quien defiende que Lévi-Strauss “dotó a la antropología de una nueva dimensión en su labor de explicación y comprensión de la vastísima diversidad de los fenómenos culturales mediante la búsqueda de constantes universales. Y logró un marco institucional estable para una clase de estudios que en su momento no gozaban de suficiente reconocimiento académico”.

GENERALIZACIONES ABUSIVAS

El sociólogo y filósofo argentino Juan José Sebreli recuerda que “Lévi-Strauss se lamentaba de que sus seguidores habían deformado sus ideas al extrapolarlas a otras disciplinas. él mismo, sin embargo incurrió en generalizaciones abusivas al tratar de legitimar sus opiniones en cuestiones sociales, políticas, filosóficas y estéticas, por su seriedad científica como antropólogo. Pero algunos de sus colegas señalaron que también en antropología se basaba con frecuencia, en juicios apriorísticos, más que en observaciones directas”. Señala Sebreli que “el libro que le catapultó a la fama Tristes trópicos, le sobrevivirá, más que por sus cualidades científicas, por su belleza literaria y la originalidad del género, combinación de autobiografía, diario de viaje y filosofía rousseaniana”.

Tristes Trópicos (Paidós, 1988), el libro de viajes que abre con la expresiva afirmación “odio los viajes y los exploradores”, es un clásico del siglo XX. El etnógrafo relata en él sus experiencias en la amazonía con los caduveos, bororos, nambiquara o tupi-kawaib, aquellos “salvajes civilizados” como los bautizó, con los que atesoraría un ingente material etnográfico reelaborado sin cesar durante el resto de su carrera. En este libro puede hallarse además una vindicación apesadumbrada y bellísima de la renuncia al sujeto que sirve de basamento a la teoría estructuralista.

Con vistas a clarificar un panorama teórico algo confuso en el que con el adjetivo “estructuralista” se ha aplicado en ocasiones a teorías disímiles, Manuel Cruz aclara que, “aunque parezca obvio, conviene recordar que lo más característico del discurso estructuralista es su reivindicación de la noción de estructura”.

LA NOCIÓN DE “HOMBRE”

“O, si se quiere decir de otra manera”, prosigue Cruz, “su idea de que existen sistemas o dispositivos anónimos, supraindividuales, de diferente tipo -estructuras económicas, antropológicas, psíquicas, lingüísticas, históricas...- que, desde el punto de vista del conocimiento, sirven para explicar mejor de lo que lo hacían las nociones preexistentes -especialmente las de hombre, persona y similares- el transcurrir de los acontecimientos, y que, desde el punto de vista práctico, desarrollan una eficacia infinitamente mayor que la de los elementos más pequeños -como los correspondientes a la escala individual-”.

Por su parte, Sebreli niega novedad alguna al tipo de discurso que irradia el estructuralismo -cosa que, por cierto, ya hacía el propio Lévi-Strauss al localizar su génesis en el Renacimiento-: “La idea de que nada puede ser entendido sino en relación con todo lo demás no ha sido descubierta por Lévi-Strauss, puede remontarse a Aristóteles y encontrarse igualmente en concepciones como las de Hegel y Marx entre otros autores desdeñados por el estructuralismo francés”. Y recuerda irónico el argentino cómo “el propio Lévi- Strauss decía con ironía: “Tal como se lo entiende, el estructuralismo es una moda parisina como las que surgen cada cinco años y que ha tenido su tajada quincenal”. En realidad, la fiesta estructuralista duró cerca de veinte años. Durante su auge se llegó a aplicaciones ilegítimas como la interpretación estructuralista de los filmes por Cahiers du cinema o el anuncio del director técnico de la selección francesa de fútbol acerca de una reorganización estructuralista del equipo”.

Manuel Barrios reconoce que “el estructuralismo fue un movimiento de contornos imprecisos. La propia noción de estructura, tal como la empleó Levi-Strauss, carecía de la necesaria concreción y su estatus teórico oscilaba entre el de un mero modelo explicativo y una fiel descripción de la realidad. Pero su enfoque antihumanista fue algo más que una simple moda pasajera. Constituyó un revulsivo que, aglutinando herencias intelectuales dispares -psicoanálisis, marxismo, existencialismo- abrió paso a nuevas formas de entender los procesos de constitución de la identidad social de los sujetos y, con ello, a la obra de pensadores como Michel Foucault, Jacques Derrida o Pierre Bordieu. Aparte de su éxito notorio en Francia, la antropología estructural de Lévi-Strauss caló bastante en una Inglaterra que en los años sesenta se apartaba de la óptica tradicional del colonialismo, pero no llegó a sustituir del todo al funcionalismo precedente. Más bien lo complementó. En EE.UU. fue durante mucho tiempo una alternativa exitosa al materialismo cultural y por eso ha sido contestada con tanto virulencia por autores como Marvin Harris”.

GLOBALIZACIÓN E IDENTIDADES

En un mundo globalizado y en crisis sistémica en el que, merced a una suerte de venganza de la historia, resurgen con violencia todo tipo de afirmaciones identitarias, ¿vuelven a tener sentido las conocidas tesis estructuralistas acerca de la equivalencia esencial entre las distintas culturas?

“El carácter contradictorio tal vez esté menos claro de lo que se acostumbra a señalar”, indica Manuel Cruz. “Ni la globalización tiene que equivaler a una uniformización de obligado cumplimiento -sería una excelente noticia la globalización de una democracia pluralista-, ni todas las identidades deben ser despachadas de un plumazo, como si sólo pudieran contener particularismos miopes o provincianos. Porque si en vez de mirar de reojo -como solemos hacer con demasiada frecuencia- a las identidades proclamadas desde los discursos de matriz comunitarista-nacionalista, nos fijamos en las identidades colectivas constituidas, en diferentes momentos de nuestro pasado reciente, por gays y lesbianas, por feministas o por cualquier grupo objeto de una injusticia, y analizamos sus reivindicaciones y luchas, probablemente interpretaremos la cosa de diferente manera, y no parecerá tan incontestable el conflicto entre lo particular y lo universal -incluso podría suceder que ya no apareciera-.”

“Hombre del siglo XX tardío”, Lévi-Strauss se encontraba, según cree Sebreli, “condicionado por la circunstancia histórica de su tiempo. Su rechazo del sentido de la historia y aún de la historia misma, ayudó a las izquierdas a eludir el colapso del comunismo. En tanto la exaltación del “pensamiento salvaje” y de las “sociedades frías” concordaba con el auge de los populismos tercermundistas. El siglo XXI con el avance de la globalización y a la vez de la individualización está muy lejos de las estructuras cerradas del estructuralismo, contrarias al universalismo y al actor individual. En cuanto a la exaltación de las identidades nacionales, étnicas o tribales que parecerán dar la razón a los estructuralistas, pienso que no son sino la lucha desesperada de lo que está destinado a desaparecer”.

ROBINSONADAS GENITALES

Concluye Manuel Barrios: “Lévi-Strauss se despachó a gusto contra las “robinsonadas genitales” de algunos estudios de género que pretendían reeditar la vieja tesis del matriarcado primitivo. Seguramente, las actuales exacerbaciones de la identidad no serían del gusto de quien siempre buscó un marco común para la multiplicidad de manifestaciones humanas. Pero el postestructuralismo ha acabado minando asimismo la fe en la constancia de una naturaleza humana. En este contexto, de modo curioso, la antropología vuelve a requerir, como en tiempos de Lévi-Strauss, el concurso de la filosofía”.

Legado complejo, profuso y polémico, pues, el de la antropología estructural de Claude Lévi-Strauss, uno de los últimos maestros, inevitable hombre del siglo XX, que se adentra en el XXI con la misma perplejidad que le condujo a fundar una ciencia y a mostrarnos la infinita riqueza de un ser humano que no existe.

lunes, noviembre 02, 2009

Una nueva igualdad después de la crisis Fragmento de la conferencia del historiador Eric Hobsbawm en el Word Political Forum

Fragmento de la conferencia del historiador Eric Hobsbawm en el Word Political Forum
Una nueva igualdad después de la crisis



Eric Hobsbawm
Carta Maior




El “Siglo breve”, o XX, fue un período marcado por un conflicto religioso entre ideologías laicas. Por razones más históricas que lógicas, fue dominado por la contraposición de dos modelos económicos –e incluso dos modelos excluyentes entre sí–: el “Socialismo”, identificados con economías centralmente planificadas de tipo soviético, y el “Capitalismo”, que cubría todo el resto.

Esa contraposición, aparentemente fundamental, entre un sistema que ambiciona sacar del medio del camino a las empresas privadas interesadas en las ganancias (el mercado, por ejemplo) y uno que pretendía liberar al mercado de toda restricción oficial o de otro tipo, nunca fue realista. Todas las economías modernas deben combinar público y privado de varios modos y en varios grados, y de hecho hacen eso. Ambas tentativas de vivir a la altura de esa lógica totalmente binaria, de esas definiciones de “capitalismo” y “socialismo”, fallaron. Las economías de tipo soviético y las organizaciones y gestiones estatales no sobrevivieron a los años ´80. El “fundamentalismo de mercado” anglo-norteamericano quebró en 2008, en el momento de su apogeo. El siglo XXI tendrá que reconsiderar, por lo tanto, sus propios problemas en términos mucho más realistas.

¿Cómo influyó todo eso sobre los países que en el pasado eran devotos del modelo “socialista”? Bajo el socialismo, se encontraron con la imposibilidad de reformar sus sistemas administrativos de planeamiento estatal, incluso cuando sus técnicos y sus economistas fueran plenamente conscientes de sus principales carencias. Los sistemas –no competitivos a nivel internacional– fueron capaces de sobrevivir hasta que quedaron completamente aislados del resto de la economía mundial.

Ese aislamiento, por lo tanto, no pudo ser mantenido en el tiempo, y cuando el socialismo fue abandonado –sea inmediatamente de la caída de los regímenes políticos como en Europa Oriental, sea por el propio régimen, como en China o en Vietnam– sin ningún preaviso, ellos se encontraron inmersos en aquello que para muchos parecía ser la única alternativa disponible: el capitalismo globalizado, en su forma entonces predominante de capitalismo de libre mercado.

Las consecuencias directas en Europa fueron catastróficas. Los países de la ex Unión Soviética todavía no han superado sus repercusiones. China, para su suerte, escogió un modelo capitalista diferente al del neoliberalismo anglo-norteamericano, prefiriendo el modelo mucho más dirigista de las “economías tigres” o de asalto de Asia oriental, pero abrió el camino para su “gigantesco salto hacia adelante” con muy poca preocupación y consideración por las implicaciones sociales y humanas.

Ese período está casi a nuestras espaldas, así como el del predominio global del liberalismo económico extremo de matriz anglonorteamericana, incluso cuando no sepamos cuales cambios implicará la crisis mundial en curso –la más grave desde los años 30- cuando los impresionantes acontecimientos de los últimos dos años consiguieran superarse. Una cosa, en efecto, es desde ya muy clara: está en curso una alternancia de enormes proporciones de las viejas economías del Atlántico Norte al Sur del planeta y principalmente al Asia oriental.

En estas circunstancias, los ex Estados soviéticos (incluyendo aquellos todavía gobernados por partidos comunistas) están teniendo que enfrentar problemas y perspectivas muy diferentes. Excluyendo de entrada las divergencias de alineamiento político, diré solamente que la mayor parte de ellos continúan relativamente frágiles. En Europa, algunos están asimilando el modelo social capitalista de Europa occidental, aunque tengan una renta media per cápita considerablemente inferior. En la Unión Europea, también es probable prever el surgimiento de una doble economía. Rusia, recuperada en cierta medida de la catástrofe de los años 90, está casi reducida a un país exportador, poderoso pero vulnerable, de productos primarios y de energías y fue hasta ahora incapaz de reconstruir una base económica mejor equilibrada.

Las reacciones contras los excesos de la era neoliberal llevaron a un retorno, parcial, a formas de capitalismo estatal acompañadas por una especie de regresión a algunos aspectos de la herencia soviética. Claramente, la simple “imitación de Occidente” dejó de ser una opción posible. Ese fenómeno todavía es más evidente en China, que desenvolvió con considerable éxito un capitalismo poscomunista propio, a tal punto que, en el futuro, puede también ocurrir que los historiadores puedan ver en ese país el verdadero salvador de la economía capitalista mundial en la crisis en la que nos encontramos actualmente. En síntesis, no es más posible creer en una única forma global de capitalismo o de poscapitalismo.

En todo caso, delinear la economía del mañana es tal vez la parte menos relevante de nuestras preocupaciones futuras. La diferencia crucial entre los sistemas económicos no reside en su estructura, sino más bien en sus prioridades sociales y morales, y éstas deberían ilustrar dos de sus aspectos de fundamental importancia a ese propósito.

Lo primero es que el fin del comunismo comportó la desaparición repentina de valores, hábitos y prácticas sociales que habían marcado la vida de generaciones enteras, no sólo en los regímenes comunistas en sentido estricto, sino también los del pasado pre comunista que, bajo esos regímenes, en buena parte se habían protegido. Debemos reconocer cuán profundos y graves fueron el shock y la desgracia en términos humanos que fueron padecidos como consecuencia de ese brusco e inesperado terremoto social. Inevitablemente, serán necesarias varias décadas antes de que las sociedades poscomunistas encuentren en la nueva era una estabilidad en su modus vivendi, y algunas consecuencias de esa desagregación social, de la corrupción, de la criminalidad institucionalizada podrían exigir todavía mucho más tiempo para ser derrotadas.

El segundo aspecto es que tanto la política occidental del neoliberalismo, como las políticas poscomunistas que ella inspiró, subordinaron propositivamente el bienestar y la justicia social a la tiranía del Producto Interior Bruto (PIB): el mayor crecimiento económico posible, deliberadamente inequitativo. Haciendo esto, ellos minaron –y en los ex países comunistas hasta destruyeron– los sistemas de asistencia social, de bienestar, los valores y las finalidades de los servicios públicos. Todo ello no constituye una premisa de la cual partir, sea para el “capitalismo europeo con rostro humano” de las décadas posteriores a 1945, sea para satisfactorios sistemas mixtos poscomunistas.

El objetivo de una economía no es el beneficio, sino el bienestar de toda la población. El crecimiento económico no es un fin, sino un medio para dar vida a las sociedades buenas, humanas y justas. No importa como llamamos a los regímenes que buscan esa finalidad. Importa únicamente cómo y con qué prioridades podremos combinar las potencialidades del sector público y del sector privado en nuestras economías mixtas. Esa es la prioridad política más importarte del siglo XXI.

Eric Hobsbawm es el decano de la historiografía marxista británica. Uno de sus últimos libros es un volumen de memorias autobiográficas: Años interesantes, Barcelona, Critica, 2003.

Traducción para www.sinpermiso.info : Carlos Abel Suárez

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2872

lunes, octubre 05, 2009

Discurso del historiador Timothy J. Clark en Berkeley contra el despojo de la Universidad de California

Discurso en Berkeley contra el despojo de la Universidad de California
Timothy J. Clark · · · · ·

04/10/09



Discurso del reconocido historiador británico del arte Timothy Clark ante la asamblea del campus de la Universidad de California en Berkeley sobre la degradación del sistema de universidades públicas en el estado de California.
Mi nombre es Timothy Clark. Llegué a Berkeley en 1988, y los 21 años en los que he enseñado e investigado aquí han sido en muchos respectos los más gratificantes de mi vida. Por eso mis sentimientos son dolorosamente contradictorios, ya os lo podéis figurar, cuando miro a estos amigos, nuevos y viejos. Es un honor y un privilegio tener la ocasión de dar la primera charla en esta ocasión, pero, al propio tiempo, es también una tragedia.
Dejadme empezar por el honor. Lo que veo frente a mí –pancartas, rostros, reivindicaciones— es la vida de la universidad, tal como yo la entiendo. Es la universidad que cobra forma en la esfera pública: que escapa de la sala de juntas académica, que es indiferente a la jerga de empresarios y buscadores de patentes, y que nos recuerda lo que la universidad es realmente. Una universidad no es una marca comercial. No es una organización paraguas para una variedad de 150 laboratorios de corporaciones empresariales con capacidad, cada uno de ellos, de cerrar contratos con sus patrocinadores sobre la cantidad, mucha o poca, de conocimiento nuevo producido por ellos que va a ser “privatizada” inmediatamente. Una universidad –una universidad pública— no es como una escuela privada suiza para enseñar buenos modales a las hijas y a los hijos de los pocos –cada vez menos— que pueden permitirse pagar sus matrículas. Una universidad no construye su futuro sobre las espaldas de los más vulnerables en su seno: los hombres y mujeres que mantienen los espacios en que aprendemos seguros y limpios y capaces de seguir funcionando. Una universidad –tal es el último y vital elemento de su vida intelectual y moral— no ve su propia crisis con independencia de la crisis que está amenazando al conjunto del estado [de California]. Sabe lo que está ocurriendo en las aulas de las escuelas de Richmond y Oakland y San José. Siente la desesperación de aquellos para quienes el instituto de enseñanza media municipal o el sistema de universidades públicas de California parecían ofrecer una vía de promoción y que ahora ven cómo se cancelan cursos y se condenan edificios.  Y todo esto –eso es lo imperdonable— en un estado cuyas concentraciones de riqueza privada y empresarial siguen siendo inmensas, pero al que un sistema político fracasado se ha avilantado a poner límites, aun a sabiendas de que lo está en juego es la vida y la muerte mismas de nuestra sociedad.
Se dirá que en comparación con los duros tiempos por los que está pasando el conjunto de California la universidad todavía funciona. Yo replico a eso por partida doble. Para empezar:: evidentemente, no estamos diciendo que sufrimos al mismo nivel que los verdaderamente desaventajados y vulnerables, que soportan el grueso de la carga derivada de la quiebra financiera del estado. Reconocemos lo que todavía tenemos; pero, al propio tiempo sabemos que un sistema de educación pública en un gran estado como California es una unidad compleja e interdependiente, y que deberíamos luchar con todos los medios que podamos, sin necesidad de disculparnos, para preservar su urdimbre. El sistema de la Universidad de California es un recurso precioso –un recurso público— construido durante más de un siglo con el dinero de los contribuyentes, con la generosidad y la inteligencia privadas y con la energía intelectual de generaciones de estudiantes, profesores y empleados. Un estado en sus cabales no destruye ese recurso cuando vienen tiempos difíciles.
Pero eso, no nos equivoquemos, es lo que está ocurriendo. ¿Cuántas veces, estas dos últimas semanas, han encontrado cerradas los estudiantes las oficinas de su departamento, cuando necesitaban urgentemente asesorarse sobre cursos y requisitos de inscripción, “debido a insuficiencia de personal”?  ¿Cuántas veces se os ha tenido que recordar que si necesitabais estudiar en la biblioteca el próximo fin de semana –una necesidad básica de la vida universitaria— tendrías que desistir, porque las bibliotecas en Berkeley no pueden permitirse abrir ni sábados ni domingos? (A diferencia de las de las de las Universidades de Misisipí y de Alaska.) Una colega me contó ayer una conversación que había tenido –una de tantas parecidas esa misma semana— con un fiel y abnegado empleado del personal de su edificio, el único que no había sido despedido, y que le preguntaba con voz de verdadera desesperación: “¿Pero cómo se supone que voy a poder hacer ahora mi trabajo? ¿Cómo puede una sola persona evitar que toda la instalación se deteriore irreversiblemente?”.
No es tiempo de una política de denuncia. Sé que muchas de estas decisiones las han tenido que tomar a la fuerza los decanos y los directores de departamentos, que seguramente no veían otro modo de hacer lo que se les obligaba a hacer desde arriba. Pero visto como política de conjunto, a lo que estamos asistiendo es a algo que me hace hervir de indignación.  Es destructivo y profundamente injusto. Se acerca demasiado –si puedo servirme de la infame expresión de un famoso miembro de nuestra facultad— a un “fallo de órganos” en nuestro modelo de gestión de la crisis. Y si nuestras autoridades del rectorado de la Universidad de California creen que al final podrán abatirnos con las inveteradas tácticas del prontuario de la reacción –divide, engaña, oculta, desmoraliza—, están muy equivocados. Volveremos a luchar.
Finalmente, pues, permitidme esbozar las líneas básicas de una alternativa. Estamos en una situación de verdadera emergencia, lo reconocemos, y muchos de nosotros estamos dispuestos a contribuir a resolverla. ¿Qué queremos? ¿Qué nos haría sumarnos a la tarea como activos participantes en labores de reconstrucción?
Bueno, supongamos que se nos presenta un plan honrado, transparente y coherente para la preservación de la universidad pública en tiempos difíciles… Supongamos que en este plan los sacrificios realmente se reparten, que los proyectos mascota y los hinchados programas de construcción de edificios y los gastos ocultos no quedan fuera de consideración cuando se discute de recortes presupuestarios… Supongamos que a las partes generadoras de beneficios del sistema de la Universidad de California (que existen, por cierto) se les exigiera –tal vez sólo temporalmente, como colaboración en una situación de verdadera emergencia— contribuir, en proporción con sus excedentes, a las necesidades urgentes del corazón docente de la universidad… Supongamos que la preservación de la genuina diversidad económica, racial y étnica de los estudiantes de la Universidad de California fuera una absoluta prioridad, una parte innegociable del carácter de nuestra institución… Supongamos que resultara sencillamente impensable que el futuro de la universidad se decidiera, como planean [el rector] Yudof y las autoridades académicas, por una comisión de técnicos y gestores académicos profesionales que raramente, o nunca, han visto un aula o un laboratorio de verdad…
Entonces nos sumaríamos a la labor. Y eso puede ocurrir, amigos míos. Nos hallamos en un momento cercano al desplome, y nadie pretende que la salida sea indolora. Muchísimo depende de la vida política del conjunto del estado de California. De nosotros depende la argumentación a favor de una universidad pública –de una educación pública— en una democracia en crisis. La crisis es real. Pero las crisis generan opciones. Arrojan luz sobre los gestores y sobre su jerga. Hacen posible otra visión. Nos recuerdan la importancia de enseñar y de aprender, la importancia de la producción de conocimiento nuevo: por qué son tan vitales para la vida del conjunto de la sociedad. Y nos llaman a luchar para preservar el espacio en el que eso es posible. La lucha ha comenzado.
Timothy James Clark es prestigioso historiador marxista del arte, nacido en Bristol (Reino Unido) en 1943, y profesor de arte moderno desde 1988 en la Universidad de California, Berkeley. Es un especialista mundialmente reconocido en los pintores Nicolas Poussin, Pieter Bruegel y Paolo Veronese.
Traducción para www.sinpermiso.info: Miguel de Puñoenrostro
sinpermiso electrónico se ofrece semanalmente de forma gratuita. No recibe ningún tipo de subvención pública ni privada, y su existencia sólo es posible gracias al trabajo voluntario de sus colaboradores y a las donaciones altruistas de sus lectores. Si le ha interesado este artículo, considere la posibilidad de contribuir al desarrollo de este proyecto político-cultural realizando una DONACIÓNo haciendo unaSUSCRIPCIÓN a la REVISTA SEMESTRALimpresa

www.sinpermiso.info, 4 octubre 2009
 

miércoles, septiembre 30, 2009

Murió el historiador uruguayo José Pedro Barran, experto en historia del control social y la la medicalización de la sociedad

MURIO JOSE PEDRO BARRAN


 




Posted by admin On Septiembre - 11 - 2009
tomado de  http://psicosesion.com/?p=677

El historiador José Pedro Barrán murió este viernes 11 de setiembre a los 75 años. José Pedro Barrán nació en 1934, investigador y docente de Historia egresado del Instituto de Profesores Artigas. Destituido de su cargo en época dictatorial en la vuelta a la democracia es nombrado, director del Departamento de Historia del Uruguay de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. El 5 de agosto del 2009 hace apenas un mes recibió el Premio Nacional a la Labor Intelectual. Pero más allá de su trayectoria académica por demás destacada, José Pedro Barrán mediante sus investigaciones e interpretaciones, nos dio a conocer otra historia, la verdadera historia, la de las relaciones humanas, las emociones, la sexualidad, la intimidad, las alegrías, las tristezas y la muerte. Su obra da cuenta de un minucioso proceso de investigación y desarrollo crítico. En 1964 publica las Bases económicas de la revolución artiguista, En “Intimidad, divorcio y nueva moral en el Uruguay del 900″, Barrán se centra en el ámbito privado de la sociedad uruguaya de comienzos del siglo XX, el que más adelante complementa en dos de sus grandes producciones Historia de la sensibilidad y Medicina y sociedad en el Uruguay del Novecientos, José Pedro Barrán nos invita a un viaje por el siglo XIX y las primeras décadas del XX recuperando la memoria colectiva de una época donde se comenzaron a gestar grandes cambios. Lo valioso se encuentra en esas pequeñas historias, que hacen a la gran Historia, la Historia de un país en un período histórico determinado en un contexto político y económico complejo. En la “Medicalización de la sociedad Barran junto otros investigadores realizan un aporte crítico y del proceso de medicalización que vivió la sociedad uruguaya a partir del 1900. Allí podemos ver la diferencia entre el hombre siglo XIX y el hombre del siglo XX con respecto a sus concepciones de la enfermedad, la vida y la muerte. Para el hombre del siglo XIX la enfermedad; el dolor físico era algo natural, era parte de la vida. Todos tenían algo que aportar en lo que hace a la sanación y el propio individuo era quien decidía sobre su propio cuerpo eligiendo sus propias medicinas A finales de siglo por el 1875 nace junto a un modelo de país industrial dirigido por la burguesía, la facultad de Medicina Así comienza el disciplinamiento de los cuerpos de la mano de la posición dominante que ha tenido la medicina que niega o desconoce otros saberes, otros aportes que permitan una comprensión diferente de la enfermedad, de la vida, de la muerte, desconociendo aún el propio dolor del sufriente. Barrán y Nahum publicaron entre 1967 y 1978 los siete tomos de la Historia rural del Uruguay moderno. Su interés por el período del 900 no fue casual, Barrán investigó las estructuras sociales y económicas, de un Uruguay en pleno proceso de modernización y cambios llevados adelante por las concepciones batllistas.
José Pedro Barrán nos brindó otra mirada de la historia…en sus investigaciones es donde está el verdadero conocimiento, el de la vida cotidiana del hombre, en un contexto que no le es ajeno sino que forma parte de su subjetividad, de su ser y estar en un determinado tiempo y lugar del mundo.

Popularity: 3% [?]

martes, septiembre 15, 2009

Entrevista a Heriberto Cairo Carou

A FONDO: HERIBERTO CAIRO CAROU: HISTORIADOR

"Después de Malvinas cambia el modo de pensar y hacer la guerra"
tomado de www.clarin.com/.../zona/2007/07/01/z-04015.htm



Fabián Bosoer.
fbosoer@clarin.com



Con la guerra en el Atlántico Sur se terminan ciertos nacionalismos y la complacencia frente a la solución bélica. Ni la idea de soberanía ni las estrategias militares y mediáticas serán ya las mismas.

Da la estampa del escritor español del Siglo de Oro; uno puede imaginarlo también discurriendo de filosofía, política o narrativa en las agitadas tertulias de la España republicana pre-guerra civil. Heriberto Cairo Carou, gallego nacido en Lugo, es catedrático en la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente es profesor titular de Ciencia Política en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología. Desarrolla sus investigaciones en el campo de la geografía política, con especial énfasis en el estudio de la geopolítica de la guerra y la paz, las identidades políticas e ideologías territoriales y las fronteras. Dirige una colección sobre geopolítica crítica y escribió numerosos libros sobre el tema, entre ellos "Malvinas: La construcción social del conflicto territorial argentino-británico", editado en España y citado en la fundamentación de la ley aprobada recientemente en el Congreso que le otorgó una pensión vitalicia a los ex combatientes argentinos.

Recibe a Clarín en su oficina de la Universidad, en el campus de Somosaguas en las afueras de Madrid, y se sumerge en el tema que lo ocupa, recordando la necedad de todas las guerras, aun las consideradas justas. "Mi padre entró en Guernica -dice- pocas horas después del bombardeo. Fue de las pocas cosas que me refirió de una guerra que prefería olvidar, como casi todos los que se quedaron. Por lo que me contó, el cuadro de Picasso se queda corto a la hora de reflejar el horror que encontró. No hay buenos y malos en los bandos de una guerra, sólo los que matan y los que sufren la carnicería".


¿Qué hace de la guerra de Malvinas un conflicto tan especial para los estudiosos de la historia militar del siglo XX?

Por empezar, es un dato que Malvinas no es uno más de los tantos conflictos que se desarrollaron en el siglo XX sino que forma parte de una transición entre lo que la politóloga Mary Kaldor denomina distintos "modos de hacer la guerra". Esto es, entre la etapa que incluye la Segunda Guerra Mundial, las guerras de Corea, Vietnam y Camboya, etc. -que se puede calificar como de guerra industrializada y de masas- y otra etapa que algunos autores denominan guerra posindustrial, "de espectáculo deportivo". Esta última va a estar muy influida por la revolución tecnológica en los asuntos militares y por la televisión: fuerzas mucho más dispares, enfrentamientos entre norte-sur o centro-periferia, etc. En Malvinas, en síntesis, se anticiparon muchos aspectos de lo que serían las guerras y conflictos que vendrían luego.


Desde el punto de vista de la dinámica de los conflictos, ¿qué cambios se producen en concreto a partir de la guerra de las Malvinas?

Comienza un estilo de campañas cortas, especialmente en el caso del Reino Unido, con ejércitos profesionales, en las cuales se emplean dotaciones de efectivos especializados, muy preparados y con objetivos bien concretos. Y también en el caso argentino, se suele hacer hincapié en el papel destacado que tuvieron las fuerzas aéreas. El ejército de conscriptos enviado a las Islas desempeña una resistencia muy fuerte y valerosa, pero quedan abandonados a su suerte frente al ejército profesional británico.


¿En este sentido, también encajaría en ese nuevo modelo...?

Así es, y la guerra se define a partir del poderío naval de la marina británica; cuando ésta se desplegó hacia las Islas, no pudieron detenerla los cazas argentinos, la Fuerza Aérea ni la marina argentina, que después del desastre del Crucero General Belgrano desaparece del escenario. El viejo ejército territorial muestra su absoluta inutilidad. Tuvo sus casos de heroísmo y otros, como el del capitán Astiz, de cobardía absoluta.


¿Fue un conflicto movido puramente por el nacionalismo o por cálculos más pragmáticos de ambas partes?

También en este sentido, después de Malvinas cambia el modo de pensar y hacer la guerra. Las guerras empiezan a dejar de ser la máxima exaltación de las manifestaciones patrióticas y del choque entre dos nacionalismos. Tanto en Argentina como en el Reino Unido, la guerra fue vivida en términos de nacionalismo: no hubo una resistencia notable en ninguno de los dos países, mientras que las campañas que se iniciarán posteriormente van a contar con cierta resistencia interna. Así ocurrió con la Guerra del Golfo en los EE.UU. y en Europa, y con las guerras actuales en Irak y Afganistán. En Malvinas -se ha visto en estas evocaciones del cuarto de siglo- se despiden dos formas de nacionalismo territorial, el inglés y el argentino, que encontraron allí su demostración bélica final.


¿No se sigue utilizando el espíritu nacionalista como principal justificativo para las guerras?

No es que los británicos sean hoy menos nacionalistas; es que las guerras en las que participaron luego no tuvieron ese tan fuerte sesgo patriótico y nacionalista.


¿Cómo se combina esto con lo que usted llamó "guerra de espectáculo deportivo"?

Las guerras de "espectáculo deportivo" implican, por supuesto, la participación de la gente, pero de una forma muy diferente a cómo lo hacía en los modos de guerra moderna tradicional.

Ya no es necesario que batallones de ciudadanos-soldados mueran en las trincheras, ahora ciudadanos-espectadores celebran la precisión y el poderío de su "equipo" en estas supuestas "guerras sin-bajas".


¿Respecto del estado actual del conflicto por las islas del Atlántico Sur, ve hoy alguna forma de revertir el bloqueo de toda vía de negociación con la Argentina por parte de Gran Bretaña?

No digo nada nuevo, pero es evidente que Galtieri le hizo el más grande regalo, que no creo que jamás soñaran, a los habitantes de las Malvinas: legitimar su presencia mientras ellos quisieran. Y este parece un dato poco menos que incontrastable e irreversible. Por otro lado, les regaló el hacerlas una colonia viable, un territorio con uno de los PBI y de las rentas per cápita más altas del planeta. La situación de los kelpers antes del 82, comparada con la de ahora, muestra dos mundos completamente diferentes. Todos los censos, desde el 82, van mostrando un aumento de la población... sumado a la base militar allí instalada.

¿Si tuviera que sintetizar las enseñanzas que dejó esa guerra...?

Quizá, que el mundo definido por la soberanía de los territorios y los Estados, aunque exista, mira más hacia el pasado que hacia el futuro. Sería importante entender que no necesariamente tenemos que compartir ideas post-soberanistas sobre la política internacional, pero sí sería conveniente entender que ya se han producido transformaciones importantes y que en los próximos años se van a producir otras todavía más fuertes. Frente a eso deberíamos intentar presentar -y optar por- nuevas fórmulas. Luego, en segundo lugar, queda la enseñanza de que las soluciones rápidas, que suelen ir acompañadas de violencia o capacidad de ejecución inmediata, son malas consejeras, y que se pueden volver un búmeran, como lo vemos claramente en Irak y Afganistán. Está cada vez más claro, si es que alguna vez alguien pensó que la guerra podía ser una solución, que no lo es.


¿Es posible pensar en una geopolítica de la paz de una manera diferente a la concebida por el realismo clásico: "prepararse para la guerra"?

La paz no puede entenderse como la ausencia de guerra declarada, ni siquiera como la ausencia de todo tipo de violencia; debe comprender también las acciones necesarias para construir la paz. Entre éstas últimas, se incluyen geoestrategias orientadas hacia la superación de la violencia, es decir, medidas que contribuyan a establecer estructuras geográfico-políticas que, con diverso alcance, no favorezcan el conflicto y promuevan la cooperación.


¿Por ejemplo?

A la hora de la elaboración de geoestrategias de paz, podemos distinguir entre las que se centran en la paz como fenómeno de corta, mediana o larga duración. Las primeras serían estrategias geográficas para la resolución de conflictos concretos; por ejemplo, la partición de un territorio disputado o el establecimiento de un nuevo trazado de las fronteras entre Estados o dentro de estos. Las segundas serían formas de organización del espacio que, dentro de la actual estructura geográfico-política global, reducen las posibilidades de conflicto, como las Zonas Desnuclearizadas y las Zonas de Paz. Y las últimas estarían constituidas por diversas opciones para superar las estructuras espaciales en las que en la actualidad se generan los conflictos.


¿No afecta esto reivindicaciones soberanas de los países menos fuertes?

Puede ser que sí o que no. Serían ejercicios de "evasión de la soberanía" que ponen en cuestión el monopolio estatal sobre los símbolos y las prácticas de la soberanía territorial. No implican necesariamente la extinción del Estado territorial, aunque fomentan dos principios: la civilización global, de contornos necesariamente indefinidos, y la desmitificación de la soberanía territorial, del espacio rígidamente segmentado que corresponde a los territorios de los Estados-nación.


Copyright Clarín, 2007.