domingo, noviembre 23, 2014

Debate de ideas




En las páginas de Ancora del Grupo Nación se desarrolla un debate (http://www.nacion.com/…/Documentos-confirmanque-conspiracio…

Las polémicas en historia abundan y son el alma de la historiografía. No obstante, la historiografía enfocada en cómo se escribe la historia, el uso apropiado de las fuentes, métodos, teorías y la concordancia entre lo escrito y lo documento a veces queda relegada con respecto a la realidad que estudia.

Asimismo, el trabajo de los historiadores es poco sensible a los otros posibles escenarios alternativos, de los contextos de los de abajo, la complejidad de las condiciones de los subalternos en su época; de las múltiples vías de la realidad; lo estremis de los procesos sociales; los intríngulis del poder dominante no siempre visible

Los debates en la historiografía costarricense y en especial los esbozados en Ancora pocas veces resultan concluyentes. Respetando los argumentos de Díaz y Picado y su gran calidad como intelectuales, hay un especial atractivo en la versión de Picado, la cual nos acerca a esa historia oral de la época de los subalternos no escrita y que vivió un periodo extremo en sus luchas; a la multiplicidad de vivencias más allá de las esbozadas en los periódicos y la historia oficial y a una gran complejidad de los cambios que sucedían en la época. Al menos, en mi caso, la versión de Picado ofrece una visión de lo que recordaban y vivieron mis familiares maternos y que una vez un colega historiador señaló que no le importaban esas visiones pues como historiador debía limitar a las fuentes que consulta, daba la inmensidad documental y esperar que lo consultado permita acercarse y comprender con la mayor veracidad posible la realidad.

Las posiciones de Díaz y Picado deben leerse, analizarse y considerarse sin la idea que una silencie a la otra. Ambas merecen ser escuchadas y examinadas. En mi caso, la tesis doctoral de Díaz (pronta a publicarse como libro) me resulta fascinante y desmitificante de la historia de los calderocomunistas. Y lo que llevó leído de Picado me vuelve a acercarme a una historia familiar, de represión, de vida incierta, miedos, convicciones y en fin a una historia múltiple, rica y vivida en forma totalmente distinta a lo enseñado por la historia oficial.

Mi conocimiento del periodo nace delas clases subalternas y marginales y desde ella comprendo la riqueza del trabajo de Picado.

Conociendo que esta polémica no se resolverá y que más bien es un debate abierto a seguir investigándose, no queda más que agradecer a Miguel Picado por abrir temas, descubrir nuevas fuentes, desempaquetar polémicas enterradas; enseñar nuevas lecturas a las fuentes; propiciar nuevas investigaciones y en mi caso, acércame de nuevo a las historias familiares y de lo que considero a mis grandes maestros…. Esos zapateros que me enseñaron la historia de y desde abajo, esa que es muy distinta a la historia hegemónica del poder enseñada dogmáticamente en las aulas de escuelas y colegios.

Abrir fuentes, debates, versiones y repolemizar lecturas de acontecimientos es un atributo que no puede quedar al margen…..

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Un estimable estudiante colocò dicha polémica como un primer round, pero en realidad fue  
el cuarto  El primero se dio en una mesa redonda donde ambos polemistas se repartieron público. No estuve en la actividad, pero muchos han comentado la fuerza de los argumentos de cada oponente creando posiciones casi partidarias entre diazístas y picadistas. El segundo round se dio en el Diario Extrahttp://diarioextra.com/Dnew/noticiaDetalle/243615 ; el tercero se dio en las páginas de Ancora http://www.nacion.com/.../presunta-conspiracion-golpista... y este sería el cuarto http://www.nacion.com/.../Documentos-confirmanque... 



Destacar que en cada uno de esos round como los llamas ha predominado un gran respeto y decencia en cada uno de los contendores, aspecto poco usual en las polémicas de Ancora o de La Nación, aspecto que lo digo con sentido de causa, donde las polémicas se señalan en términos personales, tergiversadores y de crítica de la más insana, en términos historiográficos


Si bien, muchos están sentados esperando ver correr sangre, en esta polémica ha predominado el respeto, los argumentos y la enseñanza de la buena. De momento, en mi caso la sigo para seguir aprendiendo. Y como señale en otro post agradecimiento con don Miguel Picado por abrir temas, descubrir nuevas fuentes, desempaquetar polémicas enterradas; enseñar nuevas lecturas a las fuentes; propiciar nuevas investigaciones y en mi caso, acércame de nuevo a las historias familiares y de lo que considero a mis grandes maestros…. Esos zapateros que me enseñaron la historia de y desde abajo, esa que es muy distinta a la historia hegemónica del poder enseñada dogmáticamente en las aulas de escuelas y colegios.



Y desde luego, a David en sus trabajos sobre el calderocomunismo que desmitifican la historia oficial. Y tal vez, junto con el último libro de George García, que continúo leyendo, una excelente forma de acercarse a la formación de conciencias de grupo.

Los rounds seguirán y difícilmente sean concluyentes, pero sin duda, si continúan con la senda de respeto llevada hasta ahora, una fuente de aprendizaje indudable.


domingo, noviembre 16, 2014

Tulio Halperín Donghi (1926-2014)

Tomado de
http://www.jornada.unam.mx/2014/11/16/opinion/028a1mun




Claudio Lomnitz
E
l viernes 14 de noviembre falleció en Berkeley, California, el argentino Tulio Halperín Donghi, quien fue, con toda probabilidad, el historiador latinoamericano más importante de los últimos 40 años. Recibí la noticia en Buenos Aires, el mismo viernes, en una conferencia sobre historia intelectual latinoamericana, organizada por varios de sus amigos más próximos. La consternación de todos –el sentimiento de una pérdida irreparable– convivía con una conciencia difusa y dolorosa de que esta muerte marca también el final de una época y de un ejercicio crítico de investigación y de implicación en el debate público que no será ya nunca igual.
Tulio Halperín fue autor de numerosos libros de historia de la república Argentina, que consiguen, en su conjunto y cada uno, promover una reflexión crítica del fracaso de la idea nacional y de la polarización social como pasión y destino.
Conocí a Tulio hace unos 15 años en la Universidad de Chicago. Había venido de California por una iniciativa coordinada por uno de sus estudiantes, Nils Jacobsen, y por mi, y tuvimos la buena fortuna de traerlo justo en un día tibio y primaveral –no hay nunca más de dos o tres semanas así en el año en Chicago– y pude por eso pasear varias horas totalmente placenteras con Tulio. La pasión por la conversación era una marca de Tulio y un punto natural de identificación entre nosotros. Pasamos de manera natural del chisme profesional a la historia, a impresiones de la política en América Latina y en Estados Unidos.
La conferencia que dio Tulio en esa ocasión me dejó una impresión profunda –era la primera vez que lo escuchaba hablar. Y creo que nunca he visto una demostración parecida de profundidad, inteligencia, ironía, erudición y memoria. No resumo el contenido de su charla –que a estas alturas está ya desdibujada en mi memoria–, sino que me detengo en vez en un detalle:
Tulio llegó a dar su conferencia armado sólo de un lápiz. No traía papel ni un cuaderno. Tampoco un portafolios. Y así, desnudo de cualquier apoyo a la memoria, se sentó en la cabecera de la mesa de seminarios, puso el lápiz sobre la mesa y nos dio una conferencia de 45 minutos perfectamente armada –diría yo que perfectamente redactada–, como si se hubiera aprendido de memoria uno de sus brillantes textos. Hijo de un profesor de latín y de una profesora de castellano, Tulio fue un notable escritor y estilista, y su conferencia era también así: una composición perfecta, presentada con todo y citas textuales de fuentes primarias. Nunca había visto –ni he visto desde entonces– alguien con una memoria así, alguien capaz de una hazaña así. Y toda la conferencia, tan rica tanto a nivel de análisis como de investigación, mezclada siempre con el gozo de un amor por el prójimo, hecho manifiesto, curiosamente, por un rasgo que usualmente no asociamos con el amor: la malicia y la ironía.
En la voz y en la escritura de Tulio la malicia y la ironía, el gusto por el chisme y por lo mundano, era ante todo un regodeo en la condición humana, una obstinación por no permitir que las circunstancias de cada uno fuesen hechas de lado como si fuesen insignificantes. Por eso Tulio era un verdadero historiador. Había en ese rasgo una estimación y aprecio por la situación humana –aprecio que lo hacía filosamente crítico y a veces algo temido, pero, creo, siempre respetado, aunque fuera a regañadientes.
El último libro de Tulio, que todavía no leo porque apareció hace pocas semanas, es un breve tratado sobre Belgrano, el único héroe argentino que no ha sido blanco de ataques de peronistas ni de antiperonistas, y que es sometido a un estudio que parece reminiscente en espíritu al tipo de desmitificación histórica que hiciera alguna vez Jorge Ibargüengoitia con la tertulia de la corregidora Josefa Ortiz de Domínguez en su novela Los pasos de López: el heroísmo como algo menos heroico, como algo más aleatorio, y la virtud como un recurso más bien post hocque desnuda en algo la fragilidad de los mitos nacionales.
La prueba de que la ironía de Halperín no era un simple instrumento punzante, hecho para herir, sino una herramienta de la inteligencia, útil e importante tanto para entender como para participar en la acción social como acto consciente, es el uso que le dio a este recurso en su notable autobiografía, titulada Son memorias, publicada hace pocos años. Es el libro de un historiador ayudando a sus lectores a situarlo, a entender el tiempo desde donde escribe y la historicidad desde donde toma sus decisiones. Se trata de un verdadero modelo de autorreflexión que combina la precisión, la crítica y la pureza estilística ya totalmente decantada. Por otra parte, el sentimiento de Halperín de que la historia de Argentina es la historia de una ilusión fallida, de un experimento colectivo vulnerado y frustrado, le da a este historiador una profundidad en el plano humano que es escaso en los grandes historiadores que vienen de tradiciones triunfantes. Y es, quizá, esta mezcla de dolor y de autoconciencia la que hace de la obra de Tulio Halperín Donghi un verdadero hito y punto de referencia en la conciencia latinoamericana.
La última vez que lo vi fue en Berkeley, hace como tres años. Caminamos un poco por el bello campus de la universidad y nos fuimos a comer. Tulio estaba muy delgado y frágil en lo físico, encorvado, y con una temblorina fuerte en la mano, pero no le faltaba una pizca de energía en la conversación, en la curiosidad, ni en su capacidad agudísima de análisis. Conversamos sobre su largo ensayo sobre fray Servando de Teresa y Mier que me había enviado, y sobre mi interés por Francisco Bulnes y por los científicos durante el porfirato. Hablamos de México y de Argentina –Tulio a veces expresaba cierta admiración por algunas de las salidas originales del viejo Partido Revolucionario Institucional. Le parecía que México había sido siempre un país tan pobre que gobernarlo tenía que ser apreciado como un verdadero arte, como una invención. Hablamos de la crisis del estado de California y las dificultades por las que pasaba la universidad estadunidense, y nos pusimos al corriente. Lo acompañé a la parada del autobús.
Tulio Halperín Donghi fue un gran pensador y un investigador prolífico y original, además de ser un escritor y conversador notable que tuvo la pasión y la modestia de no dejar nunca de interesarse en los demás.

jueves, noviembre 06, 2014

Homenaje al historiador Francisco Enríquez Solano en el aniversario de Diálogos Revista Electrónica de Historia



Hoy en el Semanario Universidad se anuncia la celebración académica de Diálogos Revista Electrónica de Historia. Proyecto que nació hace 15 años como una forma de establecer lazos entre generaciónes, áreas historiográficas, problemáticas e insertar a la historia Centroamericana en el mundo académico mundial. Tareas que solo se pueden hacer desde los Diálogos , el trabajo colectivo y el esfuerzo solidario.

También nos honra contar con dos excelentes académicos el máster Francisco Enríquez Solano, quien desde la historia local y regional incentivo a muchos a desarrollar una historia más humana, socialmente útil y más densa al desarrollar desde el sentido de lugar la interpretación de los procesos globales. Sin duda, para el suscrito las enseñanzas del profesor Enríquez en este campo han sido sumamente valiosas, al igual que muchos de los que han seguido por una historia humanista, social y profundamente comprometida con la sociedad donde se desarrolla la labor historiográfica.

Asimismo, contaremos con el doctor Rodolfo Aguirre, experto reconocido en las temáticas de la iglesia, el reformismo borbónico y la Nueva España. El profesor Aguirre se une a los docentes que este año nos han acompañado en las celebraciones del 35 aniversario del CIHAC.


Ambos académicos sin duda dan realce a los objetivos trazados hace tres lustros por un grupo de compañeros que estudiamos en el mundo catalán, hervidero de ideas y proyectos historiográficos colectivos.