miércoles, junio 08, 2011

Entrevista al historiador Julián Casanova: “La Academia tiene claramente la idea de establecer un neofranquismo”




La controversia ha sido tal que muchos historiadores han puesto el grito en el cielo ante el panegírico de Franco que contiene el "Diccionario Biográfico Español" auspiciado por la Real Academia de la Historia. Uno de ellos ha sido Julián Casanova (Teruel, 1956), catedrático de Historia Contemporánea, que denuncia la falta de honradez intelectual con que se ha abordado este proyecto, para el que no han sido llamados "los mejores", dice. Lo entrevistó para El Faro de Vigo Isabel Bugalla

¿Decir que "el régimen de Franco es autoritario pero no totalitario" y que el gobierno del socialista Negrín fue "prácticamente dictatorial" supone una negación de la Historia?–Ante lo que estamos es ante una Academia que no representa la diversidad del discurso histórico y no acepta los cambios habidos en la historiografía. Es una Academia anclada en el momento en que estaba al servicio de los reyes y del poder y que no ha asumido los cambios históricos producidos en España.
–¿Es idóneo llamar a un miembro de la Fundación Franco?
–Demuestra muy poca honradez abordar la investigación histórica sin encargárselo a los que han investigado sobre Franco y dárselo a un medievalista que se sabe de antemano que hará una apología de Franco. Por otra parte, es una academia que no representa nada ni a nadie que si no fuera por este caso nadie se enteraría de lo que hace.
–Sin embargo, recibió 6,5 millones de euros del Estado para esta obra.
–Porque es una institución oficial pero la cuestión es que es una institución que no ha asimilado los cambios y que tiene muy poca sensibilidad hacia lo que significa hoy la investigación histórica actual.
–¿Ve un ánimo de reescribir la Historia?
–Hay que tener en cuenta cómo funciona esto. Luis Suárez Fernández es académico y, cuando se iba a hacer el Diccionario Biográfico y se distribuían las voces, pidió al director de la academia ´yo quiero hacer Franco´ y la hizo, porque el presidente no le dijo: ´hombre, eres un medievalista, formas parte de la Fundación Francisco Franco y no puedes hacerlo´. Bien ocurrió eso o bien detrás de la Academia que preside Gonzalo Anes hay una idea clara de establecer un neofranquismo y echar abajo las tesis de los investigadores que defendemos lo contrario.
–¿Carlos Seco Serrano es indicado para hablar de Azaña?
–Yo creo que no pero al menos es un historiador del siglo XX, especialista en la monarquía de Alfonso XIII. En su perfil, al menos, podría entrar Azaña. Ahora bien, dado que la objetividad en el sentido ideológico-político es una ambición inalcanzable, la obligación es buscar a las personas que más han escrito sobre Azaña para hacer el trabajo. Lo normal es que se la encargasen a Santos Juliá, puesto que ha escrito una biografía de Azaña, o al menos que se lo hubieran pedido.
–¿A usted le llamaron para colaborar?
–Lo rechacé porque no me parecía un proyecto serio y no me ofrecían escribir sobre los temas que mejor conozco. Y a Santos Juliá le pasó algo parecido.
–Stanley Payne escribe sobre Pasionaria, ¿lo ve adecuado?
–Payne es un historiador del siglo XX y ha trabajado muchísimo sobre ese período. Ahora, dado que en los últimos años ha reflejado un anticomunismo atroz, darle la biografía de Pasionaria no me parece lo más adecuado. Yo podría hacer una voz digna sobre Felipe II, porque soy historiador, pero sería ridículo que la hiciera estando los grandes modernistas que han escrito sobre él.
–¿Considera que es una obra inútil y que ha quedado invalidada?
–Tal y como la han planteado, sí. Si no tiene rigor, no tiene una difusión importante y además está fuera de la realidad de la historiografía es un derroche de tiempo y de dinero.
–Anes recordó ser deudor de Aznar, autor de la idea.
–Habrá querido decir: "A mí me lo encargó Aznar y se lo agradecemos mucho", luego es algo al servicio de un determinado poder.
–Esperanza Aguirre se quejó siendo ministra de Educación de la "manipulación" de la Historia.
–Estoy convencido de que existe la presuposición de que hay un grupo de historiadores que estamos manipulando la Historia. La gente que estamos dando la vuelta al mundo, haciendo análisis históricos serios y pasando filtros constantes no tenemos necesidad alguna de manipular la Historia. Además, tenemos un código muy claro de la honradez intelectual. Lo que no es honrado intelectualmente es hacer una voz sobre Franco en la que se diga que es un caballero cristiano que salvó a España del comunismo porque sabemos que no es así y lo podemos demostrar.
–¿Cree que este tipo de obras deben hacerse en el ámbito de la universidad?
–Si quieres que reflejen la diversidad de la investigación histórica, necesariamente la tienes que abrir a la gente que mejor ha investigado el objeto que pretendes abordar. Cuando me publican un libro, será porque la editorial cree que tengo crédito y soy de fiar para hacer determinada investigación, de lo contrario se arriesgaría a perder dinero con mi trabajo. Aquí, no, como son clientes y amigos, nadie pasa un filtro. Nadie ha visto qué ponía la biografía de Suárez sobre Franco, en cambio yo no puedo decir lo que quiera y paso filtros. Y los filtros son también los colegas, ante los que te deslegitimas si lo que dices no es cierto. Los filtros son los congresos, los libros, los debates... Nadie diría nada si la biografía de Franco la hubiera hecho Juan Pablo Fusi, un historiador que podría plantear cosas distintas a las de Paul Preston pero que es fiable. Ese es el asunto, ser fiable. Si haces un trabajo, no lo difundes y no llamas a los mejores, se convierte en un derroche de dinero público.
Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=4204

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J. Casanova: "Quienes sufrieron la persecución en la zona republicana ya fueron compensados con creces por la legislación franquista"

http://historiantes.blogspot.com/2007/05/j-casanova-quienes-sufrieron-la.html


Me hago eco de una entrevista realizada por laRepública.es al historiador Julián Casanova en la que muestra su punto de vista sobre la Ley de la Memoria Histórica y la docencia actual de la historia entre otros temas.
Sus dos últimos libros publicados este mismo año 2007:
Anarquismo y violencia política en la España del siglo XX. I.F.C.. 2007
República y guerra civil. Crítica/Marcial Pons. 2007

Cómo experto y concienzudo historiador, ¿ a quién cree que satisface la futura ley de memoria histórica, porque parece que a nadie?

Meter en una ley la memoria histórica, en singular, cuando hay muchas memorias, es una tarea muy difícil. Quienes sufrieron la persecución en la zona republicana, desde los excombatientes a los excautivos, pasando por los familiares de todos los asesinados , ya fueron compensados con creces, como vencedores de la guerra, por la legislación franquista y la Iglesia católica que sigue hoy perpetuando la memoria de sus mártires, no sólo religiosos, con ceremonias de beatificación. Por el contrario, las familias de los asesinados por las violencia de los militares sublevados y las víctimas de la dictadura franquista tienen todavía pendiente ese reconocimiento jurídico y político. Es ese desequilibrio de la memoria el que se discute en la actualidad. Pero va a ser cuestión de tiempo, de voluntad política y de educación cívica

¿Tan miedosos fuimos que dejamos en manos de hispanistas extranjeros los primeros desafíos históricos de la Transición con respecto a esa contienda bélica que no osábamos mirar ni de costado?

Estaban en mejores condiciones para hacerlo. Venían de mejores universidades y, especialmente los británicos y norteamericanos, estaban acostumbrados, por educacióón, a realizar síntesis narrativas, de esas que con una mirada general te sitúan de forma precisa ante los hechos. Muchos españoles se aproximaron a la vez a ese pasado, sin miedo, pero con historias locales y con narraciones que no llegaban a un público amplio. Por eso la gente recuerda a esos ingleses y no al historiador español que en muchos casos les proporciona la materia prima desde Huesca, Barcelona o Murcia.

Las historia tiene sus ironías. Hemos podido juzgar en España a Pinochet pero incapaces de juzgar y condenar a Franco...

No hay ninguna duda sobre la definición y existencia de los crímenes políticos de la dictadura franquista. Pero la transición democrática los perdonó, cerró ese tema y no creo que sea momento de reclamar ahora "justicia punitiva" para los responsables y perpetradores de esos crímenes. Otra cosa muy diferente es que haya gente que niegue esos crímenes o que saque un libro sobre los asesinatos de Paracuellos, un tema al que el franquismo ya recurrió una y otra vez, para arrojarlo a la cara de los que ellos consideran rojos. Sin entrar en más matices, la violencia política existió en las dos zonas durante la guerra civil. Pero después de abril de 1939, el monopolio de la violencia, ilegal y cruel, lo ejerció sólo la dictadura que se levantó sobre los cadáveres de los vencidos en la guerra. Quienes niegan los crímenes de la dictadura franquista tampoco están muy interesados en airear los de Videla o Pinochet.

Son hoy los nietos de las víctimas del franquismo los que quieren desenterrar lo ocultado. Pero también hay otros nietos que quieren salvaguardar la etapa franquista como redentora. ¿Sigue la división en las generaciones posteriores?

Cuando se habla de nietos, normalmente se trata de nietos de las víctimas de la violencia ejercida en el bando de los militares sublevados durante la guerra civil. Porque muchas de las víctimas del franquismo viven todavía y cuentan también sus historias. Y claro, hay otros nietos que, como dice usted, "quieren guardar como salvadora la etapa franquista". Esas son las memorias a las que me refería antes. No es una división que se plasma en una nueva generación. Se trata más bien del legado de las dos memorias diferentes, de cómo le contaron a cada uno la historia, y de cómo gestionar hoy esa memoria.

Aborda el anarquismo en una de sus obras recientes “Anarquismo y la violencia política en la España del siglo XX””. ¿No es el anarquista un ser de convicciones libertarias, utópicas, un eterno reformador de la historia en curso que ve inevitable el uso de la violencia en algunos casos? . ¿Qué significa ser anarquista?

Desde la fundación de las primeras organizaciones obreras anarquistas en 1870 hasta el exilio republicano de 1939, el anarquismo arrastró tras su bandera roja y negra a sectores populares diversos y muy amplios. Sin ellos, nunca hubiera llegado a ser un movimiento de masas, se hubiera quedado en una ideología útil para individualidades rebeldes, muy revolucionaria pero frágil, arrinconada por el crecimiento socialista y relegada a la violencia verbal. Pero su historia quedó también asociada a la bomba y al revólver, a la siniestra figura del hombre de capa negra con el cartucho de dinamita y al pistolero, al anticlerical y justiciero de la Federación Anarquista Ibérica (FAI). Son las dos caras del anarquismo, la que arraigó en los sindicatos y la violenta. Un anarquista es alguien que lucha contra la propiedad privada y contra el Estado, que cree en la acción directa como forma de lucha y niega la posibilidad de transformar la sociedad a través de la lucha parlamentaria. Eso es lo que le diferencia básicamente de socialistas y comunistas. Pero ese antipoliticismo lo practicaba el anarquismo en tiempos de corrupción política, cuando las elecciones no eran libres y los Estados daban más palo que zanahoria. La modernización y democratización se engulleron a ese movimiento, aunque en España la guerra y la represión franquista dejaron poco de él.

“Siempre ha habido gente que sostiene que la verdad es a veces inoportuna, desfavorable: un lujo”. Afirmaba Susan Sontag. ¿Qué tanto por ciento de verdad guarda la historia universal?

Verdades relativas, pero verdades. Sabemos muchas cosas sobre el pasado que son incuestionables, que han sido verificadas a través de documentos e investigaciones rigurosas. Pero son verdades relativas, sujetas siempre a las miradas de las diversas nacionalidades, razas, religiones, clases o géneros.

La destrucción de libros nos impide responder algunas preguntas clave de la historia. El escritor Fernando Báez proporciona datos imprescindibles en "Historia universal de la destrucción de libros". ¿Y los archivos cuantas preguntas pueden responder?

Muchas, aunque siempre responderán más y mejor de los acontecimientos del pasado protagonizados por los grandes personajes y los poderosos. Pero no sólo de archivos y documentos vive el historiador, que busca cualquier resto material, desde narraciones literarias a legados arqueológicos.

Marx dijo que la historia es siempre un proceso dialéctico en donde los grandes procesos estructurales requieren de la aparición de ciertos sujetos colectivos e individuales. ¿Tendremos que esperar siempre grandes cambios de generación en generación ?

Hay generaciones que vivieron tiempos mucho más convulsos que otras. El período que en Europa va entre 1914 a 1945, por ejemplo, es uno de ellos, extraordinario. Pasaron tantas cosas y hubo tantos cambios que es difícil poner un poco de orden en la narración. Aunque por mucho que se quiera poner énfasis en los cambios culturales, políticos y sociales, al final resultó que murieron ochenta millones de personas como consecuencia de la violencia del Estado, de la revolucionaria, fascista o de los militares. En la Europa de las civilizaciones. Y todo en apenas treinta años

Los errores de la izquierda se han convertido en los eternos tópicos siempre esgrimidos por los oponentes conservadores de todos los gobiernos mundiales. El estalinismo y el “pensamiento único” proclamaban el fin de la historia, cada uno en su tiempo: terminar el juego cuando ganaban. ¿Hoy los movimientos obreros, sindicales y populares que representaban el estalinismo han pasado a la historia?

Sí, afortunadamente. Porque una cosa es la prédica de la libertad y la justicia social que está en el origen de todas las variedades del socialismo decimonónico y otra muy diferente son las nefastas manifestaciones prácticas que todo eso tuvo cuando llegaron al poder en algunos países. La libertad, la pluralidad y el respeto a los demás, acompañado de beneficios económicos y sociales para una mayoría, han sido bienes escasos en la historia y hoy hay todavía millones y millones de ciudadanos en todo el mundo que no tienen acceso a ellos.

El sistema educativo juega un papel importante a la hora de impartir historia. Y la historia de la evolución humana es de vital importancia para un conocimiento mutuo. ¿No debería haber un tribunal internacional que prohibiera, por ley rigorista, el creacionismo y la teoría inteligente ahí donde se imparte?

Yo soy poco partidario de regular el conocimiento y de poner normas al saber. Los tribunales internacionales, en cualquier caso, siempre representarían la versión de la historia del hombre, masculino, blanco.

Siguiendo la estela de la pregunta anterior. Negar los hechos científicos, negar el holocausto, negar la historia no es una irresponsabilidad política, moral, ética, legal, y de la lógica?

Eso aclara más la pregunta anterior. Porque sí que existen responsabilidades políticas, legales y éticas y no afectan igual a todos los ciudadanos. Algunos son más responsables que otros. No es lo mismo que niegue el holocausto un militante de la ultraderecha que un profesor de universidad o un periodista, que están obligados a ser rigurosos y honrados con los conocimientos a su alcance. Y no es lo mismo que no condene el golpe de Estado de julio de 1936 un ciudadano de la calle que un parlamentario del Partido Popular.

Los historiadores son quienes articulan o reconstruyen la historia de los pueblos y generaciones, su imagen ya pasada, presente y futura. ¿Qué juramento hipocrático tiene que hacer un buen historiador?

La honradez intelectual: ser fiel a las fuentes, nunca ocultar lo que se encuentra, aunque no le guste a uno o no se adapte a sus ideas, y sacar aquellas partes más ocultas de la historia, las que nunca tienen en cuenta los propagandistas oficiales.

¿Dígame que libro lee en estos momentos, y me sorprendería que no fuera de historia?

Suelo tener siempre dos libros abiertos, una novela y uno de ensayo. Ahora estoy acabando El corazón helado, de Almudena Grandes, y El arte de la ficcióón, de David Lodge. Eso de abandonar la docencia para escribir novelas, como hizo el inglés Lodge, antiguo profesor de literatura, está bien. Y con su Small World (traducido al castellano como El mundo es un pañuelo) se disfruta mucho.

Mucha gente se ha agarrado a esas novelas históricas, a caballo entre el rigor histórico y la aventura, con las que les parece más divertido saber sobre historia. Por ejemplo las entregas de Jean M. Auel. ¿Es una equivocación engancharse a esos libros?

La historia y la ficción se confunden a menudo y las novelas históricas son el mejor ejemplo. Está bien que cientos de miles de personas lean El código da Vinci, La catedral del mar, o la serie de Los hijos de la tierra, por citar ejemplos muy recientes. No creo que pueda compararse con la buena literatura, la que puede representar Faulkner en el siglo XX o Galdós en el XIX, aunque yo nunca les he negado el mérito de compartir sus historias con tantos lectores. No los he leído porque tengo antes cientos de libros esperando. De los best-seller de los últimos años, de esos que te dicen los editores que han vendido más de un millón de ejemplares, sólo he leído La sombra del viento. Aunque también son best-seller A sangre fría o Crónica de una muerte anunciada, mis modelos favoritos de precisión narrativa.

¿Contribuye en algo Internet a esclarece la historia, o más bien al contrario? ¿No se van instalando demasiadas opiniones sin contrastar en el ensordecedor silencio de la Red?

El acceso a Internet está cambiando de forma radical las fuentes de informacióón. Como fuente de información es impagable, pero es también el mejor modo de apropiarse de contenidos ajenos. El plagio se va a convertir en norma, sobre todo si no acostumbramos a los jóvenes estudiantes a citar las fuentes utilizadas y a ser respetuosos con las opiniones de los demás.

Como síntesis ¿cuál es el Talón de Aquiles de la historia?

Somos los historiadores, y no la historia, quienes tenemos Talón de Aquiles. Inventar, falsear la historia, adaptarla a nuestras propias preconcepciones, es uno de ellos. El otro, en el extremo opuesto, pensar que existe la posibilidad de reconstruir con total objetividad el pasado. Ese es un sueño que todavía se estimula en muchas Facultades de historia.

Blanca Vázque


domingo, junio 05, 2011

Entrevista al historiador Youssef Girard. “Francia debería analizar el conjunto de su historia colonial y reconocer los crímenes cometidos durante todo ese período”

Tomado de http://www.rebelion.org/noticia.php?id=129821

Assala




    En primer término los lectores de Assala querrían conocerle ¿Quién es Youssef Girard?
    Soy un investigador de la historia, especializado en estudiar el nacionalismo argelino y en general en el estudio de la Argelia contemporánea. Nací en el suburbio de París a comienzos de los 80. Después de estudiar historia en la Sorbona, me especialicé en la historia de Argelia en el marco de mi doctorado.
  1. ¿Cómo llegó al Islam?
    Como para muchas personas de mi generación cuya juventud transcurrió en el suburbio parisino, el Islam era un referente cultural y ético. A partir de los 18 años decidí practicar el islamismo y busqué profundizar mis conocimientos en materia religiosa. Esta decisión no era de carácter puramente personal sino que se inscribía en la dinámica de grupo que hizo que numerosos jóvenes de la comuna en que vivía siguieran el mismo recorrido espiritual. Esta dinámica de grupo nos permitió avanzar juntos en el camino del Islam, aun cuando luego cada uno haya seguido su propia evolución personal.
  1. ¿Es posible conocer el objetivo central de sus trabajos de investigación y sus motivaciones?
    Presenté una tesis doctoral en historia contemporánea en junio de 2010 en la Universidad París VII que encaraba la historia del PPS-MTLD en el antiguo departamento de Argelia entre 1843 y 1954. Esta tesis continuaba la de mi maestría referida a los movimientos juveniles en Argelia entre 1943 y 1954 y mi informe DEA que, preparando mi tesis doctoral, se refería al PPA-MTLD en el antiguo departamento de Argelia, específicamente centrado en el distrito de Medea.
    El PPA-MTLD, más allá del movimiento revolucionario nacionalista argelino, encarnado primero en la Estrella Norafricana y luego en el FLN (Frente de Liberación Nacional) es siempre el objetivo central de mis investigaciones. Cuando terminé mi trabajo de tesis, amplié mi campo de investigación a temas como la política asimilacionista encarada por Francia en Argelia donde se inserta la obra de Malek Bennabi.
    Mi objetivo es estudiar la historia de Argelia a partir de sus diferentes componentes, políticos, pero también culturales, con el objeto de lograr una visión lo más completa posible de la historia contemporánea de ese país. Este enfoque me permite estudiar también el colonialismo francés y las resistencias que suscitó. Mi interés en el estudio del colonialismo y de las resistencias que se le opusieron fue determinado por la situación del Islam y de los musulmanes en Francia, estructurada en parte por la historia colonial francesa y singularmente por la historia de la colonización de Argelia.
    Contrariamente a lo que podría ser un discurso “hipócrita” yo trato de ser un historiador “neutro” porque mi interés está arraigado en un presente inmediatamente vivido.
  1. Usted es conocido por sus trabajos sobre la revolución argelina, por sus textos sobre Bennabi, un informe bien documentado sobre Ahmed Bouda ¿Podría conocer el origen de ese interés por la historia de Argelia?
    Existió el azar de un encuentro literario con las memorias de Messali Hadj, en una biblioteca, cuando todavía iba al liceo y estaba interesado en el Islam pero también con las luchas de liberación nacional de los pueblos colonizados. La visión de este hombre “tradicionalmente vestido” a la argelina, caminando por las calles de Niort, me produjo deseos de leer su obra. Esa lectura me suscitó un interés que se fue acentuando a medida que fui profundizando mis conocimientos sobre la historia argelina. La lectura de los Condenados de la tierra de Frantz Fanon no hizo más que duplicar ese interés que nunca ha disminuido.
    Como le he dicho mi inclinación por la historia de Argelia no es desinteresada. Está vinculada también a una vida en la que influyera la historia de la colonización.
  1. ¿Piensa usted que la revolución de 1954 y las diferentes crisis por las que pasó han tenido alguna influencia en la actual situación política de Argelia?
    Es innegable y desde luego normal. El presente se haya siempre condicionado por el pasado. Este condicionamiento del presente por el pasado explica porque este es un desafío que supera el solo estudio de la historia y el pequeño círculo “cerrado” de los historiadores. Es también una apuesta de la sociedad que exige debatir el pasado en la esfera pública.
    Para no considerar más que la crisis del verano de 1962, se ve bien como condicionó, por lo menos en parte, la política argelina hasta nuestros días, La salida de esa crisis tuvo un papel determinante sobre una serie de instituciones argelinas y sobre ciertas orientaciones políticas del estado. Es por eso que estudiarla es fundamental.
    Más allá de la revolución y de las crisis la historia del movimiento nacional juega un innegable papel en Argelia. Esto se manifiesta por ejemplo en el nivel de las ideas políticas que se construyen y que aún se desarrollan hoy en día con relación a la historia del movimiento nacional. Todo esto me parece normal y es por eso que resulta necesario debatir sobre esta historia.
6 . ¿Qué piensa usted sobre debatir la necesidad de reconocimiento por parte de Francia
de los crímenes y de las fechorías del colonialismo?
Sería absolutamente normal que Francia reconociese los crímenes cometidos y no
solamente durante la “guerra de Argelia” sino también durante los 132 años de
dominación colonial francesa en Argelia. Más allá de Argelia Francia debería analizar el
conjunto de su historia colonial y reconocer los crímenes cometidos en todo ese
período.
    No obstante la Francia actual se halla inserta en la continuidad de su historia colonial y está muy lejos de reconocer sus crímenes coloniales. La ley del 23 de febrero que reconoce los ”beneficios del colonialismo” ha sido derogada solo parcialmente y muchos de sus artículos resultan todavía más que problemáticos. En muchas oportunidades el pasado colonialista de Francia ha sido defendido públicamente por Sarkozy, a pesar del tiempo transcurrido las ideas colonialistas o neo-colonialistas siguen dominando.
    Terminando con la colonización, Franz Fanon decía que el tema no era saber si Francia era racista sino preguntarse si era posible que Francia no fuera racista habiendo sido la potencia colonial que fue. El debate sobre el reconocimiento de los crímenes coloniales no remite a esta cuestión fundamental porque Francia no podrá librarse del racismo y del neo-colonialismo sino cuando recapacite sobre su pasado de potencia colonial.
7 . ¿Cómo evalúa usted la relación de los musulmanes con el Islam?
    En Francia, es muy variable según las personas pero hay una parte importante de los musulmanes que se mantienen muy fieles a su religión y a su identidad islámica. Contra las políticas públicas que tienden a restringir la identidad musulmana, especialmente los ataques a las musulmanas que portan velo, vemos expresar un verdadero apego a la religión musulmana. Evidentemente este apego podría profundizarse, pero el hecho de que muchas personas estén apegadas a su identidad islámica a pesar de las políticas de despersonalización puestas en vigor, muestra un profundo apego a la identidad. Esto conforma una fuerza de resistencia contra el racismo que denigra y estigmatiza al islam y a los musulmanes.
8. Los musulmanes que viven en occidente y los musulmanes que viven en países
islámicos: ¿un destino común o trayectorias diferentes?
Habrá forzosamente y las hay ya diferencias como también las hay entre los
    musulmanes que viven en los diferentes países islámicos. También las hay entre los musulmanes que viven en diferentes países occidentales porque esos países se hallan regidos por leyes diferentes y porque no todos los musulmanes tienen la misma historia. Le daré tres ejemplos que merecen ser comparativamente estudiados:
    1. En Francia, con un pasado colonial y donde las relaciones entre Estado y religiones se rigen por el laicismo, la mayoría de los musulmanes proceden de la inmigración magrebí y africana, regiones antiguamente colonizadas por Francia.
    2. En Alemania que no cuenta con el mismo pasado colonial y que no conoce el laicismo los musulmanes proceden en su mayoría de países que no fueron nunca colonizados por Alemania.
    3. En Gran Bretaña que tiene un pasado colonial y que no conoce el laicismo, la mayoría de los musulmanes procede del subcontinente indio, antiguamente colonizado por Gran Bretaña.
    Los tres casos, rápidamente enunciados configuran significativas diferencias entre los musulmanes que viven en estos tres países occidentales.
    Para volver sobre su pregunta, creo que es de interés de los musulmanes que viven en occidente mantener un estrecho vínculo con el mundo musulmán. En Francia algunos hablan de un “Islam francés” que esconde el deseo de independizar a los musulmanes que viven en Francia del mundo musulmán. Esta percepción no puede llevar, intelectual y espiritualmente sino a una amputación. A los musulmanes que viven en Francia les interesa mantener un fuerte vínculo con el conjunto del mundo musulmán y más especialmente con el Magreb y con Africa. Este fuerte vínculo no puede sino servir para el enriquecimiento.
9. ¿Cuál es su lectura sobre la de temas como identidad y laicismo en el debate político
francés? ¿Se propagará al resto de Europa?
    Esos ya han ganado a Europa como lo demuestra el referendo sobre la prohibición de construir minaretes en Suiza o el ascenso de una extrema derecha xenófoba en varios países de Europa. Esto significa evidentemente una amenaza para los musulmanes que viven en Europa. Esta amenaza debería ser un llamado de alerta para los musulmanes que residen en Europa porque está dirigida directamente a ellos.
    En Francia, los temas relacionados con la identidad y el laicismo son un modo de reactualizar la vieja ideología colonial francesa que no murió con la liberación de los pueblos colonizados. La política islamófoba remueve la herencia del pasado para ponerlo al servicio de los actuales intereses. Desgraciadamente teniendo en cuenta el pasado colonial francés uno no puede ser muy optimista sobre el porvenir y eso además porque algunos necesitan de la islamofobia para justificar su política. En realidad se corre el riesgo de que las políticas islamófobas se refuercen en el futuro. Las recientes 26 propuestas de la UMP(2) sobre “laicismo” van en ese sentido.
    Todo eso responde a la mencionada pregunta de Fanon: ¿es posible que Francia no sea racista habiendo sido como fue una potencia colonizadora? La política islamófoba francesa actualiza este tema.
10. ¿Cuál es su análisis sobre la percepción de la opinión pública occidental con relación a
la cuestión palestina? ¿Se han producido progresos?
    Me es difícil hablar en general de la opinión occidental porque difiere según el país. En Francia, la percepción de la cuestión palestina se halla determinada por el discurso mediático y político. Este último está condicionado por ciertos parámetros: la cultura colonial francesa que define en parte la representación del mundo árabe y musulmán, la adhesión al proyecto sionista o el sentimiento de existir una comunidad de intereses (la defensa de occidente) entre Francia y el Estado sionista. Esto hace que a los medios franceses les sea muy difícil defender los históricos derechos del pueblo palestino.
    En el seno de la sociedad civil, existe por lo menos un movimiento de “apoyo” a Palestina conformado por personas que pueden tener posiciones diferentes y hasta opuestas: yendo desde los que apoyan la resistencia del pueblo palestino hasta los que llaman a la “paz” y condenan la resistencia armada. Personalmente formo parte de los que piensan que un pueblo colonizado tiene todo el derecho de defenderse y de luchar por su liberación.
    A pesar del discurso mediático y político, a pesar de las divergencias existentes en el seno del movimiento de “apoyo” a Palestina, la solidaridad con el pueblo palestino ha sido expresada en el transcurso de muchas manifestaciones luego de la agresión a Gaza en diciembre de 2008 – hubo también importantes manifestaciones de apoyo a comienzos de los años 2000 luego del estallido de la segunda intifada. En esas manifestaciones la población árabe y musulmana que vive en Francia estuvo presente., siendo actualmente, en Francia, uno de los pilares del movimiento de apoyo a Palestina.
    El principal problema del movimiento de “apoyo” es que se manifiesta masivamente únicamente en oportunidad de los ataques sionistas. Fuera de esos momentos “calientes” el movimiento tiene tendencia a tambalear y a agrupar solamente a las personas más comprometidas con el problema. El desafío del movimiento de “apoyo” es el de lograr mantener el mismo nivel de movilización en el tiempo. Dada la importancia del movimiento de apoyo en los momentos “calientes” este objetivo no parece ser imposible pese a los obstáculos que deberá enfrentar.
11. Usted alerta a menudo a los musulmanes sobe los peligros de una concepción del Islam
    que trata de mostrarlo en el terreno económico como un régimen de tipo liberal ¿Podría decirme en que sentido le parece peligrosa esta concepción?
    El capitalismo me parece u peligro para los musulmanes y para la humanidad por varias razones:
  • Históricamente el capitalismo se ha construido sobre lo que Marx llamaba la “masacre de los inocentes” necesaria a la “primitiva acumulación” de capital. Se debe entender aquí la exterminación de los Amerindios, el pillaje del continente americano, la deportación y la reducción a la esclavitud de millones de africanos, Ese capitalismo fue el motor de la segunda colonización que sometió a la mayor parte de Africa y de Asia – y por lo tanto al mundo musulmán – al yugo de occidente.
  • El capitalismo lleva en sí mismo una dinámica que tiende a transformar al mundo en mercadería. Esta dinámica llamada reificación tiende a transformar las culturas, las relaciones humanas y hasta la espiritualidad en objetos comerciales. Partiendo de esta idea el islam corre el riesgo de ser sometido a la mercantilización y de ser transformado en un simple objeto de consumo. Esto se puede observar en lo que algunos llaman el “mercado islámico” en el que la identidad islámica se manifiesta solamente de manera consumista desvinculada del concepto islámico de sabiduría y de ética, de este modo el parecer “islámico” tiene el poder de anular el ser musulmán.
  • El capitalismo es portador de un determinado modelo cultural que es el que construyó occidente a partir de la segunda mitad del siglo XV. Efectivamente la difusión del capitalismo está ligada a la occidentalización de los mundos no occidentales, el error sería creer que se puede aplicar al capitalismo un barniz “islámico” con el objeto de protegerse de la occidentalización. Sería un error fundamental porque la occidentalización puede seguir prosperando siempre sobre el “barniz” islámico.
Estos tres aspectos fundamentales hacen que el capitalismo deba ser condenado no solamente por lo que hace sino por lo que intrínsecamente es. Pero para ser concreto es necesario analizar lo que el capitalismo produce en materia de desastres sociales inmediatos (hambre en el mundo, miseria social…) y las catástrofes ecológicas. Todos esos elementos deberían conducir a los musulmanes a reflexionar críticamente sobre el problema del capitalismo.
12 ¿Se puede rechazar todo en block o aceptar algo de la experiencia occidental en los aspectos políticos, económico y social…considerando que se trata de una experiencia construida sobre fundamentos teóricos, ideológicos fundamentalmente diferentes a los del Islam?
Aunque se quisiera adoptar algo de esa experiencia, pienso que sería imposible. En efecto la colonización, luego el neocolonialismo hacen que la experiencia occidental haya tenido repercusión mundial y especialmente en los países musulmanes. De modo que es necesario tener en cuenta la experiencia histórica y analizarla de manera crítica.
El error, por el contrario, sería imitar a occidente según la lógica de Ibn Khaldoun que en su tiempo quería que el vencido imite al vencedor. Tener en cuenta la experiencia occidental no quiere decir imitar a occidente sino ser capaz de desarrollar una relación crítica frente a esa experiencia. De todas maneras, quienes estudian seriamente la experiencia occidental, conocen la cantidad de elementos negativos que jalonan su historia: la exterminación de los amerindios en campos de concentración pasando por la esclavitud y la colonización.
Por otra parte, hoy en día, en el mismo occidente, los movimientos ecologistas ponen en tela de juicio la viabilidad a largo plazo del modelo occidental. Por razones de limitaciones ecológicas, el planeta no podrá sostener una humanidad en que todos los habitantes gocen de las formas de vida de un usamericano o de un europeo. Estos datos ponen en tela de juicio la experiencia occidental tal como fuera históricamente construida.
13. ¿Tiene el Islam una perspectiva histórica en occidente?
Eso depende en gran parte de las conclusiones que surjan de los debates actualmente en curso en diferentes países europeos. Por el momento me parece que por el momento nos hallamos en una fuga hacia delante que consiste en restringir la manifestación de la identidad musulmana mediante la sanción de leyes dirigidas en contra de la comunidad musulmana. La historia nos muestra que este tipo de huída hacia delante puede llegar demasiado lejos.
Los musulmanes que viven en occidente deberían recordar la histórica experiencia de los moros en España. Luego de un siglo de represión tratando de des-islamizarlos completamente los moros fueron finalmente expulsados por el rey Felipe III de España a partir de 1609. Aunque la historia nunca se reproduce idénticamente no podemos ignorar este precedente. Si se debiera desarrollar una perspectiva similar, se estaría poniendo fin a la corta experiencia del Islam en occidente.
    14. Usted es intransigente y rechaza el modelo occidental en su forma liberal. Muestra sin embargo una cierta indulgencia en lo referente al modelo occidental en su flanco social o socialista ¿He comprendido bien su pensamiento? Si sí, ¿quiere decir que el capitalismo y el socialismo no son productos puros del mismo pensamiento y experiencia occidentales?
Yo no soy intransigente con el capitalismo occidental sino que trato de encontrar la raíz de los problemas con el objeto de comprenderlos globalmente. Para responder a su pregunta yo no creo ser más indulgente con el modelo “socialista” o con la izquierda occidental. Algunos también me reprochan ser demasiado crítico con la izquierda occidental, que yo no tengo costumbre de tratar con deferencia. Me acuerdo, por ejemplo, de haber defendido públicamente la idea de que la URSS era un estado colonizador porque el poder soviético no había descolonizado a las naciones conquistadas por los Zares de Rusia (en Asia Central o en el Cáucaso) Esto me acarreó la hostilidad de una sala integrada por una mayoría de mujeres y de hombres de izquierda que no aceptaban este tipo de críticas.
En el fondo creo, sin embargo, que existen diferencias entre las personas que defienden uno u otro proyecto, “capitalista” o “social” En efecto los que defienden un proyecto “social o socialista” alientan un rechazo al mundo tal como es y un deseo de justicia social que no puede dejarme insensible. Eso no quiere decir que comparto íntegramente sus perspectivas pero puedo encontrar con ellos puntos en común. En el marco del apoyo a Palestina, por ejemplo, este tipo de acercamiento se produce concretamente en las movilizaciones. Esto no sucede al margen de algunos problemas porque la izquierda francesa no está exenta de ideas coloniales, especialmente con relación al islam. De hecho esto no significa una atenuación de la crítica al occidentalocentrismo y al paternalismo existente en cierta izquierda occidental que sigue siendo una izquierda colonial.
A nivel “teórico” pensadores de izquierda o sociales, Marx por ejemplo, han desarrollado una crítica al capitalismo que merece ser estudiada aun cuando los musulmanes no compartan el conjunto de sus concepciones sobre el mundo. Podemos lograr una apropiación crítica de su pensamiento, utilizando los que nos parece pertinente en el análisis del mundo. En América del Sur los pensadores cristianos de la Teología de la Liberación han realizado, en este sentido, un trabajo interesante. Esta experiencia no ha dejado de tener eco en ciertos intelectuales musulmanes por ejemplo Ali Shariati.
15 ¿Qué análisis hace usted de los cambios que se están produciendo en los países árabes : pueden generarles una alternativa histórica?
A mi parecer ya son portadores de una alternativa porque la situación en el mundo árabe no es hoy en día la misma. Tampoco hay que ser tonto, las antiguas fuerzas del poder no van a dejar su lugar sin antes defenderlo ferozmente. Los occidentales no van a abandonar sus intereses sin reaccionar. En los meses futuros habrá luchas extremadamente duras que serán determinantes para el mundo árabe. Habrá entonces que trazar nuevas perspectivas y crear nuevas alianzas entre los grupos sociales y políticos. Al fin el mundo árabe tendrá necesidad de unirse para hacer frente a los desafíos que deberá afrontar.
Fuente : Centro de estudios Assala
Notas:
  1. PPA-MTLD : Partido del Pueblo Argelino y Movimiento para el Triunfo de las Libertades Democráticas
  2. UMP: Unión por un Movimiento Popular

sábado, junio 04, 2011

Apuntes “indignados” en torno al Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia

Tomado de http://www.rebelion.org/noticia.php?id=129743


Mundo Obrero


A falta de una mayor perspectiva a la hora de valorar la publicación del Diccionario Biográfico Español más que ante “novedad” nos movemos en el terreno de las obviedades. O acaso los historiadores e investigadores que han venido trabajando con rigurosidad la reconstrucción de la historia de España del siglo XX se podían esperar otro resultado. En la historia como en la política nada es casual. En torno a la Real Academia de la Historia el conocimiento popular venía a transmitir un conjunto de imágenes estereotipadas: falta de prestigio académico, clientelismo, sectarismo… pero sobre todo se nos aparecía como conservadora y elitista. Es decir, dentro del imaginario colectivo representaría al clásico “señor feudal” de los departamentos académicos. Lo que no nos podíamos imaginar –y por ahí se puede explicar el profundo rechazo a la citada obra– es que además de conservadora fuera profundamente reaccionaria y franquista. A todo ello se suma un hecho a tener presente: el director del Diccionario Biográfico, Gonzalo Anes, en principio, no aparecía vinculado a la corriente revionista franquista. Respetado historiador económico con títulos de referencia además está considerado como uno de los introductores de la obra del hispanista Pierre Vilar.
Como sucede con otros aspectos de la vida todo tiene su límite. Más en tiempos en que la reconstrucción y recuperación de nuestro pasado traumático, y por tanto de nuestra memoria e historia democrática, ha venido a desterrar mitos y símbolos, con el añadido de la demostración empírica de una política de exterminio del franquismo contra el adversario político. No se trata de ninguna cuestión baladí sino de “crímenes contra la humanidad”.
En el terreno de las responsabilidades apuntar dos ideas. Primero, la del Ministerio de Cultura . Dejando aparte varios interrogantes sobre la gestión de lo público, quizás lo que resulte más grave es la dosis de legitimidad política que confirió al Diccionario Biográfico el estar de cuerpo presente la propia Ministra de Cultura en su presentación. Lo que nos lleva a una pregunta: ¿desde el Ministerio no se leen lo que financian, lo que apoyan? La segunda reflexión a repensar es sencilla y breve: la gratuidad de hacer apología del franquismo y por tanto de despreciar a las víctimas de la dictadura. Lo que viene a demostrar, en suma, el excelente estado de salud de nuestro modelo de impunidad.
En fin, no quisiéramos desaprovechar la ocasión para invitar a los señores y seño ras académicos a que se acercaran a la experiencia investigadora que en el año 2002 la Sección de Historia de la Fundación de Investigaciones Marxistas pondría en marcha cuando se procedió a revisar –en el buen sentido de la palabra– la historia del Partido Comunista de España. En tiempos nada fáciles en tanto el anticomuniscomo causaba furor, nuestro proyecto se sustentó en tres principios básicos: fin de la historia militante, rigurosidad en lo metodológico y lo teórico y ante todo se contó con los mejores expertos sin prejuicios ideológicos ni consignas. O dicho en otras palabras: entendimos y entendemos la historia como ciencia –como explicaba el mismo Pierre Vilar– frente a los propagandistas y los tergiversadores de lo histórico.
Fuente: Artículo publicado en Mundo Obrero, n° 237, junio de 2011. Versión extendida de la edición de papel.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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martes, mayo 17, 2011

Entrevista a José Pablo Feinmann. La filosofía tiene que salir de la comodidad de los papers



Página 12
Tomado de http://www.rebelion.org/noticia.php?id=128480

El filósofo pasional y popular regresa al barro de la historia. Lejos de la pompa y fastos del academicismo que tanto cuestiona, José Pablo Feinmann se propone revitalizar la filosofía del sujeto comprometido con la realidad, como quien persigue a una presa que se esconde en lo tupido de la selva. En manos del autor de La crítica de las armas la filosofía es el arte de preguntar más que el de responder. Su santo y seña es y será filosofar con deliberada insolencia. La pantomima de la cordialidad, a esta altura del partido, no le sienta bien. Nada –o casi nada– ronronea en lo profundo de su ser sin llegar a expresarse con claridad. Rara vez pedalea en el aire y se proclama alérgico al más mínimo gesto de genuflexión que pueda retacear su autonomía. Feinmann vuelve con ocho clases magistrales, “Sujeto, poder y praxis en Sartre y Foucault”, al Teatro Armenio, el martes 24 de mayo a las 20. El repertorio inicial tiene la carnadura temática de la fenomenología sartreana y unos cursos emblemáticos de Alexandre Kojève en París, en la década del ’30. En el eslabón de la fértil cadena de pensadores indispensables para semblantear al sujeto libre, no pueden faltar las rutas transitadas antes por Nietzsche y Heidegger.Un gesto de asombro despunta por las cejas de Feinmann. “Nunca me gustó esto de las clases magistrales –dice el filósofo a Página/12–; comprendo que se pueda utilizar y que tal vez su sentido sea correcto. La clase magistral sería la que da un ‘magister’ a una serie de hambrientos de saber que se disponen a escucharlo atentamente. Pero sucede que el tiempo le va entregando otro sentido a las palabras o acentúa excesivamente algunos de sus posibles sentidos.”
–¿Cuál sería el sentido del término magistral en estos días?–Magistral pasó a ser algo muy bien hecho. Un gol de Maradona es magistral, lo cual es posible porque se puede aprender mucho de él. Pero suena excesiva la palabra; ese exceso fue el que la definió con los años. Magistral es todo lo que está brillantemente realizado; hasta creo que hay un producto de limpieza que se llama “magistral”. La cosa suena excesiva en el lenguaje común y uno tiene ganas de decir: “Vean, no sé si mis clases van a ser magistrales o si todas lo serán. Algunas puede que resulten aburridas o mediocres”. Desde su sentido estricto la filosofía tiende a cierto “magisterio”, pero esta actitud la torna solemne o pedante y la aleja de los demás porque pareciera un saber de “elegidos”. No se puede negar que toda clase que da un maestro merecería esa calificación altisonante: magistral. Pero es preferible no utilizarla porque se la interpreta con un sentido grandilocuente y hasta petulante.
–¿Cree que se perdió el sentido original de lo magistral?–Si el sentido de lo magistral se perdió en la filosofía, mejor así. Todos deben acceder a la certeza de que la filosofía no le está vedada a nadie; que no es un saber esotérico, sino un saber que se involucra con las desdichas y alegrías de la existencia que transitamos día a día. Para mí, filosofar es responder a las preguntas fundamentales: ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Hay un sentido que justifique la historia y el mundo tal como los veo? Si no lo hay, ¿debemos dárselo? ¿Por qué el mal y el sufrimiento? ¿Por qué el bien y sus constantes derrotas? ¿Cómo sé cuál es el mal y cuál el bien? ¿Por qué el hombre mata y tortura? ¿Por qué los genocidios? ¿Por qué la ausencia de Dios? ¿Por qué el hambre de los niños? ¿Por qué la pobreza y la injusticia? ¿Debo rebelarme? El hombre ha matado y sigue matando, pero ¿es legítimo matar?
–¿Qué supone que buscan los alumnos que asisten a sus clases?–Me parece que buscan una comprensión más profunda del mundo. Habitualmente la mayoría quiere atravesar la vida sin enfrentar las cuestiones fundantes. La filosofía no tiene nada que ver con la religión. Si hay un Dios y él tiene la “verdad”, es decir, todas las respuestas, ¿para qué voy a hacer filosofía? La filosofía radica en poner todas las cosas bajo la severidad de la reflexión. Si un historiador dice que el 3 de febrero de 1852, Juan Manuel de Rosas fue derrotado en la batalla de Caseros, el filósofo no sólo buscaría las raíces económico-políticas de esa derrota, indagaría además sobre la naturaleza de la guerra; si en la batalla hubo crueldades, se preguntaría por la persistente capacidad humana para la crueldad, para la vejación del otro; se preguntaría por la naturaleza del autoritarismo, o si la historia tiene un sentido interno que determinaba la caída de Rosas ante el desarrollo del ganado lanar en la Mesopotamia y la necesidad que Inglaterra tenía de ese producto, en tanto Rosas persistía con la carne salada. Se preguntaría por qué Rosas defendió la soberanía del país pero no lo incluyó en la modernidad, cosa que luego hicieron los hombres de Buenos Aires; pero imponiendo una modernidad periférica que no dio frutos a lo largo del siglo XX. La filosofía es el arte de preguntar más que el de responder. O, en todo caso, demora sus respuestas y no las entrega hasta que no llega a fondo.
Una sonrisa enigmática le baila en los labios. Feinmann entiende que el interés que despiertan sus clases tiene una explicación complementaria. Intuye que son muchos los que quieren comprender el mundo y sus propias vidas dentro de él, aceptando la complejidad de lo real y las infinitas interpretaciones. “Tenemos que aprender a tolerar nuestra finitud, el dolor de la pérdida de los otros y preguntarnos si vale la pena comprometernos por las causas que creemos justas, aun cuando nos parezcan irrealizables”, subraya el filósofo.
–¿En qué piensa cuando menciona esas causas justas “irrealizables”?–¿Quién puede decirnos que algo es imposible? Casi todo lo grande que se ha hecho en la historia parecía imposible. O alguien había vaticinado que lo era. Ese filo peligroso, ese camino estrecho flanqueado de abismos, es la praxis. Hay que evaluar con enorme sutileza si es realizable o no. Pero no tendremos certezas matemáticas. En algún punto hay que decidir, y se decide en medio de la incertidumbre. La acción es siempre un salto al vacío, luego de agotadas todas las tácticas y estrategias racionales que la desataron.
–¿Por qué suele afirmar que Sartre es el filósofo preferido de sus alumnos?–Sartre es el más negado de los filósofos; todo el estructuralismo, el posestructuralismo y hasta los posmodernos se empeñaron en negarlo. La filosofía ha cambiado mucho, se ha refugiado en la Academia. Ese lugar áspero y seco se limita a cerrarse sobre sí y a producir un saber de entrecasa. Sartre es el filósofo de la calle, de las cosas, del compromiso, del riesgo. No volvió a la universidad después de la guerra porque prefería escribir. Yo tampoco volví a la universidad y eso que –antes del golpe– dinamicé materias como “Historia del pensamiento argentino” y hasta llegué a crear –junto a otros– la cátedra de “Historia del pensamiento latinoamericano”. En “Historia de la filosofía contemporánea” lo fui a ver a Ansgar Klein, que era el titular, y le dije sin vueltas que yo iba a dar en mi comisión de trabajos prácticos el “Fragmento Preliminar al Estudio del Derecho”, de Juan Bautista Alberdi, porque era un texto importante de la filosofía contemporánea. Ansgar me miró como a un pibe un poco loco, pero creo que me apreciaba y me permitió hacerlo. A los alumnos les gustó mucho. Pero en el ’84 yo no estaba todavía en condiciones de volver a la facultad. Esta es una larga historia que está contada en mis dos novelas tal vez más ambiciosas, La astucia de la razón y La crítica de las armas; es decir, la neurosis obsesiva que desarrolla Pablo Epstein bajo la dictadura desaparecedora. Sartre es la importancia del sujeto, de la praxis, de la historia, del compromiso, de la posibilidad de una moral, de pensar una política, el colonialismo. Un filósofo que escribió novelas y obras de teatro; en fin, algo que ya no existe. Hoy todos cuidan sus puestos y lo que más logran es dar clases en las universidades norteamericanas.
–Pero también Sartre es un medio para otro fin en sus clases, ¿no?–Por medio de Sartre busco revitalizar la filosofía del sujeto, del sujeto comprometido con la realidad de la praxis, del entrevero con la historia, de la búsqueda de su inteligibilidad. Admiro profundamente la Crítica de la razón dialéctica, obra cumbre de la filosofía del siglo XX, sólo comparable a Ser y Tiempo, la otra gran obra. Soy un filósofo que cree que la filosofía debe consagrarse a meditar sobre el ente antropológico. No me importa si es o no el ser. Nunca le vi la cara al ser ni se la veré. Ni Heidegger se la vio. El ser puro de significación no existe en ninguna parte en la existencia humana. Esto en que vivimos –dice Heidegger– ya no es la tierra. Claro que es la tierra: es la tierra avasallada por el ente antropológico en tanto amo del ente. No hay otra cosa. El resto es la filosofía zen, que termina por ser un refugio espiritualista ante el horror del mundo.
–¿Por qué plantea que la filosofía tiene que volver a estar en “peligro”?–La filosofía tiene que salir de la comodidad de los papers académicos y de los sueldos de los profesores que dicen sus clases y no son incómodos para nadie. ¿Qué significa una fórmula como “el lenguaje es la morada del ser y el hombre es su pastor”?, una poética cuasi kitsch. ¿Qué significa “estar abierto al ser”? Adorno responde bien a esto cuando dice que él está abierto “al sufrimiento de los otros”. En mi curso –en el pasaje de Sartre a Foucault– voy a desarrollar las causas por las cuales la filosofía francesa estructuralista y posestructuralista salió del marxismo y del sartrismo para entrar en Nietzsche y Heidegger. Ahí hubo un cambio que aún permanece. En Heidegger encontraron una crítica a la modernidad –que antes encontraban en Marx–, pero centrada en un pensamiento del ser y no de la historia y la lucha de clases. Aunque no acostumbro a hacerlo, voy a citar a un ilustre de nuestro medio, al que todos respetan y siguen. En Conciencia y estructura, Oscar Massota manifiesta inclinarse durante sus últimos tiempos por el sujeto lacaniano antes que por el sartreano, pero no deja de lamentar la falta de compromiso de ese sujeto –a diferencia del sartreano– por la historia y la lucha de clases. En suma, tengo muchas ganas de dar este curso porque creo que puede impulsar a la militancia política que está surgiendo en la Argentina.
–¿En qué sentido puede impulsar la militancia?–¿Desde Sartre, desde Foucault? ¿Por qué no? Yo establezco un diálogo entre estos filósofos. Sartre es el pensador del sujeto libre y del sujeto de la praxis, el pensador de la libertad como fundamento del ser, el pensador del compromiso. Pero acaso descuidó las resistencias concretas del Poder; esto es incuestionable en El ser y la nada. Luego fue variando hacia una inclusión de la alienación, de lo práctico-inerte, de la serialidad en su filosofía. Foucault surge, por medio de Las palabras y las cosas, como el filósofo que viene a negar la antropología, el sujeto. De aquí el brillante análisis de “Las Meninas”, de Velázquez; pero el análisis obsesivo que Foucault hace del poder lo lleva a una filosofía de lo Uno y no de lo Múltiple, como él pretendía. Una filosofía en que el Poder lo es todo y la resistencia al Poder no aparece nunca. Cambia a partir de su experiencia iraní, aunque no lo suficiente. Hoy se desarrollan temas que levemente están presentes en sus textos, como los relacionados con el biopoder y la biopolítica. Pero ha quedado como un genial analista del Poder y alguien que considera que “el hombre que se rebela es inexplicable”. Lo que necesita la filosofía del Poder de Foucault es un toque de la filosofía del sujeto libre de Sartre. Nosotros, como sujetos situados, necesitamos pensar cuáles son las condiciones de posibilidad de una praxis rebelde, porque es el espíritu de una mesurada, meditada pero firme rebeldía el que atraviesa la historia que hoy está constituyendo América latina.
–¿Qué está construyendo ese espíritu de rebeldía en el continente?–América latina es un continente que se asume en tanto totalidad autónoma, que se autoconstituye, que no se incorpora a una totalidad exterior y fundante que le entrega una máscara que sirve para todos y todos deben usar, sino que busca su propio rostro, la cara que mostrará al mundo, al cual no se niega a incorporarse, pero no en tanto particularidad totalizada por un totalizador fundante e imperial, sino como totalidad autónoma que, si dialoga, lo hace desde esa autonomía que es el exacto punto de su dignidad y de su posibilidad históricas.
* Las clases comienzan el martes 24 a las 20 en el Teatro Armenio (Armenia 1366). Informes e inscripción: de lunes a viernes de 14.30 a 19.30 en Solís 1525 y Armenia 1366 o en el 154 075-1757/154 075-1772. O en la web www.kiosco12.com.
Vacantes limitadas.
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/17-21694-2011-05-15.html

Nota: José Pablo Feinmann (Buenos Aires, 10 de marzo de 1943) es un filósofo, docente, escritor, ensayista, guionista y conductor de televisión argentino.

En 1973 fue fundador del Centro de Estudios del Pensamiento Latinoamericano, en el Departamento de Filosofía de la UBA (Universidad de Buenos Aires). Posteriormente trabajó como colaborador en diversos medios periodísticos.

Fue un activo militante de la JP (Juventud Peronista) en los años setenta, considerando al peronismo como un verdadero movimiento de masas revolucionario. Siempre se opuso al uso de la violencia con fines políticos, sobre todo al foquismo guevarista, el cual —años después del triunfo de la revolución cubana— se volvió bastante popular dentro de algunos sectores de la izquierda peronista (como las guerrillas de Montoneros y de las Fuerzas Armadas Peronistas). Finalmente abandonó el peronismo en los años noventa, durante el gobierno de Carlos Menem. Sus estudios sobre la historia del peronismo son muy conocidos y debatidos por otros historiadores.

Suele escribir para el periódico Página/12 (incluyendo notas editoriales) sobre actualidad política, literatura y cine. Por otro lado, desde 2008 conduce los programas de televisión Filosofía aquí y ahora, emitido por el canal Encuentro (del Ministerio de Educación de Argentina), y Cine contexto, emitido por Canal 7.

El holocausto español'


 
 
Josep Fontana

La proximidad de la fecha en que se cumplen 75 años del inicio de la Guerra Civil española ha estimulado la publicación de una serie de estudios que enriquecen nuestro conocimiento no solo de su génesis, sino también de su naturaleza. Tal es el caso de La conspiración del general Franco, de Ángel Viñas, que complementa la gran trilogía sobre la República en guerra que publicó de 2006 a 2009. O el de Violencia roja y azul, el estudio colectivo dirigido por Francisco Espinosa, que ha venido a dejar establecida la cifra de los muertos por la violencia en 50.000 para el bando republicano y 150.000 para el franquista.Entre todos estos libros, sin embargo, me parece que conviene destacar El holocausto español, de Paul Preston, que culmina con esta obra cuarenta años de dedicación al estudio histórico de España, desdeThe Spanish Right under the Second Republic: an Analysis, aparecido en Reading en 1971, que sería un anticipo de su Spain in Crisis de 1976, hasta su biografía de Franco, que sigue siendo una obra de referencia indispensable.
Preston describe y estudia la represión en uno y otro bando, pero sus objetivos van más allá: una vez averiguado lo que les sucedió a las víctimas civiles, nos dice, es necesario averiguar por qué, establecer las causas últimas de la violencia que sufrieron y sacar a la luz las razones que guiaban a sus verdugos. Que una vez desencadenada una guerra se produzcan actos de ferocidad en uno y otro bando es algo que ha sucedido siempre y en todas partes, y que no requiere mayor explicación. Como decía hace muy poco Luke Mogelson “hay una bestia en el corazón de cada combatiente”, sin olvidar que cada muerte se convierte en la semilla de una venganza. Lo que es más importante, porque ahí reside la mayor de las responsabilidades, es determinar los motivos y el propósito de quienes han escogido el camino de la guerra, y está claro que la única forma en que podemos entender la que se inició en 1936 debe basarse en el análisis de lo que sucedió desde 1931.
Preston, cuyos primeros trabajos estuvieron dedicados precisamente al estudio de las derechas españolas en los años de la República, está especialmente calificado para analizar el enfrentamiento social que se inició con motivo de los programas de reforma de los dos años de gobierno republicano-socialista, y para mostrarnos la reacción que llevó a los “teóricos del exterminio” a preparar desde entonces una represión sistemática, encaminada a destruir hasta sus raíces la trama social en que se había asentado el proyecto republicano.
Entre las primeras víctimas de lo que Queipo de Llano llamaba el “movimiento depurador del pueblo español” figuraron los alcaldes, los concejales y los sindicalistas, pero también los maestros. Porque, como se decía en un artículo publicado en la prensa de Sevilla en los primeros días del “alzamiento”: “No es justo que se degüelle al rebaño y se salven los pastores. Ni un minuto más pueden seguir impunes los masones, los políticos, los periodistas, los maestros, los catedráticos, los publicistas, la escuela, la cátedra, la prensa, la revista, el libro y la tribuna, que fueron la premisa y la causa de las conclusiones y efectos que lamentamos”. Tantos eran los enemigos que había que depurar.
Haber desentrañado los orígenes de este proyecto genocida de los sublevados, que desde los primeros días expresaron su voluntad de “aniquilar” a todos estos enemigos, es uno de los grandes méritos del libro de Preston, que lo elevan por encima de la mayor parte de la abundante literatura que se ha dedicado a la represión.
Arrinconada, por haber agotado su credibilidad, la visión franquista de la Cruzada, lo que en la actualidad la sustituye es el revisionismo del “todos fueron igualmente culpables”, en la línea de Ernst Nolte con el nazismo, del que pueden ser ejemplo el libro de Fernando del Rey, Palabras como puños: la intransigencia política en la Segunda república española, o la feroz crítica contra el de Preston que Jorge M. Reverte publicó en El País el 12 de mayo, con más exabruptos que argumentos, y en un tono que no parece que corresponda al crédito personal que Reverte puede oponer a la trayectoria académica e investigadora de Preston.
Uno de los fallos esenciales de su crítica es que se limita a lo sucedido desde julio de 1936, cuando Preston ha dedicado cuatro de los 13 capítulos de su libro a los antecedentes. Déjeme decirle además que lo de la “liquidación sistemática de pequeños comerciantes en Cataluña” es un camelo. Mi padre era un pequeño comerciante, que no solo no fue liquidado, sino que no sufrió más molestia que la de los bombardeos, frecuentes en el barrio en que vivíamos, que nos obligaron a muchas huidas nocturnas en busca de un refugio (bien el de la Generalitat, bien los túneles de las estaciones de metro de la plaza Catalunya). La librería de mi padre estaba en la calle Boters, y no recuerdo que ni el dueño del “colmado” de al lado, ni el de la “mercería” de enfrente sufrieran daño alguno; ni siquiera los de una “cerería” y una “estampería” vecinas, negocios que respondían a la cercanía al palacio episcopal y a la catedral.
Sacar la Guerra Civil del contexto del enfrentamiento social que se produjo como consecuencia del proyecto reformista de los republicanos de izquierdas implica condenarse a no entender su misma naturaleza.
Fuente: http://blogs.publico.es/dominiopublico/3385/el-holocausto-espanol/