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| Diàlogos. |
Blog de historia social desarrollado por el Dr. Juan José Marín con el fin de establecer un espacio de diálogo y trabajo colectivo
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viernes, enero 16, 2015
Infograma de Diálogos. Revista Electrónica de Historia.
Sin duda, un proyecto colectivo que ha crecido con el esfuerzo de muchos. 15 años de trabajo incidiendo en problemáticas como el género, la desigualdad, la marginalidad, el ambiente, la historia social y política, las identidades, con un alcance latinoamericano y mundial.
domingo, noviembre 23, 2014
Debate de ideas
En las páginas de Ancora del Grupo Nación se desarrolla un debate (http://www.nacion.com/…/Documentos-confirmanque-conspiracio…)
Las polémicas en historia abundan y son el alma de la historiografía. No obstante, la historiografía enfocada en cómo se escribe la historia, el uso apropiado de las fuentes, métodos, teorías y la concordancia entre lo escrito y lo documento a veces queda relegada con respecto a la realidad que estudia.
Asimismo, el trabajo de los
historiadores es poco sensible a los otros posibles escenarios alternativos, de
los contextos de los de abajo, la complejidad de las condiciones de los
subalternos en su época; de las múltiples vías de la realidad; lo estremis de
los procesos sociales; los intríngulis del poder dominante no siempre visible
Los debates en la historiografía
costarricense y en especial los esbozados en Ancora pocas veces resultan
concluyentes. Respetando los argumentos de Díaz y Picado y su gran calidad como
intelectuales, hay un especial atractivo en la versión de Picado, la cual nos
acerca a esa historia oral de la época de los subalternos no escrita y que
vivió un periodo extremo en sus luchas; a la multiplicidad de vivencias más
allá de las esbozadas en los periódicos y la historia oficial y a una gran
complejidad de los cambios que sucedían en la época. Al menos, en mi caso, la
versión de Picado ofrece una visión de lo que recordaban y vivieron mis
familiares maternos y que una vez un colega historiador señaló que no le
importaban esas visiones pues como historiador debía limitar a las fuentes que
consulta, daba la inmensidad documental y esperar que lo consultado permita
acercarse y comprender con la mayor veracidad posible la realidad.
Las posiciones de Díaz y Picado deben
leerse, analizarse y considerarse sin la idea que una silencie a la otra. Ambas
merecen ser escuchadas y examinadas. En mi caso, la tesis doctoral de Díaz
(pronta a publicarse como libro) me resulta fascinante y desmitificante de la
historia de los calderocomunistas. Y lo que llevó leído de Picado me vuelve a
acercarme a una historia familiar, de represión, de vida incierta, miedos,
convicciones y en fin a una historia múltiple, rica y vivida en forma
totalmente distinta a lo enseñado por la historia oficial.
Mi conocimiento del periodo nace delas
clases subalternas y marginales y desde ella comprendo la riqueza del trabajo
de Picado.
Conociendo que esta polémica no se resolverá
y que más bien es un debate abierto a seguir investigándose, no queda más que
agradecer a Miguel Picado por abrir temas, descubrir nuevas fuentes,
desempaquetar polémicas enterradas; enseñar nuevas lecturas a las fuentes;
propiciar nuevas investigaciones y en mi caso, acércame de nuevo a las
historias familiares y de lo que considero a mis grandes maestros…. Esos
zapateros que me enseñaron la historia de y desde abajo, esa que es muy
distinta a la historia hegemónica del poder enseñada dogmáticamente en las
aulas de escuelas y colegios.
Abrir
fuentes, debates, versiones y repolemizar lecturas de acontecimientos es un
atributo que no puede quedar al margen…..
****
Un estimable
estudiante colocò dicha polémica como un primer round, pero en realidad fue
el cuarto El primero se dio en una mesa redonda
donde ambos polemistas se repartieron público. No estuve en la actividad, pero
muchos han comentado la fuerza de los argumentos de cada oponente creando
posiciones casi partidarias entre diazístas y picadistas. El segundo round se
dio en el Diario Extrahttp://diarioextra.com/Dnew/noticiaDetalle/243615 ;
el tercero se dio en las páginas de Ancora http://www.nacion.com/.../presunta-conspiracion-golpista... y
este sería el cuarto http://www.nacion.com/.../Documentos-confirmanque...
Destacar que en cada uno de esos round como los llamas ha predominado un gran respeto y decencia en cada uno de los contendores, aspecto poco usual en las polémicas de Ancora o de La Nación, aspecto que lo digo con sentido de causa, donde las polémicas se señalan en términos personales, tergiversadores y de crítica de la más insana, en términos historiográficos
Si bien, muchos están sentados esperando ver correr sangre, en esta polémica ha predominado el respeto, los argumentos y la enseñanza de la buena. De momento, en mi caso la sigo para seguir aprendiendo. Y como señale en otro post agradecimiento con don Miguel Picado por abrir temas, descubrir nuevas fuentes, desempaquetar polémicas enterradas; enseñar nuevas lecturas a las fuentes; propiciar nuevas investigaciones y en mi caso, acércame de nuevo a las historias familiares y de lo que considero a mis grandes maestros…. Esos zapateros que me enseñaron la historia de y desde abajo, esa que es muy distinta a la historia hegemónica del poder enseñada dogmáticamente en las aulas de escuelas y colegios.
Y
desde luego, a David en sus trabajos sobre el calderocomunismo que desmitifican
la historia oficial. Y tal vez, junto con el último libro de George García, que
continúo leyendo, una excelente forma de acercarse a la formación de
conciencias de grupo.
Los rounds seguirán y difícilmente sean concluyentes, pero sin duda, si continúan con la senda de respeto llevada hasta ahora, una fuente de aprendizaje indudable.
Los rounds seguirán y difícilmente sean concluyentes, pero sin duda, si continúan con la senda de respeto llevada hasta ahora, una fuente de aprendizaje indudable.
Etiquetas:
opinión,
valoración personal
lunes, octubre 27, 2014
Michel Foucault: la máxima aspiración del poder es la inmortalidad
tomado de http://www.lanacion.com.ar/1509936-michel-foucault-la-maxima-aspiracion-del-poder-es-la-inmortalidad
Esta entrevista inédita en español, que se incluye en El poder, una bestia magnífica, volumen que Siglo XXI publicará en octubre, da testimonio de la actualidad de las ideas del pensador francés, fallecido en 1984. La locura, el dominio y la sexualidad, en un diálogo que es, al mismo tiempo, un repaso de su trayectoria
Por Jerry Bauer |
¿Por qué usted, sin ser antropólogo, se interesa más, desde un punto de vista filosófico, en la estructura de las instituciones que en los mecanismos evolutivos?
-Lo que trato de hacer -y siempre traté de hacer desde mi primer verdadero libro, Historia de la locura en la época clásica- es poner en tela de juicio por medio de un trabajo intelectual diferentes aspectos de la sociedad, mostrando sus debilidades y sus límites. De todas maneras, mis libros no son proféticos y tampoco un llamado a las armas. Me irritaría intensamente que pudiera vérselos bajo esa luz. La meta que se proponen es explicar del modo más explícito -aun cuando a veces el vocabulario sea difícil- las zonas de la cultura burguesa y las instituciones que influyen directamente sobre las actividades y los pensamientos cotidianos del hombre.
-La palabra clave de todos sus libros parece ser "poder", ya se lo entienda en el sentido de poder disciplinario, poder de la medicina mental o poder omnipotente de la pulsión sexual?
-Está claro, procuré definir las estrategias del poder en ciertos ámbitos. Por ejemplo, Vigilar y castigar se inicia con un "teatro del terror", la puesta en escena espectacular que acompañaba las ejecuciones públicas hasta el siglo pasado. Se suponía que ese ceremonial clamoroso y carnavalesco en el cual la mano omnipotente de la justicia hacía ejecutar la sentencia bajo la mirada de los espectadores grababa su mensaje de manera indeleble en las mentes de éstos. Con frecuencia el castigo excedía la gravedad del delito, y de ese modo se reafirmaban la supremacía y el poder absoluto de la autoridad. En nuestros días el control es menos severo y más refinado, pero no por ello menos aterrador. Durante el transcurso de nuestra vida todos estamos atrapados en diversos sistemas autoritarios; ante todo en la escuela, después en nuestro trabajo y hasta en nuestras distracciones. Cada individuo, considerado por separado, es normalizado y transformado en un caso controlado por una IBM. En nuestra sociedad, estamos llegando a refinamientos de poder en los que ni siquiera habrían soñado quienes manipulaban el teatro del terror.
-¿Y qué podemos hacer?
-El punto en que nos encontramos está más allá de cualquier posibilidad de rectificación, porque la concatenación de esos sistemas ha seguido imponiendo este esquema hasta hacerlo aceptar por la generación actual como una forma de la normalidad. Sin embargo, no se puede asegurar que sea un gran mal. El control permanente de los individuos lleva a una ampliación del saber sobre ellos, el cual produce hábitos de vida refinados y superiores. Si el mundo está en trance de convertirse en una suerte de prisión, es para satisfacer las exigencias humanas.
-No sólo crítico, usted es, además, un rebelde.
-Pero no un rebelde activo. Jamás desfilé con los estudiantes y los trabajadores, como lo hizo Sartre. Creo que la mejor forma de protesta es el silencio, la total abstención. Durante mucho tiempo me parecieron intolerables los aires que se daban algunos intelectuales franceses y que les flotaban encima de la cabeza como las aureolas en algunos cuadros de Rafael. Por eso me fui de Francia. Me marché a un exilio total y maravilloso, primero en Suecia, donde dicté clases en la Universidad de Uppsala, y después en un lugar que es todo lo contrario, Túnez, donde viví en Sidi Bou Said. De esa luz mediterránea puede decirse sin lugar a dudas que acentúa la percepción de los valores. En África del Norte se toma a cada uno por lo que vale. Cada uno debe afirmarse por lo que dice y hace, no por lo que ha hecho o por su renombre. Nadie pega un salto cuando se dice "Sartre"?
-Ahora usted es aclamado como el lógico sucesor de Sartre?
-Sartre no tiene sucesores, así como yo no tengo predecesores. Su intelectualismo es de un tipo extremadamente inusual y particular. Y hasta incomparable. Pero el mío no es de ese tipo. No siento ninguna compatibilidad con el existencialismo tal como lo definió Sartre. El hombre puede tener un control completo de sus propias acciones y su propia vida, pero hay fuerzas capaces de intervenir que no pueden ignorarse. Para serle franco, prefiero la sensibilidad intelectual de R. D. Laing. En su ámbito de competencia, Laing tiene algo que decir y lo vuelca en el papel con claridad, espíritu e imaginación. Habla en función de su experiencia personal, pero no hace profecías. ¿Por qué, entonces, habríamos de formular profecías, cuando éstas rara vez se cumplen? De la misma manera, admiro a Chomsky. Tampoco él profetiza: actúa. Participó activamente en la campaña norteamericana contra la Guerra de Vietnam, con sacrificio de su trabajo pero en el marco de su profesión de lingüista.
-Aparentemente, usted insiste mucho en la vida mental opuesta a la vida física.
-La vida mental abarca todo. ¿No dice Platón más o menos esto: "Jamás estoy tan activo como cuando no hago nada"? Hacía referencia, desde luego, a las actividades intelectuales, que en el plano físico casi no exigen, tal vez, otra cosa que rascarse la cabeza.
-¿Sus intereses siempre fueron filosóficos?
-Como mi padre, me incliné hacia la medicina. Pensaba especializarme en psiquiatría, por lo cual trabajé tres años en el hospital Sainte-Anne de París. Tenía veinticinco años, era muy entusiasta -idealista, por así decirlo- y contaba con una buena cabeza y un montón de grandes ideas. ¡Aun en ese momento! Fue entonces cuando conocí a alguien a quien llamaré Roger, un internado de veintidós años. Lo habían mandado al hospital porque sus padres y amigos temían que se hiciese mal y terminara por autodestruirse durante una de sus frecuentes crisis de angustia violenta. Nos hicimos buenos amigos. Lo veía varias veces al día durante mis guardias en el hospital, y empezó a caerme simpático. Cuando estaba lúcido y no tenía problemas, parecía muy inteligente y sensato, pero en algunos otros momentos, sobre todo los más violentos, era preciso encerrarlo. Lo trataban con medicamentos, pero ese tratamiento demostraba ser insuficiente. Un día me dijo que nunca lo dejarían irse del hospital. Ese horrible presentimiento provocaba un estado de terror y éste, a su vez, generaba angustia. La idea de que podía morir lo inquietaba mucho y llegó a pedir que le hicieran un certificado médico donde constara que nunca lo dejarían morir; como está claro, la solicitud se consideró ridícula. Su estado mental se deterioró y al final los médicos llegaron a la conclusión de que, si no se intervenía con rapidez de la forma que fuera, se mataría. Así, con el consentimiento de su familia, procedieron a hacer una lobotomía frontal a ese joven excepcional, inteligente, pero incontrolable? Por más que el tiempo pase, y haga yo lo que haga, no consigo olvidar su rostro atormentado. Muchas veces me pregunté si la muerte no era preferible a una no existencia, y si no se nos debería brindar la posibilidad de hacer lo que queramos con nuestra vida, sea cual fuere nuestro estado mental. En mi opinión, la conclusión evidente es que aun el peor dolor es preferible a una existencia vegetativa, porque la mente tiene realmente la capacidad de crear y embellecer, incluso a partir de la más desastrosa de las existencias. De las cenizas siempre surgirá un fénix?
-Lo veo optimista.
-En teoría, pero la teoría es la práctica de la vida. En el fondo de nosotros mismos sabemos que todos los hombres deben morir. La meta inevitable hacia la cual nos dirigimos desde el momento en que nacemos queda entonces demostrada. De todas formas, la opinión común parece ser diferente: todos los hombres se sienten inmortales. ¿Por qué, si no, seguirían los ricos abultando sus cuentas bancarias y haciéndose construir suntuosas viviendas? La inmortalidad parecería ser la preocupación del momento. Por ejemplo, algunos científicos están muy atareados en calcular, por medio de máquinas de alta tecnología, acontecimientos que deberían verificarse dentro de millares de años. En los Estados Unidos hay un interés creciente por la hibernación del cuerpo humano, al que en una época ulterior debería volver a llevarse a la temperatura normal. Cada año la preocupación por la inmortalidad aumenta, aunque una cantidad cada vez más grande de personas mueran de un infarto a causa del tabaco y la alimentación excesiva. Los faraones nunca encontraron la solución al problema de la inmortalidad, ni siquiera cuando se hicieron enterrar con sus riquezas, que esperaban llevar consigo. Dudo mucho de que seamos nosotros quienes resolvamos ese problema. Algunas palabras bien escogidas pueden ser más inmortales que una masa de ectoplasma congelado?
-¿Y estamos de nuevo hablando del poder?
-Alcanzar la inmortalidad es la máxima aspiración del poder. El hombre sabe que es destructible y corruptible. Se trata de taras que ni siquiera la mente más lógica podría racionalizar. Por eso el hombre se vuelve hacia otras formas de comportamiento que lo hacen sentirse omnipotente. A menudo son de naturaleza sexual.
-Usted ha hablado de ellas en el primer volumen de su Historia de la sexualidad .
-Algunos hombres y algunas sociedades consideran que mediante la imposición de controles a las manifestaciones sexuales y el acto sexual es posible imponer el orden en general. Se me ocurren varios ejemplos. Hace poco, en China se propusieron lanzar una campaña en las escuelas contra la masturbación de los jóvenes, una iniciativa que invita a trazar una comparación con la campaña que la Iglesia emprendió en Europa hace prácticamente dos siglos. Me atrevería a decir que hace falta un Kinsey chino para descubrir cuál fue el éxito obtenido. ¡Sospecho que esto es como prohibirle a un pato acercarse al agua! En Rusia, la homosexualidad es aún un gran tabú, y de ser sorprendido en flagrante delito de violación de la ley uno termina en la cárcel y en Siberia. De todas formas, en Rusia hay probablemente tanta homosexualidad como en otros países, pero sigue encerrada en el clóset. Objetivamente, es muy curioso que para desalentar la homosexualidad se encierre a los culpables en la cárcel, en estrecho contacto con otros hombres? Se dice que en la calle Gorki hay tanta prostitución de ambos sexos como en la place Pigalle. Como siempre, la represión no ha conseguido sino hacer más seductores los encuentros sexuales, y aún más excitante el peligro cuando se lo corre con éxito. La prostitución y la homosexualidad están explotando tanto en Rusia como en las otras sociedades represivas. Es poco común que sociedades como ésas, sedientas de poder como suelen serlo, tengan en esos ámbitos visiones intuitivas.
-¿Por qué elegir el sexo como chivo expiatorio?
-¿Y por qué no? El sexo existe y representa el noventa por ciento de las preocupaciones de la gente durante gran parte de las horas de vigilia. Es el impulso más fuerte que se conozca en el hombre; en diferentes aspectos, más fuerte que el hambre, la sed y el sueño. Disfruta incluso de cierta mística. Se duerme, se come y se bebe con otros, pero el acto sexual -al menos en la sociedad occidental- se considera como una cuestión del todo personal. Por supuesto, en ciertas culturas africanas y aborígenes se lo trata con la misma desenvoltura que a los demás instintos. La Iglesia heredó los tabúes de las sociedades paganas, los manipuló y elaboró doctrinas que no siempre se fundan en la lógica o la práctica. Adán, Eva y al mismo tiempo la serpiente perversa se convirtieron en imágenes en blanco y negro de comprensión inmediata, que podían constituir un punto de referencia aun para las mentes más simples. El bien y el mal tenían una representación esencial. La significación de "pecado original" pudo grabarse de manera indeleble en las mentes. ¿Quién habría podido prever que la imagen residual iba a sobrevivir durante tantos siglos? [...]
-¿A qué o a quién atribuye usted la erosión de la influencia ejercida por la Iglesia y la mayor comprensión hacia cualquier forma de práctica sexual?
-No podemos subestimar la influencia de un señor que se llama Freud. Sus teorías no siempre eran ciento por ciento correctas, pero en cada una de ellas había una parte de verdad. Freud trasladó la confesión de la rígida retórica barroca de la Iglesia al relajante diván del psicoanalista. La imagen de Dios ya no vino a resolver los conflictos: dejó su lugar al individuo mismo a través de la comprensión de sus actos. Esa resolución ya no era algo que podía obtenerse en cinco minutos de alguien que se declaraba superior porque estaba al servicio de una fuerza más elevada. Freud jamás tuvo esas pretensiones. El individuo debía ser su propio dios, por lo cual la responsabilidad de la culpa recaía por entero sobre sus hombros. ¡Y la responsabilidad siempre es lo más difícil de aceptar!
-¿No cree usted que el psicoanálisis se ha convertido en un instrumento expiatorio fácil para nuestro problema?
-Esa tendencia existe, pero más preocupante es quizás el hecho de que el psicoanálisis ya no sea un instrumento sino una fuente de motivación. Freud elaboró una teoría relativa a la precoz naturaleza sexual de los niños. Como es obvio, los psiquiatras no esperaban que los niños se prestaran a verdaderos actos sexuales; de todas maneras, no resultaba tan fácil explicar su manera de chupar el pecho o la búsqueda automática de tal o cual parte erógena de su propio cuerpo. Por desgracia, a continuación se llegaron a connotar en términos sexuales hasta la comida del niño, las historietas que leía o los programas de televisión que miraba. Sería fácil concluir que en todo eso los psicoanalistas leían más de lo que realmente había. Así, esos niños quedan hoy encuadrados por un mundo sexualmente orientado -creado por accidente para ellos y no por ellos-, un mundo que, en esta fase del desarrollo, les ofrece bien pocas ventajas.
-En su último libro, Herculine Barbin llamada Alexina B. , usted despliega el tema del cambio de sexo.
-Estaba haciendo algunas investigaciones para la Historia de la sexualidad en los archivos del departamento de Charente-Maritime cuando me cayó en las manos la extraordinaria relación del caso de una mujer cuyo estado civil debió rectificarse y a la que hubo que anotar como hombre. Los casos de cambio de sexo son corrientes en nuestra época, pero en general se trata de hombres que se convierten en mujeres. Vienen a la mente de inmediato ejemplos como el de Christine Jorgensen, que después fue actriz, o el de la célebre Jan Morris. Como sea, la mayoría de las mujeres transformadas en hombres tenían, al parecer, los órganos de los dos sexos y la transformación estaba determinada por la preponderancia de la hormona masculina o la hormona femenina. El caso de Alexina B. fue extraordinario no sólo debido al aspecto físico, sino también a la masa de documentos exhaustivos y de acceso inmediato: esencialmente, informes de médicos y abogados. En consecuencia, pude estudiarlo en sus grandes líneas. Alexina B. descubrió la incongruencia de su propia personalidad cuando se enamoró de otra mujer. Si se tiene en cuenta que esto sucedía en el siglo XIX y, más aún, en una pequeña ciudad de provincia, es interesante advertir que ella no procuró reprimir sus sentimientos como desviaciones homosexuales y dejar todo como estaba. De haber sido así, no habría nada que escribir sobre el tema?
-Al parecer, usted siente una fascinación intensa por la exposición cronológica y el análisis de un acontecimiento real. También ha publicado Yo, Pierre Rivière, habiendo degollado a mi madre, mi hermana y mi hermano?
-Medio siglo, pero pocos kilómetros, separan a Pierre Rivière de Herculine Barbin. En cierto sentido, ambos reaccionaban contra el medio y la clase social en los que habían nacido. No considero que el acto de Pierre Rivière -si bien engloba un matricidio y tres homicidios- sea la afirmación de una mente atormentada o criminal. Es una manifestación de increíble violencia si se la compara con la de Herculine, pero la sociedad campesina normanda en la cual creció Pierre aceptaba la violencia y la degradación humanas como un elemento de la vida cotidiana. Pierre era un producto de su propia sociedad, así como Herculine lo era de su sociedad burguesa y nosotros lo somos de nuestro medio sofisticado y mecanizado. Después de cometido su crimen, Pierre podría haber sido capturado con mucha facilidad por los demás habitantes de la aldea, pero éstos tenían la sensación de que no era un deber de la colectividad administrar justicia por su propia cuenta. Estaban convencidos de que era el padre de Pierre quien debía asumir el papel de vengador y rectificar la situación. Algunos críticos consideraron mi libro sobre Pierre Rivière como una reafirmación de la teoría existencial, pero en mi opinión eso es absurdo. Veo a Pierre como la imagen de la fatalidad de su tiempo, exactamente como Herculine reflejaba el optimismo de fines del siglo pasado, cuando el mundo era fluido y podía pasar cualquier cosa, cualquier locura.
-Pero Pierre Rivière podría convertirse fácilmente en una ilustración clínica extraída de laHistoria de la locura en la época clásica ?
-La psiquiatría contemporánea sostendría que Pierre se vio obligado a cometer su horrible crimen. Pero ¿por qué debemos situarlo todo en el límite entre salud mental y locura? ¿Por qué no podríamos aceptar la idea de que hay personas totalmente amorales que caminan por la calle y son absolutamente capaces de cometer homicidios o infligir mutilaciones sin experimentar sentimiento de culpa o escrúpulo de conciencia algunos? ¿Hasta qué punto Charles Manson está loco, hasta qué punto los asesinos de niños que deambulan en libertad por Inglaterra están locos? O, en una escala mucho más grande, ¿cuál era el grado de locura de Hitler? La psiquiatría puede llegar a conclusiones basadas en tests, pero aun el mejor de estos puede falsificarse. Yo me limito a sostener que todo debe juzgarse desde su propia perspectiva y no en función de precedentes eventualmente verificados. En la Historia de la locura traté, en sustancia, de investigar la aparición del concepto moderno de enfermedad mental y de las instituciones psiquiátricas en general. Me incliné a incorporar mis reflexiones personales sobre la locura y sus relaciones con la literatura, sobre todo cuando afectaba a grandes figuras como Nietzsche, Rousseau y Artaud. ¿Puede una forma de locura originarse en la soledad impuesta por la profesión literaria? ¿Es posible que la composición química de un escritor estimule metabólicamente las raíces de la locura? Éstas no son, por cierto, preguntas que puedan encontrar respuesta mediante una simple presión sobre el teclado de una computadora IBM.
-¿Cuál es su posición con respecto a los diferentes movimientos de liberación sexual?
-El objetivo fundamental que se proponen es digno de admiración: producir hombres libres e ilustrados. Pero justamente el hecho de que se hayan organizado con arreglo a categorías sexuales -la liberación de la mujer, la liberación homosexual, la liberación de la mujer en el hogar- es en extremo perjudicial. ¿Cómo se puede liberar efectivamente a personas que están ligadas a un grupo que exige la subordinación a ideales y objetivos específicos? ¿Por qué el movimiento de liberación de la mujer sólo debe reunir a mujeres? Para serle franco, ¡no estoy seguro de que aceptaran la adhesión de los hombres! Muchas veces, las filiales locales de los movimientos homosexuales son en la práctica clubes privados. La verdadera liberación significa conocerse a sí mismo y con frecuencia no puede alcanzarse por intermedio de un grupo, sea cual fuere.
-Hasta ahora la acción de masas parece haber sido eficaz.
-De todas formas, el pensamiento individual puede mover montañas? y hasta doblar cucharas. Y es el conocimiento el que estimula el pensamiento. Por eso, en libros como Las palabras y las cosas yLa arqueología del saber traté de estructurar de manera orgánica el saber en esquemas de comprensión y acceso inmediatos. La historia es saber y, por lo tanto, los hombres pueden conocer a través de ejemplos de qué manera, en el transcurso de épocas pasadas, se afrontó la vida y se resolvieron sus problemas. La vida misma es una forma de autocrítica, dado que, aun en las más mínimas elecciones, es preciso efectuar una selección en función de múltiples estímulos. En La arqueología del saber intenté analizar el sistema de pensamiento que me es personal y el modo en que llegué a él. Se trata, con todo, de una operación que no habría podido llevar a cabo sin la ayuda de una buena cantidad de escritores y filósofos que estudié a lo largo de los años.
-A pesar de sus vastos conocimientos, o quizás a causa de ellos, hay muchas cosas que lo contrarían.
-Miro mi país, miro los demás países y llego a la conclusión de que carecemos de imaginación sociológica y política, y ello en todos los aspectos. En el plano social sentimos amargamente la falta de medios para contener y mantener el interés no de intelectuales, sino del común de los mortales. El conjunto de la literatura comercial masiva es de una pobreza lamentable, y la televisión, lejos de alimentar, aniquila. En el plano político hay en la hora actual muy pocas personalidades que tengan gran carisma o imaginación. ¿Y cómo podemos pretender entonces que la gente haga un aporte valedero a la sociedad, si los instrumentos que se le proponen son ineficaces?
-¿Cuál sería la solución?
-Debemos empezar por reinventar el futuro, sumergiéndonos en un presente más creativo. Dejemos de lado Disneylandia y pensemos en Marcuse.
-No ha dicho nada de sí mismo, del lugar donde creció, el modo como se desenvolvió su infancia.
-Querido amigo, los filósofos no nacen? son, ¡y con eso basta!
Traducción: Horacio Pons.
El poder, una bestia magnífica
Michel Foucault
Siglo XXI
Subtitulado Sobre el poder, la prisión y la vida, este volumen, que la editorial Siglo XXI editará en la Argentina en octubre, recoge entrevistas y una serie de artículos dispersos que retoman algunos de los temas centrales que abordó el pensador francés a lo largo de su amplia y variada obra.
domingo, septiembre 21, 2014
Nos duele ser tan pequeños. Una entrevista al historiador centroamericano Sajid Herrera
Tomado de http://www.laprensagrafica.com/2014/09/21/nos-duele-ser-tan-pequeos
21 de Septiembre de 2014 a la(s) 6:0 - Una entrevista de Sigfredo Ramírez / Fotografías de Víctor Peña
Es historiador y director nacional de investigación cultural. En el aniversario 193 de la independencia, Sajid Herrera habla de su obra más reciente, en la que repasa algunos de los conceptos que marcaron la historia política y el nacimiento como República de El Salvador.
Esta mañana la oficina del historiador Sajid Herrera es un caos. Él es el único que parece entender el principio y el fin de este desorden al que llama mudanza. En el suelo hay varias cajas repletas de toda clase de libros. Su amplio escritorio también luce desbordado de textos –hay una copia de la obra “Luz negra” de Álvaro Menéndez Leal–, adornos y su computadora portátil. En medio de todo el caos está Sajid.
Es la planta alta del edificio A-5 en el corazón del Centro de Gobierno. El historiador se acaba de trasladar a su nueva oficina. Se excusa del desorden y habla de la mudanza:
—Lo que quería era armar una sala de lectura, pero no se va a poder —explica Herrera.
—¿Por qué no se puede?
–No hay suficiente espacio, en esta oficina todavía falta ubicar a dos colegas más.
El investigador se para junto a las cajas llenas de libros. Después se sienta tras su escritorio. Los últimos meses han sido de mucho trabajo para Sajid Herrera. El historiador salvadoreño es el coordinador del libro recién publicado “Centroamérica durante las revoluciones atlánticas: el vocabulario político, 1750-1850”; un trabajo que reúne los ensayos de investigadores de toda la región y que explica el desarrollo de conceptos políticos básicos para entender el presente.
Un nuevo punto de vista histórico para explicar un ámbito –el político– que parece estar relacionado con todo en la sociedad. El libro recoge pasajes que parecen recientes como el documentado por el arzobispo Cortés y Larraz en 1770, que lamentó que un vecino de San Salvador dejó 6,000 pesos para la fundación de un hospital y los regidores usaron el dinero para construir una fuente en la plaza mayor. Quizás el primer caso registrado de malversación de fondos en la administración pública.
En una hora y media de conversación, Herrera desentraña otros pasajes del libro, como una carta escrita por Manuel José Arce en la que reniega que El Salvador sea una república independiente de Centroamérica por su diminuta extensión geográfica y su falta de riquezas. Mientras el historiador habla, los helicópteros del Ejército sobrevuelan el Centro de Gobierno preparándose para el acto del 15 de septiembre.
El Salvador es el país de la eterna campaña política. Desde el punto de vista histórico, ¿siempre fue así?
Se puede decir que sí, a diferencia de otros países vecinos como Guatemala, donde la prioridad de las agendas es lo étnico, aquí de lo que más se habla es de lo político. Y aún más, de lo partidario. Si uno revisa los periódicos, por lo menos a lo largo del siglo XX, se da cuenta que lo político siempre ha tenido una primacía sobre los demás temas del país.
¿Incluso más que el tema de la violencia?
Sí, cualquiera podría pensar que la violencia no es un tema político, pero aquí ha estado concatenado a ello. Y yo diría que los dos temas se han relacionado más en las últimas décadas. Aunque todavía nos faltan estudios para conocer cómo ha evolucionado la violencia. Actualmente el investigador de la dirección, Óscar Meléndez, está trabajando el tema de la violencia social en el siglo XX, sobre todo en la época de la dictadura de Maximiliano Hernández Martínez (1931-1944).
¿Cómo se ha relacionado la violencia con lo político?
Bueno, viendo esto del martinato, uno pensaría que la violencia social en la época de la dictadura no existió o fue leve, porque era un régimen de mano dura. Eso es lo que se nos ha contado. Pero Óscar Meléndez ha revisado los índices judiciales de los años que duró la dictadura y ha sacado una media de cinco a seis homicidios diarios. Hace poco por la tregua entre pandillas llegamos a esos niveles y todos dijimos “ha bajado”. Pero con estos estudios surge la pregunta si bajó o simplemente volvió a los índices históricos del país.
Pero la historia de la política es pocas veces contada en El Salvador más allá del siglo XX…
Claro, y parece raro en un país cuyos temas importantes siempre giran en torno a la Asamblea Legislativa, los nuevos partidos como GANA, diputados tránsfugas y más. Hasta los salvadoreños que digan que a ellos no les importa la política con esa negación están siendo partícipes de esa vida política que tiene primacía en el país. El libro que publicamos recientemente trata de volver a los orígenes más remotos de la política moderna.
¿De qué trata este nuevo libro que profundiza en la historia política?
Es un proyecto que intenta ser un diccionario no tradicional de términos políticos. Conceptos como partidos políticos, opinión pública, Estado, que aunque son de finales del siglo XVIII son muy actuales en la jerga política y social del país. Pero estas ideas se desarrollan en un proceso de 100 años (1750-1850). Muchas veces pensamos que el concepto de partido político siempre ha sido el mismo, pero si revisamos la historia nos damos cuenta que el término ha ido cambiando con el tiempo. A través del libro podemos conocer la evolución de la política y cómo se fueron constituyendo las instituciones del país que ahora son tan normales para nosotros.
¿Por qué en la investigación se decide retomar esos 100 años entre 1750 y 1850?
Porque esos años de la historia marcan un terremoto político al que llaman revoluciones atlánticas. Entre estos años ocurren cuatro grandes cambios que impactan a Centroamérica: las reformas borbónicas, los procesos de liberalismo español –la Constitución de Cádiz–, las independencias y la construcción de los Estados nacionales. Una serie de transformaciones que implicaron cambios a nivel político, jurídico, social y económico, de los cuales somos herederos. Nuestro sistema de partidos, elecciones para elegir representantes, un congreso que se arroga representar al pueblo y el poder dividido en el Órgano Legislativo, Ejecutivo y Judicial.
¿Cómo es la evolución de conceptos políticos como partido?
El concepto de partido cambió desde grupos opositores a las autoridades en función hasta asociaciones políticas tal y como las conocemos ahora: estructuradas, con normativas propias y cuyos miembros deben lealtad a sus estatutos. Es a lo largo del siglo XIX y a principios del XX que ya se forman los partidos políticos que conocemos.
En el ámbito político de países del área como Honduras se ve este claro origen porque todavía existen bandos como liberales y conservadores (ahora nacionales). ¿Qué ocurre en El Salvador?
Sí, ese es un claro ejemplo de la herencia del siglo XIX en Honduras, del bipartidismo que dominó por años. Esos dos bandos también estaban en El Salvador. Mucha gente ha llegado a pensar que esos eran los únicos partidos que existían, pero no fue así. Había una cantidad de movimientos políticos como los francmasones, católicos y otros. Actualmente tenemos un proyecto de investigación del liberalismo. Hemos revisado periódicos de la época para conocer la relación entre francmasonería y el Estado salvadoreño en el siglo XIX. El presidente (Rafael) Zaldívar –jefe de Estado de 1876 a 1885– fue representante de la francmasonería.
Entrando de lleno en el libro, usted se encarga de desarrollar el concepto de civilización, ¿por qué se considera un término político?
Civilización en este periodo es un concepto clave en América Latina porque fue la viñeta que se puso a los pueblos que apostaban por el “progreso”. ¿Cuáles países iban por esa senda? Todos los que comenzaban un proceso de imitación. El filósofo mexicano Leopoldo Cea asegura que América Latina nace imitando. Primero imita a España, luego a Francia, Inglaterra y últimamente a Estados Unidos. Entonces civilización indica cómo las élites centroamericanas se veían a sí mismas y sus países por la senda del progreso. Eso marcó la fundación de nuestros países y su vida política.
¿Qué implicaba ser civilizados?
Bueno, tener acceso a los medios impresos, libertad de prensa, pero hubo un momento que el símbolo del progreso y la civilización fue la locomotora. Sobre todo a finales del siglo XVIII.
En un pasaje del texto se menciona que en 1843 había centroamericanos que no consideraban a Francisco Morazán civilizado por elegir la vía armada…
Claro, porque aunque Morazán era letrado y culto no era capaz de solucionar los problemas por la vía pacífica. En Centroamérica no tuvimos guerra por la independencia, pero hubo inestabilidad política a lo largo del siglo XIX. El 60 % de los presupuestos de los nacientes Estados eran destinados al ministerio de guerra. Lo demás para educación, salud y obras públicas. Teníamos estados muy conflictivos y uno de los significados de civilización implicaba ser capaz de solucionar los problemas sin recurrir a las armas.
¿Se mantuvo por mucho tiempo ese significado en contraposición a lo bélico?
No, hubo un momento en que se invocó la civilización a través de la guerra. Incluso ya en el siglo XX no se ocupó el término civilización, pero sí democracia. Como cuando Estados Unidos invade Irak y justificó todo diciendo que fue “en nombre de la democracia y la libertad”. ¿Qué significa? Es la civilización occidental la que ha creado la democracia y la libertad que conocemos. Entonces el término civilización se usó para invocar la guerra o la defensa de un país frente a otro.
El prócer Manuel José Arce también usa “civilización” para referirse a la laboriosidad…
Sí, el se refiere a una noción de civilización como sinónimo de trabajo, educación e ilustración. Pero el término de civilización también implicó un pueblo frente a otro: el criollo frente al indígena. A su vez, asumir la civilización significó el nacimiento de algunas instituciones que se forjaron a mediados del siglo XIX y que todavía marcan nuestra vida, como la penitenciaria.
¿Qué tiene que ver civilidad con las prisiones?
Se refiere a las formas como el Estado iba a aplicar las penas a los ciudadanos que infringen la ley. Un Estado incivilizado y bárbaro era aquel que castigaba a sus ciudadanos con la pena de muerte. Uno civilizado conoce el valor de los brazos para el progreso económico. Las personas son su fuerza laboral. Un gobierno civilizado debe razonar y tiene que reformar a los delincuentes en centros penitenciarios. Así es como nacen las cárceles de las que discutimos tanto por la espiral de violencia que vivimos.
¿Cómo se castigaba antes de esto a los delincuentes?
En la época colonial se daban 200 azotes a aquellos que habían infringido una ley. Algo así como un robo. Pero eso era una pena bárbara.
Otra referencia de civilidad es una carta que Manuel José Arce escribe a Antonio Cañas en donde expresa que El Salvador no debe de ser un país independiente por incivilizado…
Sí, después del fracaso de la República Federal de Centroamérica entre 1838 y 1839, todos los estados se declaran repúblicas libres y soberanas. En ese contexto de separación es que Arce, exiliado en México, le escribe a Antonio José Cañas, que era jefe de Estado salvadoreño, y le increpa por firmar la separación de la república federal. En lenguaje nuestro le escribió: “Mira, si éramos el Estado más pequeño debimos permanecer unidos a Centroamérica o haber luchado por la unión. Más si la capital de la federación estaba en San Salvador”.
¿Por qué Arce se refiere a El Salvador como incivilizado?
Ah, es que esa carta es bien iluminadora. Arce le pidió a Cañas que se acordase cuando luchaban por la independencia de España y luego frente al imperio mexicano en 1822. “Tú y yo éramos conscientes de que la intendencia de San Salvador no puede ser un país independiente por sí solo. No tiene ni la riqueza ni la ilustración –la civilización– suficiente en su pueblo”, escribió Arce. Con mis colegas historiadores comento que Arce tenía una claridad increíble. Es la misma claridad que tenemos casi 200 años después: este país por sí mismo es insuficiente.
¿Usted diría que esa carta de Arce es su principal hallazgo de la investigación?
No, pero para mí fue un hallazgo interesante porque me permite entender más en el proceso de construcción del Estado de El Salvador. Una etapa de la que me siguen asaltando dudas.
Pero desde ahí el salvadoreño comenzó a interiorizar el tamaño del país como un lastre…
Sí, es algo que se escucha siempre, el tamaño del país es un asunto que siempre nos asalta. Los alumnos me lo preguntan siempre que expongo de la independencia en escuelas. Yo lo explico con una serie de mapas que vienen de 1786. Ese año, Centroamérica se organiza por intendencias y la de San Salvador es muy pequeña en comparación de las demás. ¿Por qué nos tocó una intendencia tan ínfima? La razón es que lo que hoy es Guatemala y El Salvador eran las dos regiones con más población desde la época prehispánica.
¿Qué tan poblado estaba El Salvador?
Solo en el oriente salvadoreño había más pueblos de indios que en toda Nicaragua. ¿Cuál fue la idea de la corona al crear una intendencia en este pedacito de tierra? Que había mucha población y producción de añil. Los españoles pensaron que con autoridades cercanas se podía vigilar mejor el añil. En ese momento no importaba el tamaño de El Salvador porque toda Centroamérica era parte de una monarquía. Pero ya como país nos duele ser tan pequeños.
Así que de alguna forma se puede explicar la pequeñez del país por su producción preindustrial de añil o el hierro de Metapán…
Sí, era la cultura del monocultivo. A la producción por región. Fue algo que pasó después con el café. Así que mientras Honduras y Nicaragua eran zonas de ganado, Guatemala de telas y comida, El Salvador siempre estuvo relacionado al añil. Es la teoría de la dependencia y cómo las colonias españolas en América Latina siempre estuvieron sometidas a sola una línea de cultivo.
Además de desarrollar el significado de civilización, usted también escudriña en la historia del concepto “Constitución”. ¿Cómo se puede resumir el inicio de la vida constitucional en Centroamérica?
Bueno, en este periodo de 1750 a 1850 es que nace esta gran transformación de pasar que el rey de España sea el centro de la vida política a que un libro llamado Constitución rija nuestra vida. Lo constitucional no nació con la independencia ni fue un invento de un par de diputados a inicios del siglo XX. Antes el término Constitución significaba un conjunto de reglamentos de una corporación: una universidad, una cofradía, entre otras. Pero a inicios del siglo XIX (1810-1814), con la revolución liberal en España y América, Constitución ya no se refiere a las normativas de cada institución, sino que un solo libro, una sola ley que va a regir los destinos de una nación y representa su soberanía.
¿Pero este cambio hacia lo constitucional significó algo para los centroamericanos de aquella época?
Por supuesto, antes de esto cuando asumía un nuevo rey se le tenía que jurar lealtad y en cada ciudad del Reino de Guatemala se armaban tablados, una especie de tarimas, para prestar ese juramento. Si todavía fuéramos parte de la monarquía española, lo hubiéramos hecho por Felipe VI. En aquella época nadie sabía cómo era el rey, así que lo dibujaban como lo imaginaban y las autoridades locales dictaban el juramento. Todos frente a aquel cuadro rústico que simulaba al rey. Pero cuando se promulga la Constitución de Cádiz ya no se jura al rey, sino a la Constitución. Ocurre un terremoto político y la Constitución se pasea como libro abierto por las tarimas y se convierte en un fetiche político, un símbolo de veneración.
Un fetiche político que llega hasta nuestros días…
Sí, en algunos países de Latinoamérica todavía se acostumbra que el presidente rinda juramento a la Constitución, los evangelios y un crucifijo. Todo es muy colonial. Aquí solo jura el presidente en nombre de todos. Pero esa tradición que la ciudadanía jurara la Constitución duró todo el siglo XIX en El Salvador. En 1861 Gerardo Barrios hasta obliga a los curas a jurar la Constitución ante su negativa. Él les recuerda: acuérdense que desde la Constitución de Cádiz todos estamos obligados a jurar. Imagine el valor de un libro jurídico en nuestras vidas.
Este libro retoma el vocabulario político de esta época. ¿Por qué es importante este aspecto?
Bueno, la investigación pretende analizar cómo el lenguaje político se va fraguando junto a la formación de las instituciones republicanas. No solo nos hemos centrado en las transformaciones atlánticas, sino que también cómo el lenguaje de los actores políticos va cambiando. Estos actores son parte de la construcción del Estado, de la construcción de la soberanía y la concepción de independencia.
En ese contexto, ¿cómo es el nacimiento de la opinión pública en Centroamérica?
Bueno, el concepto cambió bastante. Previo a la revolución liberal española, opinión pública significaba lo que piensa un pueblo, lo que piensan los vecinos de Santa Elena, Usulután o de Chalchuapa, en Santa Ana. Pero a inicios del siglo XIX, el término se refiere a la opinión de la nación, el pueblo salvadoreño. En esa época es cuando los primeros periódicos centroamericanos de la década de 1820 comienzan a decir que representan la voz de la nación, así es como las élites se arrogaban a sí mismas ser la voz de lo que el pueblo pensaba.
¿Podían publicar lo que quisieran?
Es que esto viene desde el decreto de la libertad de imprenta en la Constitución de Cádiz del 10 de octubre de 1810. En ese momento se declara que cualquier vasallo del reino puede escribir y publicar lo que quiera en términos políticos, salvo religiosos, sin previa censura. Son los esbozos de la libertad de prensa moderna.
¿A quién pertenecían los periódicos en Centroamérica?
Eran privados y también había periódicos católicos. Muchos eran quincenales y otros mensuales. La portada del libro es una alegoría sacada del periódico El Salvadoreño de 1826. Lo increíble es que durante el siglo XIX usted va a encontrar una cantidad increíble de periódicos: la sociedad de médicos tenía el suyo, las señoras del hogar San Vicente de Paul, el arzobispado, la gaceta oficial, los privados, la ciudad de Santa Ana, San Miguel, La Libertad, entre otros. Surge la pregunta de quién leía todo ese material si estábamos con los índices de analfabetismo muy altos. Yo he encontrado una razón plausible en otras regiones de América Latina: los leían en la plaza pública. Así se daban cuenta de las noticias.
Era el internet de esa época…
Claro, mire, la Constitución de Cádiz, que tenía más de 380 artículos y se leyó hasta cuatro veces en el púlpito de todas las iglesias de este país. Me imagino a la gente contenta escuchándola, indígenas y ladinos escuchando hasta cuatro veces 380 artículos. ¿Cree que ahora escucháramos toda una Constitución? La idea era que más o menos se les quede grabado. Claro, era una sociedad cuyo medio de diversión era ese.
¿Qué otras investigaciones de carácter político-histórico ha realizado?
En marzo de este año la Universidad Jaime I de Valencia, España, publicó un libro en el que escribí sobre el origen de las municipalidades en El Salvador. Es una parte de la historia política nacional que está relacionada al surgimiento de la ciudadanía y las elecciones. Tiene que ver con el poder que tuvieron los pueblos al final del periodo colonial, el acondicionamiento para el surgimiento del Estado salvadoreño.
¿El poder de las municipalidades era más fuerte que ahora?
Claro, el poder local administraba la justicia. Era una función interina, pero ese interinato duró 100 años (Siglo XIX) porque el Estado fue incapaz de formar a sus jueces de letras. Las alcaldías tuvieron un poder fundamental en cuanto a lo económico y judicial. Pero en cuanto a proyectos futuros pensamos seguir con el macroproyecto de conceptos políticos y ya se están planteando los nuevos periodos a estudiar, como el siglo XX.
¿Qué conceptos políticos del siglo XX se podrían desarrollar?
Una de las definiciones más interesantes sería la del término “revolución”, que solo de la década de 1960 para adelante tuvo un cambio radical. Primero era usada casi todo el tiempo por el régimen militar del teniente coronel Óscar Osorio. Se refería como “la revolución” a la construcción de represas, al Instituto de Vivienda Urbana (IVU), a los intentos de reforma agraria, a la autonomía de la Universidad de El Salvador (UES). La revolución era santificada.
Pero después vino el conflicto armado…
Exacto, un par de años después, la revolución pasa a ser algo horrendo para este país. Porque para las autoridades era sinónimo de los grupos guerrilleros, del comunismo internacional. El FMLN se la arrogaba: “Nosotros lideramos la revolución”. Pero esas serán investigaciones futuras.
Es la planta alta del edificio A-5 en el corazón del Centro de Gobierno. El historiador se acaba de trasladar a su nueva oficina. Se excusa del desorden y habla de la mudanza:
—Lo que quería era armar una sala de lectura, pero no se va a poder —explica Herrera.
—¿Por qué no se puede?
–No hay suficiente espacio, en esta oficina todavía falta ubicar a dos colegas más.
El investigador se para junto a las cajas llenas de libros. Después se sienta tras su escritorio. Los últimos meses han sido de mucho trabajo para Sajid Herrera. El historiador salvadoreño es el coordinador del libro recién publicado “Centroamérica durante las revoluciones atlánticas: el vocabulario político, 1750-1850”; un trabajo que reúne los ensayos de investigadores de toda la región y que explica el desarrollo de conceptos políticos básicos para entender el presente.
Un nuevo punto de vista histórico para explicar un ámbito –el político– que parece estar relacionado con todo en la sociedad. El libro recoge pasajes que parecen recientes como el documentado por el arzobispo Cortés y Larraz en 1770, que lamentó que un vecino de San Salvador dejó 6,000 pesos para la fundación de un hospital y los regidores usaron el dinero para construir una fuente en la plaza mayor. Quizás el primer caso registrado de malversación de fondos en la administración pública.
En una hora y media de conversación, Herrera desentraña otros pasajes del libro, como una carta escrita por Manuel José Arce en la que reniega que El Salvador sea una república independiente de Centroamérica por su diminuta extensión geográfica y su falta de riquezas. Mientras el historiador habla, los helicópteros del Ejército sobrevuelan el Centro de Gobierno preparándose para el acto del 15 de septiembre.
El Salvador es el país de la eterna campaña política. Desde el punto de vista histórico, ¿siempre fue así?
Se puede decir que sí, a diferencia de otros países vecinos como Guatemala, donde la prioridad de las agendas es lo étnico, aquí de lo que más se habla es de lo político. Y aún más, de lo partidario. Si uno revisa los periódicos, por lo menos a lo largo del siglo XX, se da cuenta que lo político siempre ha tenido una primacía sobre los demás temas del país.
¿Incluso más que el tema de la violencia?
Sí, cualquiera podría pensar que la violencia no es un tema político, pero aquí ha estado concatenado a ello. Y yo diría que los dos temas se han relacionado más en las últimas décadas. Aunque todavía nos faltan estudios para conocer cómo ha evolucionado la violencia. Actualmente el investigador de la dirección, Óscar Meléndez, está trabajando el tema de la violencia social en el siglo XX, sobre todo en la época de la dictadura de Maximiliano Hernández Martínez (1931-1944).
¿Cómo se ha relacionado la violencia con lo político?
Bueno, viendo esto del martinato, uno pensaría que la violencia social en la época de la dictadura no existió o fue leve, porque era un régimen de mano dura. Eso es lo que se nos ha contado. Pero Óscar Meléndez ha revisado los índices judiciales de los años que duró la dictadura y ha sacado una media de cinco a seis homicidios diarios. Hace poco por la tregua entre pandillas llegamos a esos niveles y todos dijimos “ha bajado”. Pero con estos estudios surge la pregunta si bajó o simplemente volvió a los índices históricos del país.
Pero la historia de la política es pocas veces contada en El Salvador más allá del siglo XX…
Claro, y parece raro en un país cuyos temas importantes siempre giran en torno a la Asamblea Legislativa, los nuevos partidos como GANA, diputados tránsfugas y más. Hasta los salvadoreños que digan que a ellos no les importa la política con esa negación están siendo partícipes de esa vida política que tiene primacía en el país. El libro que publicamos recientemente trata de volver a los orígenes más remotos de la política moderna.
¿De qué trata este nuevo libro que profundiza en la historia política?
Es un proyecto que intenta ser un diccionario no tradicional de términos políticos. Conceptos como partidos políticos, opinión pública, Estado, que aunque son de finales del siglo XVIII son muy actuales en la jerga política y social del país. Pero estas ideas se desarrollan en un proceso de 100 años (1750-1850). Muchas veces pensamos que el concepto de partido político siempre ha sido el mismo, pero si revisamos la historia nos damos cuenta que el término ha ido cambiando con el tiempo. A través del libro podemos conocer la evolución de la política y cómo se fueron constituyendo las instituciones del país que ahora son tan normales para nosotros.
¿Por qué en la investigación se decide retomar esos 100 años entre 1750 y 1850?
Porque esos años de la historia marcan un terremoto político al que llaman revoluciones atlánticas. Entre estos años ocurren cuatro grandes cambios que impactan a Centroamérica: las reformas borbónicas, los procesos de liberalismo español –la Constitución de Cádiz–, las independencias y la construcción de los Estados nacionales. Una serie de transformaciones que implicaron cambios a nivel político, jurídico, social y económico, de los cuales somos herederos. Nuestro sistema de partidos, elecciones para elegir representantes, un congreso que se arroga representar al pueblo y el poder dividido en el Órgano Legislativo, Ejecutivo y Judicial.
¿Cómo es la evolución de conceptos políticos como partido?
El concepto de partido cambió desde grupos opositores a las autoridades en función hasta asociaciones políticas tal y como las conocemos ahora: estructuradas, con normativas propias y cuyos miembros deben lealtad a sus estatutos. Es a lo largo del siglo XIX y a principios del XX que ya se forman los partidos políticos que conocemos.
En el ámbito político de países del área como Honduras se ve este claro origen porque todavía existen bandos como liberales y conservadores (ahora nacionales). ¿Qué ocurre en El Salvador?
Sí, ese es un claro ejemplo de la herencia del siglo XIX en Honduras, del bipartidismo que dominó por años. Esos dos bandos también estaban en El Salvador. Mucha gente ha llegado a pensar que esos eran los únicos partidos que existían, pero no fue así. Había una cantidad de movimientos políticos como los francmasones, católicos y otros. Actualmente tenemos un proyecto de investigación del liberalismo. Hemos revisado periódicos de la época para conocer la relación entre francmasonería y el Estado salvadoreño en el siglo XIX. El presidente (Rafael) Zaldívar –jefe de Estado de 1876 a 1885– fue representante de la francmasonería.
Entrando de lleno en el libro, usted se encarga de desarrollar el concepto de civilización, ¿por qué se considera un término político?
Civilización en este periodo es un concepto clave en América Latina porque fue la viñeta que se puso a los pueblos que apostaban por el “progreso”. ¿Cuáles países iban por esa senda? Todos los que comenzaban un proceso de imitación. El filósofo mexicano Leopoldo Cea asegura que América Latina nace imitando. Primero imita a España, luego a Francia, Inglaterra y últimamente a Estados Unidos. Entonces civilización indica cómo las élites centroamericanas se veían a sí mismas y sus países por la senda del progreso. Eso marcó la fundación de nuestros países y su vida política.
¿Qué implicaba ser civilizados?
Bueno, tener acceso a los medios impresos, libertad de prensa, pero hubo un momento que el símbolo del progreso y la civilización fue la locomotora. Sobre todo a finales del siglo XVIII.
En un pasaje del texto se menciona que en 1843 había centroamericanos que no consideraban a Francisco Morazán civilizado por elegir la vía armada…
Claro, porque aunque Morazán era letrado y culto no era capaz de solucionar los problemas por la vía pacífica. En Centroamérica no tuvimos guerra por la independencia, pero hubo inestabilidad política a lo largo del siglo XIX. El 60 % de los presupuestos de los nacientes Estados eran destinados al ministerio de guerra. Lo demás para educación, salud y obras públicas. Teníamos estados muy conflictivos y uno de los significados de civilización implicaba ser capaz de solucionar los problemas sin recurrir a las armas.
¿Se mantuvo por mucho tiempo ese significado en contraposición a lo bélico?
No, hubo un momento en que se invocó la civilización a través de la guerra. Incluso ya en el siglo XX no se ocupó el término civilización, pero sí democracia. Como cuando Estados Unidos invade Irak y justificó todo diciendo que fue “en nombre de la democracia y la libertad”. ¿Qué significa? Es la civilización occidental la que ha creado la democracia y la libertad que conocemos. Entonces el término civilización se usó para invocar la guerra o la defensa de un país frente a otro.
El prócer Manuel José Arce también usa “civilización” para referirse a la laboriosidad…
Sí, el se refiere a una noción de civilización como sinónimo de trabajo, educación e ilustración. Pero el término de civilización también implicó un pueblo frente a otro: el criollo frente al indígena. A su vez, asumir la civilización significó el nacimiento de algunas instituciones que se forjaron a mediados del siglo XIX y que todavía marcan nuestra vida, como la penitenciaria.
¿Qué tiene que ver civilidad con las prisiones?
Se refiere a las formas como el Estado iba a aplicar las penas a los ciudadanos que infringen la ley. Un Estado incivilizado y bárbaro era aquel que castigaba a sus ciudadanos con la pena de muerte. Uno civilizado conoce el valor de los brazos para el progreso económico. Las personas son su fuerza laboral. Un gobierno civilizado debe razonar y tiene que reformar a los delincuentes en centros penitenciarios. Así es como nacen las cárceles de las que discutimos tanto por la espiral de violencia que vivimos.
¿Cómo se castigaba antes de esto a los delincuentes?
En la época colonial se daban 200 azotes a aquellos que habían infringido una ley. Algo así como un robo. Pero eso era una pena bárbara.
Otra referencia de civilidad es una carta que Manuel José Arce escribe a Antonio Cañas en donde expresa que El Salvador no debe de ser un país independiente por incivilizado…
Sí, después del fracaso de la República Federal de Centroamérica entre 1838 y 1839, todos los estados se declaran repúblicas libres y soberanas. En ese contexto de separación es que Arce, exiliado en México, le escribe a Antonio José Cañas, que era jefe de Estado salvadoreño, y le increpa por firmar la separación de la república federal. En lenguaje nuestro le escribió: “Mira, si éramos el Estado más pequeño debimos permanecer unidos a Centroamérica o haber luchado por la unión. Más si la capital de la federación estaba en San Salvador”.
¿Por qué Arce se refiere a El Salvador como incivilizado?
Ah, es que esa carta es bien iluminadora. Arce le pidió a Cañas que se acordase cuando luchaban por la independencia de España y luego frente al imperio mexicano en 1822. “Tú y yo éramos conscientes de que la intendencia de San Salvador no puede ser un país independiente por sí solo. No tiene ni la riqueza ni la ilustración –la civilización– suficiente en su pueblo”, escribió Arce. Con mis colegas historiadores comento que Arce tenía una claridad increíble. Es la misma claridad que tenemos casi 200 años después: este país por sí mismo es insuficiente.
¿Usted diría que esa carta de Arce es su principal hallazgo de la investigación?
No, pero para mí fue un hallazgo interesante porque me permite entender más en el proceso de construcción del Estado de El Salvador. Una etapa de la que me siguen asaltando dudas.
Pero desde ahí el salvadoreño comenzó a interiorizar el tamaño del país como un lastre…
Sí, es algo que se escucha siempre, el tamaño del país es un asunto que siempre nos asalta. Los alumnos me lo preguntan siempre que expongo de la independencia en escuelas. Yo lo explico con una serie de mapas que vienen de 1786. Ese año, Centroamérica se organiza por intendencias y la de San Salvador es muy pequeña en comparación de las demás. ¿Por qué nos tocó una intendencia tan ínfima? La razón es que lo que hoy es Guatemala y El Salvador eran las dos regiones con más población desde la época prehispánica.
¿Qué tan poblado estaba El Salvador?
Solo en el oriente salvadoreño había más pueblos de indios que en toda Nicaragua. ¿Cuál fue la idea de la corona al crear una intendencia en este pedacito de tierra? Que había mucha población y producción de añil. Los españoles pensaron que con autoridades cercanas se podía vigilar mejor el añil. En ese momento no importaba el tamaño de El Salvador porque toda Centroamérica era parte de una monarquía. Pero ya como país nos duele ser tan pequeños.
Así que de alguna forma se puede explicar la pequeñez del país por su producción preindustrial de añil o el hierro de Metapán…
Sí, era la cultura del monocultivo. A la producción por región. Fue algo que pasó después con el café. Así que mientras Honduras y Nicaragua eran zonas de ganado, Guatemala de telas y comida, El Salvador siempre estuvo relacionado al añil. Es la teoría de la dependencia y cómo las colonias españolas en América Latina siempre estuvieron sometidas a sola una línea de cultivo.
Además de desarrollar el significado de civilización, usted también escudriña en la historia del concepto “Constitución”. ¿Cómo se puede resumir el inicio de la vida constitucional en Centroamérica?
Bueno, en este periodo de 1750 a 1850 es que nace esta gran transformación de pasar que el rey de España sea el centro de la vida política a que un libro llamado Constitución rija nuestra vida. Lo constitucional no nació con la independencia ni fue un invento de un par de diputados a inicios del siglo XX. Antes el término Constitución significaba un conjunto de reglamentos de una corporación: una universidad, una cofradía, entre otras. Pero a inicios del siglo XIX (1810-1814), con la revolución liberal en España y América, Constitución ya no se refiere a las normativas de cada institución, sino que un solo libro, una sola ley que va a regir los destinos de una nación y representa su soberanía.
¿Pero este cambio hacia lo constitucional significó algo para los centroamericanos de aquella época?
Por supuesto, antes de esto cuando asumía un nuevo rey se le tenía que jurar lealtad y en cada ciudad del Reino de Guatemala se armaban tablados, una especie de tarimas, para prestar ese juramento. Si todavía fuéramos parte de la monarquía española, lo hubiéramos hecho por Felipe VI. En aquella época nadie sabía cómo era el rey, así que lo dibujaban como lo imaginaban y las autoridades locales dictaban el juramento. Todos frente a aquel cuadro rústico que simulaba al rey. Pero cuando se promulga la Constitución de Cádiz ya no se jura al rey, sino a la Constitución. Ocurre un terremoto político y la Constitución se pasea como libro abierto por las tarimas y se convierte en un fetiche político, un símbolo de veneración.
Un fetiche político que llega hasta nuestros días…
Sí, en algunos países de Latinoamérica todavía se acostumbra que el presidente rinda juramento a la Constitución, los evangelios y un crucifijo. Todo es muy colonial. Aquí solo jura el presidente en nombre de todos. Pero esa tradición que la ciudadanía jurara la Constitución duró todo el siglo XIX en El Salvador. En 1861 Gerardo Barrios hasta obliga a los curas a jurar la Constitución ante su negativa. Él les recuerda: acuérdense que desde la Constitución de Cádiz todos estamos obligados a jurar. Imagine el valor de un libro jurídico en nuestras vidas.
Este libro retoma el vocabulario político de esta época. ¿Por qué es importante este aspecto?
Bueno, la investigación pretende analizar cómo el lenguaje político se va fraguando junto a la formación de las instituciones republicanas. No solo nos hemos centrado en las transformaciones atlánticas, sino que también cómo el lenguaje de los actores políticos va cambiando. Estos actores son parte de la construcción del Estado, de la construcción de la soberanía y la concepción de independencia.
En ese contexto, ¿cómo es el nacimiento de la opinión pública en Centroamérica?
Bueno, el concepto cambió bastante. Previo a la revolución liberal española, opinión pública significaba lo que piensa un pueblo, lo que piensan los vecinos de Santa Elena, Usulután o de Chalchuapa, en Santa Ana. Pero a inicios del siglo XIX, el término se refiere a la opinión de la nación, el pueblo salvadoreño. En esa época es cuando los primeros periódicos centroamericanos de la década de 1820 comienzan a decir que representan la voz de la nación, así es como las élites se arrogaban a sí mismas ser la voz de lo que el pueblo pensaba.
¿Podían publicar lo que quisieran?
Es que esto viene desde el decreto de la libertad de imprenta en la Constitución de Cádiz del 10 de octubre de 1810. En ese momento se declara que cualquier vasallo del reino puede escribir y publicar lo que quiera en términos políticos, salvo religiosos, sin previa censura. Son los esbozos de la libertad de prensa moderna.
¿A quién pertenecían los periódicos en Centroamérica?
Eran privados y también había periódicos católicos. Muchos eran quincenales y otros mensuales. La portada del libro es una alegoría sacada del periódico El Salvadoreño de 1826. Lo increíble es que durante el siglo XIX usted va a encontrar una cantidad increíble de periódicos: la sociedad de médicos tenía el suyo, las señoras del hogar San Vicente de Paul, el arzobispado, la gaceta oficial, los privados, la ciudad de Santa Ana, San Miguel, La Libertad, entre otros. Surge la pregunta de quién leía todo ese material si estábamos con los índices de analfabetismo muy altos. Yo he encontrado una razón plausible en otras regiones de América Latina: los leían en la plaza pública. Así se daban cuenta de las noticias.
Era el internet de esa época…
Claro, mire, la Constitución de Cádiz, que tenía más de 380 artículos y se leyó hasta cuatro veces en el púlpito de todas las iglesias de este país. Me imagino a la gente contenta escuchándola, indígenas y ladinos escuchando hasta cuatro veces 380 artículos. ¿Cree que ahora escucháramos toda una Constitución? La idea era que más o menos se les quede grabado. Claro, era una sociedad cuyo medio de diversión era ese.
¿Qué otras investigaciones de carácter político-histórico ha realizado?
En marzo de este año la Universidad Jaime I de Valencia, España, publicó un libro en el que escribí sobre el origen de las municipalidades en El Salvador. Es una parte de la historia política nacional que está relacionada al surgimiento de la ciudadanía y las elecciones. Tiene que ver con el poder que tuvieron los pueblos al final del periodo colonial, el acondicionamiento para el surgimiento del Estado salvadoreño.
¿El poder de las municipalidades era más fuerte que ahora?
Claro, el poder local administraba la justicia. Era una función interina, pero ese interinato duró 100 años (Siglo XIX) porque el Estado fue incapaz de formar a sus jueces de letras. Las alcaldías tuvieron un poder fundamental en cuanto a lo económico y judicial. Pero en cuanto a proyectos futuros pensamos seguir con el macroproyecto de conceptos políticos y ya se están planteando los nuevos periodos a estudiar, como el siglo XX.
¿Qué conceptos políticos del siglo XX se podrían desarrollar?
Una de las definiciones más interesantes sería la del término “revolución”, que solo de la década de 1960 para adelante tuvo un cambio radical. Primero era usada casi todo el tiempo por el régimen militar del teniente coronel Óscar Osorio. Se refería como “la revolución” a la construcción de represas, al Instituto de Vivienda Urbana (IVU), a los intentos de reforma agraria, a la autonomía de la Universidad de El Salvador (UES). La revolución era santificada.
Pero después vino el conflicto armado…
Exacto, un par de años después, la revolución pasa a ser algo horrendo para este país. Porque para las autoridades era sinónimo de los grupos guerrilleros, del comunismo internacional. El FMLN se la arrogaba: “Nosotros lideramos la revolución”. Pero esas serán investigaciones futuras.
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