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domingo, agosto 31, 2014

Un análisis histórico-económico clásico de la actual crisis. Entrevista a Robert Brenner





Tomado de http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2385  22/02/09 

Seongjin Jeong entrevistó para el diario coreano Hankyoreh (22 de enero 2009) a nuestro amigo y miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO Robert Brenner, que nos hizo llegar el original inglés del texto. Quien ha hecho en  los últimos 10 años los análisis histórico-económicos acaso más profundos y premonitorios sobre la naturaleza de la vida económica capitalista mundial del final del siglo XX, se confirma aquí como uno de los más lúcidos y penetrantes analistas del presente. SP.
La mayoría de analistas califican la presente crisis como crisis financiera. ¿Está usted de acuerdo con esta denominación?

Es comprensible que los analistas de la crisis hayan situado el punto de partida en la banca y el mercado de valores. Pero el problema es que no han ido más allá. Empezando por el propio secretario del Tesoro, Paulson, y el presidente de la Reserva Federal, Bernanke, han sostenido que la crisis puede explicarse en simples términos de problemas en el sector financiero. Al mismo tiempo, aseveran que la economía real subyacente es fuerte, que los llamados fundamentos están en forma. La desorientación no podría ser mayor. El principal origen de la crisis actual está en el declive del dinamismo de las economías avanzadas desde 1973 y, especialmente, desde 2000. El crecimiento económico en los EEUU, Europa occidental y Japón se ha deteriorado seriamente en cada ciclo en términos de indicadores macroeconómicos muy estándar: PIB, inversión, salarios reales, etc. Aún más, el ciclo económico recién acabado, desde 2001 hasta 2007, ha sido, con mucho, el más endeble desde el período de posguerra, y ello a pesar del mayor estímulo económico público de la historia de los EEUU en tiempo de paz.

¿Cómo explicaría el debilitamiento a largo plazo de la economía real desde 1973, lo que usted llama la larga caída?
Lo que lo explica es sobre todo un declive profundo y duradero de la tasa de rendimiento en inversión de capital desde finales de los sesenta. La incapacidad de recuperar la tasa de beneficio es lo más destacable a la vista de la enorme caída de los salarios reales durante el período. La causa principal, aunque no la única, del declive de la tasa de beneficio ha sido una tendencia persistente a la sobrecapacidad en las industrias manufactureras mundiales. Lo que ha ocurrido es que nuevos poderes industriales fueron ingresando, uno tras otro, al mercado mundial: Alemania y Japón, los nuevos países industrializados del noreste asiático, los tigres del sureste asiático y, finalmente, el Leviatán chino. Esas economías de desarrollo tardío producían los mismos bienes que ya producían las economías más tempranamente desarrolladas, pero más baratos. El resultado ha sido un exceso de oferta en relación con la demanda en una industria tras otra, y eso ha implicado precios y, por lo mismo, beneficios bajos. Las empresas que han sufrido reducción de beneficios, además, no han abandonado dócilmente sus industrias. Han intentado conservar su lugar recurriendo a la capacidad de innovación, aumentando la inversión en nuevas tecnologías. Huelga decir que eso no ha hecho más que empeorar la sobrecapacidad. A causa de la caída de su tasa de rendimiento, los capitalistas obtenían plusvalías cada vez menores de sus inversiones. De ahí que no tuvieran más opción que aminorar el crecimiento en maquinaria, equipo y empleo; y, al tiempo, a fin de restaurar la rentabilidad, contener las indemnizaciones por desempleo, mientras los gobiernos reducían el gasto social. Pero la consecuencia de todos estos recortes de gasto ha sido un problema de demanda agregada a largo plazo. La persistente endeblez de la demanda agregada ha sido el origen inmediato de la endeblez a largo plazo de la economía.
La crisis, en realidad, ha sido provocada por el estallido de la histórica burbuja inmobiliaria, que se ha estado inflando durante toda la década. ¿Cómo juzga su importancia?
La burbuja inmobiliaria debe entenderse en relación con la sucesión de burbujas de precios de activos que ha sufrido la economía desde mediados de los noventa y, especialmente, con el papel de la Reserva Federal estadounidense en alimentar dichas burbujas. Desde el principio de la larga caída, las autoridades económicas públicas han intentado capear el problema de una demanda insuficiente incentivando el aumento del préstamo, tanto público como privado. De entrada, recurrieron al déficit presupuestario, evitando así recesiones verdaderamente profundas. Pero, con el tiempo, los gobiernos conseguían inducir cada vez menos crecimiento económico de lo que tomaban a préstamo. En efecto, a fin de conjurar el tipo de profundas crisis que han acosado históricamente al sistema capitalista, han tenido que aceptar la tendencia hacia el estancamiento. Durante los primeros noventa, los gobiernos en los EEUU y Europa, encabezados por la administración Clinton, intentaron célebremente romper su adicción al endeudamiento, poniendo todos proa de consuno hacia el territorio de los presupuestos equilibrados. La idea era dejar que el mercado libre gobernara la economía. Pero, como aún no se había recuperado la rentabilidad, la reducción de los déficits asestó un duro golpe a la demanda y contribuyó a producir, entre 1991 y 1995, la peor de las recesiones y el más bajo crecimiento de la era de posguerra. Para lograr que la economía volviera a una senda de crecimiento, las autoridades estadounidenses acabaron adoptando un enfoque aplicado por primera vez en el Japón de fines de los ochenta. Mediante la imposición de tipos de interés bajos, la Reserva Federal facilitaba el préstamo al tiempo que incentivaba la inversión en activos financieros. Al dispararse los precios de los activos, las empresas y familias obtendrían enormes aumentos de riqueza, al menos sobre el papel. Estarían, por tanto, en condiciones de tomar préstamos a una escala titánica, de incrementar infinitamente la inversión y el consumo y, así, conducir la economía. El déficit privado, pues, vino a substituir al déficit público. Lo que podría llamarse keynesianismo de precios de activos sustituyó al keynesianismo tradicional. Por tanto, durante la última docena de años hemos asistido a un extraordinario espectáculo en la economía mundial, y es que la continuación de la acumulación de capital ha dependido literalmente de unas oleadas de especulación de dimensiones históricas cuidadosamente alimentadas y racionalizadas por los diseñadores ─y reguladores─ de las políticas públicas: primero, la burbuja del mercado de valores de finales de los noventa, y después, las burbujas de los mercados inmobiliario y crediticio de los primeros años 2000.
Usted fue profético al prever la actual crisis, así como la recesión de 2001. ¿Cuál es su perspectiva respecto a la economía mundial? ¿Empeorará o se recuperará antes del final de 2009? ¿Espera que la actual crisis sea tan severa como la gran depresión?
La crisis actual es más seria que la peor de las recesiones previas del período de posguerra, la que se dio entre 1979 y 1982, y es concebible que rivalice con la Gran Depresión, a pesar de que no hay modo de saberlo realmente. Quienes se dedican a la realización de pronósticos económicos subestimaron su virulencia porque sobreestimaron la solidez de la economía real, sin comprender hasta qué punto dependía ésta de una acumulación de deuda fundada en las burbujas de los precios de los activos. En los EEUU, el crecimiento del PIB durante el reciente ciclo económico de 2001-07 ha sido, con mucho, el más bajo de la época de posguerra. No ha aumentado el empleo en el sector privado. El incremento de maquinaria y equipo ha sido cerca de un tercio más bajo que el de la posguerra. Los salarios reales se han mantenido prácticamente estancados. Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, no se han registrados aumentos en el ingreso medio familiar. El crecimiento económico ha ido a parar íntegramente al consumo personal y a la inversión en residencia, lo que ha sido posible por el crédito fácil y el aumento de los precios de la vivienda. El resultado económico ha sido esta endeblez, aun a pesar del enorme estímulo de la burbuja inmobiliaria y de los enormes déficits federales de la administración Bush. La vivienda por sí sola sumó casi un tercio del crecimiento del PIB y cerca de la mitad del aumento del empleo entre 2001 y 2005. Era, por tanto, esperable que cuando reventara la burbuja inmobiliaria, cayeran el consumo y la inversión en residencia y se hundiera la economía.
Muchos sostienen que la actual es una típica "crisis Minsky", no una crisis marxiana, aduciendo que la explosión de la burbuja financiera especulativa ha jugado un papel central en ella. ¿Cómo les respondería?
Es ocioso contraponer así los aspectos reales y financieros de la crisis. Como he resaltado, es una crisis marxiana: hunde sus raíces en una caída a largo plazo de la tasa de beneficio y en la incapacidad de recuperación de la misma, lo que está en el origen principal de la disminución de la acumulación de capital hasta ahora. En 2001, la tasa de beneficio de las empresas no financieras fue la menor del período de posguerra, con la excepción de 1980. Las empresas no han tenido, por tanto, otra opción que contener la inversión y el empleo, pero eso ha agravado el problema de la demanda agregada, nublándose así el clima económico. Esto es lo que explica el extremadamente bajo crecimiento observable en el ciclo económico que acaba de terminar. Sin embargo, para comprender el colapso actual hay que demostrar la conexión entre la endeblez de la economía real y el desplome financiero. El vínculo principal es la que se da entre la cada vez mayor dependencia del préstamo para que la economía siga funcionando y la predisposición pública, todavía mayor, a confiar en las subidas de los precios de los activos para lograr mantener vida la dinámica del préstamo. La condición básica de las burbujas en los mercados inmobiliario y crediticio era la perpetuación de un coste bajo del préstamo. La endeblez de la economía mundial, especialmente después de las crisis de 1997-98 y 2001, además de las enormes adquisiciones de dólares por parte de gobiernos asiáticos para mantener al mismo nivel sus divisas y el crecimiento del consumo estadounidense, provocó unos tipos de interés insólitamente bajos. Al mismo tiempo, la Reserva Federal mantuvo los tipos de interés a corto plazo más bajos que nunca desde los años cincuenta. Como prestaban tan barato, los bancos estaban dispuestos a conceder préstamos a especuladores cuyas inversiones provocaban un precio cada vez más alto de activos de todo tipo y un rendimiento en el préstamo (tipos de interés de los bonos) cada vez menor. Sintomáticamente, los precios de la vivienda se dispararon y el rendimiento en términos reales de los bonos del tesoro estadounidense se hundió. Pero como los rendimientos cayeron cada vez más, a las instituciones del mundo que dependían de los rendimientos del préstamo les resultó cada vez más difícil obtener beneficios suficientes. Los fondos de pensiones y las compañías de seguros fueron golpeados de forma particularmente dura, pero también se vieron afectados los fondos hedgede cobertura y los bancos de inversión. Esas instituciones se mostraron más que dispuestas a realizar enormes inversiones en unas obligaciones respaldadas por hipotecas subprime más que dudosas a causa de los insólitamente elevados rendimientos ofrecidos y con desprecio de unos riesgos no menos insólitamente elevados. Lo cierto es que no lograron sacar tajada suficiente. Su masiva adquisición de obligaciones hipotecariamente respaldadas es lo que facilitó a los institutos bancarios generadores de hipotecas seguir realizando préstamos a prestatarios cada vez menos calificados. La burbuja inmobiliaria alcanzó proporciones históricas y permitió que prosiguiera la expansión económica. Ni que decir tiene, eso no podía durar mucho. Cuando cayeron los precios de la vivienda, la economía real entró en recesión y el sector financiero se desplomó, porque el dinamismo de una y de otro se fundaba en la burbuja inmobiliaria. Lo vemos ahora es que la recesión está empeorando el desplome, porque contribuye a exacerbar la crisis inmobiliaria. Y que el desplome está intensificando la recesión, porque está dificultando el acceso al crédito. Precisamente es esa interacción entre una crisis de la economía real y una crisis del sector financiero que se alimentan mutuamente lo que hace que el despeñadero hacia la depresión se resista a todas las políticas intentadas por las autoridades y que el potencial de catástrofe resulte tan evidente.
Aun concediendo que el capitalismo de posguerra hubiera entrado en un período de larga caída en los años setenta, parece innegable que la ofensiva capitalista neoliberal ha impedido el empeoramiento de la caída de la producción desde los ochenta.
Si por neoliberalismo se entiende el giro hacia las finanzas y la desregulación, no veo cómo puede haber ayudado eso a la economía. Pero si por neoliberalismo se entiende el desmedido asalto de los empresarios y los gobiernos a los salarios obreros, a las condiciones laborales y al estado del bienestar, la cosa ofrece pocas dudas: se ha impedido que la caída de la tasa de beneficio haya sido todavía peor. Con todo, la ofensiva de la patronal no esperó hasta la denominada era neoliberal de los ochenta. Comenzó con el despertar de la caída de la rentabilidad, iniciada a principios de los setenta, de la mano del keynesianismo. No condujo, empero, a la recuperación de la tasa de beneficio, y no hizo sino exacerbar el problema de la demanda agregada. El debilitamiento de la demanda agregada terminó por obligar a las autoridades económicas a adoptar formas de estímulo económico más potentes y temerarias: el "keynesianismo de precios de activos" que condujo al actual desastre.
Hay quien ha defendido que un nuevo paradigma de "financiarización" o "capitalismo financiero" ha provocado un llamado "resurgimiento del capital" (Gerard Dumeneil) desde los ochenta hasta el presente. ¿Qué piensa de las tesis de la "financiarización" o "capitalismo financiero"?
La idea del capitalismo financiero es una contradicción en los términos, porque, genéricamente hablando ─hay excepciones significativas, como el préstamo al consumidor─, el beneficio financiero sostenido depende de la obtención de beneficios sostenidos en la economía real. Para responder a la caída de la tasa de beneficio, algunos gobiernos, encabezados por el de los EEUU, incentivaron el giro hacia las finanzas mediante la desregulación del sector financiero. Pero, como la economía real seguía languideciendo, el principal resultado de la desregulación fue la intensificación de la competencia en el sector financiero, lo que hizo más difícil la obtención de beneficios e incentivó una especulación aún mayor y la adopción de riesgos. Destacados ejecutivos de bancos de inversión y fondos hedgeestaban en condiciones de obtener fabulosas fortunas, ya que sus remuneraciones dependían de los beneficios a corto plazo. Podían asegurarse temporalmente altos rendimientos mediante la expansión de sus préstamos basados en activos e incrementando el riesgo. Pero esa forma de hacer negocio, tardara más o menos en verse, era a expensas de la salud financiera a largo plazo de las propias empresas, y en el caso más espectacular, condujo a la caída de los bancos de inversión más importantes de Wall Street. Todas y cada una de las sedicentes expansiones financieras habidas desde los años setenta han terminado rápidamente en una desastrosa crisis financiera y han precisado de enormes rescates públicos. Lo que vale para el boom crediticio del tercer mundo en los años 70 y principios de los 80, no menos que para el auge del ahorro y el crédito, la manía de compra apalancada de empresas  y la burbuja de los bienes raíces comerciales de los 80, o para la burbuja del mercado de valores de la segunda mitad de los 90 y, huelga decirlo, para las burbujas inmobiliaria y crediticia de los primeros años 2000. El sector financiero parecía dinámico sólo porque los gobiernos estaban dispuestos a hacer lo que hiciera falta para apoyarlo.
El keynesianismo o estatismo parece presto a volver como el nuevo Zeitgeist [espíritu de la época]. ¿Cuál es su valoración general del keynesianismo o estatismo renaciente? ¿Puede contribuir a resolver o, cuando menos, aliviar la actual crisis?

Los gobiernos actualmente no tienen otra opción que la de volver al keynesianismo y al estado para intentar salvar la economía. Después de todo, el libre mercado se ha demostrado totalmente incapaz de impedir o hacer frente a la catástrofe económica, por no hablar de asegurar la estabilidad y el crecimiento económicos. De aquí que las elites del mundo político, que todavía ayer celebraban la desregulación de los mercados financieros, se hayan vuelto de un día para otro y sin excepción keynesianas. Pero hay razones para dudar de que el keynesianismo –en el sentido de enormes déficits públicos y crédito fácil para hinchar la demanda— pueda llegar a tener el impacto que muchos esperan. Lo cierto es que durante los últimos siete años, y merced a la burbuja inmobiliaria cebada por el préstamo y el gasto de la Reserva Federal y por los déficits presupuestarios de la administración Bush, hemos asistido a lo que probablemente sea el mayor estímulo económico keynesiano de la historia en tiempos de paz. Y sin embargo, no ha alcanzado sino para lograr el ciclo económico más endeble de la época de posguerra. Ahora el desafío es mucho mayor, todavía. A medida que colapsa la burbuja inmobiliaria y que la obtención de crédito se hace más y más más difícil, los hogares reducen el consumo y la inversión en residencia. Por consecuencia, caen los beneficios empresariales. Lo que trae consigo recortes salariales y un ritmo acelerado de despido de trabajadores, lo cual, a su vez, genera una espiral descendente de demanda y rentabilidad a la baja. Las familias han contado durante largo tiempo con el aumento de los precios de la vivienda para estar en condiciones de que les presten más y han ahorrado para ello. Pero ahora, forzadas por a acumulación de deudas,  tienen que reducir el préstamo y aumentar el ahorro; y eso, en el preciso instante en que la economía más necesita que consuman. Lo presumible es que le grueso del dinero que el estado ponga en manos de las familias será destinado al ahorro, no al consumo. Si el keynesianismo a duras penas logró activar la vida económica en la fase de expansión, ¿qué puede esperarse que haga en medio de la peor recesión desde los años treinta? Para obtener un efecto significativo en la economía, la administración Obama tendrá probablemente que pensar en una enorme oleada de inversiones públicas directas o indirectas; en realidad, en una forma de capitalismo de estado. No obstante, acometer esa tarea en serio exige superar enormes obstáculos políticos y económicos. La cultura política estadounidense es tremendamente hostil a la empresa pública. Por otro lado, el nivel de gasto y endeudamiento que todo eso implicaría podría amenazar al dólar. Hasta ahora, los gobiernos del Este asiático han financiado alegremente los déficits externos y públicos estadounidenses, a fin de mantener, a un tiempo, el consumo estadounidense y sus propias exportaciones. Pero con una crisis que está llegando a afectar hasta a China, esos gobiernos podrían ver menguada su capacidad de financiación de los déficits estadounidenses, sobre todo porque estos últimos se han disparado a una magnitud sin precedentes. La perspectiva verdaderamente aterradora que asoma en el horizonte es el desplome del dólar.
¿Cuál es su valoración general de la victoria de Obama en las últimas elecciones a la presidencia? ¿Piensa que Obama es el "mal menor", comparado con la administración Bush? Muchos consideran a Obama el Franklin D. Roosevelt del siglo XXI. Obama promete un "nuevo New Deal". ¿Cree usted que los progresistas anticapitalistas pueden dar apoyo crítico a algunas medidas de este "nuevo New Deal"?
El triunfo de Obama en las elecciones debe ser bienvenido. Una victoria de McCain habría sido una victoria para el Partido Republicano y habría dado un enorme impulso a las fuerzas más reaccionarias de la escena política estadounidense. Se habría visto como un aprobado al hipermilitarismo  y al imperialismo de la administración Bush, así como a su programa explícito de eliminación de lo que queda de sindicalismo, estado de bienestar y protección ambiental. Dicho esto, Obama es, como Roosevelt, un demócrata de centro, de quien no puede esperarse que, por sí propio, haga gran cosa en defensa de los intereses de una inmensa mayoría que seguirá estando sometida a un desapoderado asalto empresarial empeñado en recuperar sus menguantes beneficios mediante la reducción del empleo, de las indemnizaciones, etc. Obama apoyó el titánico rescate del sector financiero, que acaso represente el mayor expolio al contribuyente estadounidense de la historia norteamericana, sobre todo porque se concedió sin contrapartidas para poner brida a los bancos. También apoyó el rescate de la industria automovilística, aun a sabiendas de que estaba a enormes reducciones de las indemnizaciones para los trabajadores. El balance es de Obama, como de Roosevelt, sólo puede esperarse que tome acciones resueltas en defensa del pueblo trabajador si se le empuja por la vía de la acción directa desde abajo. La administración Roosevelt sólo aprobó el grueso de la legislación progresista del New Deal, incluyendo la Ley Wagner y la Seguridad Social, arrastrado por la presión de una gigantesca y masiva oleada de huelgas. Algo parecido puede acaso esperarse de Obama.
Según Rosa Luxemburg y, más recientemente, David Harvey, el capitalismo supera su tendencia a la crisis mediante la expansión geográfica. Según Harvey, ello a menudo se incentiva mediante inversiones enormes en infraestructura para apoyar al capital privado, a menudo a la inversión extranjera directa. ¿Cree usted que el capitalismo puede encontrar una solución a la crisis actual, en la terminología de Harvey, mediante un "arreglo espacio-temporal-espacial"?
Ésta es una cuestión compleja. Para empezar, creo que es verdadera –y de importancia decisiva— la afirmación, según la cual la expansión geográfica ha sido un elemento esencial en todas las oleadas de acumulación de capital que registra la historia Puede decirse que el crecimiento del volumen de la fuerza de trabajo y el crecimiento del espacio geográfico son condiciones sine qua non, esenciales, del crecimiento capitalista. El auge de la posguerra es un buen ejemplo, porque se dieron espectaculares expansiones del capital en el sur y el suroeste de los EEUU y en una Europa occidental y un Japón devastados por la guerra. Las inversiones de los EEUU jugaron un papel decisivo, no sólo en los propios EEUU, sino también en la Europa occidental de la época. Sin duda, la expansión de la fuerza de trabajo y del área geográfica capitalista era indispensable para las altas tasas de beneficio que hicieron tan dinámico el boom de posguerra. Desde un punto de vista marxista, éste fue un ciclo clásico de acumulación de capital, e implicó, necesariamente, tanto la integración de enormes masas de trabajadores fuera del sistema, especialmente del agro precapitalista en Alemania y en Japón, como la incorporación o reincorporación de espacios geográficos adicionales a una escala enorme. Sin embargo, yo creo que, vista en perspectiva, la pauta mostrada por el largo declive al que hemos venido asistiendo desde finales de los sesenta y principios de los setenta, ha sido diferente. Es cierto que el capital ha respondido a la rentabilidad menguante mediante la expansión exterior, intentando combinar técnicas avanzadas con mano de obra barata. Se calla por sabido que el Este asiático constituye el caso principal: representa indudablemente un momento de alcance histórico-universal, una transformación esencial, del capitalismo. Pero a pesar de que la expansión al Este asiático puede interpretarse como respuesta a una rentabilidad menguante, no ha sido, en mi opinión, una solución satisfactoria. Porque, a fin de cuentas, la nueva producción industrial que tan espectacularmente ha surgido en el Este asiático, a despecho de que produzca más barato, se solapa demasiado con lo que se produce en el resto del mundo. El problema es que, a escala sistémica, eso exacerba más que resuelve el problema de sobrecapacidad. En otras palabras: la globalización ha sido una respuesta a la rentabilidad menguante; pero como las nuevas industrias, lejos de ser esencialmente complementarias en la división mundial del trabajo, son redundantes, el resultado ha sido la persistencia de los problemas de rentabilidad. El balance, creo yo, es que para resolver realmente el problema de rentabilidad que ha asolado durante tanto tiempo al sistema ─lenta acumulación de capital y generación de niveles de préstamo cada vez mayores para mantener la estabilidad─, el sistema necesitaba una crisis que había sido durante tan largo tiempo aplazada. Y como el problema es la sobrecapacidad, enormemente agravada por la acumulación de deuda, lo que aún se necesita, según la visión clásica, es una depuración sistémica, esto es, la purga de las empresas de costes altos y beneficios bajos, con el consiguiente abaratamiento de los medios de producción y la reducción del precio de la mano de obra. Ésta de la crisis es la vía histórica por la que el capitalismo ha logrado restaurar la tasa de beneficio y sentar las bases necesarias para una acumulación de capital más dinámica. Durante el periodo de posguerra se logró evitar las crisis; el coste de evitarlas fue la incapacidad para reactivar la rentabilidad, lo que llevó a empeorar la situación de estancamiento. La crisis actual es la depuración que nunca sucedió.
Entonces, ¿cree usted que sólo la crisis puede resolver la crisis? Ésta es una respuesta marxiana clásica.
Creo que es lo más probable. La analogía sería como sigue. De entrada, a principios de los años treinta, el New Deal y el keynesianismo resultaron ineficaces. En realidad, a pesar de la amplitud temporal de toda una década, no lograron sentar las bases de un nuevo boom, como se vio con la caída en la profunda recesión de 1937-38. Pero, finalmente, como resultado de la larga crisis de los treinta, se llegó a la purga de los costes altos y de los medios de producción con beneficios bajos, lo que terminó por sentar las bases para unas tasas de beneficio altas. De manera que, a fines de los años treinta, podía decirse que la tasa potencial de beneficio era alta y que todo lo que se necesitaba era un estímulo de la demanda. Esa demanda, huelga decirlo, vino a proporcionarlas el enorme gasto armamentístico de la Segunda Guerra Mundial. Así pues, durante la guerra se obtuvieron tasas de beneficio altas, y esas tasas altas sentaron las bases necesarias para el ulterior boom postbélico. Pero yo creo que, aun si se hubieran ensayado, los déficits keynesianos no habrían podido funcionar en 1933, porque antes era necesario, por decirlo en términos marxianos, una crisis que saneara el sistema.
¿Cree que la actual crisis supondrá un desafío a la hegemonía de los EEUU? Teóricos del sistema-mundo como Immanuel Wallerstein, también entrevistados por Hankyoreh, sostienen que la hegemonía del imperialismo americano está en declive.
Ésta es una cuestión muy compleja. Tal vez ande yo muy errado, pero pienso que muchos de los que creen que ha habido un declive de la hegemonía estadounidense tienden a ver esa hegemonía en términos de poder geopolítico, y al final, como capacidad militar norteamericana. Desde este punto de vista, es principalmente el predominio estadounidense lo que produce el liderazgo americano, es el poder estadounidense sobre y contra otros países lo que mantiene a los EEUU en la cumbre. Yo no veo así la hegemonía estadounidense. Yo veo a las elites del mundo, especialmente a las del núcleo capitalista en el sentido lato de la palabra, muy satisfechas con esa hegemonía norteamericana, porque eso significa que son los EEUU quienes asumen el papel y el coste de policías del mundo. Eso vale también, en mi opinión, incluso para las elites de los países más pobres. ¿Cuál es el objetivo de los policías del mundo norteamericanos? No es atacar a otros países. Es, sobre todo, mantener el orden social a escala mundial, crear condiciones estables para la acumulación de capital global. Su principal propósito es erradicar cualquier desafío popular al capitalismo, proteger las relaciones de clase existentes. Durante la mayor parte del periodo de posguerra, hubo desafíos nacionalistas-estatistas, especialmente desde abajo, al libre albedrío del capital. Fueron, desde luego, sometidos por los EEUU con la fuerza más brutal, con las expresiones más descarnadas de la dominación estadounidense. Aunque dentro del núcleo lo que había hegemonía norteamericana, fuera de ese núcleo había dominación. Pero, con la caída de la Unión Soviética, la entrada de China y Vietnam en la vía capitalista y la derrota de los movimientos de liberación nacional en lugares como Sudáfrica y Centroamérica, la resistencia al capital en el mundo en vías de desarrollo fue, al menos temporalmente, debilitada. Así, actualmente, los gobiernos y elites no sólo de Europa occidental y oriental, Japón y Corea, sino también de Brasil, la India y China ─la mayoría de países que pueda usted nombrar─ prefieren el mantenimiento de la hegemonía estadounidense. La hegemonía norteamericana no caerá por el surgimiento de algún otro poder capaz de competir con ella por el dominio del mundo. China, más que nadie, prefiere la hegemonía americana. Los EEUU no planean atacar a China y, hasta la fecha, han mantenido su mercado completamente abierto a las exportaciones chinas. Con los EEUU en el papel de policías del mundo y asegurando un comercio y unos movimientos de capital cada vez más libres, China puede competir en términos de costes de producción en un campo en igualdad de condiciones, y eso es increíblemente beneficioso para China; mejor, imposible. ¿Puede seguir la hegemonía estadounidense con la actual crisis? Ésta es una pregunta harto más ardua. Pero creo que, en el primer caso, la respuesta es sí. Las elites del mundo quieren por encima de todo mantener el actual orden globalizado y los EEUU son la clave para ello. Nadie, entre las elites del mundo, intenta explotar la crisis y los enormes problemas económicos de los EEUU para desafiar a la hegemonía norteamericana. China sigue diciendo "no vamos a seguir pagando para que los EEUU sigan derrochando", en alusión a los actuales récords en déficits por cuenta corriente sufragados por China durante la pasada década y a los titánicos déficits presupuestarios que están generando actualmente los EEUU. Pero ¿cree usted que China cortará ahora con los EEUU? En absoluto. China todavía está vertiendo todo el dinero que puede en los EEUU para intentar que mantegan a flote su economía y poder ella mantener así su vía de desarrollo. Claro está que siempre es posible todo lo que se desea. La profundidad de la crisis china puede llegar a ser de tal calado, que ya no le permita financiar por más tiempo los déficits de los EEUU. O la política de la Reserva Federal de embarcarse en unos déficits cada vez mayores e ir imprimiendo moneda podría terminar llevando al hundimiento del dólar y provocando una verdadera catástrofe. Sea ello como fuere, los dados están echados. Si tales cosas llegaran a suceder, habría construir un nuevo orden. Pero en condiciones de crisis profunda sería extremadamente difícil, porque en circunstancias así, los EEUU, lo mismo que otros estados, podrían fácilmente deslizarse por la pendiente del proteccionismo, el nacionalismo o incluso de la guerra. Creo que en este momento las elites del mundo están todavía tratando de evitar esa deriva: no están preparadas para eso. Lo que quieren es mantener los mercados, el comercio, abiertos. Y ello porque han comprendido que la última vez que el estado recurrió al proteccionismo para resolver el problema fue durante la Gran Depresión, lo que no sirvió más que para empeorarla, porque  cuando algunos estados iniciaron políticas proteccionistas todo el mundo hizo lo propio y el mercado mundial se cerró. Luego, por supuesto, vino el militarismo y la guerra. En la actualidad, el cierre de los mercados mundiales sería evidentemente desastroso; por eso elites y gobiernos se afanan de consuno en impedir salidas proteccionistas, estatistas o militaristas. Pero la política no es sólo la expresión de lo que las elites quieren, y además, las elites son tornadizas, y lo que quieren puede cambiar de un día para otro. Por lo demás, las elites suelen estar divididas, y la política tiene autonomía. De manera que, por poner un ejemplo, difícilmente puede descartarse que, si la crisis se pone muy fea ─lo que llegados a este punto no sería una gran sorpresa─, asistamos al regreso de políticas derechistas de carácter proteccionista, militarista, xenófobo o nacionalista. Este tipo de políticas podría tener no sólo un amplio atractivo popular. Sectores crecientes del mundo empresarial podrían llegar a verla como la única salida, puesto que si ven a sus mercados hundirse y al sistema en depresión, pueden considerar necesaria la protección contra la competencia y subvenciones públicas a la demanda mediante el gasto militar. Ésta fue, huelga decirlo, la respuesta que prevaleció en gran parte de Europa y Japón durante la crisis del periodo de entreguerras. Tenemos ahora a una derecha apabullada por los fracasos de la administración Bush y por la crisis. Pero si la administración Obama no es capaz de impedir el hundimiento económico, podría volver fácilmente… sobre todo porque los demócratas no ofrecen la menor alternativa ideológica real.
Ha hablado de una crisis potencial en China. ¿Qué piensa del estado actual de la economía china?
Creo que la crisis china irá a peor, mucho peor de lo que la gente espera. Por dos razones esenciales. La primera es que la crisis norteamericana, y la crisis global más en general, es mucho más grave de lo que la gente esperaba, y en última instancia, la suerte de la economía china depende inextricablemente de la suerte de la economía estadounidense y de la de la economía global. No sólo porque China depende en gran medida de sus exportaciones al mercado estadounidense; también porque la mayor parte del resto del mundo depende a su vez  mucho de los EEUU, y eso incluye especialmente a Europa. Si no voy errado, Europa se ha convertido recientemente en el mayor mercado de las exportaciones chinas. Pero como la crisis originada en los EEUU ha llegado a Europa, el mercado europeo se contraerá también para los bienes chinos. De modo, pues, que la situación es para China mucho peor de lo que la gente esperaba, porque la crisis económica es mucho peor de lo que se esperaba. La segunda razón es ésta: el entusiasmo con el crecimiento realmente espectacular de la economía China ha llevado a mucha gente a ignorar el papel desempeñado por las burbujas en curso seguido por la economía china. China ha crecido básicamente con las exportaciones, y señaladamente, merced a un creciente excedente comercial con los EEUU. A causa de ese excedente, el gobierno chino ha tenido que tomar medidas políticas para mantener baja su moneda y competitiva su industria. Concretamente, ha comprado a gran escala activos denominados en dólares estadounidenses imprimiendo enormes cantidades de renminbi, la moneda china. Pero el resultado ha sido la inyección de enormes cantidades de dinero en la economía china, haciendo cada vez más fácil el crédito durante un largo periodo. Por un lado, las empresas y gobiernos locales han utilizado este crédito fácil para financiar inversiones en masa. Pero esto ha hecho cada vez mayor la sobrecapacidad. Por otro lado, han usado el crédito fácil para comprar tierras, casas, acciones y otros tipos de activos financieros. Pero eso ha contribuido a generar grandes burbujas de precios de activos, las cuales, lo mismo que en los EEUU, han contribuido a su vez a disparar préstamos y gastos. Cuando estallen las burbujas chinas, el calado de la sobrecapacidad se hará más evidente. El estallido de las burbujas chinas representará, también en gran parte del resto del mundo, un duro golpe para la demanda de consumo e inducirá una dañina crisis dañina. En suma: la crisis china puede llegar a ser una  cosa muy seria, y podría hacer que la crisis global tomara un rumbo todavía más grave.
Así, usted cree que la lógica capitalista de superproducción se da también en China.
Sí, como en Corea y en gran parte del Asia oriental a finales de los noventa. No es tan distinto. Lo único que no ha ocurrido todavía es el tipo de revaluación de la moneda que mató, que liquidó realmente a la expansión industrial coreana. El gobierno chino está haciendo todo por evitarlo.
Por lo tanto, no está usted de acuerdo con la definición de la sociedad china como "economía de mercado no capitalista".
No, en absoluto.
¿Cree usted, pues, que China es actualmente capitalista?
Creo que es totalmente capitalista. Acaso pudiera haberse dicho que China tenía un mercado no capitalista durante los ochenta, cuando experimentaba un impresionante crecimiento merced a las empresas urbanas y aldeanas. Eran de propiedad pública, de los gobiernos locales, pero operaban en el mercado. Esa forma económica puede decirse que iniciaba la transición al capitalismo. Así, tal vez hasta principios de los noventa, se mantuvo un tipo de sociedad de mercado no capitalista, especialmente porque había un gran sector industrial de propiedad y dirección del estado central. Pero a partir de entonces lo que ha habido es una transición al capitalismo que, a día de hoy, puede darse por completamente colmada.
¿Qué piensa de la dureza de la crisis económica coreana que se avecina? ¿Cree que podría ser más grave que la crisis del FMI de 1997-98? Para hacer frente a la crisis venidera, el gobierno de Lee Myung-bak está resucitando ahora la inversión para construir enormes infraestructuras sociales al estilo de Park Cheng-Hee, especialmente el "Gran Canal" de la península coreana, al tiempo que copia las políticas de crecimiento verde de Obama. Sin embargo, el gobierno de Lee Myung-bak intenta todavía mantener las políticas de desregulación neoliberal del período que siguió a la crisis de 1997, especialmente mediante el Acuerdo de Libre Comercio entre los EEUU y Corea. Podría llamársele propuesta híbrida, ya que combina lo que parece un anacrónico retorno al método de desarrollo dirigido por el estado al estilo de Park Cheng-Hee con el neoliberalismo contemporáneo. ¿Servirá para combatir o paliar la crisis que se avecina?
Lo dudo mucho. No necesariamente porque represente una vuelta al capitalismo organizado por el estado, al estilo de Park, ni porque abrace el neoliberalismo. Es porque, cualquiera que sea su forma interna, sigue dependiendo de la globalización en un momento en que la crisis global está produciendo una extraordinaria contracción del mercado mundial. Hablando de China daba yo hace un rato por probable que se encuentre con un grave problema. Pero China tiene salarios bajos y un mercado interno potencial enorme, de manera que con el tiempo es concebible que pueda tener una posición mejor que Corea para afrontar la crisis, aunque tampoco estoy totalmente seguro de eso. Descuento, en cambio, como seguro que Corea se verá duramente golpeada por la  crisis. Ya le ocurrió en 1997-98, pero le salvaron la burbuja del mercado de valores estadounidense y el consiguiente crecimiento del préstamo, el gasto y las importaciones norteamericanos. Pero cuando reventó la burbuja del mercado de valores estadounidense en 2000-02, Corea cayó en lo que se antojaba como una crisis aún más grave que la de 1997-98. Hete aquí, sin embargo, la burbuja inmobiliaria estadounidense vino recientemente al rescate de Corea. Pero ahora ha reventado esa burbuja, la segunda burbuja estadounidense, y no hay una tercera para sacar a Corea de la crisis. No es necesariamente porque Corea lo esté haciendo mal. Es que no creo que haya en parte alguna del mundo una vía de salida fácil para nadie que se haya convertido en parte de un sistema capitalista verdaderamente global e interdependiente.
Así, está diciendo que el entorno externo está mucho peor que nunca antes.
Ésa es la idea principal.
¿Cuáles son, pues, las tareas más urgentes de los progresistas en Corea? Los coreanos progresistas son muy críticos con Lee Myung-bak. Suelen apoyar el estado del bienestar y la redistribución de la renta como alternativa al proyecto de Lee de invertir en la construcción del Canal, con grandes costes sociales. Ésta es la cuestión más caliente en la sociedad coreana de hoy. Los progresistas coreanos señalan que, a pesar de que Lee Myung-bak hable de crecimiento verde, su proyecto de construcción destruiría ecosistemas enteros. ¿Está de acuerdo con ellos?
Evidentemente, hay que oponerse a esos proyectos, ecológicamente desastrosos.
¿Cree que, en plena crisis económica, la construcción de un estado del bienestar como el de Suecia sería una estrategia razonable para los progresistas coreanos?
Creo que lo más importante para los progresistas coreanos es el refuerzo de las organizaciones del movimiento obrero. Sólo reconstruyendo el movimiento obrero coreano puede la izquierda construir el poder que necesita para obtener cualquiera de sus reivindicaciones. La única manera de que el pueblo trabajador pueda realmente desarrollar su poder es mediante la construcción de nuevas organizaciones en el transcurso de la lucha, y solo mediante la lucha puede lograr el advenimiento de políticas progresistas o la definición de lo que debería ser una política progresista en este momento. Creo que la mejor manera de forjar una respuesta política de izquierda actualmente es contribuir a que la gente más afectada se organice y logre poder para definir colectivamente sus intereses. De modo que, más que intentar resolver ahora, de modo tecnocrático, desde arriba, la cuestión de cuál sea la mejor respuesta, la clave para la izquierda es catalizar la reconstitución del poder del pueblo trabajador. Obviamente, el movimiento obrero coreano se ha visto debilitado desde la crisis de 1997-98. Como mínimo, la prioridad para los progresistas debería se plantearse qué hacer para mejorar el contexto de la organización de la fuerza de trabajo, qué hacer, precisamente ahora, para reforzar los sindicatos. Sin una reactivación del poder de la clase obrera, la izquierda no tardará en descubrir que la mayor parte de cuestiones de políticas públicas se convierten en materia de pura especulación académica. Quiero decir que si la izquierda tiene que influir en las políticas públicas, ha de haber un cambio, un gran cambio, en la correlación de fuerzas de clase.
¿Espera usted que los recientes fracasos del neoliberalismo abran puertas a los progresistas de todo el mundo?
El fracaso del neoliberalismo ofrece, desde luego, importantes oportunidades que no teníamos antes. El neoliberalismo nunca resultó atractivo para buena parte de la población. El pueblo trabajador jamás se ha identificado con mercados libres, finanzas libres y todo eso. Pero creo que la mayor parte de la población se había convencido de que era la única opción, de que no había alternativa. Pero ahora la crisis ha revelado la bancarrota total del modelo neoliberal de organización económica, y puede vislumbrarse el cambio. Se ha manifestado eso con vigor en  la oposición del pueblo trabajador americano a los rescates de los bancos y del sector financiero. Dicen, sobre poco más o menos:  "nos han contado que salvar las instituciones financieras, los mercados financieros, es la clave para restablecer la economía, la prosperidad. Pero no nos lo creemos. No queremos que ni un centavo más de nuestro dinero vaya a aquellos que no hacen más que robarnos". De modo que hay un gran vacío ideológico y se ha abierto un importante flanco para la penetración de ideas de izquierda. El problema es que hay muy poca organización del pueblo trabajador; está solo, carece de expresión política. Así que puede decirse que hay grandes oportunidades creadas por el contexto político o por el clima ideológico, pero que eso, por sí mismo, no proporcionará soluciones progresistas. De modo que, nuevamente, la máxima prioridad para los progresistas ─para cualquier activista de izquierda─, allí donde deberían ser más activos, es en el intento de reavivar las organizaciones del pueblo trabajador. Sin resucitar el poder de la clase obrera, poco progreso podrá hacerse, y el único modo de revivir ese poder es la movilización para la acción directa. Sólo mediante la acción, colectiva y masiva, del pueblo trabajador se podrá crear la organización y acumular la energía necesaria para proporcionar la base social para una transformación, por así decirlo, de su propia conciencia, para la radicalización política.
Robert Brenner, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO, es director del Center for Social Theory and Comparative History en la Universidad de California-Los Ángeles. Es autor de The Boom and the Bubble (Verso, Londres, 2002), un libro imprescindible para entender la historia económica del último medio siglo, el origen de la llamada "globalización"  y la situación presente. (Hay una excelente versión castellana de Juan Mari Madariaga: La expansión económica y la burbuja bursátil, Akal, Madrid, 2003).
Traducción para www.sinpermiso.info: Daniel Escribano





viernes, febrero 28, 2014

Es impresionante lo refrescante que es leer hoy el Manifiesto Comunista

 | 9 enero, 2014 | Comentarios (2)

Número 6, diciembre 2013.
En esta entrevista con el geógrafo marxista David Harvey, hacemos un recorrido por algunas de sus principales obras, que ponen en el centro de la escena la reflexión sobre los efectos de la acumulación capitalista.
IdZ: En Los límites del capitalismo y la teoría económica marxista comenzás analizando el método de Marx y señalás que los tres conceptos clave de la teoría de Marx: valor de uso, valor de cambio y valor, deben ser comprendidos en sus relaciones, enfatizando la noción de “pares relacionales”. ¿Por qué creés que esto es muy importante para leer El Capital? ¿Y cuáles son los problemas de otras interpretaciones que subestiman esta dimensión relacional?
Una de las cosas que he encontrado tanto en los críticos de Marx como entre algunos marxistas, es lo que llamaría una lectura “muy determinista”, un tipo de lectura muy “causal”. Por ejemplo, existe la idea de que Marx era un determinista tecnológico, y que para él el desarrollo tecnológico determina ideas, dicta todo. Yo no acuerdo con eso para nada. Creo –por ejemplo– que la tecnología ha jugado un rol muy importante en el desarrollo del capitalismo, pero al mismo tiempo da nuevas ideas, hacia nuevas formas de vida. Una de las cosas que enfaticé, y que va más allá de lo que usted me pregunta, es que Marx analiza cómo la tecnología revela la relación que tenemos con la naturaleza, y al mismo tiempo da a conocer los medios por los cuales reproducimos la vida social, las relaciones sociales y las concepciones mentales que se encuentran atrapadas en sus asociaciones.
Cuando uno ve los procesos de cambio social, por ejemplo el largo capítulo XIII de El Capital, “Maquinaria y gran industria”, lo que puede ver es que en cierto punto de la argumentación Marx dice que para que esta transformación se produjera, nuestra concepción mental del mundo debe cambiar dramáticamente, debe ser más científica, mucho más basada en la tecnología. Esto es un cambio en
concepciones mentales. Pero también debía cambiar el sistema de producción, y el proceso de trabajo ya no debía estar sujeto al “misterio” y al hecho de que el artesano fuera la única persona que comprende, que disecciona el proceso, entiende las piezas y las ubica de diferente forma, y ve el mundo de una forma diferente, con la ayuda de nueva tecnología como microscopios, telescopios, etc. Y finalmente Marx señala que con la llegada de nuevas máquinas en distintas industrias, eso impone la necesidad de que las máquinas sean construidas por otras industrias. Entonces, lo que dice Marx es que la transición desde el feudalismo hacia el capitalismo no fue conducida por ninguno de estos elementos tomado en sí mismo, sino que fue el resultado de una “coevolución” de todos estos elementos, en relación unos con otros, interactuando entre sí.
Lo que llamo lectura relacional y dialéctica de Marx habla sobre cómo entender este mundo, para no sugerir ya que hay una causa principal. Si uno toma estos elementos que planteamos encuentra que hay visiones deterministas del mundo que apuntan a uno de ellos. Por empezar el determinismo tecnológico. También hay un resurgimiento de un determinismo natural, medioambiental, que dice que la naturaleza determina todo, la tecnología determina todo, o las relaciones sociales determinan todo. La visión marxista es de que todos estos elementos están siempre en relación entre sí, y algunas veces uno toma la ventaja, a veces nuevas ideas toman la delantera, algunas veces aparecen nuevas tecnologías como computadoras y vemos cómo las computadoras cambian nuestra vida social. Entonces, considerando por ejemplo cómo son vividas nuestras vidas hoy que tenemos teléfonos móviles, ha cambiado las relaciones sociales, pero no las ha determinado.
Mi lectura dialéctica/relacional de Marx implica estar abierto a todas aquellas posibilidades, y del mismo modo en que Marx pensaba en la transición entre feudalismo y capitalismo como una coevolución de todos estos elementos, tenemos que pensar en esos mismos términos la transición del capitalismo hacia el socialismo. Y tenemos que preguntarnos qué es lo que se relaciona, cuáles son las nuevas tecnologías, cuáles las relaciones sociales, qué tipo de concepción mental, qué tipo de vida cotidiana, qué tipo de relaciones sociales, qué tipo de proceso de producción. Esas son las preguntas que debemos hacernos constantemente sobre el proceso de transición del capitalismo hacia el socialismo.

IdZ: En La condición de la posmodernidad realizás un estudio que explica las condiciones materiales que dieron lugar al surgimiento del posmodernismo. Luego de dos décadas, ¿cuál creés que es el estado actual de las ideas posmodernas?
Antes que nada, mi posición con respecto al posmodernismo fue no rechazarlo totalmente. Opino que se estaban diciendo unas cosas muy importantes, pero había todo un ala del posmodernismo y el posestructuralismo que fue, francamente, antimarxista. No veía por qué el posmodernismo tenía que tomar una posición antimarxista. Entonces, mi misión al escribir La condición de la posmodernidad fue hacer un análisis marxista del posmodernismo y decir: “Mirá, puedo entender lo que estás haciendo en términos marxistas. Estás articulando algunas demandas de los nuevos movimientos sociales alrededor de la raza, el género, el medio ambiente y lo demás”. Cuestiones que en mi opinión son muy importantes y que han sido subdesarrolladas, para decirlo de alguna manera, por la tradición marxista. Y si la tradición marxista apunta a ser una tradición viva, necesita encontrar la forma de encararlas.
A mí siempre me había parecido poco sofisticada y en algunos casos despectiva la forma en que la tradición marxista había tratado temas como el espacio, el tiempo, la geografía y el medio ambiente. Por ejemplo, en mis primeros años, la mayoría de los marxistas convencionales no se molestaba en leer lo que escribía, ¡porque era geógrafo y porque insistía en hablar sobre la geografía! Yo decía: “Como materialista, ¿cómo podés actuar como si no existiera la geografía? ¡Qué loco! ¿Quién puede decir que la urbanización no es importante?”. Pero no había mucho escrito dentro de la tradición marxista sobre urbanización. Cuando empecé a escribir sobre el tema a principios de los ‘70 estaba Henri Lefebvre, [Manuel] Castells, yo, y algunos otros que trabajaban alrededor de la Revista Internacional de Estudios Regionales y Urbanos [IJURR]. Pero la mayoría de los marxistas conocidos no escuchaba y no quería saber nada. Yo siempre había tomado el aspecto geográfico y espacial como algo muy serio, y pensaba que había una gran ausencia dentro de la tradición marxista. Por lo que me causó mucha gracia que los posmodernistas intentaran usar el concepto del espacio y la geografía para tratar, de alguna forma, de atacar al marxismo, mientras que yo había estado discutiendo dentro del marxismo sobre estas cuestiones.
Luego los posmodernistas empezaron a usar a mis escritos para atacar al marxismo de Marx, y creo que los hice enojar mucho al decir que todavía soy marxista, pero que es cierto que hay que tomar en serio estas cuestiones. Creo que salieron algunas cosas buenas del giro posmoderno-posestructuralista, pero lo que me desagrada intensamente es la forma en que descarta la tradición “macro”. También el hecho de que la única forma en que pudieran responder a lo que yo y otros estábamos haciendo fue decir que la economía política no importa, que todo es cultural. Muchos geógrafos en Gran Bretaña decían que la economía política no importaba, y ahora parecen idiotas porque, como podemos ver, la economía política importa muchísimo y es necesaria. Es lo que yo calificaría como el lado más tonto del posmodernismo-posestructuralismo.

IdZ: Vos distinguís la acumulación a través de la explotación de otro modo de desenvolvimiento del capital, que definís como acumulación a través de la desposesión. ¿Podrías sintetizar lo específico de este último concepto y la relación entre ambas?
En un sentido ambas son “desposesiones”, ya que el trabajador es desposeído del valor entero del producto, pero en la historia del pensamiento esta es comúnmente definida como “explotación”. Creo que a la par de esta existe un comportamiento predatorio en el que los bienes de las personas les son quitados, y estos bienes pueden ser tradicionales, o pueden ser los bienes de unos capitalistas que son apropiados por otros más poderosos: en los Estados Unidos –por ejemplo– hay una larga tradición de las granjas familiares que está desapareciendo, en gran parte a través de los mecanismos del sistema crediticio, para darle lugar al agrobusiness, y debido a esto se ve una tensión constante en el campo. Pasa también aquí [en la Argentina] que a la gente a la cual le resulta muy difícil ganarse la vida con una pequeña propiedad de una hectárea, y esto significa que en un momento u otro, probablemente serán desposeídos de su medio de ganarse la vida. En EE.UU. con la crisis, hemos visto que con grandes bancarrotas corporativas como General Motors y Chrysler, mucha gente que tenía buenas jubilaciones, de repente ve cómo les son quitadas. Otro ejemplo de desposesión es la “gentrificación” de los barrios, que expulsa a la gente de los lugares donde vive mediante cambios en los impuestos y en toda la forma de vida.
Entonces, creo que está ocurriendo un proceso de desposesión que no solo se trata de la acumulación primitiva, en el sentido de derrocar a viejos sistemas, sino también en el sentido de quitar derechos que se han conquistado a través de la lucha de clases; de hecho, si uno mira los últimos 30 años del proceso neoliberal, ve mucha acumulación a través de la desposesión. Por ejemplo, en Gran Bretaña, cuando estaba creciendo, mi educación era gratis, no pagaba nada, hice un doctorado, todo fue pagado por el Estado. La educación gratis era un principio socialista muy importante. Ahora ha desaparecido, y la gente tiene que pagar. En mi propia universidad, una de las respuestas a la crisis de presupuesto, pues están en crisis los presupuestos de la ciudad y el Estado por el colapso financiero, es subir el arancel a unos 600 dólares por año. Esto, me parece a mí, es una desposesión del derecho a una educación decente. La gente tiene menos dinero y entonces, ¿qué hacés? ¡Les cobrás más! Esto es una forma de extraerle más excedente a la población. Entonces creo que la acumulación mediante la desposesión es una parte muy importante de nuestra crítica del capitalismo, y hay que consolidar esta parte de nuestras críticas, mientras –por supuesto– continuamos sosteniendo la necesidad de organizarnos contra la explotación en el propio proceso de trabajo. Creo, por lo tanto, que estas dos formas de explotación operan juntas, y es muy importante mantenerlas una al lado de la otra como parte del programa político.

IdZ: En muchas oportunidades hiciste hincapié en la dimensión urbana de la lucha de clases. ¿De qué manera opinas que se combinan la lucha en el lugar de trabajo y la lucha en la ciudad?
Este es un problema muy difícil y es uno que creo que la organización política necesita tratar. No tengo ninguna fórmula mágica. Ha habido una tendencia, por ejemplo, en especial en Europa, a que los sindicatos sean hostiles al “movimiento de los movimientos” tipo foros sociales, y a que estos respondan de la misma manera. Creo que los sindicatos tienen mucho trabajo que hacer, para reformarse e integrarse a un movimiento político mucho más amplio, y entonces creo que hay muchas dificultades: el sindicalismo varía mucho según el país y la realidad política del movimiento, pero creo que estamos ante una coyuntura ahora en que puede ser más viable esta reforma.
Por otro lado, toda la cuestión de los trabajadores y la ciudad, supone que los trabajadores están en las fábricas y la gente está en las ciudades, cuando en realidad los trabajadores viven en las ciudades. Hay una política del lugar de trabajo y una política del hogar, que pueden ser más fácilmente combinadas si empezamos a pensar de una forma más política sobre cómo se crea una ciudad, quién trabaja en la ciudad, cómo funciona, y por lo tanto empezamos a pensar en los trabajadores de mantenimiento, los recolectores de basura, los trabajadores telefónicos, y que estos también son trabajadores, y que una enorme cantidad de gente está empleada en el mantenimiento de la misma ciudad y la reproducción del medio ambiente urbano. Creo que la organización de estos trabajadores alrededor de un nuevo concepto de urbanización es algo que puede desbordar también al sentido más tradicional de organización de la gente que trabaja en fábricas o talleres.

IdZ: Hace unos años escribiste un prefacio para una nueva edición del Manifiesto Comunista. ¿Cuál es para vos la relevancia actual de esta obra?
Aún vivimos bajo el capitalismo. Lo que es asombroso es que Marx y Engels, armados con la crítica de una economía política principalmente británica, conociendo de primera mano por Engels lo que estaba sucediendo en Manchester, en cierto sentido hacen la pregunta sobre cómo sería si todo el mundo –en todos lados– fuera como en Manchester. Era una muy buena pregunta porque en ese momento el capitalismo estaba esencialmente confinado a la ciudad de Manchester y a otros pocos lugares, y ahora por supuesto vas al poderoso delta de Shanghai en China, cualquiera encuentra lo que estaba pasando en Manchester en los años 1840. Y la crítica de parte del mundo basada en esa pequeña parte del mismo. Y tantos aspectos de esa crítica aún están con nosotros: la alienación, el impulso a crear el mercado mundial… por lo que leer el Manifiesto es como leer una buena síntesis de lo que está ocurriendo en el mundo, salvo que ya no es en Manchester, sino lo que está pasando en China, lo que está sucediendo en India, en Sudáfrica, en Brasil, y lo que sucede aquí [en Argentina, NT]. Ellos adoptaron el punto de vista de que el capitalismo estaba destinado a globalizarse y por supuesto que lo ha hecho. Por lo que hay muchos aspectos que se acercan mucho a lo que nos encontramos hoy.
Pero también hay –por supuesto– aspectos que eran especiales de este período: su compromiso con los pensadores utópicos en Francia en los años 1830 y 1840; algunos argumentos peculiares sobre cuestiones de agenda del orden del día que son muy de su tiempo, que mencionaban en el prefacio que escribieron en la edición de 1872, que cambiarían. Es impresionante, leyéndolo, lo refrescante que es leer esta hermosa pieza de literatura, pequeña pieza de literatura, es que es como “¡Bang, de esto se trata la naturaleza del capitalismo!”. Y es muy excitante releerla hoy, particularmente como la estaba leyendo yo al comienzo de este colapso del sistema financiero y estando el capitalismo claramente en un gran problema, algo muy problemático e interesante era contrastar las diversas ediciones luego del 150 aniversario, en 1998, cuando el capitalismo estaba triunfante, cómo se tomaba el Manifiesto hace sólo diez años, y cómo se toma ahora cuando el capitalismo ya no es más triunfante en ningún lado.

Entrevista: Pablo Anino
Traducción: Juan Duarte
***
David Harvey
Graduado como geógrafo, se acercó al marxismo en los años ‘70, bajo la influencia del clima ideológico de una década convulsionada. Retomando el camino iniciado por Henri Lefebvre, sus trabajos realizaron un aporte fundamental en la comprensión de la dimensión espacial de la acumulación capitalista estimulando otros desarrollos posteriores. Los límites del capitalismo y la teoría económica marxistapropone originales desarrollos de la obra de Marx. La condición de la posmodernidad es una de las obras fundamentales para una crítica marxista del posmodernismo. Entre otros importantes trabajos se cuentan París, la capital de la modernidad, El enigma del capital y las crisis del capitalismo y Ciudades rebeldes. Es catedrático de Antropología y Geografía en la City University of New York (CUNY) y Miliband Fellow de la London School of Economics.
CategoryEconomíaPolíticaTeoría

domingo, enero 06, 2013

Muere gran historiadora feminista Gerda Lerner, sin duda una gran perdida para la historiografía social mundial

Lerner, historiadora del feminismo, muere a los 92

 
 

En esta fotografía de 2001, Gerda Lerner, fundadora del programa de posgrado sobre la historia de las mujeres en la Universidad de Wisconsin en Madison, posa con una imagen de su autobiografía, Fireweed (adelfilla). Lerner, pionera en el campo de la historia del feminismo, falleció en Madison el miércoles 2 de enero de 2013 en una instalación de apoyo a ancianos, informó su hijo Dan Lerner. Tenía 92 años.
En esta fotografía de 2001, Gerda Lerner, fundadora del programa de posgrado sobre la historia de las mujeres en la Universidad de Wisconsin en Madison, posa con una imagen de su autobiografía, Fireweed (adelfilla). Lerner, pionera en el campo de la historia del feminismo, falleció en Madison el miércoles 2 de enero de 2013 en una instalación de apoyo a ancianos, informó su hijo Dan Lerner. Tenía 92 años.
Wisconsin State Journal, Sarah B. Tews / Foto AP

Associated Press

Gerda Lerner, precursora en el campo de la historia de las mujeres y una de las fundadoras de la Organización Nacional para las Mujeres, falleció en el estado de Wisconsin, informó su hijo el jueves. Tenía 92 años.
Lerner, reconocida por fundar el primer programa de estudios de posgrado en Estados Unidos sobre historia de las mujeres, murió en paz el miércoles en la noche en una instalación de apoyo a ancianos en la ciudad de Madison, dijo Dan Lerner a The Associated Press. Aparentemente la causa del fallecimiento fue su avanzada edad.
"Siempre fue una mujer de voluntad muy firme y convicciones férreas", recordó. "Creo que esas son las características distintivas de las grandes personas, la gente que tiene puntos de vista sólidos y convicciones que sostiene con firmeza".
Nació en 1920 en una familia judía privilegiada en Viena, Austria. Cuando los nazis llegaron al poder, fue detenida y cumplió 18 años en una celda con otras dos jóvenes que habían sido arrestadas por su quehacer político. Los carceleros restringían las raciones de comida a los judíos, pero sus compañeras le compartían de su alimento.
"Me enseñaron cómo sobrevivir", escribió Lerner en su autobiografía titulada "Fireweed: a Political Autobiography" ("Adelfilla: una autobiografía política"), en referencia a la flor aldefilla que nace principalmente en suelos quemados por incendios forestales. "Todo lo que necesité para salir adelante el resto de mi vida lo aprendí en prisión en esas seis semanas".
Dijo que la experiencia le enseñó la manera en que la sociedad puede manipular a la gente. Fue una lección que vio reforzada en el ámbito académico estadounidense por los profesores de historia que enseñaban como si las únicas figuras dignas de estudio fueran los varones.
"Cuando me di cuenta de que la mitad de la población no tiene historia, y me decían que eso era normal, pude resistir la presión" para que aceptara esa conclusión, relató en 2002 a la Wisconsin Academic Review.
Entonces se apasionó con el tema de la igualdad de género. Cuando era profesora en la universidad Sarah Lawrence en Bronxville, Nueva York, fundó un programa de estudios sobre las mujeres que comprendía el primer programa de posgrado en Estados Unidos sobre la historia de su género.
Más tarde se mudó a Madison, donde contribuyó a crear un programa de doctorado en la historia de las mujeres en la Universidad de Wisconsin.
Lerner escribió varios libros de texto sobre esa historia, incluida una de las primeras obras que documentó las luchas y contribuciones de las negras en Estados Unidos.
En 1941 se casó con el respetado editor de películas Carl Lerner. También tuvo una hija, Stephanie.
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La investigadora de The Associated Press Barbara Sambriski en Nueva York contribuyó en la información.
Dinesh Ramde está en internet como: dramde(at)ap.org.

Read more here: http://www.elnuevoherald.com/2013/01/04/1376883/lerner-historiadora-del-feminismo.html#storylink=cpy

domingo, agosto 21, 2011

La utilización de la Historia y la Guerra contra el Terrorismo una visión de Howard Zinn


Howard Zinn (nacido el 24 de agosto de 1922) es un historiador social estadounidense, politólogo y anarquista. Sus planteamientos incorporan ideas procedentes del marxismo, el anarquismo y el socialismo. Desde la década de 1960, ha sido una figura importante en la defensa de los derechos civiles y el movimiento antibélico en los Estados Unidos [1]. Es el autor de más de 20 libros, incluyendo A People's History of the United States (editada en español como La otra historia de los Estados Unidos [2]) y Declarations of Independence. [Wikipedia]
Howard Zinn es uno de los historiadores más celebrados de USA. Su obra clásica: "A People's History of the United States" cambió la forma como vemos la historia en USA. Publicado por primero vez hace un cuarto de siglo, el libro ha vendido más de un millón de ejemplares y es un fenómeno en el mundo editorial – vende más copias con cada año que pasa.

Después de servir como cabo artillero en un bombardero en la Segunda Guerra Mundial, Howard Zinn se convirtió en disidente y activista por la paz de toda la vida. Participó activamente en el movimiento por los derechos civiles y en muchas de las luchas por la justicia social durante los últimos 40 años. Enseñó en Spelman College, la histórica universidad negra para mujeres, y fue despedido por insubordinación por defender a las estudiantes. Recientemente lo invitaron para que volviera a dar el discurso de bienvenida. Howard Zinn ha escrito numerosos libros y es profesor emérito en la Universidad de Boston. Recientemente habló en Madison, Wisconsin al recibir el Premio por una Vida de Contribución a la Erudición Crítica del Haven Center. Presentamos su conferencia: "La utilización de la historia y la Guerra contra el Terrorismo." (2006, trascripción directa).
HOWARD ZINN: Madison es un sitio muy especial. Siempre tengo un sentimiento especial cuando vengo. Siento que estoy en un país diferente. Y me alegro, sabéis. Hay gente a la que le disgusta la política de USA y se van a vivir en otro país. No. Vengan a Madison.
Ahora bien, se supone que diga algo. Estoy contento de que estéis aquí, quienesquiera seáis, y esta luz brilla en mis ojos para despertarme.

Bueno, ¿tenéis a veces la impresión de que vivís en un país ocupado? Es un sentimiento que tengo a menudo cuando me despierto por la mañana. Pienso: "Vivo en un país ocupado. Un pequeño grupo de extraños se han apoderado del país y tratan de hacer de él lo que les da la gana, sabéis, y lo hacen realmente." Quiero decir, para mí son extraños. Quiero decir, esa gente que cruza la frontera desde México, no me son extraños. Sabéis, los musulmanes que vienen a vivir a este país, no me son extraños. Esas manifestaciones, esas maravillosas manifestaciones que hemos visto hace tan poco a favor de los derechos de los inmigrantes, digamos, y habéis visto esos letreros que dicen: "Ningún ser humano me es extraño." Y pienso que es verdad. Con la excepción de esa gente en Washington.
Se han apoderado del país. Se han apoderado de la política. Nos han llevado a dos guerras desastrosas, desastrosas para nuestro país y aún más desastrosas para la gente en Oriente Próximo. Y se han tragado la riqueza de este país y se la han dado a los ricos, y se la han dado a las multinacionales, se la han dado a Halliburton, se la han dado a los fabricantes de armas. Están arruinado el medio ambiente. Y tienen 10.000 armas nucleares, mientras quieren que nos preocupemos por el hecho de que Irán podría, en diez años, obtener un arma nuclear. Ya veis, realmente, ¿hasta dónde puede llegar la locura?
Y la pregunta es: ¿cómo es posible que se haya permitido que esto suceda? ¿Cómo se han salido con la suya? No siguen la voluntad del pueblo, quiero decir, fabricaron una voluntad del pueblo por un breve tiempo inmediatamente después de iniciar la guerra, como lo pueden hacer los gobiernos inmediatamente después de comenzar un conflicto armado, a fin de poder crear una atmósfera de histeria bélica. Y así, por poco tiempo, cautivaron las mentes del pueblo USamericano. Ya no es así. El pueblo USamericano ha comenzado a comprender lo que sucede y se ha vuelto contra la política de Washington, pero desde luego siguen allí. Siguen en el poder. La pregunta es: ¿cómo se las arreglaron para hacerlo?

Por lo tanto, al tratar de responder a esa pregunta, miré un poco en la historia de Alemania nazi. No, no es que seamos Alemania nazi, pero se pueden extraer lecciones de todos y de la historia de cualquiera. En este caso, me interesaron las ideas de Hermann Göring, quien, como tal vez sepáis, fue el segundo al mando bajo Hitler, jefe de la Luftwaffe [fuerza aérea]. Y al terminar la Segunda Guerra Mundial, cuando los líderes nazis fueron enjuiciados en Nuremberg, Hermann Göring estuvo en la cárcel junto con los otros dirigentes del régimen nazi. Y fue visitado en la prisión por un psicólogo que tenía la tarea de entrevistar a los acusados en Nuremberg.

Y ese psicólogo tomó notas y, en los hechos, un par de años después de la guerra, escribió un libro intitulado "Diario de Nuremberg," en el que registró – puso sus notas en ese libro, y registró su conversación con Hermann Göring. Y preguntó a Göring: ¿cómo fue posible que Hitler, que los nazis pudieran hacer que el pueblo alemán aceptara políticas de guerras y agresión tan absurdas y ruinosas? Y tengo aquí esas notas. Siempre decimos: "Tenemos esas cosas sólo, sabéis, por casualidad."

Y Göring dijo: "¡Vaya! Por cierto, la gente no quiere guerra. ¿Por qué algún pobre diablo iba a querer arriesgar su vida en una guerra? Pero, después de todo, los que determinan la política son los dirigentes del país. Siempre se puede llevar a la gente a seguir las órdenes de los dirigentes. Basta con decirle que está siendo atacada y con denunciar a los pacifistas por falta de patriotismo. Funciona igual en cualquier país."

Me interesó esa última línea: "Funciona igual en cualquier país." Quiero decir, aquí, esos son los nazis. Ese es el régimen fascista. Nosotros somos una democracia. Pero funciona del mismo modo en cualquier país, no importa cómo se llame. Si se llama Estado totalitario o se llama democracia, funciona del mismo modo, es decir, los dirigentes del país pueden engatusar, o coercer y seducir a la gente hacia la guerra, asustándola, diciéndole que está en peligro, y amenazándola y coaccionándola, que si no participa, será considerar antipatriótica. Y es lo que sucedió en realidad en este país después del 11-S. Y es lo que sucedió después de que Bush presentó el fantasma de las armas de destrucción masiva en Iraq y logró que el pueblo USamericano lo siguiera por un tiempo.

Pero la pregunta es, ¿cómo se salieron con la suya? ¿Y la prensa? ¿Y los medios? ¿No es tarea de la prensa, no es la tarea de los medios, no es la tarea del periodismo, sacar a la luz lo que hacen los gobiernos? ¿No aprenden los periodistas de I.F. Stone, quien dijo: "Recordad sólo dos palabras," dijo a los jóvenes que estudiaban periodismo. Dijo: "Recordad sólo dos palabras: los gobiernos mienten". Bueno, pero los medios no lo percibieron. Los medios han hecho el juego, y abrazaron la idea de las armas de destrucción masiva. Recordaréis cuando Colin Powell fue a Naciones Unidas, justo antes del inicio de la guerra de Iraq, y presentó a la ONU esa letanía de armamentos que Iraq poseía, según él, y dio grandes detalles sobre cuantos bidones de esto y cuántas toneladas de aquello, y así por el estilo. Y el día después, la prensa brilló en sus elogios. No realizó su trabajo de cuestionar. No hizo su trabajo de preguntar: "¿Dónde? ¿Cuál es su evidencia? ¿Dónde obtuvo esta información? ¿Con quién habló? ¿Cuáles son sus fuentes?"

¿No lo que uno aprende como novato en la universidad? "Oiga: ¿cuáles son sus fuentes? ¿Dónde están sus notas al pie?" No, no. No, no. Todo lo que hicieron – el Washington Post dijo: "Es difícil imaginar cómo hay quien pueda dudar de que Iraq posee armas de destrucción masiva." Y el New York Times, sabéis, estaba fuera de sí de admiración por Colin Powell. Desde luego, resultó que nada era verdad, resultó que todo era mentira. Pero la prensa no hizo su trabajo, y como resultado, el pueblo USamericano, mirando televisión, leyendo los periódicos, no tuvo una fuente alternativa de información, ninguna opinión alternativa, ningún análisis crítico alternativo sobre lo que estaba sucediendo.

Y la pregunta es: ¿por qué creyó, a pesar de todo, la gente lo que leyó en la prensa, y por qué creyó lo que vio en la televisión? Y yo argumentaría que tiene algo que ver con una pérdida de la historia, tiene algo que ver con, bueno, lo que Studs Terkel llamó la "amnesia nacional," sea el olvido de la historia o el aprendizaje de mala historia, el aprendizaje del tipo de historia que se recibe, de que Colón fue un héroe, y que Teddy Roosevelt es un héroe, y que Andrew Jackson es un héroe, y todos esos tipos que fueron presidentes y generales e industriales, y suma y sigue. Ellos son los grandes – son los que hicieron grande a USA, y USA siempre ha hecho cosas buenas en el mundo. Y hemos tenido nuestros problemitas, por cierto – como la esclavitud, por ejemplo, ya sabéis – pero los superamos, ya sabéis. No, no esa clase de historia.

Si el pueblo USamericano conociera realmente la historia, si aprendiera la historia, si las instituciones educacionales hicieran su trabajo, si la prensa hiciera su trabajo dando a la gente una perspectiva histórica, la gente comprendería. Cuando el presidente se pone ante el micrófono, dice que tenemos que ir a la guerra por esto o aquello, por la libertad o por la democracia, o porque estamos en peligro, y así sucesivamente, si la gente estuviera respaldada por algo de historia, sabría cuántas veces los presidentes han anunciado a la nación: tenemos que ir a la guerra por éste o aquel motivo. Sabrían que el presidente Polk dijo: "¡Oh!, tenemos que ir a la guerra contra México, porque, bueno, hubo un incidente allá en la frontera, y nuestro honor exige que vayamos a la guerra."

Sabría, si supiera algo de historia, cómo el presidente McKinley llevó a la nación a la guerra contra España y Cuba, diciendo: "¡Oh!, vamos a liberar a los cubanos del control español." Y en realidad, había un poco de verdad en eso: llegamos, luchamos contra España, sacamos a España de Cuba, los liberamos de España, pero no de nosotros. Y así, se fue España, y entró la United Fruit, y luego los bancos USamericanos y las corporaciones USamericanas.

Y si la gente conociera su historia, sabría, sabríais, que el presidente McKinley dijo
cuando – cuando el ejército de USA ya estaba en las Filipinas y la armada USamericana ya estaba en las Filipinas, y Theodore Roosevelt, uno de nuestros grandes héroes presidenciales, ansiaba la guerra, la gente sabría que McKinley, quien no sabía dónde estaban las Filipinas, pero a menudo los presidentes necesitan que los instruyan y les digan dónde está una cosa. Ya sabéis, George Bush: "Esto es Iraq es." Lyndon Johnson: "El golfo de Tonkin está aquí." Ya sabéis, lo necesitan.
Y el presidente – la gente sabría, si conociera la historia, lo que dijo el presidente McKinley: "Vamos a las Filipinas a civilizar y a cristianizar a los filipinos." Y si conociera su historia, si los libros de historia hablaran un poco de la guerra en las Filipinas a comienzos del Siglo XX, en lugar de, como lo hacen los libros de historia – pasan tanto tiempo hablando de la Guerra Hispano-USamericana, que duró tres meses – y no hablan casi nada de la guerra en las Filipinas, una guerra sangrienta que duró, ¡Oh!, siete años, e incluyó masacres y el exterminio de poblaciones. Esa historia no aparece. Ya sabéis, habíamos civilizado y cristianizado a los filipinos y establecido nuestro control.

La gente sabría, al escuchar al presidente diciendo: "Vamos a llevar la democracia a Oriente Próximo," sabría cuántas veces llevamos la democracia a otros países que invadimos. Sabría si llevamos la democracia a Chile, cuando derrocamos un gobierno democráticamente elegido en Chile en 1973. Sabría cómo llevamos la democracia a Guatemala cuando derrocamos, de nuevo, un gobierno democráticamente elegido, - ¡oh!, amamos las elecciones democráticas, adoramos las elecciones libres, excepto cuando van por el camino equivocado. Y entonces enviamos a nuestro ejército o a la CIA o a agentes secretos para derrocar al gobierno.

Si la gente conociera esa historia, nunca le creería un solo instante al presidente Bush, cuando dice, ¡oh!, vamos a Iraq, sabéis, por ése o aquel motivo y la libertad y la democracia, y son una amenaza. Quiero decir, requiere – sí, requiere una cierta comprensión histórica para ser escéptico sobre las cosas que las autoridades os dicen.

Cuando se sabe historia, se sabe que los gobiernos mienten, como dijo I.F. Stone. Los gobiernos mienten permanentemente. Bueno, no sólo el gobierno de USA. Es simplemente la naturaleza de los gobiernos. Bueno, tienen que mentir. Quiero decir, los gobiernos en general no representan a las sociedades que gobiernan. Ya que no representan al pueblo y ya que actúan contra los intereses del pueblo, la única manera como se mantienen en el poder es mintiendo al pueblo. Si le dijeran la verdad al pueblo, no durarían mucho tiempo. Así que la historia puede ayudar a comprender el engaño y a ser escéptico y a no apresurarse a apoyar cualquier cosa que te dice el gobierno.
Y si sabes algo de historia, tal vez comprenderás algo aún más elemental: que la cuestión de la mentira sobre esta guerra o de la mentira sobre esta invasión, la mentira sobre esta intervención, comprenderías una especie de hecho fundamental sobre la sociedad, e incluyo a nuestra sociedad: que los intereses del gobierno y los intereses del pueblo no son lo mismo. Es muy importante saberlo, porque la cultura trata trabajosamente de persuadirnos de que todos tenemos un interés común. Si utilizan el lenguaje "interés nacional" – no existe interés nacional. Es su interés y nuestro interés. La seguridad nacional - ¿la seguridad de quién? Defensa nacional: ¿defensa de quién? Todas esas palabras y frases son usadas para tratar de cercarnos con un lindo lazo inmenso, para que todos supongamos que los que dirigen nuestro país se preocupan de nuestros intereses. Es muy importante comprender que: no, no les preocupan nuestros intereses.
Escucharás a un muchacho que se va a Iraq. Recuerdo escuchar lo mismo de un muchacho que se fue a Vietnam. Y un periodista se acerca al muchacho y le dice: "Sabes, joven, te vas, ¿qué piensas y por qué lo haces?" Y el muchacho dice: "Lo hago por mi país." No, él no lo hace por su país. Y ahora, ella, tampoco lo hace por su país. La gente que parte a la guerra no combate por su país. No, no le hacen ningún bien a su país. No hacen ningún bien a sus familias. Ciertamente no le hacen ningún bien a la gente de allá. Pero no lo hacen por su país. Lo hacen por su gobierno. Lo hacen por Bush. Sería más exacto decir: "Me voy a combatir por George Bush. Me voy a combatir por Cheney. Me voy a combatir por Rumsfeld. Me voy a combatir por Halliburton." Sí, eso sería decir la verdad.

Y en realidad, saber la historia de este país es saber que hemos tenido conflictos de interés en este país desde el comienzo mismo entre la gente que tiene la autoridad y la gente de a pie. No fuimos una gran familia feliz, la que libró la Revolución USamericana contra Inglaterra. Recuerdo, ya sabéis, en la escuela, parecía como si fuera así: están los patriotas, y estamos todos nosotros, trabajando, luchando juntos en Valley Forge y Bunker Hill, etcétera, contra los casacas rojas y los británicos, etcétera. Y no fue para nada así. No fue un país unido.
Washington tuvo que enviar generales al sur para usar la violencia contra los jóvenes a fin de obligarlos a entrar al servicio militar. Los soldados en el ejército revolucionario se amotinaron contra Washington, contra los oficiales, porque había un conflicto de clases en el ejército, exactamente como había habido conflictos de clases en todas las colonias antes de la Guerra Revolucionaria. Bueno, todo el que conoce a los militares, cualquiera que haya estado en las fuerzas armadas, sabe que las fuerzas armadas constituyen una sociedad de clases. Existen los soldados rasos, y existen los oficiales. Y en la Guerra Revolucionaria los soldados rasos no recibían zapatos, y no recibían vestimentas y no recibían alimentos, y no se les pagaba. Y los oficiales lo pasaban bien, vivían en esplendor. Y por lo tanto, los soldados se amotinaron, miles de ellos.

No recuerdo que me hayan enseñado alguna vez eso cuando estudié historia en la escuela, porque el mito se derrumbaría: ¡oh!, somos todos una gran familia feliz. ¿Quieres decir, también los esclavos negros? ¿Quieres decir incluyendo a los americanos nativos, a los que arrebatábamos la tierra, kilómetro tras kilómetro tras kilómetro? ¿Somos todos una gran familia feliz? Las mujeres, que fueron excluidas de todo esto, fueron – no, es muy importante que se comprenda ese hecho fundamental: los que dirigen el país y nosotros, nuestros intereses no son los mismos.
Así que, sí, la historia sirve para eso, para comprender – comprender que somos una nación como otras naciones, para comprender que no somos, de nuevo, como nos enseñan desde temprana edad, que somos los más grandes, que somos número uno, que somos los mejores. Y eso – se llama excepcionalismo USamericano en las ciencias sociales. USA es una excepción a la regla de las naciones. Es decir, la regla general de las naciones es que son bastante malas. Pero USA, nuestro país, nosotros somos buenos. Hacemos el bien en el mundo.
No hace mucho, estuve en un programa de radio, entrevistado por – era algo como una emisora comercial normal. Me gusta que me entrevisten las emisoras comerciales normales, donde el tipo realmente no sabe a quién ha invitado. Y dice: "Profesor Zinn, ¿no cree que USA ha sido, en general, una fuerza por el bien del mundo?" No, no, no. ¿Por qué no me preguntan: "Piensa que el Imperio británico fue una fuerza por el bien en África, o los belgas fueron una fuerza por el bien en Congo, o los franceses fueron una fuerza por el bien en Indochina? ¿Piensa que USA fue una fuerza por el bien cuando envió a los Marines a Centroamérica una y otra vez?" – No.

Pero existe esa noción de que somos diferentes. Somos los grandes – quiero decir, seguro, hay cosas muy grandes respecto a USA, pero no es lo que hicimos a otros países, ni lo que hicimos a los negros, ni lo que hicimos a los americanos nativos, ni lo que hicimos a la gente trabajadora en este país que sufrió días de doce horas hasta que se organizó y se rebeló y se alzó. No, tenemos que ser honestos con nosotros mismos.
Es algo muy duro: ser honesto hablando de nosotros mismos. Quiero decir, pero, uno es educado y uno dice: "Juro fidelidad," ya sabéis etc., etc., "libertad y justicia para todos," "Dios bendiga a USA," ¿Por qué nosotros? ¿Por qué nos bendice Dios? Quiero decir, ¿por qué nos elige para su bendición? ¿Por qué no: "Dios bendiga a todos"? Si, por cierto, ya sabéis – pero somos educados – si hubiésemos sido educados para comprender nuestra historia, sabríamos que no, somos como las demás naciones, sólo más todavía, porque somos más grandes y tenemos más cañones y más bombas, y por lo tanto somos capaces de más violencia. Podemos hacer lo que otros imperios no pudieron hacer en una medida semejante. Ya sabéis, somos ricos. Bueno, no todos. Algunos de nosotros lo son, ¿veis? Pero, no, tenemos que ser honestos.
¿No se une la gente a Alcohólicos Anónimos para poder ponerse de pie y ser honestos con ellos mismos? Tal vez deberíamos tener una organización llamada Imperialistas Anónimos, sabéis, y que los dirigentes del país se paren ahí en la televisión nacional y digan: "Buena, ya es hora, – hora de decir la verdad." Sería – no espero que suceda, pero sería refrescante.

Y entonces, si conociéramos esta historia, comprenderíamos cuántas veces se ha utilizado el miedo como una manera de hacer que la gente actúe contra sus propios intereses, para estimular la histeria y hacer que la gente haga cosas terribles a otra gente porque ha sido atemorizada. ¿No fueron el miedo y la histeria lo que motivó a las turbas linchadoras en el Sur? ¿No crearon miedo a la gente negra, histeria sobre la gente negra, que condujo a la gente blanca a cometer algunas de las cosas más atroces que han sido cometidas en nuestra historia? ¿Y no es hoy en día – no es miedo, miedo a los musulmanes, no sólo a los terroristas, en general? Desde luego, miedo a los terroristas, especialmente miedo a los musulmanes, ¿veis? Una especie muy fea de sentimiento que se inculca al pueblo USamericano, y crea una especie de histeria, que luego los capacita para controlar a la población y los capacita para enviarnos a una guerra tras la otra y a amenazar, sabéis, con una guerra más.

Y si supiéramos algo de historia, sabríamos de la histeria que acompañó la Guerra Fría, la histeria sobre el comunismo. No es que el comunismo no haya existido, exactamente como el terrorismo existe, sí. No es que el comunismo – el comunismo existía, y había una Unión Soviética y reprimía a su propio pueblo, y controlaba a Europa Oriental, pero hubo una exageración enorme de la amenaza soviética hasta el punto en que – ¡oh!, no es sólo que estuvieran en Europa Oriental. Es que, van a invadir Europa Occidental.
A propósito, no existe evidencia de eso. Los analistas de la CIA que eran especialistas en la Unión Soviética, salieron de sus escondites en los últimos años y dijeron que nunca hubo evidencia alguna de que la Unión Soviética fuera a invadir Europa Occidental. Pero la OTAN fue creada contra eso. Contra eso, USA acumuló un enorme arsenal nuclear.

Los soviéticos, siempre atrasados respecto a USA. Inflaron a los soviéticos como una amenaza, pero después de todo, ¿quién fue el primer en tener la bomba atómica? ¿Quién tenía más bombas atómicas que nadie? ¿Y cuál fue el único país que realmente lanzó bombas atómicas sobre gente normal en dos ciudades en Japón? Y así, nosotros que usamos la bomba atómica, nosotros que acumulamos bombas atómicas, creamos una histeria sobre países que tratan desesperadamente de alcanzarnos. Por cierto, Irán nunca nos alcanzará, y Corea del Norte nunca nos alcanzará. La Unión Soviética trató de hacerlo. Pero al crear esa amenaza monstruosa, tomamos billones de dólares de la riqueza de este país y los gastamos en presupuestos militares.

Y la histeria sobre el comunismo llegó a un punto en el que – y no hablo sólo de escolares que se escondían bajo sus pupitres, sabéis, porque los soviéticos iban a lanzar una bomba atómica. No había evidencia de que los soviéticos fueran a lanzar una bomba atómica. A propósito, hay evidencia de que el estado mayor conjunto, la gente bien arriba en el gobierno USamericano, en varias, varias ocasiones propuso una guerra preventiva, lanzando armas atómicas contra la Unión Soviética. Pero creamos una amenaza tan apocalíptica, tan omnipresente, que los niños, sí, se ocultaban bajo sus pupitres, y también de manera que cualquier cosa que ocurría en cualquier parte del mundo que no fuera del gusto de USA se convertía en parte de la amenaza comunista mundial.

Y así, para enfrentar eso, podíamos ir a cualquier país en Latinoamérica que quisiéramos. Y porque era una amenaza comunista, enviábamos un ejército a Vietnam, y morían varios millones de personas, porque Vietnam se convirtió en el símbolo de la amenaza comunista en el mundo. Cuando uno piensa en lo absurdo que fue preocuparse de que Vietnam, ya dividido entre un Norte comunista y un Sur anticomunista, preocuparse de que: ahora la mitad de ese pequeñísimo país va a ser comunista, y precisamente al norte de Vietnam, mil millones de personas habían adoptado el comunismo. Es algo un poco extraño.

Pero, sabéis, el pensamiento insólito es posible cuando creas miedo e histeria. Y enfrentamos, naturalmente, esa situación en la actualidad con todo este asunto del terrorismo. Y si se sumaran todas las veces que han utilizado la palabra "terrorismo" y "terror" en discursos de George Bush y de su gabinete, es un mantra que han creado para amedrentar al pueblo USamericano.

Creo que se está desgastando. Pienso que existe un comienzo de un cierto reconocimiento, y eso lleva al hecho de que la opinión pública se ha vuelto contra la guerra. La gente ya no cree que estemos luchando en Iraq para liberarnos del terrorismo, sabéis, porque la evidencia ha llegado a ser tan abrumadora que incluso los medios dominantes han informado – ya sabéis, la Evaluación Nacional de Inteligencia [NIE, por sus siglas en inglés]. Y son las propias agencias de inteligencia del gobierno que dicen que la guerra en Iraq causó un crecimiento de los grupos terroristas, ha aumentado la militancia y el radicalismo entre los grupos islámicos en Oriente Próximo.

Pero el terrorismo ha suplantado al comunismo en un intento por hacer que la gente haga cosas contra sus propios intereses, que haga cosas que enviarán a sus propios jóvenes a la guerra, a hacer cosas que causan el agotamiento de la riqueza del país con fines de guerra y para el enriquecimiento de los súper ricos. Y no hay que pensar demasiado en el terrorismo para darse cuenta de que cuando alguien habla de una guerra contra el terrorismo, está presentando una contradicción de los términos. ¿Cómo se puede librar una guerra contra el terrorismo, si la guerra misma es terrorismo? Porque – así se responde al terrorismo con terrorismo, y se multiplica el terrorismo en el mundo.

Y, por cierto, el terrorismo del que son capaces los gobiernos al ir a la guerra tiene una escala, mucho, mucho más grande que el terrorismo de al-Qaeda o de ese grupo o de aquel grupo u otro grupo. Los gobiernos son terroristas en una escala enormemente grande. USA ha estado involucrado en terrorismo contra Afganistán, contra Iraq, y ahora amenaza con extender su terrorismo a otros sitios en Oriente Próximo.
Y sería muy útil un poco de historia sobre el uso del miedo y de la histeria y un poco de historia de la Guerra Fría y de la histeria anticomunista para alertar a la gente sobre lo que nos pasa hoy en día. Quiero decir, con Irán, por ejemplo, es una vergüenza, y los medios han jugado una parte tan importante en esto, respecto al arma nuclear de Irán. Quieren un arma nuclear. No dicen que tienen un arma nuclear. Quieren un arma nuclear. También la quiero yo. Sí, es fácil querer un arma nuclear. Y pequeños países que enfrentan a enormes potencias militares y que no tienen posibilidad alguna de equiparar el poderío militar de esos países inmensos, siguen lo que fue la estrategia de USA: USA dijo: "Tenemos que tener un disuasivo." Cuántas veces os han dicho, cuando preguntáis: ¿Por qué tenemos 10.000 armas nucleares?" "Tenemos que tener un disuasivo." Bueno, lo que quieren es un disuasivo: un arma nuclear.

No es esa situación con Iraq, quiero decir Condoleezza Rice: "una nube en forma de hongo." Nosotros fuimos los únicos que crearon nubes en forma de hongo, sobre Hiroshima y Nagasaki. Iraq no estaba en condiciones de crear una nube en forma de hongo. Todos los expertos en Oriente Próximo y en armas atómicas dijeron: Iraq estaba a entre cinco y diez años de desarrollar un arma nuclear, pero nosotros estábamos creando una histeria sobre las armas nucleares.

Ahora hacemos lo mismo con Irán. Y el grupo Internacional de Energía Atómica de la ONU contradice directamente un informe del Congreso que habla del peligro de las armas nucleares de Irán, y el grupo internacional, que ha realizado muchas, muchas, inspecciones en Irán, dice..., bueno, tenéis que saber – y dan al pueblo USamericano una especie de educación a medias. Es decir, dicen, utilizan la frase: "¡Están enriqueciendo uranio! Bueno, eso me asusta. Están enriqueciendo uranio. No sé exactamente lo que quiere decir, pero asusta. Y luego lees el informe del grupo Internacional de Energía Atómica, y ves, bueno, sí, así es. Han enriquecido uranio hasta un 3,5%. Para tener un arma nuclear, tienen que enriquecerlo a un 90%. Están muy, muy lejos incluso de desarrollar un arma nuclear, pero la frase "uranio enriquecido" es repetida una y otra vez.

Y así, sí, necesitamos una cierta comprensión histórica, sí, sólo recordar Iraq, sólo recordar la histeria sobre Vietnam. ¡Dios mío, un comunista podía apoderarse de Vietnam del Sur! ¿Y entonces qué? Basta un saltito hasta San Francisco. No, algunos recordaréis que cuando Reagan apoyaba a los Contras en Nicaragua decía: "¿Veis dónde está Nicaragua? No les costaría mucho llegar a Texas." Me interrogué sobre eso. Y entonces me interrogué: ¿por qué iban a querer llegar a Texas los nicaragüenses? Y no es un insulto a Texas, pero – y una vez que llegaran a Texas, ¿qué iban a hacer? ¿Tomar un vuelo de United Airlines a Washington? ¿Qué harían? Pero, realmente, es muy importante saber algo de esa historia para ver cómo la histeria inhabilita por completo la consciencia sobre lo que sucede.

Sugeriría otra cosa. Me comienzo a preocupar por el tiempo que estoy usando. Bueno, en realidad, no me preocupa cuánto tiempo he usado. No me importa. Miro mi reloj para pretender que me preocupa. Y ya que no sé cuándo comencé, no puedo saber cuánto he estado hablando.
Pero en algún punto la guerra en Iraq llegará a su fin. En algún punto, USA hará en Iraq lo que hizo en Vietnam, después de decir. "Jamás nos iremos. Jamás nos iremos. Venceremos. Seguiremos por el mismo camino. No nos escaparemos." En algún punto, USA va a tener que escapar de Iraq, sabéis. Y lo va a hacer porque el sentimiento va a aumentar y aumentar y aumentar en este país y porque más y más soldados van a volver de Iraq y dirán: "No volveremos," y porque van a tener más y más problemas para aprovisionar a las fuerzas armadas en Iraq, y porque los padres de los jóvenes van a decir más y más: "no vamos a permitir que nuestros jóvenes vayan a la guerra por Bechtel y Halliburton. No vamos a hacerlo." Así que en algún punto, sí, en algún punto vamos a hacer lo que ellos dicen que no debemos hacer: escapar.
No tenemos que escapar. Podemos irnos tranquilamente. Irnos lentamente. Terminar, pero irnos, lo más rápido posible, porque allá no hacemos nada bueno. No ayudamos a solucionar la situación. No llevamos la paz. No llevamos una democracia. No llevamos estabilidad. Llevamos la violencia y el caos. Estamos provocando todo eso, y la gente muere todos los días. Cuando un dirigente demócrata dice: "Pienso que deberíamos retirarnos el 14 de marzo de 2000-y-lo-que-sea." Sabéis, sí, cada día desde ahora hasta que más gente muera, y más gente pierda brazos o piernas o la vista. Y así, es intolerable. Y así, tenemos que hacer todo lo que podamos.

Y en el caso de Vietnam, en un cierto momento el gobierno se dio cuenta de que no podía continuar la guerra. Los soldados volvían de Vietnam y se oponían a la guerra. No podían convencer a la gente de que se uniera a la ROTC [Cuerpo de Adiestramiento para Oficiales de la Reserva]. Demasiados huían a Canadá. Demasiados no se alistaban. Finalmente, tuvieron que eliminar el servicio militar obligatorio. Perdían el apoyo de la población. Perdían el apoyo de los militares. Y al llegar un cierto punto: No.

Y va a ocurrir algo similar. Y mientras antes ayudemos a que ocurra, desde luego, tanto mejor. Mientras más vayamos a las universidades – sabéis, hay una cosa muy práctica, una cosa muy práctica que cualquiera puede hacer, y es, ir a su colegio local y asegurarse de que todos los padres y todos los chicos en los colegios comprendan que no tienen que dar su información a los reclutadores militares, sabéis. Y más y más tienen equipos de personas que contrarrestan la propaganda de los reclutadores militares.

Sabéis, tienen problemas. Se están volviendo desesperados por el reclutamiento para las fuerzas armadas, hacen toda clase de cosas y, por cierto, se concentran – envían a sus reclutadores militares a las escuelas más pobres, porque saben que los chicos de clase trabajadora son los más vulnerables, los más necesitados, los que, sabéis – necesitan una educación, necesitan una capacitación, etc. Y así, tratan de acosar a la clase trabajadora. Eugene Debs dijo – si no les importa que cite a Eugene Debs – pero Eugene Debs dijo en un discurso durante la Primera Guerra Mundial, que lo llevó a la cárcel: "La clase de los amos siempre ha comenzado las guerras. La clase trabajadora siempre ha librado las guerras." Y, por cierto, así ha sido permanentemente. Así que en algún momento nos iremos de Iraq.

Pero quiero sugerir una cosa: tenemos que pensar más allá de Iraq, e incluso más allá de Irán. No queremos tener que luchar contra esta guerra, y luego contra esa guerra y después contra la guerra siguiente. No queremos tener una sucesión interminable de movimientos contra la guerra. Cansa. Y tenemos que pensar y hablar y educar respecto a la abolición de la guerra en sí.
El otro día estaba hablando con mi peluquero, porque siempre discutimos la política mundial. Y es totalmente impredecible políticamente, como la mayoría de los peluqueros. Dijo: "Howard, sabes, tú y yo estamos en desacuerdo en muchas cosas, pero en una cosa estamos de acuerdo: la guerra no soluciona nada." Y yo pensé: "Sí." A la gente no le cuesta comprender eso.

Y, de nuevo, la historia es útil. Hemos tenido una historia de guerra tras guerra tras guerra tras guerra. ¿Qué han solucionado? ¿Qué han logrado? Incluso la Segunda Guerra Mundial, la "guerra buena," la guerra en la que fui voluntario, la guerra en la que lancé bombas, la guerra después de la que, sabéis, recibí una carta del general Marshall, general de generales, una carta que me dirigió personalmente, y a 16 millones más, en la que dijo: "Hemos ganado la guerra. Será un nuevo mundo." Bueno, por cierto, no fue un nuevo mundo. No ha sido un nuevo mundo. Guerra tras guerra tras guerra.

Hay ciertas... – Salí de esa guerra, la guerra a la que me había presentado como voluntario, la guerra en la que fui un cabo artillero entusiasta, salí de esa guerra con ciertas ideas, que recién se desarrollaron gradualmente a fines de la guerra, ideas sobre la guerra. Una, que la guerra corrompe a todo el que se involucra. La guerra emponzoña a todo el que se involucra. Comenzáis como muchachos buenos, como lo hicimos en la Segunda Guerra Mundial. Ellos son los malos. Ellos son los fascistas. ¿Qué podría ser peor? Así que, ellos son los malos, nosotros somos los buenos. Y a medida que continúa la guerra, los buenos comienzan a comportarse como los malos. Puedes rastrear eso hasta la Guerra del Peloponeso. Puedes rastrearlo hasta los buenos, los atenienses, y los malos, los espartanos. Y después de poco, los atenienses se hicieron implacables y crueles, como los espartanos.

Es lo que hicimos en la Segunda Guerra Mundial. Nosotros, después que Hitler cometió sus atrocidades, cometimos las nuestras. Ya saben, nuestra matanza de 600.000 civiles en Japón, nuestra matanza de probablemente un número igual de civiles en Alemania. No eran Hitler, no eran Tojo. No eran – no, eran sólo gente de a pie, como nosotros somos gente de a pie que vive en un país que es un país saqueador, y ellos vivían en países que eran países saqueadores, y fueron atrapados en lo que fuera y tuvieron miedo de protestar. Y no sé, llegué a la conclusión, sí, de que la guerra emponzoña a todos.

Y la guerra – es algo importante que hay que recordar – que cuando vas a la guerra contra un tirano – y fue una de sus afirmaciones: "¡Oh!, vamos a librarnos de Sadam Husein," lo que fue, desde luego, absurdo. No les preocupaba - ¿se preocupó nuestro gobierno de que Sadam Husein tiranizara a su propio pueblo? Le ayudamos a tiranizar a su pueblo. Le ayudamos a matar con gas a los kurdos. Le ayudamos a acumular armas de destrucción masiva, realmente.

Y la gente que matas en una guerra son las víctimas del tirano. La gente que matamos en Alemania eran víctimas de Hitler. La gente que matamos en Japón eran víctimas del Ejército Imperial de Japón. Y la gente que muere en las guerras es más y más y más gente que no está en las fuerzas armadas. Tal vez sepáis lo del diferente ratio de muertes de civiles a militares en la guerra, cómo en la Primera Guerra Mundial, fueron diez militares muertos por un muerto civil; en la Segunda Guerra Mundial, fue 50:50, la mitad militares, la mitad civiles; en Vietnam, fue de un 70% de civiles y un 30% de militares, y en las guerras posteriores, es de un 80% y de un 85% de civiles.

Hace algunos años me hice amigo de un cirujano militar italiano llamado Gino Strada. Pasó diez, quince años operando a víctimas de la guerra en todo el mundo. Y escribió un libro sobre el tema: "Green Parrots: Diary of a War Surgeon." Dijo que de todos los pacientes que operó en Iraq y Afganistán y en todas partes, un 85% eran civiles, y un tercio de estos, niños. Si comprendéis, y si la gente comprende, y si corréis la voz de esa comprensión que sea lo que sea lo que os dije sobre la guerra y cómo debemos ir a la guerra, y sea cual sea la amenaza o sea cual sea el objetivo – una democracia o la libertad – siempre será una guerra contra niños. Son los que morirán en gran número.

Así que, la guerra – bueno, Einstein lo dijo después de la Primera Guerra Mundial. Dijo: "La guerra no puede ser humanizada. Sólo puede ser abolida." La guerra tiene que ser abolida, sabéis. Y es – sé que son pocas las probabilidades de éxito, pero hay que hacerlo, tenéis que comenzar a hacerlo. También el fin de la esclavitud en este país en los años treinta del Siglo XIX tenía pocas probabilidades de éxito, pero la gente siguió tratando, y tardó 30 años, pero se eliminó la esclavitud. Y podemos ver lo mismo una y otra vez. Así que tenemos una tarea por delante. Tenemos muchas cosas que hacer.

Una de las cosas que podemos aprender de la historia es que la historia no es sólo una historia de cosas que nos han sido infligidas por los que mandan. La historia es también una historia de resistencia. Es una historia de gente que sufre la tiranía durante décadas, pero que termina por alzarse y derrocar al dictador. Lo hemos visto en un país tras el otro, una sorpresa tras la otra. Gobernantes que parecen tener un control total, de repente se despiertan un día, y hay un millón de personas en las calles, y toman sus maletas y se van. Sucedió en las Filipinas, en Yemen, en todas partes, en Nepal. Un millón en la calle, y entonces el gobernante tiene que irse. De manera que, eso es lo que queremos lograr en este país.

Todo lo que hacemos es importante. Casa cosita que hacemos, cada piquete en el que marchamos, cada carta que escribimos, cada acto de desobediencia civil en el que participamos, cada reclutador con el que hablamos, cada padre con el que hablamos, cada soldado con el que hablamos, cada persona joven con la que hablamos, todo lo que hacemos en clase, fuera de clase, todo lo que hacemos por un mundo diferente, es importante, aunque en el momento parezca fútil, porque es como se produce el cambio. El cambio sucede cuando millones de personas hacen pequeñas cosas, que en ciertos momentos de la historia se suman, y entonces sucede algo bueno y algo importante.

Gracias.
Fuente: Rebelion, traducido por Germán Leyens

Obra escrita por Howard Zinn, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Boston

Resumen de Jesús Mario Murillo

La manera oficial como nos enseñan la Historia de Colombia es igual aquí en los Estados Unidos. Desde el descubrimiento, en el que nos muestran a Cristóbal Colón como un héroe osado y magnánimo que en compañía de unos cuantos valientes españoles nos trajo la lengua castellana, la raza blanca y la religión. Y luego los fundadores, próceres y padres de la Patria.

Pero lo que en realidad más preocupaba a Colón era ¿dónde está el oro? Había convencido a los reyes de España a que financiaran su expedición a estas tierras. En las Indias orientales habría riquezas: el oro y las especias.

Cuando los barcos se acercaron a tierra, los indios arawaks les dieron la bienvenida nadando hacia los buques para recibirles. No conocían el hierro pero llevaban diminutos ornamentos de oro en las orejas.

Este hecho tuvo terribles consecuencias: Colón apresó a varios de ellos para que le guiaran a dónde estaba el oro. Allí comenzó la gran persecución por el oro y poco a poco llevó al exterminio de la gran población indígena por parte de los conquistadores sedientos de riqueza. La cruel política iniciada por Colón y continuada por sus sucesores desembocó en un genocidio completo. Tanto en la tierras del sur como en las del norte. Lo que hizo Colón con los arawaks de las Islas Antillas, Cortés lo hizo con los aztecas de México, Pizarro con los incas del Perú y los colonos ingleses de Virginia y Massachussets con los indios powhatanos y pequotes.

“Quiero hacer resaltar aquí, dice el autor, no es el hecho de que debamos acusar, juzgar y condenar a Colón in absentia, al contar la historia. Ya pasó el tiempo de hacerlo: sería un inútil ejercicio académico de moralista. Quiero hacer hincapié en que todavía nos acompaña la costumbre de aceptar las atrocidades como el precio deplorable pero necesario que hay pagar por el progreso (Hiroshima y Vietnam, por ejemplo, para salvar la civilización)".

Jamestown, la primera colonia permanente de los ingleses en las Américas, se estableció dentro del territorio de una confederación india liderada por el jefe Powhatan. Este observó la colonización inglesa de sus tierras, pero no atacó manteniendo una posición de calma. Cuando los ingleses sufrieron la hambruna de 1610 se acercaron a los indios para poder comer. Surgieron conflictos así que los ingleses creyéndose humillados enviaron soldados para “vengarse". Atacaron un poblado indio y mataron a quince indios, quemaron sus casas, cortaron el trigo y se llevaron en barcos a la reina de la tribu y a sus hijos, y acabaron por tirar los hijos por la borda,"haciéndoles saltar la tapa de los sesos en el agua". A la reina se la llevaron para asesinarla a navajazos. Doce años después, los indios alarmados por el crecimiento de los poblados ingleses intentaron eliminarlos de una vez por todas. Hicieron una incursión en la que mataron 347 personas. Desde entonces se declaró una guerra sin cuartel.

Al no poder esclavizar a los indios, y no pudiendo convivir con ellos, los ingleses decidieron exterminarlos. Según el historiador Edmund Morgan, “en el plazo de dos o tres años desde la masacre, los ingleses habían vengado varias veces todas las muertes de ese día".

Powhatan había dirigido una petición a John Smith pidiéndole por favor, que los dejaran en paz, ¿por qué toman Uds. por la fuerza lo que podrían obtener por vía pacífica? ¿por qué quieren destruir lo que los abastece de alimento? ¿por qué nos tienen envidia? Estamos desarmados y dispuestos a dar lo que nos pidan si vienen en son de amistad.

Detrás de la invasión inglesa de Norteamérica, detrás de las masacre de indios, detrás de sus engaños y su brutalidad, yacía ese poderoso y especial impulso moralmente ambiguo, la necesidad de espacio, de tierras, el deseo de propiedad y de dominio.

Los “sacrificados" fueron los indios. No les dieron derecho a tomar la decisión. Más allá de todo ello, ¿cómo podemos estar seguros de que lo que se destruyó fuese inferior?

Colón y sus sucesores no aterrizaban en un desierto baldío; poblado por más de 75 millones de personas de las cuales 25 millones estaban en América del Norte. Donde eran más igualitarias las relaciones humanas que en Europa y donde las relaciones entre hombres, mujeres, niños y naturaleza quizás estaban más noblemente concebidas que en ningún otro punto del globo. John Collier, un estudioso americano que convivió con los indios comentó de su espíritu: “Si pudiéramos adoptarlo nosotros, habría una tierra eternamente inagotable y una paz que duraría por los siglos de los siglos".

“No hay en la historia mundial en el que el racismo haya tenido un papel tan importante y durante tanto tiempo como en los Estados Unidos". Son 350 años de menosprecio, odio, piedad o paternalismo hacia los negros. Y por extensión hacia otras razas que no sea la blanca. Ahí entraba el indio como raza inferior. Al no poderlo esclavizar, los ingleses acudieron a la importación de esclavos africanos.

Todo lo malo: los robos, los homicidios, las violaciones, eran culpa de los indios. Los indios eran los malos de la película. Hay que mirar el viejo cine. Y los negros la gente mas vulgar e ignorante que no merecían otra cosa que ser esclavos.

Los padres de la patria que redactaron la Constitución, supuestamente modelo para los demás países del mundo, hablaron de la igualdad de todos los hombres, pero no incluyeron a los indios, ni a las mujeres ni a los negros. Tampoco a los blancos pobres. Solo tenían derecho al voto los blancos con propiedad territorial. El Congreso Continental estaba dominado por los ricos. Morgan resume la tipología clasista de la revolución en estas palabras:"El hecho de que las clases bajas estuvieran involucradas en el conflicto era por lo general una lucha por los puestos de mando y el poder entre los miembros de la clase privilegiada: los nuevos contra los ya establecidos".

Jackson en su mensaje al Congreso en 1830, señaló el hecho de que los choctaws y los chicasawas ya había mostrado su conformidad con el éxodo hacia el Oeste. “Nadie puede atribuirse una disposición más amistosa hacia los indios que yo…y ahora nos proponemos adquirir los territorios ocupados por los pieles rojas del Sur y del Oeste con intercambios justos…" decía.

Los indios comenzaron a morirse de hambre en el camino. Habían salido de un estado general de relativa abundancia a uno de desdicha general y necesidad. Decía un coronel del ejército: “Están cabizbajos, aterrorizados, sumisos y deprimidos, con la sensación de que no tienen protección en los Estados Unidos ni capacidad para autoprotegerse".

¿Y qué pasó con los negros? El apoyo de los Estados Unidos a la esclavitud estaba basada en un hecho incontrastable: en 1790 el sur producía mil toneladas anuales de algodón. En 1860 la cifra había subido a un millón y en el mismo período se tiempo se pasó de 500 mil esclavos a 4 millones.

Sus condiciones de vida iban de mal en peor. John Brown se levantó en rebelión en 1857. Fue ahorcado por el estado de Virginia con la aprobación del gobierno nacional. Era ese mismo gobierno quien tímidamente aplicaba la ley que tenía que acabar con el comercio de los esclavos.

Lincoln le decía a un amigo: “Confieso que odio ver cazadas a las pobres criaturas…pero me muerdo la lengua y guardo silencio". Se oponía a la esclavitud pero no podía ver a los negros como a sus iguales. En Charleston, sur de Illinois, dijo en 1858: “No estoy ni nunca he estado a favor de equiparar social y políticamente a las razas blanca y negra (aplausos); que no estoy, ni nunca he estado, a favor de dejar votar ni formar parte de los jurados a los negros, ni dejarles ocupar puestos en la administración, ni de casarse con blancos". Hizo la guerra de secesión no tanto para liberar a los negros como para combinar los intereses de los muy ricos y los de los negros en un momento en que esos intereses se encontraron. Y pudo vincular estos dos intereses con los de un sector creciente de americanos: los nuevos ricos blancos, de clase media con sus ambiciones económicas e inquietudes políticas.

Estados Unidos se preocuparon de salvar las democracias en el mundo: por eso invadieron a México, (“No tomamos nada por conquista, gracias a Dios",le dijo el General Taylor al Presidente Polk), a las Filipinas, a Cuba, a Nicaragua, a Vietnam, a Panamá, a Grenada, y ahora a Iraq.

Entraron a la primera Guerra Mundial para afianzar su poder y luego a la segunda Guerra para consagrarse como los defensores de la libertad y lograr la hegemonía como el país más poderoso y "magnánimo" del mundo.

La idea de “los salvadores" ha sido incorporada a toda la cultura, más allá del fenómeno político. Algunos americanos rechazan esa idea y se rebelan. Hasta ahora estas rebeliones han sido reprimidas. Las rebeliones de los negros nunca tuvieron éxito. Fue necesaria la intervención bélica a nivel federal para lograr la abolición de los esclavos. El sistema americano es el sistema de control más ingenioso de la historia mundial.

En un país tan rico en recursos naturales, talento y mano de obra, el sistema puede distribuir la riqueza justa a la cantidad de personas justa para contener el descontento de una minoría molesta. Es un país tan poderoso, tan grande y que tanto agrada a tantos de sus ciudadanos, que puede permitirse el lujo de conceder la libertad de disidencia a una pequeña minoría que no está satisfecha. Ahí está Hollywood crítico, las uniones , las grandes manifestaciones contra la guerra y las marchas por la reforma migratoria. Nada cambia. El gobierno sigue impertérrito: “Yo soy el que hago las decisiones" dijo Bush ahora con su “nuevo" plan para Iraq.

Sigue un 1% de la nación poseyendo la tercera parte de la riqueza. Sigue el presupuesto de la defensa el más alto de todos los países de la tierra. Con ese dinero se podrían resolver los más graves problemas de la humanidad. Pero enriquece más a los que tienen. Las leyes son hechas por ese 1% y a su favor. Todo lo que va contra sus intereses es “ilegal".

La esperanza es la América Latina.


Entrevista por Amy Goodman

[DN! - traducido por M. Camps y Democracy Now!]

Howard Zinn, el legendario historiador, escritor y activista estadounidense falleció la semana pasada a los 87 años. Su obra más famosa es “La otra historia de Estados Unidos”. Zinn fue entrevistado por Democracy Now en mayo del año pasado y habló sobre su libro: “La idea de ‘La otra historia’ es ir más allá de lo que aprendí en la escuela o de lo que la mayoría de la gente aprendió en la escuela, y esa es la historia a través de los ojos de los presidentes y generales en las batallas libradas en la Guerra Civil. Y nosotros queremos las voces de la gente, de la gente común y corriente, rebeldes, disidentes, mujeres, negros, asiático-estadounidenses, inmigrantes, socialistas y anarquistas y los agitadores de todo tipo”.

Es pertinente escribir sobre la vida de Howard Zinn justo cuando comienza el llamado “Mes de la Historia Negra”. A pesar de que era blanco, Zinn escribió en forma elocuente sobre la lucha por los derechos civiles y también formó parte de ese movimiento. Hace cincuenta años, el 1° de febrero de 1960, cuatro estudiantes negros ingresaron en la tienda F.W. Woolworth de Greensboro, Carolina del Norte, y se sentaron en el mostrador que era “solo para blancos”. Se les negó el servicio, y regresaron día tras día. Cada día se les sumaban más personas. El movimiento contra la segregación en restaurantes se extendió a otras ciudades del Sur. En julio, el mostrador de Greensboro Woolworth estaba desegregado. Esta semana, se inauguró el Centro y Museo Internacional por los Derechos Civiles en el lugar donde se registró la protesta original.

En el momento de las protestas, Howard Zinn era profesor del Spelman College, una universidad históricamente de mujeres negras en Atlanta. Me contó por qué, luego de siete años de enseñar allí, fue despedido: “Durante las protestas, las estudiantes del Spelman College se alzaron, apartándose de ese ambiente tranquilo y controlado de la universidad. Fueron a la ciudad, fueron arrestadas y regresaron motivadas y decididas a cambiar las condiciones de su vida en la universidad que eran muy, pero muy anticuadas. Vivían en una especie de convento. Entonces se rebelaron contra la administración, las apoyé en su rebelión, y eso fue demasiado para la administración de la universidad.”

Zinn escribió en el epílogo de ‘La otra historia’: “Recién cuando entré al cuerpo docente del Spelman College fue…que comencé a leer a historiadores afroestadounidenses que nunca habían aparecido en mi lista de lecturas en la enseñanza secundaria. En ninguna etapa de mi formación en historia había aprendido acerca de las masacres de los negros, que sucedieron una y otra vez a lo largo de la historia estadounidense, en medio del silencio de un gobierno nacional comprometido por la Constitución a proteger la igualdad de derechos para todos”.

La escritora ganadora del Premio Pulitzer y autora de “El color púrpura”, Alice Walker, fue alumna de Zinn en Spelman. Dijo que Howard Zinn fue uno de sus profesores más divertidos. Recordó por qué había sido expulsado de Spelman hace décadas “Lo expulsaron porque nos amaba, y nos mostraba ese amor simplemente al estar con nosotros. Amaba a sus alumnos. No veía por qué debíamos ser ciudadanos de segunda clase. No veía por qué no podíamos comer donde queríamos y dormir donde queríamos, ni estar con la gente que queríamos estar. Entonces el estaba con nosotros”.

Hace algunos años, Zinn fue invitado a Spelman para dar el discurso de la ceremonia de graduación de ese año y recibir un título honorario.

El reconocido lingüista y disidente político Noam Chomsky, era un viejo amigo de Zinn: “La frase de él que siempre resuena en mi cabeza es su admiración y su estudio detallado de lo que denominó ‘las innumerables pequeñas acciones de gente desconocida’ que provocaron esos grandes momentos que forman parte del registro histórico, un registro que simplemente no se puede comenzar a entender a menos que se tengan en cuenta esas innumerables pequeñas acciones. Y él no solo escribió acerca de ellas en forma elocuente, sino que además participó en ellas”.

Howard Zinn editó, junto con Anthony Arnove, el libro “Las voces de la otra historia de Estados Unidos”, que recopila discursos, cartas y otros materiales originales de esos “desconocidos” que formaron este país. A partir del libro se hizo un documental con la participación de celebridades, que se estrenó en el History Channel apenas semanas antes de la muerte de Zinn. Matt Damon, el productor ejecutivo, le dio una gran difusión popular a ‘La otra historia’ en la famosa película ‘En busca del destino’ (Good Will Hunting, en inglés), cuando su personaje, Will, le recomienda el libro a su psiquiatra. Matt Damon fue vecino de Zinn en Newton, Massachusetts, y lo conocía desde los 10 años.

En mayo del año pasado, cuando entrevisté a Zinn, reflexionó sobre los primeros meses de gestión de Barack Obama: “Ojalá el Presidente Obama escuchara con atención a Martin Luther King. Estoy seguro de que le rinde homenaje verbal, como hace todo el mundo, a Martin Luther King, pero debería pensar antes de enviar misiles a Pakistán, antes de acordar este enorme presupuesto militar, antes de enviar soldados a Afganistán. Debería preguntarse: ‘¿Qué haría Martin Luther King? ¿Qué diría Martin Luther King de esto?’ Y si escuchara a King, sería un presidente diferente del que está resultando ser hasta ahora. Creo que debemos hacer que Obama mantenga su promesa de ser diferente y osado, y producir un cambio. Hasta ahora no ha cumplido esa promesa”. Howard Zinn, 1922 – 2010, te extrañaremos.





Murió el historiador y activista norteamericano Howard Zinn 28 de enero 2010

Santa Mónica, EU. Howard Zinn, profesor y activista político y autor de A People’s History of the United States y que se convirtió en uno de los principales vendedores de textos de izquierda, murio este miércoles en Santa Mónica, California.

Tenía 87 años de edad y vivía en Auburndale, Massachussets.

Fue un gran defensor de la liberación de los Cinco cubanos presos en Estados Unidos, cuyo encarcelamente consideraba “un ejemplo vergonzoso de injusticia en nuestro país" y “un acto de crueldad imperdonable".

En 1980 publicó A People’s History con poca promoción y un tiraje de 5 mi ejemplares, que se convirtió en un éxito de ventas, atrajo a una amplia audiencia de boca en boca y llegó al millón de ventas en 2003. Aunque el profesor Zinn estuvo escribiendo para un publico en general, su libro sirvió para enseñar en la preparatoria y colegios en todo el país, y numerosas editoriales lo publicaron, incluyendo Voices of a People’s History, una novela gráfica para jóvenes.

A People’s History es una historia desde la izquierda. Zinn acusó a Christopher Columbus y otros exploradores de cometer genocidio, desbarató a los presidentes desde Andrew Jackson a Franklin Roosevelt y celebró a los trabajadores, feministas y opositores a la guerra.

Zinn incomodaba hasta a los historiadores liberales. El enseñó por años en la Universidad de Boston. Arthur M. Schlesinger Jr. Una vez dijo que “Sé que piensa que soy un peligroso reaccionario. Y yo no lo tomo muy en serio. El es polémico, no un historiador.

Durante una entrevista con The Associated Press, Zinn reconoció que él no estaba tratando de escribir una historia objetiva o una completa. El llamó a su libro es una respuesta a los trabajos tradicionales, el primer capítulo, no el último de un nuevo tipo de historia.

“No hay tales cosas como una compelta historia, cada historia esta incompleta", dijo el profesor. “Mi idea fue que el punto de vista ortodoxo ha sido ya usado miles de veces".

A People’s History tuvo muchos admiradores famosos, inlcuyendo a los actores Matt Damon y Ben Affleck. Los dos crecieron cerca de Profesor Zinn, eran amigos de la familia y sacaron el libro en su premiada por la Academia guión de Good Will Hunting.

Oliver Stone era un fanático, como Bruce Springsteen, cuyo sombrío Nebraska álbum fue inspirado en parte por A People’s History. El libro fue la base de un documental de 2007, Profit Motive and The Whispering Wind, e incluso hasta en The Sopranos, en la mano del hijo de Tony, AJ

Zinn era un hombre de aspecto imponente, alto y fuerte con el pelo ondulado. Tenía experiencia hablando en público, fue modesto y era agradable en persona, más interesado en la persuasión que en la confrontación.

Nació en Nueva York en 1922, Zinn fue el hijo de inmigrantes judíos que de niño vivió en una zona venida a menos en Brooklyn y respondió enérgicamente a las novelas de Charles Dickens. A los 17 años, empujado por algunos jóvenes comunistas en su barrio, asistió a una reunión política en Times Square.

“De repente, oí el sonido de las sirenas, y mire alrededor y vi a los policías a caballo, galopando hacia la multitud y pegarle a la gente", dijo a la AP “No podía creerlo".

“Y luego estaba herido. Me di vuelta y me dejó inconsciente. Me desperté un poco después en un portal, con Times Square, en silencio de nuevo, extraño, de ensueño, como si nada hubiera ocurrido. Yo estaba ferozmente indignado.

Durante la Guerra continuó su educación. Deseoso de ayudar a acabar con los nazis, se unió al Cuerpo Aéreo del Ejército en 1943. Realizo misiones en toda Europa, recibió la Medalla Aérea, pero más tarde se cuestionó acerca de lo que significaba. De vuelta a casa, reunió a sus medallas y documentos, y los puso en una carpeta y escribió en la parte superior: “Nunca más".

Estudió en la New York University y Columbia University, donde recibió un Doctorado en Historia. En 1956, se le ofreció la Presidencia del Departamento de Historia y Ciencias Sociales en Spelman College, un colegio de mujeres negras en la Atlanta segregada.

Durante el movimiento de derechos civiles, el Profesor Zinn, animó a sus estudiantes a solicitar libros en las bibliotecas públicas segregadas y ayudó a coordinar las visitas a las cafeterías que segrefgaban en la ciudad. También publicó varios artículos, incluyendo un extraño ataque en la administración Kennedy, acusándolo de ser demasiado lento para proteger a los negros.

Él fue amado por los estudiantes - entre ellos una joven Alice Walker, quien más tarde escribió The Color Purple -, pero no por los administradores. En 1963, Spelman lo despidió por “insubordinación". (Zinn fue un crítico de que la escuela no participara en el movimiento de derechos civiles.) Sus años en la Universidad de Boston estuvieron marcados por la oposición a la guerra de Vietnam y por las pugnas con el presidente de la escuela , John Silber.

Zinn, profesor retirado en 1988, el paso su último día de clase en el piquete con los estudiantes en apoyo de una huelga de enfermeras en el campus. Con los años, él continuó dando clases en las escuelas y y se presentaba en los mítines y los piquetes.

Además de A People’s History, escribió varios libros, incluyendo The Southern Mystique, LaGuardia in Congress, y las memorias “No se puede ser neutral en un tren en movimiento", el título de un documental de 2004 acerca de Zinn narrado por Damon. También escribió tres obras de teatro.

(Con información de AP y Cubadebate)

www.cubadebate.cu
 


Zinn, rebelde que invitaba a hacer historia
A juicio de Noam Chomsky, su colega y amigo rescataba las raíces de las luchas colectivas

Por David Brooks - La Jornada

El historiador rebelde Howard Zinn, quien falleció ayer a los 87 años, dedicó su vida a narrar, nutrir y provocar los milagros que rescatan a la humanidad del cinismo, la opresión y la injusticia.

Con su libro A People’s History of the United States (publicado por primera vez en 1980, y que cuenta ya con varias ediciones actualizadas), que suma millones de lectores, cambió la narrativa de este país. En lugar de la historia oficial de presidentes y poderosos, Zinn relató otra en que los protagonistas son los sindicalistas radicales, los esclavos en rebelión, los indígenas, las mujeres, los activistas de los derechos civiles y contra las guerras. Con este libro y otros 20, además de cientos de artículos y discursos, Zinn rescata la memoria de las luchas colectivas y sus héroes, derrotando así la política oficial de promover la amnesia nacional.

La obra de Zinn fue inseparable de su manera de vivir, declaró hoy Noam Chomsky, en entrevista con La Jornada. Agregó que su proyecto básico consistía en "sacar desde lo profundo a incontables personas desconocidas, cuyas acciones son las raíces de los grandes hechos que se registran en los libros de historia. Su visión era que si uno suprime las raíces, tal como se hace convencionalmente, no sólo fracasa en entender qué ocurrió, sino también anula el poder de las personas, ya que no se les permite alcanzar el entendimiento de que son ellas las que pueden cambiar las cosas".

Chomsky subrayó que "ese trabajo está ligado a su propia vida, eso hacía", y recordó la participación directa de Zinn en los movimientos de derechos civiles, antibélicos y laborales. "No puedo decir cuántas veces estuvimos juntos en manifestaciones, cuántas veces nos arrestaron a ambos", rememoró su colega y amigo.

"Hasta sus últimos días, continuó trabajando, viajando, siempre muy optimista", cuenta Chomsky, y eso a pesar de graves problemas físicos que tuvo al final. "Fue encantador. Un ser humano único, no creo que haya muchos como él", concluyó.

Como maestro universitario –primero en Spelman College, en Atlanta, y después en Boston University– e intelectual, Zinn se dedicaba a generar el cuestionamiento del poder. "Yo deseaba que mis estudiantes se fueran de mis clases no sólo mejor informados, sino más preparados para abandonar la seguridad del silencio, más preparados para responder en voz alta, para actuar contra la injusticia donde ésta se presentara. Esto, claro, era una receta para atraer problemas", escribió.

Sus alumnos, tanto los que asistieron a sus clases como los que leyeron sus libros o lo escuchaban en conferencias, foros, acciones de protesta y congresos, están por todo el mundo. El deseo de Zinn era que se volvieran parte de la historia de rebeldía contra la injusticia, la guerra y la opresión. Es decir, el historiador rebelde los invitaba a hacer historia.

Entre quienes se cuentan como sus discípulos hay figuras famosas, como la escritora Alice Walker (El color púrpura, alumna de Zinn en Spelman College), quien hoy, en entrevista con el noticiario Democracy Now habló de la enorme vitalidad de su maestro y de su valentía no sólo en las aulas sino en acciones callejeras con sus estudiantes. Además, dijo, "mi profesor era una de las personas más graciosas que jamás he conocido, y solía decir las cosas más extraordinarias en los momentos más sorprendentes".

Otros que lo consideran "su maestro", y quienes participaron en proyectos con él, incluyen al actor Matt Damon (creció como su vecino), Bruce Springsteen (dicen que su disco Nebraska fue influido por los escritos de Zinn), Tom Morello, el cantautor Steve Earle, y actores como Sean Penn, Danny Glover, Tim Robbins, Morgan Freeman y Marisa Tomei, entre otros. Pero tiene millones de admiradores más que no son famosos, algunos que han descubierto otra historia, contada desde abajo por primera vez, a través de su obra; otros que han aceptado su invitación a la disidencia, la resistencia y la rebeldía. A sus 87 años, Zinn era uno de los pocos intelectuales que gozaban de la confianza y respeto de los jóvenes en este país.

Hijo de trabajadores europeos judíos inmigrantes, Zinn fue criado en colonias proletarias de Brooklyn, y después de casarse vivió en el Lower East Side de Manhattan. Trabajador en el puerto de Nueva York, en los astilleros y como cargador en almacenes, son algunos de los oficios que ejerció mientras estudiaba en las universidades de Nueva York y Columbia (donde recibió su doctorado en historia, con una tesis sobre el político progresista Fiorello LaGuardia).

Se sumó a la guerra contra el fascismo y fue bombardero durante la Segunda Guerra Mundial. Pero al visitar los lugares que atacaron desde los cielos, especialmente después de enterarse de las terroríficas consecuencias de la bomba atómica en Japón, Zinn decidió que toda guerra es injustificable, y por el resto de su vida se dedicó a esta causa. Junto con Chomsky, fue uno de los primeros intelectuales en sumarse al movimiento contra la guerra en Vietnam.

Zinn cuenta que conoció a Chomsky en 1964 cuando ambos viajaron a Missisipi para protestar contra la detención de activistas de derechos civiles, y que después el movimiento antiguerra los acerco más y desde entonces habían sido amigos.

En 1967, el dramaturgo e historiador publicó Vietnam: la lógica del retiro, el primer libro sobre el tema en hacer un llamado a un retiro inmediato e incondicional de tropas. Junto con el famoso sacerdote católico radical Daniel Berrigan, viajaron a Vietnam del Norte en 1968 para recibir a los primeros tres prisioneros de guerra entregados por las fuerzas de liberación. Fue en la casa de Zinn donde Daniel Ellsberg, el funcionario del Departamento de Defensa que se volteó contra la guerra, escondió los que serían llamados los Pentagon Papers antes de ser publicados en los medios de comunicación nacionales, documentos secretos oficiales que demostraban el fracaso de la guerra cuya publicación fue un paso decisivo para marcar el principio del fin de ese conflicto bélico.

En sus últimos años gozó en crear otras maneras de hacer contemporáneas las voces disidentes y rebeldes del pasado a través de películas, obras en vivo y por televisión y el universo cibernético.

Realizó una serie de "lecturas" en voz alta por el país con reconocidos actores, poetas y músicos. Se tomaban turnos para leer, declamar o cantar selecciones de figuras rebeldes conocidas y desconocidas de la historia de Estados Unidos, todo esto introducido por Zinn. Discursos, cartas, ensayos y canciones de lucha, ira, denuncia y gritos por la justicia y contra las guerras a lo largo de la historia de este país resonaban ahí. Así, convocó a los héroes populares del pasado para guiar, apoyar y alentar a los héroes del presente en el movimiento de resistencia en Estados Unidos.

Un documental que registra este esfuerzo acaba de salir a la venta, The People Speak. La película fue presentada el año pasado en el festival de Sundance, y después en la ciudad de Nueva York, antes de ser trasmitido a escala nacional en diciembre por la televisora History Channel.
En uno de estos encuentros, en Nueva York hace un par de años, Zinn introdujo el espectáculo así: “Éstas son las voces no de la historia oficial, sino de los que han resistido, de los disidentes, gente trabajadora, socialistas, anarquistas, los que se opusieron al establishment en nombre de la paz y la justicia para todos. Ellos son voz de los desafiadores, porque esa es la que necesitamos. Tenemos que alentar a la gente a desafiar este sistema, tenemos que hacer algo, esto es más bien un llamado a la acción.

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