Blog de historia social desarrollado por el Dr. Juan José Marín con el fin de establecer un espacio de diálogo y trabajo colectivo
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sábado, diciembre 20, 2014
jueves, julio 03, 2014
viernes, febrero 28, 2014
Es impresionante lo refrescante que es leer hoy el Manifiesto Comunista
Admin | 9 enero, 2014 | Comentarios (2)
Tomado de ideasdeizquierda.org/es-impresionante-lo-refrescante-que-es-leer-hoy-el-manifiesto-comunista/
Número 6, diciembre 2013.
En esta entrevista con el geógrafo marxista David Harvey, hacemos un recorrido por algunas de sus principales obras, que ponen en el centro de la escena la reflexión sobre los efectos de la acumulación capitalista.
IdZ: En Los límites del capitalismo y la teoría económica marxista comenzás analizando el método de Marx y señalás que los tres conceptos clave de la teoría de Marx: valor de uso, valor de cambio y valor, deben ser comprendidos en sus relaciones, enfatizando la noción de “pares relacionales”. ¿Por qué creés que esto es muy importante para leer El Capital? ¿Y cuáles son los problemas de otras interpretaciones que subestiman esta dimensión relacional?
Una de las cosas que he encontrado tanto en los críticos de Marx como entre algunos marxistas, es lo que llamaría una lectura “muy determinista”, un tipo de lectura muy “causal”. Por ejemplo, existe la idea de que Marx era un determinista tecnológico, y que para él el desarrollo tecnológico determina ideas, dicta todo. Yo no acuerdo con eso para nada. Creo –por ejemplo– que la tecnología ha jugado un rol muy importante en el desarrollo del capitalismo, pero al mismo tiempo da nuevas ideas, hacia nuevas formas de vida. Una de las cosas que enfaticé, y que va más allá de lo que usted me pregunta, es que Marx analiza cómo la tecnología revela la relación que tenemos con la naturaleza, y al mismo tiempo da a conocer los medios por los cuales reproducimos la vida social, las relaciones sociales y las concepciones mentales que se encuentran atrapadas en sus asociaciones.
Cuando uno ve los procesos de cambio social, por ejemplo el largo capítulo XIII de El Capital, “Maquinaria y gran industria”, lo que puede ver es que en cierto punto de la argumentación Marx dice que para que esta transformación se produjera, nuestra concepción mental del mundo debe cambiar dramáticamente, debe ser más científica, mucho más basada en la tecnología. Esto es un cambio en
concepciones mentales. Pero también debía cambiar el sistema de producción, y el proceso de trabajo ya no debía estar sujeto al “misterio” y al hecho de que el artesano fuera la única persona que comprende, que disecciona el proceso, entiende las piezas y las ubica de diferente forma, y ve el mundo de una forma diferente, con la ayuda de nueva tecnología como microscopios, telescopios, etc. Y finalmente Marx señala que con la llegada de nuevas máquinas en distintas industrias, eso impone la necesidad de que las máquinas sean construidas por otras industrias. Entonces, lo que dice Marx es que la transición desde el feudalismo hacia el capitalismo no fue conducida por ninguno de estos elementos tomado en sí mismo, sino que fue el resultado de una “coevolución” de todos estos elementos, en relación unos con otros, interactuando entre sí.
Lo que llamo lectura relacional y dialéctica de Marx habla sobre cómo entender este mundo, para no sugerir ya que hay una causa principal. Si uno toma estos elementos que planteamos encuentra que hay visiones deterministas del mundo que apuntan a uno de ellos. Por empezar el determinismo tecnológico. También hay un resurgimiento de un determinismo natural, medioambiental, que dice que la naturaleza determina todo, la tecnología determina todo, o las relaciones sociales determinan todo. La visión marxista es de que todos estos elementos están siempre en relación entre sí, y algunas veces uno toma la ventaja, a veces nuevas ideas toman la delantera, algunas veces aparecen nuevas tecnologías como computadoras y vemos cómo las computadoras cambian nuestra vida social. Entonces, considerando por ejemplo cómo son vividas nuestras vidas hoy que tenemos teléfonos móviles, ha cambiado las relaciones sociales, pero no las ha determinado.
Mi lectura dialéctica/relacional de Marx implica estar abierto a todas aquellas posibilidades, y del mismo modo en que Marx pensaba en la transición entre feudalismo y capitalismo como una coevolución de todos estos elementos, tenemos que pensar en esos mismos términos la transición del capitalismo hacia el socialismo. Y tenemos que preguntarnos qué es lo que se relaciona, cuáles son las nuevas tecnologías, cuáles las relaciones sociales, qué tipo de concepción mental, qué tipo de vida cotidiana, qué tipo de relaciones sociales, qué tipo de proceso de producción. Esas son las preguntas que debemos hacernos constantemente sobre el proceso de transición del capitalismo hacia el socialismo.
IdZ: En La condición de la posmodernidad realizás un estudio que explica las condiciones materiales que dieron lugar al surgimiento del posmodernismo. Luego de dos décadas, ¿cuál creés que es el estado actual de las ideas posmodernas?
Antes que nada, mi posición con respecto al posmodernismo fue no rechazarlo totalmente. Opino que se estaban diciendo unas cosas muy importantes, pero había todo un ala del posmodernismo y el posestructuralismo que fue, francamente, antimarxista. No veía por qué el posmodernismo tenía que tomar una posición antimarxista. Entonces, mi misión al escribir La condición de la posmodernidad fue hacer un análisis marxista del posmodernismo y decir: “Mirá, puedo entender lo que estás haciendo en términos marxistas. Estás articulando algunas demandas de los nuevos movimientos sociales alrededor de la raza, el género, el medio ambiente y lo demás”. Cuestiones que en mi opinión son muy importantes y que han sido subdesarrolladas, para decirlo de alguna manera, por la tradición marxista. Y si la tradición marxista apunta a ser una tradición viva, necesita encontrar la forma de encararlas.
A mí siempre me había parecido poco sofisticada y en algunos casos despectiva la forma en que la tradición marxista había tratado temas como el espacio, el tiempo, la geografía y el medio ambiente. Por ejemplo, en mis primeros años, la mayoría de los marxistas convencionales no se molestaba en leer lo que escribía, ¡porque era geógrafo y porque insistía en hablar sobre la geografía! Yo decía: “Como materialista, ¿cómo podés actuar como si no existiera la geografía? ¡Qué loco! ¿Quién puede decir que la urbanización no es importante?”. Pero no había mucho escrito dentro de la tradición marxista sobre urbanización. Cuando empecé a escribir sobre el tema a principios de los ‘70 estaba Henri Lefebvre, [Manuel] Castells, yo, y algunos otros que trabajaban alrededor de la Revista Internacional de Estudios Regionales y Urbanos [IJURR]. Pero la mayoría de los marxistas conocidos no escuchaba y no quería saber nada. Yo siempre había tomado el aspecto geográfico y espacial como algo muy serio, y pensaba que había una gran ausencia dentro de la tradición marxista. Por lo que me causó mucha gracia que los posmodernistas intentaran usar el concepto del espacio y la geografía para tratar, de alguna forma, de atacar al marxismo, mientras que yo había estado discutiendo dentro del marxismo sobre estas cuestiones.
Luego los posmodernistas empezaron a usar a mis escritos para atacar al marxismo de Marx, y creo que los hice enojar mucho al decir que todavía soy marxista, pero que es cierto que hay que tomar en serio estas cuestiones. Creo que salieron algunas cosas buenas del giro posmoderno-posestructuralista, pero lo que me desagrada intensamente es la forma en que descarta la tradición “macro”. También el hecho de que la única forma en que pudieran responder a lo que yo y otros estábamos haciendo fue decir que la economía política no importa, que todo es cultural. Muchos geógrafos en Gran Bretaña decían que la economía política no importaba, y ahora parecen idiotas porque, como podemos ver, la economía política importa muchísimo y es necesaria. Es lo que yo calificaría como el lado más tonto del posmodernismo-posestructuralismo.
IdZ: Vos distinguís la acumulación a través de la explotación de otro modo de desenvolvimiento del capital, que definís como acumulación a través de la desposesión. ¿Podrías sintetizar lo específico de este último concepto y la relación entre ambas?
En un sentido ambas son “desposesiones”, ya que el trabajador es desposeído del valor entero del producto, pero en la historia del pensamiento esta es comúnmente definida como “explotación”. Creo que a la par de esta existe un comportamiento predatorio en el que los bienes de las personas les son quitados, y estos bienes pueden ser tradicionales, o pueden ser los bienes de unos capitalistas que son apropiados por otros más poderosos: en los Estados Unidos –por ejemplo– hay una larga tradición de las granjas familiares que está desapareciendo, en gran parte a través de los mecanismos del sistema crediticio, para darle lugar al agrobusiness, y debido a esto se ve una tensión constante en el campo. Pasa también aquí [en la Argentina] que a la gente a la cual le resulta muy difícil ganarse la vida con una pequeña propiedad de una hectárea, y esto significa que en un momento u otro, probablemente serán desposeídos de su medio de ganarse la vida. En EE.UU. con la crisis, hemos visto que con grandes bancarrotas corporativas como General Motors y Chrysler, mucha gente que tenía buenas jubilaciones, de repente ve cómo les son quitadas. Otro ejemplo de desposesión es la “gentrificación” de los barrios, que expulsa a la gente de los lugares donde vive mediante cambios en los impuestos y en toda la forma de vida.
Entonces, creo que está ocurriendo un proceso de desposesión que no solo se trata de la acumulación primitiva, en el sentido de derrocar a viejos sistemas, sino también en el sentido de quitar derechos que se han conquistado a través de la lucha de clases; de hecho, si uno mira los últimos 30 años del proceso neoliberal, ve mucha acumulación a través de la desposesión. Por ejemplo, en Gran Bretaña, cuando estaba creciendo, mi educación era gratis, no pagaba nada, hice un doctorado, todo fue pagado por el Estado. La educación gratis era un principio socialista muy importante. Ahora ha desaparecido, y la gente tiene que pagar. En mi propia universidad, una de las respuestas a la crisis de presupuesto, pues están en crisis los presupuestos de la ciudad y el Estado por el colapso financiero, es subir el arancel a unos 600 dólares por año. Esto, me parece a mí, es una desposesión del derecho a una educación decente. La gente tiene menos dinero y entonces, ¿qué hacés? ¡Les cobrás más! Esto es una forma de extraerle más excedente a la población. Entonces creo que la acumulación mediante la desposesión es una parte muy importante de nuestra crítica del capitalismo, y hay que consolidar esta parte de nuestras críticas, mientras –por supuesto– continuamos sosteniendo la necesidad de organizarnos contra la explotación en el propio proceso de trabajo. Creo, por lo tanto, que estas dos formas de explotación operan juntas, y es muy importante mantenerlas una al lado de la otra como parte del programa político.
IdZ: En muchas oportunidades hiciste hincapié en la dimensión urbana de la lucha de clases. ¿De qué manera opinas que se combinan la lucha en el lugar de trabajo y la lucha en la ciudad?
Este es un problema muy difícil y es uno que creo que la organización política necesita tratar. No tengo ninguna fórmula mágica. Ha habido una tendencia, por ejemplo, en especial en Europa, a que los sindicatos sean hostiles al “movimiento de los movimientos” tipo foros sociales, y a que estos respondan de la misma manera. Creo que los sindicatos tienen mucho trabajo que hacer, para reformarse e integrarse a un movimiento político mucho más amplio, y entonces creo que hay muchas dificultades: el sindicalismo varía mucho según el país y la realidad política del movimiento, pero creo que estamos ante una coyuntura ahora en que puede ser más viable esta reforma.
Por otro lado, toda la cuestión de los trabajadores y la ciudad, supone que los trabajadores están en las fábricas y la gente está en las ciudades, cuando en realidad los trabajadores viven en las ciudades. Hay una política del lugar de trabajo y una política del hogar, que pueden ser más fácilmente combinadas si empezamos a pensar de una forma más política sobre cómo se crea una ciudad, quién trabaja en la ciudad, cómo funciona, y por lo tanto empezamos a pensar en los trabajadores de mantenimiento, los recolectores de basura, los trabajadores telefónicos, y que estos también son trabajadores, y que una enorme cantidad de gente está empleada en el mantenimiento de la misma ciudad y la reproducción del medio ambiente urbano. Creo que la organización de estos trabajadores alrededor de un nuevo concepto de urbanización es algo que puede desbordar también al sentido más tradicional de organización de la gente que trabaja en fábricas o talleres.
IdZ: Hace unos años escribiste un prefacio para una nueva edición del Manifiesto Comunista. ¿Cuál es para vos la relevancia actual de esta obra?
Aún vivimos bajo el capitalismo. Lo que es asombroso es que Marx y Engels, armados con la crítica de una economía política principalmente británica, conociendo de primera mano por Engels lo que estaba sucediendo en Manchester, en cierto sentido hacen la pregunta sobre cómo sería si todo el mundo –en todos lados– fuera como en Manchester. Era una muy buena pregunta porque en ese momento el capitalismo estaba esencialmente confinado a la ciudad de Manchester y a otros pocos lugares, y ahora por supuesto vas al poderoso delta de Shanghai en China, cualquiera encuentra lo que estaba pasando en Manchester en los años 1840. Y la crítica de parte del mundo basada en esa pequeña parte del mismo. Y tantos aspectos de esa crítica aún están con nosotros: la alienación, el impulso a crear el mercado mundial… por lo que leer el Manifiesto es como leer una buena síntesis de lo que está ocurriendo en el mundo, salvo que ya no es en Manchester, sino lo que está pasando en China, lo que está sucediendo en India, en Sudáfrica, en Brasil, y lo que sucede aquí [en Argentina, NT]. Ellos adoptaron el punto de vista de que el capitalismo estaba destinado a globalizarse y por supuesto que lo ha hecho. Por lo que hay muchos aspectos que se acercan mucho a lo que nos encontramos hoy.
Pero también hay –por supuesto– aspectos que eran especiales de este período: su compromiso con los pensadores utópicos en Francia en los años 1830 y 1840; algunos argumentos peculiares sobre cuestiones de agenda del orden del día que son muy de su tiempo, que mencionaban en el prefacio que escribieron en la edición de 1872, que cambiarían. Es impresionante, leyéndolo, lo refrescante que es leer esta hermosa pieza de literatura, pequeña pieza de literatura, es que es como “¡Bang, de esto se trata la naturaleza del capitalismo!”. Y es muy excitante releerla hoy, particularmente como la estaba leyendo yo al comienzo de este colapso del sistema financiero y estando el capitalismo claramente en un gran problema, algo muy problemático e interesante era contrastar las diversas ediciones luego del 150 aniversario, en 1998, cuando el capitalismo estaba triunfante, cómo se tomaba el Manifiesto hace sólo diez años, y cómo se toma ahora cuando el capitalismo ya no es más triunfante en ningún lado.
Entrevista: Pablo Anino
Traducción: Juan Duarte
***
David Harvey
Graduado como geógrafo, se acercó al marxismo en los años ‘70, bajo la influencia del clima ideológico de una década convulsionada. Retomando el camino iniciado por Henri Lefebvre, sus trabajos realizaron un aporte fundamental en la comprensión de la dimensión espacial de la acumulación capitalista estimulando otros desarrollos posteriores. Los límites del capitalismo y la teoría económica marxistapropone originales desarrollos de la obra de Marx. La condición de la posmodernidad es una de las obras fundamentales para una crítica marxista del posmodernismo. Entre otros importantes trabajos se cuentan París, la capital de la modernidad, El enigma del capital y las crisis del capitalismo y Ciudades rebeldes. Es catedrático de Antropología y Geografía en la City University of New York (CUNY) y Miliband Fellow de la London School of Economics.
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sábado, noviembre 02, 2013
El futuro de un pais extraño , Josep Fontana , Pasado y presente , Bookt...
Josep Fontana comenta su extraordinario libro "Por el bien del Imperio", el cual apenas he podido leer en estos últimos 15 días la introducción, la cual me cautivo. Empero los informes y la gran cantidad de actividades diarias de la Universidad me impiden leerlo. Cuanto espero las vacaciones de diciembre para entrarle de lleno a este extraordinario libro.
A pesar de tener pocas páginas de lectura recomiendo la lectura de "Por el bien del Imperio".
http://www.youtube.com/v/hjchayuvEuo?autohide=1&version=3&feature=share&showinfo=1&autohide=1&attribution_tag=0SkE73M2Y4ELnHJ2FvOdJw&autoplay=1
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lunes, febrero 25, 2013
Autobiografía de un historiador que nunca se ha puesto unos vaqueros. Reseña de "Años interesantes. Una vida en el siglo XX" de Eric Hobsbawm
Autobiografía de un historiador que nunca se ha puesto unos vaqueros
El Viejo Topo
Tomado de http://www.rebelion.org/noticia.php?id=43629
Estas tres razones esenciales, sucintamente explicitadas, pueden ser
fundamentadas con algo más de espacio mediante el siguiente decálogo:
1. Años interesantes es presentado por Hobsbawm como una autobiografía y es, efectivamente, una autobiografía.
No hay aquí ninguna vacía tautología. La cantidad de publicaciones (o
afines) presentadas como biografías o autobiografías pero que, en el
mejor de los supuestos, son de hecho narración descuidada, ficción
urgente, especulación interesada, justificación política, re o
deconstrucción histórica, desvarío ególatra, negocio, apuesta o cálculo
textil-industrial, etc. -largo etcétera-, se aproxima, según los últimos
y documentados estudios conocidos, al tercer elemento de la serie
aléfica de los infinitos. AI no está ni puede estar incluido, bajo
ningún punto de vista y sea cual sea la perspectiva de análisis, es ese
denso, poco veraz y escandaloso dominio.
2. La modestia no postiza que acompaña al autor.
No es frecuente encontrar negro sobre blanco, ya en los compases
iniciales de la narración (p.9), y más tratándose de un ensayo de uno de
los grandes científicos sociales de los siglos XX y XXI, una reflexión
tan prudente como la reflejada en el siguiente apunte:
“(...)
si por lo que fuese mi nombre desapareciese completamente de la vista,
como ocurrió con la lápida de mis padres en el Cementerio Central de
Viena que hace cinco años anduve buscando en vano, no se produciría
ninguna laguna en el relato de lo sucedido en la historia del siglo XX,
ni en Gran Bretaña ni en ninguna otra parte”.
E, igualmente, refiriéndose a su trabajo y éxito como historiador en los años sesenta:
“(...) Ese fue el motivo del triunfo a mediados de los años sesenta de la maravillosa obra La formación de la clase obrera en Inglaterra,
de E.P.Thomson, que elevó a su autor, con todo merecimiento, pero para
sorpresa general, a la fama internacional prácticamente de la noche a la
mañana. Durante algún tiempo los profesores de más edad se quejaron de
que los estudiantes no leían prácticamente ningún otro libro. Yo no
tenía ni el genio de Edward ni su carisma ni sus ventas, pero también
escribía sobre los temas, y con los mismo sentimientos, que atraían a
los lectores universitarios radicales” (p. 282).
O, finalmente y transitando por el mismo sendero, al hacer referencia a su marxismo juvenil, EJH no nos oculta que:
“Mi marxismo era, y en cierta medida sigue siendo,
el adquirido a partir de los únicos textos entonces disponibles fuera
de las bibliotecas universitarias, las obras y las antologías de los
“clásicos” distribuidas sistemáticamente, publicadas (y traducidas en
ediciones locales fuertemente subvencionadas) bajo los auspicios del
Instituto Marx-Engels de Moscú” (p. 97). [cursiva mía]
3. Joyas dispersas en las páginas de AI.
Botón de muestra. En los momentos finales de uno de los capítulos más
hermosos de AI (“Un niño en Viena”, pp.19-33), EJH da cuenta de un
réplica de su madre ante un comentario suyo sobre el comportamiento de
un familiar: “Nunca hagas nada, ni por asomo, que dé la impresión de que
te avergüenzas de ser judío.” Hobsbawm señala que, desde entonces, ha
intentado llevar siempre este principio a la práctica, “aunque a veces
suponga verdaderamente un esfuerzo muy arduo, a la luz de la actuación
del gobierno de Israel” (p.33). La condición asumida de “judío no
judío”, no de “judío renegado”, no impide al autor de La era de la revolución señalar, con coraje cívico modélico y razonable, que:
a) No ve que existan razones ni que tenga la obligación moral de observar las prácticas de una religión ancestral.
b) Mucho menos, desde luego, la de servir ciegamente a una pequeña nación-Estado militarista y políticamente agresiva.
c) Ni incluso asumir la postura del judío que, con la fuerza de la
Shoah, señala Hobsbawm, “afirma ante la conciencia mundial unos derechos
exclusivos como víctima de una persecución. El bien y el mal, la
justicia y la injusticia, no puede abanderarlos ni un sola raza ni una
única nación” (p.33).
4. Las reflexiones históricas documentadas como marco del relato.
Los ejemplos son constantes, dado que EHJ no ha pretendido escribir un
relato autobiográfico donde el ámbito personal degenere en cotilleo, en
detalle insustancial o en chafardería televisiva, pero si tuviese que
escoger algunos de ellos no tendría apenas dudas: los capítulos cuarto
(“Berlín: la muerte de la república de Weimar”) y quinto (“Berlín:
marrón y roja”) no sólo son buenos sino que son excelentes. Así, las
páginas dedicadas a su temprano compromiso político o a la tesis
(¿tesis?) del socialfascismo son de lectura obligada. Los momentos, las
circunstancias vividas eran, además, tiempos difíciles, muy difíciles:
“(...) El reparto de propaganda electoral a favor del KPD no era cosa
de broma, especialmente durante los días posteriores al incendio del
Reichstag. Tampoco lo era votar comunista, aunque el 5 de marzo esa
siguió siendo la opción de más de un trece por ciento del electorado.
Teníamos derecho a tener miedo, pues no sólo arriesgábamos nuestra piel
sino también la de nuestros padres” (p. 79).
5. All that jazz!
EJH fue crítico musical con seudónimo en el New Statesman and Nation y autor de un documentado libro sobre jazz (The Jazz Scene).
En AI nos regala comentarios de interés, dispersos aquí y allá, en
absoluto obviables, de una música “con una fuerte capacidad de
emocionar” y que, como ha señalado él mismo, en repetidas ocasiones, le
abrió en su faceta de historiador un campo de análisis histórico de sumo
interés para su aproximación y entendimiento de los fenómenos
culturales populares. Aunque de hecho, señala Hobsbawm, el jazz no es
una música popular, una curiosa melodía de Cole Porter sobre amor y
revolución (p.118) acompañó sus combativas actividades políticas
universitarias en la década de los treinta.
La misma elección del seudónimo para sus críticas musicales no fue casual:
“(...) escribí bajo el seudónimo de Francis Newton, en homenaje a
Frankie Newton, uno de los pocos músicos de jazz del que se sabe que era
comunista, un trompetista excelente, aunque no una superestrella, que
tocó con Billie Holliday en la maravillosa sesión de Commodore Records
de la que saldría ‘Strange Fruit’ ” (p. 212).
6. Cambridge.
Los capítulos 7 y 8 están dedicados a narrar su experiencia en la
Universidad de Cambridge. Nada de ellos merece ser pasado por alto. Sus
referencias a John Cornford, James Klugmann, J.D.Bernal -a pesar de ser
“totalmente negado para la música” (p.173)- o Margot Heinemann son
exquisitas. De esta última -“una de las personas más increíbles que
jamás he conocido”-, EJH comenta:
“(...) A través de una vida
ejemplar, con sus consejos y su sentido de la camaradería, tuvo
probablemente más influencia en mí que cualquier otra persona que haya
conocido” (p. 120).
7. Las razones de una militancia.
EJH se hizo comunista en 1932, si bien no ingresó en el partido hasta
su llegada a Cambridge en 1936. Permaneció en él durante medio siglo. En
las páginas 125-145 da cuenta de esta experiencia política decisiva en
su vida, si bien admite que “la cuestión de por qué tantos años de
militancia es a todas luces procedente en una autobiografía, pero no es
de interés histórico general” (p.125). Para mostrar la importancia
decisiva del movimiento en la historia del siglo XX, EJH sostiene que
“no ha habido un triunfo de una ideología comparable desde las
conquistas (más lentas y menos globales) del islam en los siglos VII y
VII de nuestra era” (p.125). Su admiración por el comunismo italiano, en
sus varias tendencias (Togliatti, Amendola) es patente en sus
reflexiones. Tampoco son marginales sus comentarios al “maravilloso
poema de Brecht, An die Nachgeborenen [A los hombres futuros]”.
Igualmente es de cita obligada este pasaje sobre un mitin de la Pasionaria en el París de 1936:
“(...) Aun así, los discursos no son una parte significativa de mis
recuerdos como comunista, con la excepción de uno que tuvo lugar en
Paris durante los primeros meses de la guerra civil española pronunciado
por Dolores Ibárruri, La Pasionaria, un discurso extenso, ella vestida
de negro, como una viuda, en medio del silencio cargado de tensa emoción
de la abarrotada pista cubierta del Velódromo de Invierno. Aunque
apenas nadie del público comprendiera el español sabíamos perfectamente
que nos decía...” (p. 130)
Los retratos de Georgi Dimitrov (“si no abandoné el partido en 1956 fue,
entre otras cosas, porque el movimiento producía este tipo de hombres y
mujeres” (p.136)) y de Ephraim Feuerlicht, Franz Marek -“probablemente
no haya otro hombre por el que sienta tanta admiración”, p.137- están
entre lo mejor de este capítulo.
8. Retratos de contemporáneos.
También aquí son numerosos los ejemplos que deberían apuntarse. Si
tuviera que escoger entre ellos, no vacilaría: las páginas dedicadas a
E.P.Thomson (pp.201 ss), la breve referencia a B. Russell (p.219) o su
reflexión sobre el ex-líder del partido laborista Tony Benn (pp.250-251)
estarían en mi antología de clásicos coetáneos vistos por EJH.
9. Su aproximación al nuevo laborismo.
EJH que en absoluto mantiene ni ha mantenido posiciones políticas
digamos radicales en sus últimos años, apunta con esmero crítico a las
tortuosas políticas del partido laborista británico del último período.
Es de lectura obligada en este campo el cap.16 (“Un observador
político”) y especialmente las págs.256-257 donde Hobsbawm argumenta,
con neta moderación, sobre el sentido de sus observaciones críticas: el
llamado nuevo laborismo merece ser discutido no por la aceptación
realista del marco en el que se interviene políticamente, “sino por
aceptar demasiados presupuestos ideológicos de la teología económica del
mercado libre dominante” (p.256), entre ellos, y fundamentalmente, la
creencia según la cual la gestión eficaz de los asuntos sociales sólo
puede conseguirse a través de la conducta y comportamiento empresarial.
10. La ecuanimidad de juicio.
Basta para ello seguir con atención las varias aproximaciones de EJH a
la fenecida República Democrática Alemana (p.52 y ss), o la equilibrada
aproximación a Mijail Gorbachov (pp.258-259) o los capítulo dedicados a
Francia (“La Marsellesa”, cap.19) o España e Italia (“De Franco a
Berlusconi”, cap.20).
En síntesis: el lector está
ante la autobiografía, excelentemente escrita, de unos de los grandes
historiadores vivos, con vida apasionante y comprometida, sin tendencia
alguna al detalle personal inesencial y que señala la paradoja de que
después de medio siglo de guerra fría anticomunista los únicos
movimientos que han causado muerte entre ciudadanos en el territorio del
Imperio son sus propios fanáticos de la derecha extrema y los
fundamentalistas sunnitas que otrora financió deliberadamente el “mundo
libre” contra los soviéticos” (p.259). Por eso, concluye Hobsbawm, la
humanidad tal vez tenga que lamentar que, ante la alternativa socialismo
o barbarie proclamada por Rosa Luxemburg, la decisión tomada por los
élites dirigentes parece apoyar la segunda opción planteada por la
revolucionaria alemana. Por eso, finaliza Hobsbawm s relato, señalando:
“Pero no abandonemos las armas ni siquiera en los momentos más
difíciles. La injusticia social debe seguir siendo denunciada y
combatida. El mundo no mejorará por sí solo” (p.379).
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sábado, marzo 31, 2012
Entrevista al pensador egipcio Samir Amin "El mundo visto desde el Sur"
Alainet
Tomado de Rebelión http://www.rebelion.org/noticia.php?id=147259
Esta entrevista está compuesta de tres partes: 1) El mundo visto del Sur, 2) La implosión del capitalismo y 3) Estrategias imperiales y luchas políticas. Samir Amin es autor de una voluminosa obra de análisis crítico del capitalismo y de innovadoras tesis, tales como la de la 'desconexión' y la de la 'implosión' del capitalismo, a las cuales se refiere en esta entrevista.
IL: Quisiéramos enfocar este intercambio en tres problemáticas distintas pero relacionadas: su visión del mundo y las posibilidades de cambiarlo; su propuesta conceptual y política en torno a la implosión del capitalismo y la desconexión del mismo; y el análisis del contexto mundial, visto especialmente desde el Oriente medio y África. ¿Cuál es su visión del mundo visto desde el Sur y desde una perspectiva del sur?
SA: Para responder esta pregunta, que no es nada sencilla, es necesario dividir el tema en 3 partes. Nos interrogaremos primeramente sobre cuáles son las características importantes y decisivas del capitalismo contemporáneo −no del capitalismo en general, sino del contemporáneo−; qué tiene de nuevo realmente; qué es lo que le caracteriza. En segundo lugar enfocaremos la naturaleza de la actual crisis que, más que una crisis, yo la defino como una implosión del sistema capitalista contemporáneo. En tercer lugar, en este mismo marco, analizaremos cuáles son las estrategias y las fuerzas reaccionarias dominantes, es decir, del capital dominante, de la triada imperialista Estados Unidos-Europa-Japón y de sus aliados reaccionarios en el mundo entero. Solamente habiendo comprendido esto, podremos dimensionar el desafío al que se enfrentan los pueblos del Sur, tanto en los países emergentes como en el resto de países.
Mi tesis sobre la naturaleza del sistema capitalista contemporáneo −que de modo más modesto la llamaré «hipótesis» porque está abierta a discusión−, es que hemos entrado en una nueva fase del capitalismo monopólico, se trata de una etapa cualitativamente nueva, pautada por el grado de centralización del capital, cuya condensación llega a tal punto que, hoy en día, el capital monopolico lo controla todo.
Claro que el concepto ‘capital monopólico’ no es nuevo, fue acuñado a fines del siglo XIX y, de hecho, este se desarrolló como tal, a través de distintas fases sucesivas, durante todo el siglo XX; pero es a partir de los años 1970-1980 que despunta una etapa cualitativamente nueva, pues antes existía pero no lo controlaba todo. En la actualidad, ya no existe ninguna actividad económica capitalista que sea autónoma o independiente del capitalismo monopólico, este controla todas y cada una de las actividades, aún aquellas que conservan una apariencia de autonomía. Un ejemplo, de entre muchos, es el de la agricultura en los países capitalistas desarrollados, donde es controlada por los monopolios que proveen los insumos, las semillas seleccionadas, los pesticidas, los créditos y las cadenas de comercialización.
Eso es decisivo, es un cambio cualitativo al que yo llamo de «monopolio generalizado», es decir, que se extiende a todas las esferas. Esta característica provoca consecuencias sustantivas e importantes. En primer lugar, se ha desvirtuado completamente la democracia burguesa, pues si antes se fundamentaba en una oposición izquierda-derecha, que correspondía a alianzas sociales, más o menos populares, más o menos burguesas, pero diferenciadas por sus concepciones de la política económica, en la actualidad, en Estados Unidos, por ejemplo, republicanos y demócratas, o en Francia socialistas de la corriente de Hollande y la derecha de Sarkozy, son lo mismo, o casi lo mismo. Es decir que todos están alineados a un consenso que es el mandato del capital monopólico.
Esa primera consecuencia constituye un cambio en la vida política. La democracia así desvirtuada, se ha convertido en una farsa, como se ve en las elecciones primarias de Estados Unidos. El capital monopolista generalizado ha provocado consecuencias muy graves, ha convertido a los Estados Unidos en una nación de ‘tontos’, es grave porque la democracia ya no se expresa.
La segunda consecuencia es que el ‘capitalismo generalizado’ es la base objetiva de la emergencia de lo que llamo de «imperialismo colectivo» de la triada Estados Unidos-Europa-Japón. Es un punto que afirmo con vehemencia, pues aun siendo una hipótesis estoy en capacidad de defenderla: no hay mayores contradicciones entre Estados Unidos-Europa-Japón, existe una ligera competición en el plano comercial, pero en el plano político, el alineamiento con las políticas definidas por Estados Unidos como política mundial, es inmediato. Lo que llamamos «comunidad internacional» copia el discurso de los Estados Unidos y tres minutos después aparecen los embajadores europeos, con algunas comparsas de grandes demócratas, como el emir de Catar o el rey de Arabia Saudita. La ONU no existe, esa representación de los Estados es una caricatura.
Es ésta la transformación fundamental, la transición del capitalismo monopólico al ‘capitalismo monopólico generalizado’, lo que explica la financiarización, porque estos monopolios generalizados son capaces, debido al control que detentan sobre todas las actividades económicas, de bombear una parte cada vez más grande de la plusvalía en todo el mundo y convertirla en la rampa monopolista, la rampa imperialista, que constituye la base de la desigualdad y del estancamiento del crecimiento de los países del Norte y de la triada Estados Unidos-Europa-Japón.
Eso me lleva al segundo punto: es este sistema que está en crisis y, más aún, no es solamente una crisis: es una implosión, en el sentido de que este sistema no es capaz de reproducirse desde sus propias bases, es decir, es víctima de sus propias contradicciones internas.
Este sistema implosiona, no porque sea atacado por el pueblo, sino a causa de su éxito, el éxito de haber logrado imponerse en el pueblo le lleva a provocar un crecimiento vertiginoso de las desigualdades, que no solamente es escandaloso socialmente sino que es inaceptable, pero termina siendo aceptado, y aceptado sin objeción; pero no es esa la causa de la implosión, sino el hecho de que no pueda reproducirse desde sus propias bases.
Eso me lleva a la tercera dimensión, que tiene que ver con la estrategia de las fuerzas reaccionarias dominantes. Cuando hablo de fuerzas reaccionarias dominantes me refiero al capital monopólico generalizado de la tríada imperialista histórica Estados Unidos-Europa-Japón, a las que se suman todas las fuerzas reaccionarias alrededor del mundo que se agrupan, de una forma u otra, en bloques hegemónicos locales, que sostienen y se inscriben en esta dominación reaccionaria mundial. Estas fuerzas reaccionarias locales son extremadamente numerosas y difieren enormemente de un país al otro.
La estrategia política de las fuerzas dominantes, es decir, del capital monopólico generalizado, financiarizado, de la tríada imperialista colectiva histórica tradicional: Estados Unidos-Europa-Japón, está definida por su identificación del enemigo. Para ellos, el enemigo son los países emergentes, es decir, China, el resto, como India, Brasil y otros, son para ellos semiemergentes.
¿Por qué China? Porque la clase dirigente china tiene un proyecto, no voy a entrar en detalles sobre la naturaleza socialista o capitalista de este proyecto, lo importante es que cuenta con un proyecto, que consiste en no aceptar los mandatos del capital monopolista generalizado financiarizado de la tríada, que se impone mediante sus ventajas: control de la tecnología, control del acceso a los recursos naturales del planeta, de los medios de comunicación, la propaganda, etc., control del sistema monetario y financiero mundial integrado y de las armas de destrucción masiva. China viene a cuestionar este orden, sin hacer ruido.
China no es subcontratista, hay sectores en China que lo son, en su calidad de fabricantes y vendedores de juguetes baratos y de mala calidad, solo porque necesitan echar mano de divisas, eso es fácil, pero no es eso lo que caracteriza a China, sino su desarrollo y la rápida absorción de tecnología de punta, su reproducción y desarrollo propio. China no es el taller del mundo, como opinan algunos. No es «made in China» (hecho en China) sino «made by China» (hecho por China), eso ahora es posible porque ellos hicieron una revolución: el socialismo construyó paradójicamente la vía que hizo posible disputar un cierto capitalismo.
Yo diría que después de China, el resto de países emergentes son secundarios. Si tuviera que calificarlos, calificaría de emergente a China con 100%, Brasil 30% y el resto de países 20%. El resto, en comparación con China, son subcontratistas, porque tienen negocios de subcontratación importantes, porque tienen un margen de negociación, hay un compromiso entre el capital monopolista generalizado financiarizado de la tríada y los países emergentes como India y Brasil y otros. No pasa lo mismo con China.
Por eso la guerra contra China figura como parte de la estrategia de la ‘triada’. Hace 20 años había ya estadounidenses locos que defendían la idea de declararle la guerra, porque después sería muy tarde.
Los chinos tuvieron éxito, es por eso que su política exterior es tan pacífica, y ahora Rusia entra a formar parte, junto a ellos, de la categoría de verdaderos países emergentes. Vemos a Putin, planteando la modernización del ejército ruso, intentando rehacer lo que era la armada soviética, que constituyó un verdadero contrapeso a la potencia militar de los Estados Unidos, esto es importante. No discuto aquí sobre el hecho de que Putin sea o no demócrata, o si su perspectiva es socialista o no; no se trata de eso, sino de la posibilidad de contraponer al poder de la triada.
El resto del mundo, el resto del Sur, todos nosotros, ustedes los ecuatorianos, nosotros los egipcios, y muchos otros, no contamos. Al capitalismo monopólico colectivo, nuestros países apenas le interesan por una sola razón: el acceso a nuevos recursos naturales, porque este capital monopólico no puede reproducirse sin controlar, despilfarrar los recursos naturales de todo el planeta. Es lo único que les interesa.
Para garantizarse un acceso exclusivo a los recursos naturales, los imperialistas necesitan que nuestros países no se desarrollen. El ‘lumpendesarrollo’, como lo definió Andre Gunder Frank, se dio en circunstancias muy distintas, pero tomo prestado el término ahora en condiciones diferentes, para describir cómo el único proyecto del imperialismo para nosotros es el no-desarrollo. Desarrollo de lo anómalo: pauperización más petróleo, crecimiento falso, o gas, madera, o lo que sea, para tener acceso a los recursos naturales y es eso lo que está a punto de implosionar, porque es lo que se ha vuelto intolerable moralmente, el pueblo no lo acepta más.
Es aquí donde se generan las implosiones, las primeras olas de implosión se originaron en América Latina, y no es producto del azar que hayan tenido lugar en países marginales, como Bolivia, Ecuador, Venezuela. No es producto del azar. Luego, la primavera árabe, ya tendremos otras olas en Nepal y otros países, porque no es algo que esté sucediendo solo en una región específica.
Para el pueblo que es protagonista de esto, el desafío es enorme. Es decir, el desafío no se da en el marco de este sistema, en el intento de trascender desde el neoliberalismo hacia un capitalismo con rostro humano, entrar en la lógica de la buena gobernanza, de la reducción de la pobreza, la democratización de la vida política, etc. porque todos esos son modos de gestionar la pauperización, que es el resultado de esta lógica.
Mi conclusión –desde una postura enfocada principalmente en el mundo árabe− es que esta no es apenas una coyuntura sino mas bien un momento histórico, que se presenta formidable para el pueblo. Me refiero a la revolución, pero aun si no quiero abusar de ese término, están dadas las condiciones objetivas para construir amplios bloques sociales alternativos anticapitalistas, hay un contexto para la audacia, para plantear un cambio radical.
Fuente: http://alainet.org/active/5374 7
IL: Quisiéramos enfocar este intercambio en tres problemáticas distintas pero relacionadas: su visión del mundo y las posibilidades de cambiarlo; su propuesta conceptual y política en torno a la implosión del capitalismo y la desconexión del mismo; y el análisis del contexto mundial, visto especialmente desde el Oriente medio y África. ¿Cuál es su visión del mundo visto desde el Sur y desde una perspectiva del sur?
SA: Para responder esta pregunta, que no es nada sencilla, es necesario dividir el tema en 3 partes. Nos interrogaremos primeramente sobre cuáles son las características importantes y decisivas del capitalismo contemporáneo −no del capitalismo en general, sino del contemporáneo−; qué tiene de nuevo realmente; qué es lo que le caracteriza. En segundo lugar enfocaremos la naturaleza de la actual crisis que, más que una crisis, yo la defino como una implosión del sistema capitalista contemporáneo. En tercer lugar, en este mismo marco, analizaremos cuáles son las estrategias y las fuerzas reaccionarias dominantes, es decir, del capital dominante, de la triada imperialista Estados Unidos-Europa-Japón y de sus aliados reaccionarios en el mundo entero. Solamente habiendo comprendido esto, podremos dimensionar el desafío al que se enfrentan los pueblos del Sur, tanto en los países emergentes como en el resto de países.
Mi tesis sobre la naturaleza del sistema capitalista contemporáneo −que de modo más modesto la llamaré «hipótesis» porque está abierta a discusión−, es que hemos entrado en una nueva fase del capitalismo monopólico, se trata de una etapa cualitativamente nueva, pautada por el grado de centralización del capital, cuya condensación llega a tal punto que, hoy en día, el capital monopolico lo controla todo.
Claro que el concepto ‘capital monopólico’ no es nuevo, fue acuñado a fines del siglo XIX y, de hecho, este se desarrolló como tal, a través de distintas fases sucesivas, durante todo el siglo XX; pero es a partir de los años 1970-1980 que despunta una etapa cualitativamente nueva, pues antes existía pero no lo controlaba todo. En la actualidad, ya no existe ninguna actividad económica capitalista que sea autónoma o independiente del capitalismo monopólico, este controla todas y cada una de las actividades, aún aquellas que conservan una apariencia de autonomía. Un ejemplo, de entre muchos, es el de la agricultura en los países capitalistas desarrollados, donde es controlada por los monopolios que proveen los insumos, las semillas seleccionadas, los pesticidas, los créditos y las cadenas de comercialización.
Eso es decisivo, es un cambio cualitativo al que yo llamo de «monopolio generalizado», es decir, que se extiende a todas las esferas. Esta característica provoca consecuencias sustantivas e importantes. En primer lugar, se ha desvirtuado completamente la democracia burguesa, pues si antes se fundamentaba en una oposición izquierda-derecha, que correspondía a alianzas sociales, más o menos populares, más o menos burguesas, pero diferenciadas por sus concepciones de la política económica, en la actualidad, en Estados Unidos, por ejemplo, republicanos y demócratas, o en Francia socialistas de la corriente de Hollande y la derecha de Sarkozy, son lo mismo, o casi lo mismo. Es decir que todos están alineados a un consenso que es el mandato del capital monopólico.
Esa primera consecuencia constituye un cambio en la vida política. La democracia así desvirtuada, se ha convertido en una farsa, como se ve en las elecciones primarias de Estados Unidos. El capital monopolista generalizado ha provocado consecuencias muy graves, ha convertido a los Estados Unidos en una nación de ‘tontos’, es grave porque la democracia ya no se expresa.
La segunda consecuencia es que el ‘capitalismo generalizado’ es la base objetiva de la emergencia de lo que llamo de «imperialismo colectivo» de la triada Estados Unidos-Europa-Japón. Es un punto que afirmo con vehemencia, pues aun siendo una hipótesis estoy en capacidad de defenderla: no hay mayores contradicciones entre Estados Unidos-Europa-Japón, existe una ligera competición en el plano comercial, pero en el plano político, el alineamiento con las políticas definidas por Estados Unidos como política mundial, es inmediato. Lo que llamamos «comunidad internacional» copia el discurso de los Estados Unidos y tres minutos después aparecen los embajadores europeos, con algunas comparsas de grandes demócratas, como el emir de Catar o el rey de Arabia Saudita. La ONU no existe, esa representación de los Estados es una caricatura.
Es ésta la transformación fundamental, la transición del capitalismo monopólico al ‘capitalismo monopólico generalizado’, lo que explica la financiarización, porque estos monopolios generalizados son capaces, debido al control que detentan sobre todas las actividades económicas, de bombear una parte cada vez más grande de la plusvalía en todo el mundo y convertirla en la rampa monopolista, la rampa imperialista, que constituye la base de la desigualdad y del estancamiento del crecimiento de los países del Norte y de la triada Estados Unidos-Europa-Japón.
Eso me lleva al segundo punto: es este sistema que está en crisis y, más aún, no es solamente una crisis: es una implosión, en el sentido de que este sistema no es capaz de reproducirse desde sus propias bases, es decir, es víctima de sus propias contradicciones internas.
Este sistema implosiona, no porque sea atacado por el pueblo, sino a causa de su éxito, el éxito de haber logrado imponerse en el pueblo le lleva a provocar un crecimiento vertiginoso de las desigualdades, que no solamente es escandaloso socialmente sino que es inaceptable, pero termina siendo aceptado, y aceptado sin objeción; pero no es esa la causa de la implosión, sino el hecho de que no pueda reproducirse desde sus propias bases.
Eso me lleva a la tercera dimensión, que tiene que ver con la estrategia de las fuerzas reaccionarias dominantes. Cuando hablo de fuerzas reaccionarias dominantes me refiero al capital monopólico generalizado de la tríada imperialista histórica Estados Unidos-Europa-Japón, a las que se suman todas las fuerzas reaccionarias alrededor del mundo que se agrupan, de una forma u otra, en bloques hegemónicos locales, que sostienen y se inscriben en esta dominación reaccionaria mundial. Estas fuerzas reaccionarias locales son extremadamente numerosas y difieren enormemente de un país al otro.
La estrategia política de las fuerzas dominantes, es decir, del capital monopólico generalizado, financiarizado, de la tríada imperialista colectiva histórica tradicional: Estados Unidos-Europa-Japón, está definida por su identificación del enemigo. Para ellos, el enemigo son los países emergentes, es decir, China, el resto, como India, Brasil y otros, son para ellos semiemergentes.
¿Por qué China? Porque la clase dirigente china tiene un proyecto, no voy a entrar en detalles sobre la naturaleza socialista o capitalista de este proyecto, lo importante es que cuenta con un proyecto, que consiste en no aceptar los mandatos del capital monopolista generalizado financiarizado de la tríada, que se impone mediante sus ventajas: control de la tecnología, control del acceso a los recursos naturales del planeta, de los medios de comunicación, la propaganda, etc., control del sistema monetario y financiero mundial integrado y de las armas de destrucción masiva. China viene a cuestionar este orden, sin hacer ruido.
China no es subcontratista, hay sectores en China que lo son, en su calidad de fabricantes y vendedores de juguetes baratos y de mala calidad, solo porque necesitan echar mano de divisas, eso es fácil, pero no es eso lo que caracteriza a China, sino su desarrollo y la rápida absorción de tecnología de punta, su reproducción y desarrollo propio. China no es el taller del mundo, como opinan algunos. No es «made in China» (hecho en China) sino «made by China» (hecho por China), eso ahora es posible porque ellos hicieron una revolución: el socialismo construyó paradójicamente la vía que hizo posible disputar un cierto capitalismo.
Yo diría que después de China, el resto de países emergentes son secundarios. Si tuviera que calificarlos, calificaría de emergente a China con 100%, Brasil 30% y el resto de países 20%. El resto, en comparación con China, son subcontratistas, porque tienen negocios de subcontratación importantes, porque tienen un margen de negociación, hay un compromiso entre el capital monopolista generalizado financiarizado de la tríada y los países emergentes como India y Brasil y otros. No pasa lo mismo con China.
Por eso la guerra contra China figura como parte de la estrategia de la ‘triada’. Hace 20 años había ya estadounidenses locos que defendían la idea de declararle la guerra, porque después sería muy tarde.
Los chinos tuvieron éxito, es por eso que su política exterior es tan pacífica, y ahora Rusia entra a formar parte, junto a ellos, de la categoría de verdaderos países emergentes. Vemos a Putin, planteando la modernización del ejército ruso, intentando rehacer lo que era la armada soviética, que constituyó un verdadero contrapeso a la potencia militar de los Estados Unidos, esto es importante. No discuto aquí sobre el hecho de que Putin sea o no demócrata, o si su perspectiva es socialista o no; no se trata de eso, sino de la posibilidad de contraponer al poder de la triada.
El resto del mundo, el resto del Sur, todos nosotros, ustedes los ecuatorianos, nosotros los egipcios, y muchos otros, no contamos. Al capitalismo monopólico colectivo, nuestros países apenas le interesan por una sola razón: el acceso a nuevos recursos naturales, porque este capital monopólico no puede reproducirse sin controlar, despilfarrar los recursos naturales de todo el planeta. Es lo único que les interesa.
Para garantizarse un acceso exclusivo a los recursos naturales, los imperialistas necesitan que nuestros países no se desarrollen. El ‘lumpendesarrollo’, como lo definió Andre Gunder Frank, se dio en circunstancias muy distintas, pero tomo prestado el término ahora en condiciones diferentes, para describir cómo el único proyecto del imperialismo para nosotros es el no-desarrollo. Desarrollo de lo anómalo: pauperización más petróleo, crecimiento falso, o gas, madera, o lo que sea, para tener acceso a los recursos naturales y es eso lo que está a punto de implosionar, porque es lo que se ha vuelto intolerable moralmente, el pueblo no lo acepta más.
Es aquí donde se generan las implosiones, las primeras olas de implosión se originaron en América Latina, y no es producto del azar que hayan tenido lugar en países marginales, como Bolivia, Ecuador, Venezuela. No es producto del azar. Luego, la primavera árabe, ya tendremos otras olas en Nepal y otros países, porque no es algo que esté sucediendo solo en una región específica.
Para el pueblo que es protagonista de esto, el desafío es enorme. Es decir, el desafío no se da en el marco de este sistema, en el intento de trascender desde el neoliberalismo hacia un capitalismo con rostro humano, entrar en la lógica de la buena gobernanza, de la reducción de la pobreza, la democratización de la vida política, etc. porque todos esos son modos de gestionar la pauperización, que es el resultado de esta lógica.
Mi conclusión –desde una postura enfocada principalmente en el mundo árabe− es que esta no es apenas una coyuntura sino mas bien un momento histórico, que se presenta formidable para el pueblo. Me refiero a la revolución, pero aun si no quiero abusar de ese término, están dadas las condiciones objetivas para construir amplios bloques sociales alternativos anticapitalistas, hay un contexto para la audacia, para plantear un cambio radical.
Fuente: http://alainet.org/active/5374
domingo, marzo 18, 2012
Walter Benjamin: ¿abismo o revolución?
Walter Benjamin (1892-1940) fue un pensador comprometido críticamente con la realidad. Su obra ofrece una serie de brillantes iluminaciones sobre, entre otros temas, la historia, el tiempo, la memoria, la experiencia, el arte, la literatura o la relación del individuo con la gran ciudad. En uno de los textos preparatorios de las famosas tesis sobre la historia, de 1940, Benjamin expresa una de esas productivas y casi proféticas iluminaciones: “Marx [1] dice que las revoluciones son las locomotoras de la historia. Pero tal vez las cosas sean diferentes. Quizá las revoluciones sean la forma en que la humanidad, que viaja en ese tren, acciona el freno de emergencia” [2].El fragmento reproducido pone de manifiesto el concepto benjaminiano de “revolución”. En sus orígenes astronómicos, el término “revolución” (revolutio) designaba el movimiento regular y circular de los astros. Sin embargo, fue durante el siglo XVIII, sobre todo a partir de la Revolución francesa, cuando la palabra adquirió el sentido político moderno de cambio radical o ruptura brusca del orden social y político establecido. Benjamin critica que desde la modernidad occidental la revolución se ha entendido en sentido metafórico como un tren sin frenos que circula a toda velocidad. Ser revolucionario significa fundamentalmente subirse a la “locomotora de la historia” que, encarrilada sobre los raíles del progreso, la modernización y el desarrollo capitalista (de la globalización neoliberal, en un lenguaje actual), deja atrás una historia de atrasos, ignorancia y subdesarrollo. La acción revolucionaria consiste en montar en ese tren impulsado por el viento de la historia, que encarna la promesa de un futuro mejor. Los pasajeros, esperanzados, no quieren perder el tren. Pero lo que no saben es que están a punto de emprender un viaje sin estaciones. Del mismo modo, ignoran que el maquinista es un autómata que circula a una velocidad vertiginosa, incapaz de moderar la velocidad y cambiar el rumbo. Siendo así, lo más probable es que se estrelle.
Para Benjamin, por el contrario, la revolución no es la locomotora de la historia, sino el freno de emergencia que los pasajeros deben pisar cuanto antes para hacerse con el control del tren y evitar caer en el abismo del “progreso”. La revolución no es aquello a lo que conduce la concepción del tiempo lineal y mecánico, sino aquello que interrumpe su curso (continuum), aunque sea por un instante. La revolución es la interrupción de la continuidad temporal, de la historia clasista de los vencedores, no su culminación. Es una interrupción para reescribir la historia, desenmascarar lo que se presenta como un hecho natural e inexorable, frenar una maquinaria arrolladora y detener los efectos perversos del progreso desbocado. Pero es sobre todo una oportunidad para mirar atrás, observar la historia desde la perspectiva de las víctimas y curar sus heridas; una oportunidad de unirse a ellas para explorar posibilidades alternativas y abrir caminos de futuro que no conduzcan a la autodestrucción.
La experiencia ha demostrado que la globalización capitalista neoliberal, presentada ideológicamente como el “fin de la historia” o la cresta del desarrollo, es un tren sin frenos en dirección suicida, una especie de locomotora sin maquinista o coche de carreras conducido por un piloto automático. “Los capitalistas –escribe Immanuel Wallerstein [3]– son como ratones en una rueda, que corren cada vez más deprisa a fin de correr aún más deprisa”. “El capitalismo –afirman otros autores [4]– es como un tren sin frenos que se acelera cada vez más. Camina, sin duda, hacia al abismo. […] Rueda vertiginosamente hacia el agotamiento de los recursos ecológicos, hacia la destrucción de este planeta, que sobrevendrá quizá con rapidez, por un desastre nuclear, o quizá más gradualmente, por una quiebra ecológica irreversible”.
La brutalidad de la globalización neoliberal, como sugería Benjamin, exige pisar el freno de emergencia para reinventar la revolución, es decir, para interrumpir el curso naturalizado de la ortodoxia neoliberal (mercantilización de la vida y la naturaleza, privatizaciones, desregulaciones, acumulación por desposesión, recortes de derechos, el poder político antidemocrático de las transnacionales, etc.), un proceso catastrófico para la mayor parte de la humanidad. Accionar el freno de emergencia significa frenar el mito del crecimiento económico capitalista como un proceso acumulativo, lineal e indefinido; frenar el individualismo insolidario y consumista que concibe al ser humano como un “individuo esencialmente propietario de su propia persona y de sus capacidades, por las cuales nada debe a la sociedad” [5], de modo que el ser humano es un sujeto asocial que se relaciona con los demás movido exclusivamente por su propio interés; significa acabar con el mito de la competencia como factor dinamizador del progreso, que consagra el darwinismo social más descarnado, la idea sacrificial de que unos individuos sobrevivirán y otros desaparecerán en virtud de la selección natural del libre mercado; significa frenar el empobrecimiento y la deslegitimación de la democracia, suspendida en Europa por el gobierno tecnocrático de Goldman Sachs (Monti-Draghi-Papademos); y significa frenar la destrucción tanto de la biodiversidad como de la antropodiversidad (la diversidad cultural y humana).
Pero antes que nada es necesario frenar el conformismo: “Prestarse a ser un instrumento de la clase dominante”, tal y como lo define Benjamin en la sexta de las Tesis sobre filosofía de la historia. El conformismo es una actitud íntimamente relacionada con la pasividad, la inercia, la desesperanza, la indiferencia, el abandono, la alienación, el conservadurismo y el fatalismo. No puede cambiarse lo que no se conoce, como tampoco puede cambiarse lo que simple o resignadamente se acepta. En sus escritos, Benjamin también habla de las imágenes que relampaguean en un momento de peligro. Son imágenes fugaces, iluminaciones momentáneas cargadas de una dimensión crítica y subversiva que, a la manera de un relámpago, irrumpen en el presente como un momento revolucionario capaz de interrumpir el curso de la dominación.
La perplejidad y el estupor que provocan las imágenes del tren descarrilando en el abismo y de las víctimas atropelladas son lo suficientemente perturbadoras como para activar el potencial revolucionario y desafiante del inconformismo. Son imágenes poderosas que pueden contribuir a otros mundos posibles. Los demócratas, rebeldes e indignados de hoy ven en la revolución ese profundo inconformismo que puede cambiar la realidad y hacer historia. Las primaveras árabes, el 15M o el movimiento Occupy Wall Street, junto con otras experiencias que no han tenido el mismo protagonismo mediático [6], son algunas de las revoluciones –en el sentido benjaminiano del término– que, en diferentes partes del mundo, están constituyendo una gramática de la indignación y el inconformismo frente a la gramática del conformismo y la resignación, impuesta durante mucho tiempo por el neoliberalismo globalizado (“No hay alternativa”, decía la exprimera ministra Margaret Thatcher). Esta nueva gramática de la indignación y el inconformismo está, entre otras cosas, aportando elementos valiosos para evitar caer en el abismo neoliberal, como son la denuncia (e interrupción) de la dimensión clasista y opresora de la historia oficial, la revitalización de una democracia anestesiada y la reescritura de la historia desde abajo. “Hacer historia –afirma Boaventura de Sousa Santos [7]– no es toda acción de pensar y actuar a contracorriente; es el pensar y el actuar que fuerza a la corriente a desviarse de su curso «natural»”.
Notas
[1] Marx acuña su famosa frase “las revoluciones son las locomotoras de la historia” en La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850.
[2] Véase Tesis sobre la historia y otros fragmentos, Contrahistorias, México, 2005, edición de Bolívar Echeverría.
[3] El capitalismo histórico, Siglo XXI, México, 2001, pág. 31.
[4] Fernández Liria, C., Fernández Liria, P. y Alegre Zahonero, L., Educación para la Ciudadanía. Democracia, capitalismo y Estado de Derecho, Akal, Madrid, 2007, pág. 123.
[5] Macpherson, C. B., La teoría política del individualismo posesivo, Fontanova, Barcelona, 1970, pág. 225.
[6] La perspectiva nortecéntrica de los medios de comunicación occidentales apenas ha prestado atención a revueltas producidas en el África negra, como las masivas y pacíficas protestas populares en Uganda por el elevado precio del combustible y los productos básicos. Por lo común, estas protestas populares pacíficas han sido invisibilizadas o desvirtuadas, clasificándolas como “disturbios” o “altercados”.
[7] Aguiló, A. J., «La democracia revolucionaria, un proyecto para el siglo XXI. Entrevista a Boaventura de Sousa Santos», Revista Internacional de Filosofía Política, 35, 2010, págs. 117-148.
Antoni Jesús Aguiló es investigador del Núcleo de Estudios sobre Democracia, Ciudadanía y Derecho (DECIDe) del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra (Portugal).
Para Benjamin, por el contrario, la revolución no es la locomotora de la historia, sino el freno de emergencia que los pasajeros deben pisar cuanto antes para hacerse con el control del tren y evitar caer en el abismo del “progreso”. La revolución no es aquello a lo que conduce la concepción del tiempo lineal y mecánico, sino aquello que interrumpe su curso (continuum), aunque sea por un instante. La revolución es la interrupción de la continuidad temporal, de la historia clasista de los vencedores, no su culminación. Es una interrupción para reescribir la historia, desenmascarar lo que se presenta como un hecho natural e inexorable, frenar una maquinaria arrolladora y detener los efectos perversos del progreso desbocado. Pero es sobre todo una oportunidad para mirar atrás, observar la historia desde la perspectiva de las víctimas y curar sus heridas; una oportunidad de unirse a ellas para explorar posibilidades alternativas y abrir caminos de futuro que no conduzcan a la autodestrucción.
La experiencia ha demostrado que la globalización capitalista neoliberal, presentada ideológicamente como el “fin de la historia” o la cresta del desarrollo, es un tren sin frenos en dirección suicida, una especie de locomotora sin maquinista o coche de carreras conducido por un piloto automático. “Los capitalistas –escribe Immanuel Wallerstein [3]– son como ratones en una rueda, que corren cada vez más deprisa a fin de correr aún más deprisa”. “El capitalismo –afirman otros autores [4]– es como un tren sin frenos que se acelera cada vez más. Camina, sin duda, hacia al abismo. […] Rueda vertiginosamente hacia el agotamiento de los recursos ecológicos, hacia la destrucción de este planeta, que sobrevendrá quizá con rapidez, por un desastre nuclear, o quizá más gradualmente, por una quiebra ecológica irreversible”.
La brutalidad de la globalización neoliberal, como sugería Benjamin, exige pisar el freno de emergencia para reinventar la revolución, es decir, para interrumpir el curso naturalizado de la ortodoxia neoliberal (mercantilización de la vida y la naturaleza, privatizaciones, desregulaciones, acumulación por desposesión, recortes de derechos, el poder político antidemocrático de las transnacionales, etc.), un proceso catastrófico para la mayor parte de la humanidad. Accionar el freno de emergencia significa frenar el mito del crecimiento económico capitalista como un proceso acumulativo, lineal e indefinido; frenar el individualismo insolidario y consumista que concibe al ser humano como un “individuo esencialmente propietario de su propia persona y de sus capacidades, por las cuales nada debe a la sociedad” [5], de modo que el ser humano es un sujeto asocial que se relaciona con los demás movido exclusivamente por su propio interés; significa acabar con el mito de la competencia como factor dinamizador del progreso, que consagra el darwinismo social más descarnado, la idea sacrificial de que unos individuos sobrevivirán y otros desaparecerán en virtud de la selección natural del libre mercado; significa frenar el empobrecimiento y la deslegitimación de la democracia, suspendida en Europa por el gobierno tecnocrático de Goldman Sachs (Monti-Draghi-Papademos); y significa frenar la destrucción tanto de la biodiversidad como de la antropodiversidad (la diversidad cultural y humana).
Pero antes que nada es necesario frenar el conformismo: “Prestarse a ser un instrumento de la clase dominante”, tal y como lo define Benjamin en la sexta de las Tesis sobre filosofía de la historia. El conformismo es una actitud íntimamente relacionada con la pasividad, la inercia, la desesperanza, la indiferencia, el abandono, la alienación, el conservadurismo y el fatalismo. No puede cambiarse lo que no se conoce, como tampoco puede cambiarse lo que simple o resignadamente se acepta. En sus escritos, Benjamin también habla de las imágenes que relampaguean en un momento de peligro. Son imágenes fugaces, iluminaciones momentáneas cargadas de una dimensión crítica y subversiva que, a la manera de un relámpago, irrumpen en el presente como un momento revolucionario capaz de interrumpir el curso de la dominación.
La perplejidad y el estupor que provocan las imágenes del tren descarrilando en el abismo y de las víctimas atropelladas son lo suficientemente perturbadoras como para activar el potencial revolucionario y desafiante del inconformismo. Son imágenes poderosas que pueden contribuir a otros mundos posibles. Los demócratas, rebeldes e indignados de hoy ven en la revolución ese profundo inconformismo que puede cambiar la realidad y hacer historia. Las primaveras árabes, el 15M o el movimiento Occupy Wall Street, junto con otras experiencias que no han tenido el mismo protagonismo mediático [6], son algunas de las revoluciones –en el sentido benjaminiano del término– que, en diferentes partes del mundo, están constituyendo una gramática de la indignación y el inconformismo frente a la gramática del conformismo y la resignación, impuesta durante mucho tiempo por el neoliberalismo globalizado (“No hay alternativa”, decía la exprimera ministra Margaret Thatcher). Esta nueva gramática de la indignación y el inconformismo está, entre otras cosas, aportando elementos valiosos para evitar caer en el abismo neoliberal, como son la denuncia (e interrupción) de la dimensión clasista y opresora de la historia oficial, la revitalización de una democracia anestesiada y la reescritura de la historia desde abajo. “Hacer historia –afirma Boaventura de Sousa Santos [7]– no es toda acción de pensar y actuar a contracorriente; es el pensar y el actuar que fuerza a la corriente a desviarse de su curso «natural»”.
Notas
[1] Marx acuña su famosa frase “las revoluciones son las locomotoras de la historia” en La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850.
[2] Véase Tesis sobre la historia y otros fragmentos, Contrahistorias, México, 2005, edición de Bolívar Echeverría.
[3] El capitalismo histórico, Siglo XXI, México, 2001, pág. 31.
[4] Fernández Liria, C., Fernández Liria, P. y Alegre Zahonero, L., Educación para la Ciudadanía. Democracia, capitalismo y Estado de Derecho, Akal, Madrid, 2007, pág. 123.
[5] Macpherson, C. B., La teoría política del individualismo posesivo, Fontanova, Barcelona, 1970, pág. 225.
[6] La perspectiva nortecéntrica de los medios de comunicación occidentales apenas ha prestado atención a revueltas producidas en el África negra, como las masivas y pacíficas protestas populares en Uganda por el elevado precio del combustible y los productos básicos. Por lo común, estas protestas populares pacíficas han sido invisibilizadas o desvirtuadas, clasificándolas como “disturbios” o “altercados”.
[7] Aguiló, A. J., «La democracia revolucionaria, un proyecto para el siglo XXI. Entrevista a Boaventura de Sousa Santos», Revista Internacional de Filosofía Política, 35, 2010, págs. 117-148.
Antoni Jesús Aguiló es investigador del Núcleo de Estudios sobre Democracia, Ciudadanía y Derecho (DECIDe) del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra (Portugal).
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
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domingo, diciembre 04, 2011
El segundo viento del movimiento en pos de justicia social
Durante las
protestas en la plaza Tahrir en noviembre de 2011, Mohamed Alí, de 20
años, respondió a la pregunta de un periodista –de por qué estaba ahí–
diciendo:
La primera ronda de movimientos asumió múltiples formas por todo el mundo, la llamada Primavera Árabe, los movimientos de ocupación que comenzaron en Estados Unidos y luego se diseminaron por un gran número de países, Oxi en Grecia y los Indignados en España, las protestas estudiantiles en Chile y muchos otros.
Todos fueron un logro fantástico. Lo que han alcanzado puede medirse en un extraordinario artículo escrito por Lawrence Summers en el Financial Times, el 21 de noviembre:
En el artículo anota dos puntos importantes, considerando que personalmente él ha sido uno de los arquitectos de las políticas económicas mundiales de los últimos 20 años, las que nos han puesto a todos en esta aguda crisis en la que el mundo se encuentra ahora.
El primer punto es que ha habido cambios fundamentales en las estructuras económicas mundiales. Summers dice que
El segundo tiene que ver con dos clases de reacciones públicas ante esta realidad: una es la de los que protestan, y otra la de quienes siendo muy fuertes están contra los que protestan. Summers dice que él está contra la
Lo que el artículo de Summers indica no es que él se haya convertido en exponente del cambio social radical –lejos está de eso– sino más bien que está preocupado por el impacto político del movimiento mundial en pos de justicia social, especialmente en lo que él llama el mundo industrializado. Considero esto un logro del movimiento en pos de justicia social.
La respuesta a este éxito han sido unas cuantas concesiones menores aquí y allá, pero luego una creciente represión por todas partes. En Estados Unidos y Canadá ha habido un sistemático despeje de todas las
La historia, sin embargo, está lejos de haber terminado. Los movimientos desarrollan un segundo viento. Los manifestantes volvieron a ocupar la plaza Tahrir y al mariscal de campo Tantawi le están dando el mismo tratamiento de desdén que dieron a Hosni Mubarak. En Portugal, el llamado a una huelga general de un día paralizó por completo el sistema de transporte. Una huelga anunciada en Gran Bretaña en protesta por los recortes de las pensiones esperaba reducir el tráfico en Heathrow en 50 por ciento, lo que tendría repercusiones mundiales, dada la centralidad de Heathrow en el sistema del transporte mundial.
En Grecia, el gobierno ha intentado exprimir a los pensionistas pobres instaurando un enorme impuesto en su recibo de luz, y amenazan cortar la electricidad si no pagan. Hay resistencia organizada. Los electricistas locales están devolviendo ilegalmente la energía eléctrica, pues cuentan con la incapacidad del reducido personal municipal para hacer que se cumpla su ley. Es una táctica que se ha utilizado con éxito en el suburbio de Soweto en Johannesburgo desde hace ya 10 años.
En Estados Unidos y Canadá, el movimiento de ocupación se ha diseminado de los centros de las ciudades a los campus universitarios. Y los
Debemos resaltar dos cosas acerca de la presente situación. La primera es que los sindicatos –como parte de lo que ha estado ocurriendo, como resultado de lo que ha estado ocurriendo– se han vuelto mucho más militantes y mucho más abiertos a la idea de que deben ser participantes activos en el movimiento mundial en pos de justicia social. Esto es cierto en el mundo árabe, en Europa, en Norteamérica, en el sur de África y aun en China.
Lo segundo que hay que resaltar es el grado en que los movimientos por todas partes han podido mantener su énfasis en una estrategia horizontal. Los movimientos no son estructuras burocráticas, sino coaliciones de múltiples grupos, organizaciones y sectores de la población. Siguen trabajando duro en debatir constantemente sus tácticas y sus prioridades, y están resistiéndose a volverse excluyentes. ¿Funciona esto todavía con suavidad? Por supuesto que no. ¿Funciona esto mejor que reconstruir un nuevo movimiento vertical, con un liderazgo claro y disciplina colectiva? Hasta ahora, claro que ha funcionado mejor.
Debemos pensar en las luchas mundiales como una larga carrera, en la que los corredores tienen que usar su energía sabiamente con tal de no desgastarse mientras mantienen la mira en el objetivo final, una clase diferente de sistema-mundo, mucho más democrático, mucho más igualitario que nada de lo que tenemos ahora.
Traducción: Ramón Vera Herrera
© Immanuel Wallerstein
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/12/03/opinion/022a1mun
rCR
Queremos justicia social. Nada más. Es lo menos que merecemos.
La primera ronda de movimientos asumió múltiples formas por todo el mundo, la llamada Primavera Árabe, los movimientos de ocupación que comenzaron en Estados Unidos y luego se diseminaron por un gran número de países, Oxi en Grecia y los Indignados en España, las protestas estudiantiles en Chile y muchos otros.
Todos fueron un logro fantástico. Lo que han alcanzado puede medirse en un extraordinario artículo escrito por Lawrence Summers en el Financial Times, el 21 de noviembre:
La inequidad no puede ya mantenerse a raya con las ideas habituales. Éste no es un argumento por el que se le haya conocido a Summers con anterioridad.
En el artículo anota dos puntos importantes, considerando que personalmente él ha sido uno de los arquitectos de las políticas económicas mundiales de los últimos 20 años, las que nos han puesto a todos en esta aguda crisis en la que el mundo se encuentra ahora.
El primer punto es que ha habido cambios fundamentales en las estructuras económicas mundiales. Summers dice que
el más importante es el fuerte viraje en la recompensa que el mercado hace a una pequeña minoría de ciudadanos en relación con las recompensas disponibles para la mayoría de los ciudadanos.
El segundo tiene que ver con dos clases de reacciones públicas ante esta realidad: una es la de los que protestan, y otra la de quienes siendo muy fuertes están contra los que protestan. Summers dice que él está contra la
polarizaciónque es lo que, según él, hacen quienes protestan. Pero luego dice:
Al mismo tiempo, aquéllos que muy rápidamente etiquetan cualquier expresión de preocupación por la creciente inequidad como algo fuera de lugar o como producto de la lucha de clases, está todavía más fuera de base.
Lo que el artículo de Summers indica no es que él se haya convertido en exponente del cambio social radical –lejos está de eso– sino más bien que está preocupado por el impacto político del movimiento mundial en pos de justicia social, especialmente en lo que él llama el mundo industrializado. Considero esto un logro del movimiento en pos de justicia social.
La respuesta a este éxito han sido unas cuantas concesiones menores aquí y allá, pero luego una creciente represión por todas partes. En Estados Unidos y Canadá ha habido un sistemático despeje de todas las
ocupaciones. La virtual simultaneidad de estas acciones policiacas parece indicar alguna coordinación de alto nivel. En Egipto, los militares han resistido cualquier dilución de su poder. En Grecia e Italia las políticas de austeridad fueron impuestas por los decretos de Alemania y Francia.
La historia, sin embargo, está lejos de haber terminado. Los movimientos desarrollan un segundo viento. Los manifestantes volvieron a ocupar la plaza Tahrir y al mariscal de campo Tantawi le están dando el mismo tratamiento de desdén que dieron a Hosni Mubarak. En Portugal, el llamado a una huelga general de un día paralizó por completo el sistema de transporte. Una huelga anunciada en Gran Bretaña en protesta por los recortes de las pensiones esperaba reducir el tráfico en Heathrow en 50 por ciento, lo que tendría repercusiones mundiales, dada la centralidad de Heathrow en el sistema del transporte mundial.
En Grecia, el gobierno ha intentado exprimir a los pensionistas pobres instaurando un enorme impuesto en su recibo de luz, y amenazan cortar la electricidad si no pagan. Hay resistencia organizada. Los electricistas locales están devolviendo ilegalmente la energía eléctrica, pues cuentan con la incapacidad del reducido personal municipal para hacer que se cumpla su ley. Es una táctica que se ha utilizado con éxito en el suburbio de Soweto en Johannesburgo desde hace ya 10 años.
En Estados Unidos y Canadá, el movimiento de ocupación se ha diseminado de los centros de las ciudades a los campus universitarios. Y los
ocupasestán discutiendo lugares alternativos que ocupar durante los meses del invierno. La rebelión estudiantil en Chile ya se expandió a las escuelas secundarias.
Debemos resaltar dos cosas acerca de la presente situación. La primera es que los sindicatos –como parte de lo que ha estado ocurriendo, como resultado de lo que ha estado ocurriendo– se han vuelto mucho más militantes y mucho más abiertos a la idea de que deben ser participantes activos en el movimiento mundial en pos de justicia social. Esto es cierto en el mundo árabe, en Europa, en Norteamérica, en el sur de África y aun en China.
Lo segundo que hay que resaltar es el grado en que los movimientos por todas partes han podido mantener su énfasis en una estrategia horizontal. Los movimientos no son estructuras burocráticas, sino coaliciones de múltiples grupos, organizaciones y sectores de la población. Siguen trabajando duro en debatir constantemente sus tácticas y sus prioridades, y están resistiéndose a volverse excluyentes. ¿Funciona esto todavía con suavidad? Por supuesto que no. ¿Funciona esto mejor que reconstruir un nuevo movimiento vertical, con un liderazgo claro y disciplina colectiva? Hasta ahora, claro que ha funcionado mejor.
Debemos pensar en las luchas mundiales como una larga carrera, en la que los corredores tienen que usar su energía sabiamente con tal de no desgastarse mientras mantienen la mira en el objetivo final, una clase diferente de sistema-mundo, mucho más democrático, mucho más igualitario que nada de lo que tenemos ahora.
Traducción: Ramón Vera Herrera
© Immanuel Wallerstein
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/12/03/opinion/022a1mun
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sábado, septiembre 03, 2011
Eric Hobsbawm: principios y convicciones
El viento de la Historia
tomado de
Página 12
El niño Eric Hobsbawm pasea con su niñera por las calles de Alejandría en el año 1918. Un pordiosero chino les pide una moneda. La niñera se la niega. El chino ignora a la niñera, mira fijamente a la criatura y le dedica una exquisita maldición de su país milenario: “Ojalá te toquen vivir tiempos interesantes”. Ochenta y cinco años después, cuando es un venerable historiador y se sienta a escribir sus memorias, sabe que ya tiene el título: Tiempos interesantes. En esas memorias, hace una breve enumeración de las cosas que presenció a lo largo del siglo que le tocó vivir y uno no puede dejar de pensar en aquel monólogo que recitaba el replicante en el final de Blade Runner, con la mirada perdida en la lluvia ácida que caía del cielo y el afán de dejar al menos ese testimonio de los inéditos fenómenos que habían contemplado sus ojos: “He visto atardeceres de dos lunas en Júpiter...” A los 86 años, Hobsbawm dice: “He visto cómo se extinguían de la faz de la tierra todos los imperios coloniales europeos, incluido aquel que llegó a ser el más vasto y poderoso de ellos durante mis años de infancia. He visto grandes potencias mundiales relegadas a jugar en las ligas inferiores. He visto la irrupción y la caída de un estado alemán que esperaba durar mil años, y también el nacimiento y el final de un poder revolucionario que amenazaba extenderse al mundo entero. He visto un tiempo en que la palabra capitalismo contaba con tan pocos votos como la palabra comunismo en la actualidad. Dudo de que llegue a ver el fin del imperio americano, pero puedo asegurar que algunos lectores de este libro habrán de presenciarlo”.
Como aquel replicante de Blade Runner, Eric Hobsbawm pertenece a una especie que debía ser eliminada (primero por mitteleuropeo, después por judío, después por marxista). Tuvo más suerte que el replicante de Blade Runner: sobrevivió largamente a la eliminación a sus compañeros de especie. Su inesperada longevidad terminó por darle status de venerable rara avis. El adjudica esa longevidad tan activa a que lo obligaron a arrancar tarde. Le cobraron peaje por sus “anomalías”: ser judío pobre en la República de Weimar y en la Alemania de Hitler, inmigrante indeseado en la Inglaterra en guerra con el Reich, marxista durante toda la Guerra Fría, antisoviético y antichino dentro del PC, antiespecialista en un mundo de especialistas, políglota en un mundo cada vez más anglófono, intelectual desvelado por los no intelectuales, anomalía dentro de anomalía dentro de anomalía. “Todo ello complicó mi vida como ser humano y paralizó mi carrera durante años, pero me ha representado una ventaja considerable como historiador”, dice él.
Agnes Heller dice que la Historia habla de los hechos vistos desde afuera y las memorias hablan de los hechos vistos desde adentro. Dos hechos marcaron tempranamente la vida de Hobsbawm: aquella maldición china y el descubrimiento entre los papeles de su padre (que murió quebrado cuando él tenía trece años, en plena hiperinflación berlinesa) de un cuestionario íntimo en donde el progenitor se preguntaba qué era la felicidad, esa entelequia que había perseguido sin éxito durante toda su corta vida, y se contestaba: la suerte de no tener mala suerte. Tiempos interesantes y mala suerte. De esa ecuación sale Hobsbawm. O, mejor dicho, de los inesperados beneficios de ambas cosas.
Por ser pelirrojo y de ojos azules, en Viena no le decían Jude sino Englander. En Inglaterra, en cambio, adonde lo enviaron cuando murió su madre (un año después que el padre), es simplemente “El Feo”. Pero si se hubiera quedado en Viena, habría terminado gaseado en los campos. El joven Hobsbawm refugia su fealdad afiliándose al PC británico (donde cantan: “Hasta que llegue la revolución, el amor es un sentimiento antibolchevique”). Pero cuando estalla la guerra es el único de sus camaradas de estudios y de militancia al que no eligen para el servicio secreto: no por extranjero ni por marxista; es el único que no sabe hacer el crucigrama del Times. Eso lo alejará providencialmente del caso de los dobles espías Kim Philby y Guy Burgess, pero lo dejará sin trabajo durante años. Cuando condena en un plenario del PC la represión soviética en Hungría en 1956, cree que el partido va a expulsarlo, pero son tantas las bajas que no le hacen nada. Y a él le da vergüenza abandonar el barco cuando todos lo hacen, así que conserva el carnet. “Quitarme de encima el sambenito de pertenecer al PC habría mejorado mis perspectivas profesionales. Pero sencillamente no quise hacerlo. Yo quería alcanzar el reconocimiento como comunista confeso. No defiendo esta forma de orgullo, pero no puedo negar su fuerza.”
Hobsbawm vio convertirse en pretérito casi todos los signos que definían y regían su presente, pero se descubrió providencialmente equipado para relatarlos porque, a diferencia de tantas otras víctimas de la Historia, él tuvo, como judío mitteleuropeo y como marxista anómalo, “tiempo de reflexionar acerca de la desintegración de un imperio y de una época, al ser una muerte largamente anunciada, en ambos casos”. Cuando todos los historiadores de su generación se retiraban o se morían, él siguió publicando libros, cada vez más sabios. En pleno auge del pensamiento neoconservador, cuando se aseguraba que habíamos llegado al fin de la Historia, Hobsbawm dijo que lo que había terminado era el siglo veinte nomás y logró que se hiciera canónica su manera marxista de ver el siglo (cuyo inicio fijó en 1917, con la Revolución de Octubre y su cierre, en la caída de la URSS en 1989). Después de la caída de las Torres Gemelas en 2001, dijo algo que repitió cuando mataron a Bin Laden hace meses: “El mundo necesita más que nunca a los historiadores, especialmente a los escépticos”. Si el pasado es otro país, era de rigor que un expatriado múltiple como él se convirtiera en su historiador por antonomasia.
Hobsbawm usa el raro prisma de su experiencia personal para buscar la real dimensión de las cosas en el laberinto de la Historia. De ahí su anomalía, su heterodoxia, su excentricidad; de ahí su ecuanimidad por momentos exquisita y por momentos casi inverosímil. En sus memorias, en sus reportajes, en su Era de los extremos, Hobsbawm nos cuenta el siglo veinte como si el propio siglo hablara de sí mismo, en una de esas sobremesas de trasnoche en que de golpe llega la hora de la sinceridad más descarnada: el siglo habla y todos sentimos que habla de nosotros. La única manera de que nos entre de verdad la Historia es entender que no es letra muerta, sino experiencia viva: que eso que pasó nos pasó a todos. Ese es el Efecto Hobsbawm para mí: alguien que sopla suavemente en nuestro oído y nos hace entender de golpe qué es el famoso viento de la Historia, cómo se vive en tiempos interesantes.
* Esta nota fue publicada en Página 12 el 22/07/11
Como aquel replicante de Blade Runner, Eric Hobsbawm pertenece a una especie que debía ser eliminada (primero por mitteleuropeo, después por judío, después por marxista). Tuvo más suerte que el replicante de Blade Runner: sobrevivió largamente a la eliminación a sus compañeros de especie. Su inesperada longevidad terminó por darle status de venerable rara avis. El adjudica esa longevidad tan activa a que lo obligaron a arrancar tarde. Le cobraron peaje por sus “anomalías”: ser judío pobre en la República de Weimar y en la Alemania de Hitler, inmigrante indeseado en la Inglaterra en guerra con el Reich, marxista durante toda la Guerra Fría, antisoviético y antichino dentro del PC, antiespecialista en un mundo de especialistas, políglota en un mundo cada vez más anglófono, intelectual desvelado por los no intelectuales, anomalía dentro de anomalía dentro de anomalía. “Todo ello complicó mi vida como ser humano y paralizó mi carrera durante años, pero me ha representado una ventaja considerable como historiador”, dice él.
Agnes Heller dice que la Historia habla de los hechos vistos desde afuera y las memorias hablan de los hechos vistos desde adentro. Dos hechos marcaron tempranamente la vida de Hobsbawm: aquella maldición china y el descubrimiento entre los papeles de su padre (que murió quebrado cuando él tenía trece años, en plena hiperinflación berlinesa) de un cuestionario íntimo en donde el progenitor se preguntaba qué era la felicidad, esa entelequia que había perseguido sin éxito durante toda su corta vida, y se contestaba: la suerte de no tener mala suerte. Tiempos interesantes y mala suerte. De esa ecuación sale Hobsbawm. O, mejor dicho, de los inesperados beneficios de ambas cosas.
Por ser pelirrojo y de ojos azules, en Viena no le decían Jude sino Englander. En Inglaterra, en cambio, adonde lo enviaron cuando murió su madre (un año después que el padre), es simplemente “El Feo”. Pero si se hubiera quedado en Viena, habría terminado gaseado en los campos. El joven Hobsbawm refugia su fealdad afiliándose al PC británico (donde cantan: “Hasta que llegue la revolución, el amor es un sentimiento antibolchevique”). Pero cuando estalla la guerra es el único de sus camaradas de estudios y de militancia al que no eligen para el servicio secreto: no por extranjero ni por marxista; es el único que no sabe hacer el crucigrama del Times. Eso lo alejará providencialmente del caso de los dobles espías Kim Philby y Guy Burgess, pero lo dejará sin trabajo durante años. Cuando condena en un plenario del PC la represión soviética en Hungría en 1956, cree que el partido va a expulsarlo, pero son tantas las bajas que no le hacen nada. Y a él le da vergüenza abandonar el barco cuando todos lo hacen, así que conserva el carnet. “Quitarme de encima el sambenito de pertenecer al PC habría mejorado mis perspectivas profesionales. Pero sencillamente no quise hacerlo. Yo quería alcanzar el reconocimiento como comunista confeso. No defiendo esta forma de orgullo, pero no puedo negar su fuerza.”
Hobsbawm vio convertirse en pretérito casi todos los signos que definían y regían su presente, pero se descubrió providencialmente equipado para relatarlos porque, a diferencia de tantas otras víctimas de la Historia, él tuvo, como judío mitteleuropeo y como marxista anómalo, “tiempo de reflexionar acerca de la desintegración de un imperio y de una época, al ser una muerte largamente anunciada, en ambos casos”. Cuando todos los historiadores de su generación se retiraban o se morían, él siguió publicando libros, cada vez más sabios. En pleno auge del pensamiento neoconservador, cuando se aseguraba que habíamos llegado al fin de la Historia, Hobsbawm dijo que lo que había terminado era el siglo veinte nomás y logró que se hiciera canónica su manera marxista de ver el siglo (cuyo inicio fijó en 1917, con la Revolución de Octubre y su cierre, en la caída de la URSS en 1989). Después de la caída de las Torres Gemelas en 2001, dijo algo que repitió cuando mataron a Bin Laden hace meses: “El mundo necesita más que nunca a los historiadores, especialmente a los escépticos”. Si el pasado es otro país, era de rigor que un expatriado múltiple como él se convirtiera en su historiador por antonomasia.
Hobsbawm usa el raro prisma de su experiencia personal para buscar la real dimensión de las cosas en el laberinto de la Historia. De ahí su anomalía, su heterodoxia, su excentricidad; de ahí su ecuanimidad por momentos exquisita y por momentos casi inverosímil. En sus memorias, en sus reportajes, en su Era de los extremos, Hobsbawm nos cuenta el siglo veinte como si el propio siglo hablara de sí mismo, en una de esas sobremesas de trasnoche en que de golpe llega la hora de la sinceridad más descarnada: el siglo habla y todos sentimos que habla de nosotros. La única manera de que nos entre de verdad la Historia es entender que no es letra muerta, sino experiencia viva: que eso que pasó nos pasó a todos. Ese es el Efecto Hobsbawm para mí: alguien que sopla suavemente en nuestro oído y nos hace entender de golpe qué es el famoso viento de la Historia, cómo se vive en tiempos interesantes.
* Esta nota fue publicada en Página 12 el 22/07/11
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domingo, agosto 21, 2011
La utilización de la Historia y la Guerra contra el Terrorismo una visión de Howard Zinn
Howard Zinn (nacido el 24 de agosto de 1922) es un historiador social estadounidense, politólogo y anarquista. Sus planteamientos incorporan ideas procedentes del marxismo, el anarquismo y el socialismo. Desde la década de 1960, ha sido una figura importante en la defensa de los derechos civiles y el movimiento antibélico en los Estados Unidos [1]. Es el autor de más de 20 libros, incluyendo A People's History of the United States (editada en español como La otra historia de los Estados Unidos [2]) y Declarations of Independence. [Wikipedia]
Howard Zinn es uno de los historiadores más celebrados de USA. Su obra clásica: "A People's History of the United States" cambió la forma como vemos la historia en USA. Publicado por primero vez hace un cuarto de siglo, el libro ha vendido más de un millón de ejemplares y es un fenómeno en el mundo editorial – vende más copias con cada año que pasa.
Después de servir como cabo artillero en un bombardero en la Segunda Guerra Mundial, Howard Zinn se convirtió en disidente y activista por la paz de toda la vida. Participó activamente en el movimiento por los derechos civiles y en muchas de las luchas por la justicia social durante los últimos 40 años. Enseñó en Spelman College, la histórica universidad negra para mujeres, y fue despedido por insubordinación por defender a las estudiantes. Recientemente lo invitaron para que volviera a dar el discurso de bienvenida. Howard Zinn ha escrito numerosos libros y es profesor emérito en la Universidad de Boston. Recientemente habló en Madison, Wisconsin al recibir el Premio por una Vida de Contribución a la Erudición Crítica del Haven Center. Presentamos su conferencia: "La utilización de la historia y la Guerra contra el Terrorismo." (2006, trascripción directa).
HOWARD ZINN: Madison es un sitio muy especial. Siempre tengo un sentimiento especial cuando vengo. Siento que estoy en un país diferente. Y me alegro, sabéis. Hay gente a la que le disgusta la política de USA y se van a vivir en otro país. No. Vengan a Madison.
Ahora bien, se supone que diga algo. Estoy contento de que estéis aquí, quienesquiera seáis, y esta luz brilla en mis ojos para despertarme.
Bueno, ¿tenéis a veces la impresión de que vivís en un país ocupado? Es un sentimiento que tengo a menudo cuando me despierto por la mañana. Pienso: "Vivo en un país ocupado. Un pequeño grupo de extraños se han apoderado del país y tratan de hacer de él lo que les da la gana, sabéis, y lo hacen realmente." Quiero decir, para mí son extraños. Quiero decir, esa gente que cruza la frontera desde México, no me son extraños. Sabéis, los musulmanes que vienen a vivir a este país, no me son extraños. Esas manifestaciones, esas maravillosas manifestaciones que hemos visto hace tan poco a favor de los derechos de los inmigrantes, digamos, y habéis visto esos letreros que dicen: "Ningún ser humano me es extraño." Y pienso que es verdad. Con la excepción de esa gente en Washington.
Después de servir como cabo artillero en un bombardero en la Segunda Guerra Mundial, Howard Zinn se convirtió en disidente y activista por la paz de toda la vida. Participó activamente en el movimiento por los derechos civiles y en muchas de las luchas por la justicia social durante los últimos 40 años. Enseñó en Spelman College, la histórica universidad negra para mujeres, y fue despedido por insubordinación por defender a las estudiantes. Recientemente lo invitaron para que volviera a dar el discurso de bienvenida. Howard Zinn ha escrito numerosos libros y es profesor emérito en la Universidad de Boston. Recientemente habló en Madison, Wisconsin al recibir el Premio por una Vida de Contribución a la Erudición Crítica del Haven Center. Presentamos su conferencia: "La utilización de la historia y la Guerra contra el Terrorismo." (2006, trascripción directa).
HOWARD ZINN: Madison es un sitio muy especial. Siempre tengo un sentimiento especial cuando vengo. Siento que estoy en un país diferente. Y me alegro, sabéis. Hay gente a la que le disgusta la política de USA y se van a vivir en otro país. No. Vengan a Madison.
Ahora bien, se supone que diga algo. Estoy contento de que estéis aquí, quienesquiera seáis, y esta luz brilla en mis ojos para despertarme.
Bueno, ¿tenéis a veces la impresión de que vivís en un país ocupado? Es un sentimiento que tengo a menudo cuando me despierto por la mañana. Pienso: "Vivo en un país ocupado. Un pequeño grupo de extraños se han apoderado del país y tratan de hacer de él lo que les da la gana, sabéis, y lo hacen realmente." Quiero decir, para mí son extraños. Quiero decir, esa gente que cruza la frontera desde México, no me son extraños. Sabéis, los musulmanes que vienen a vivir a este país, no me son extraños. Esas manifestaciones, esas maravillosas manifestaciones que hemos visto hace tan poco a favor de los derechos de los inmigrantes, digamos, y habéis visto esos letreros que dicen: "Ningún ser humano me es extraño." Y pienso que es verdad. Con la excepción de esa gente en Washington.
Se han apoderado del país. Se han apoderado de la política. Nos han llevado a dos guerras desastrosas, desastrosas para nuestro país y aún más desastrosas para la gente en Oriente Próximo. Y se han tragado la riqueza de este país y se la han dado a los ricos, y se la han dado a las multinacionales, se la han dado a Halliburton, se la han dado a los fabricantes de armas. Están arruinado el medio ambiente. Y tienen 10.000 armas nucleares, mientras quieren que nos preocupemos por el hecho de que Irán podría, en diez años, obtener un arma nuclear. Ya veis, realmente, ¿hasta dónde puede llegar la locura?
Y la pregunta es: ¿cómo es posible que se haya permitido que esto suceda? ¿Cómo se han salido con la suya? No siguen la voluntad del pueblo, quiero decir, fabricaron una voluntad del pueblo por un breve tiempo inmediatamente después de iniciar la guerra, como lo pueden hacer los gobiernos inmediatamente después de comenzar un conflicto armado, a fin de poder crear una atmósfera de histeria bélica. Y así, por poco tiempo, cautivaron las mentes del pueblo USamericano. Ya no es así. El pueblo USamericano ha comenzado a comprender lo que sucede y se ha vuelto contra la política de Washington, pero desde luego siguen allí. Siguen en el poder. La pregunta es: ¿cómo se las arreglaron para hacerlo?
Por lo tanto, al tratar de responder a esa pregunta, miré un poco en la historia de Alemania nazi. No, no es que seamos Alemania nazi, pero se pueden extraer lecciones de todos y de la historia de cualquiera. En este caso, me interesaron las ideas de Hermann Göring, quien, como tal vez sepáis, fue el segundo al mando bajo Hitler, jefe de la Luftwaffe [fuerza aérea]. Y al terminar la Segunda Guerra Mundial, cuando los líderes nazis fueron enjuiciados en Nuremberg, Hermann Göring estuvo en la cárcel junto con los otros dirigentes del régimen nazi. Y fue visitado en la prisión por un psicólogo que tenía la tarea de entrevistar a los acusados en Nuremberg.
Por lo tanto, al tratar de responder a esa pregunta, miré un poco en la historia de Alemania nazi. No, no es que seamos Alemania nazi, pero se pueden extraer lecciones de todos y de la historia de cualquiera. En este caso, me interesaron las ideas de Hermann Göring, quien, como tal vez sepáis, fue el segundo al mando bajo Hitler, jefe de la Luftwaffe [fuerza aérea]. Y al terminar la Segunda Guerra Mundial, cuando los líderes nazis fueron enjuiciados en Nuremberg, Hermann Göring estuvo en la cárcel junto con los otros dirigentes del régimen nazi. Y fue visitado en la prisión por un psicólogo que tenía la tarea de entrevistar a los acusados en Nuremberg.
Y ese psicólogo tomó notas y, en los hechos, un par de años después de la guerra, escribió un libro intitulado "Diario de Nuremberg," en el que registró – puso sus notas en ese libro, y registró su conversación con Hermann Göring. Y preguntó a Göring: ¿cómo fue posible que Hitler, que los nazis pudieran hacer que el pueblo alemán aceptara políticas de guerras y agresión tan absurdas y ruinosas? Y tengo aquí esas notas. Siempre decimos: "Tenemos esas cosas sólo, sabéis, por casualidad."
Y Göring dijo: "¡Vaya! Por cierto, la gente no quiere guerra. ¿Por qué algún pobre diablo iba a querer arriesgar su vida en una guerra? Pero, después de todo, los que determinan la política son los dirigentes del país. Siempre se puede llevar a la gente a seguir las órdenes de los dirigentes. Basta con decirle que está siendo atacada y con denunciar a los pacifistas por falta de patriotismo. Funciona igual en cualquier país."
Me interesó esa última línea: "Funciona igual en cualquier país." Quiero decir, aquí, esos son los nazis. Ese es el régimen fascista. Nosotros somos una democracia. Pero funciona del mismo modo en cualquier país, no importa cómo se llame. Si se llama Estado totalitario o se llama democracia, funciona del mismo modo, es decir, los dirigentes del país pueden engatusar, o coercer y seducir a la gente hacia la guerra, asustándola, diciéndole que está en peligro, y amenazándola y coaccionándola, que si no participa, será considerar antipatriótica. Y es lo que sucedió en realidad en este país después del 11-S. Y es lo que sucedió después de que Bush presentó el fantasma de las armas de destrucción masiva en Iraq y logró que el pueblo USamericano lo siguiera por un tiempo.
Pero la pregunta es, ¿cómo se salieron con la suya? ¿Y la prensa? ¿Y los medios? ¿No es tarea de la prensa, no es la tarea de los medios, no es la tarea del periodismo, sacar a la luz lo que hacen los gobiernos? ¿No aprenden los periodistas de I.F. Stone, quien dijo: "Recordad sólo dos palabras," dijo a los jóvenes que estudiaban periodismo. Dijo: "Recordad sólo dos palabras: los gobiernos mienten". Bueno, pero los medios no lo percibieron. Los medios han hecho el juego, y abrazaron la idea de las armas de destrucción masiva. Recordaréis cuando Colin Powell fue a Naciones Unidas, justo antes del inicio de la guerra de Iraq, y presentó a la ONU esa letanía de armamentos que Iraq poseía, según él, y dio grandes detalles sobre cuantos bidones de esto y cuántas toneladas de aquello, y así por el estilo. Y el día después, la prensa brilló en sus elogios. No realizó su trabajo de cuestionar. No hizo su trabajo de preguntar: "¿Dónde? ¿Cuál es su evidencia? ¿Dónde obtuvo esta información? ¿Con quién habló? ¿Cuáles son sus fuentes?"
¿No lo que uno aprende como novato en la universidad? "Oiga: ¿cuáles son sus fuentes? ¿Dónde están sus notas al pie?" No, no. No, no. Todo lo que hicieron – el Washington Post dijo: "Es difícil imaginar cómo hay quien pueda dudar de que Iraq posee armas de destrucción masiva." Y el New York Times, sabéis, estaba fuera de sí de admiración por Colin Powell. Desde luego, resultó que nada era verdad, resultó que todo era mentira. Pero la prensa no hizo su trabajo, y como resultado, el pueblo USamericano, mirando televisión, leyendo los periódicos, no tuvo una fuente alternativa de información, ninguna opinión alternativa, ningún análisis crítico alternativo sobre lo que estaba sucediendo.
Y la pregunta es: ¿por qué creyó, a pesar de todo, la gente lo que leyó en la prensa, y por qué creyó lo que vio en la televisión? Y yo argumentaría que tiene algo que ver con una pérdida de la historia, tiene algo que ver con, bueno, lo que Studs Terkel llamó la "amnesia nacional," sea el olvido de la historia o el aprendizaje de mala historia, el aprendizaje del tipo de historia que se recibe, de que Colón fue un héroe, y que Teddy Roosevelt es un héroe, y que Andrew Jackson es un héroe, y todos esos tipos que fueron presidentes y generales e industriales, y suma y sigue. Ellos son los grandes – son los que hicieron grande a USA, y USA siempre ha hecho cosas buenas en el mundo. Y hemos tenido nuestros problemitas, por cierto – como la esclavitud, por ejemplo, ya sabéis – pero los superamos, ya sabéis. No, no esa clase de historia.
Si el pueblo USamericano conociera realmente la historia, si aprendiera la historia, si las instituciones educacionales hicieran su trabajo, si la prensa hiciera su trabajo dando a la gente una perspectiva histórica, la gente comprendería. Cuando el presidente se pone ante el micrófono, dice que tenemos que ir a la guerra por esto o aquello, por la libertad o por la democracia, o porque estamos en peligro, y así sucesivamente, si la gente estuviera respaldada por algo de historia, sabría cuántas veces los presidentes han anunciado a la nación: tenemos que ir a la guerra por éste o aquel motivo. Sabrían que el presidente Polk dijo: "¡Oh!, tenemos que ir a la guerra contra México, porque, bueno, hubo un incidente allá en la frontera, y nuestro honor exige que vayamos a la guerra."
Sabría, si supiera algo de historia, cómo el presidente McKinley llevó a la nación a la guerra contra España y Cuba, diciendo: "¡Oh!, vamos a liberar a los cubanos del control español." Y en realidad, había un poco de verdad en eso: llegamos, luchamos contra España, sacamos a España de Cuba, los liberamos de España, pero no de nosotros. Y así, se fue España, y entró la United Fruit, y luego los bancos USamericanos y las corporaciones USamericanas.
Y si la gente conociera su historia, sabría, sabríais, que el presidente McKinley dijo
cuando – cuando el ejército de USA ya estaba en las Filipinas y la armada USamericana ya estaba en las Filipinas, y Theodore Roosevelt, uno de nuestros grandes héroes presidenciales, ansiaba la guerra, la gente sabría que McKinley, quien no sabía dónde estaban las Filipinas, pero a menudo los presidentes necesitan que los instruyan y les digan dónde está una cosa. Ya sabéis, George Bush: "Esto es Iraq es." Lyndon Johnson: "El golfo de Tonkin está aquí." Ya sabéis, lo necesitan.
Y el presidente – la gente sabría, si conociera la historia, lo que dijo el presidente McKinley: "Vamos a las Filipinas a civilizar y a cristianizar a los filipinos." Y si conociera su historia, si los libros de historia hablaran un poco de la guerra en las Filipinas a comienzos del Siglo XX, en lugar de, como lo hacen los libros de historia – pasan tanto tiempo hablando de la Guerra Hispano-USamericana, que duró tres meses – y no hablan casi nada de la guerra en las Filipinas, una guerra sangrienta que duró, ¡Oh!, siete años, e incluyó masacres y el exterminio de poblaciones. Esa historia no aparece. Ya sabéis, habíamos civilizado y cristianizado a los filipinos y establecido nuestro control.
La gente sabría, al escuchar al presidente diciendo: "Vamos a llevar la democracia a Oriente Próximo," sabría cuántas veces llevamos la democracia a otros países que invadimos. Sabría si llevamos la democracia a Chile, cuando derrocamos un gobierno democráticamente elegido en Chile en 1973. Sabría cómo llevamos la democracia a Guatemala cuando derrocamos, de nuevo, un gobierno democráticamente elegido, - ¡oh!, amamos las elecciones democráticas, adoramos las elecciones libres, excepto cuando van por el camino equivocado. Y entonces enviamos a nuestro ejército o a la CIA o a agentes secretos para derrocar al gobierno.
Si la gente conociera esa historia, nunca le creería un solo instante al presidente Bush, cuando dice, ¡oh!, vamos a Iraq, sabéis, por ése o aquel motivo y la libertad y la democracia, y son una amenaza. Quiero decir, requiere – sí, requiere una cierta comprensión histórica para ser escéptico sobre las cosas que las autoridades os dicen.
Cuando se sabe historia, se sabe que los gobiernos mienten, como dijo I.F. Stone. Los gobiernos mienten permanentemente. Bueno, no sólo el gobierno de USA. Es simplemente la naturaleza de los gobiernos. Bueno, tienen que mentir. Quiero decir, los gobiernos en general no representan a las sociedades que gobiernan. Ya que no representan al pueblo y ya que actúan contra los intereses del pueblo, la única manera como se mantienen en el poder es mintiendo al pueblo. Si le dijeran la verdad al pueblo, no durarían mucho tiempo. Así que la historia puede ayudar a comprender el engaño y a ser escéptico y a no apresurarse a apoyar cualquier cosa que te dice el gobierno.
Y si sabes algo de historia, tal vez comprenderás algo aún más elemental: que la cuestión de la mentira sobre esta guerra o de la mentira sobre esta invasión, la mentira sobre esta intervención, comprenderías una especie de hecho fundamental sobre la sociedad, e incluyo a nuestra sociedad: que los intereses del gobierno y los intereses del pueblo no son lo mismo. Es muy importante saberlo, porque la cultura trata trabajosamente de persuadirnos de que todos tenemos un interés común. Si utilizan el lenguaje "interés nacional" – no existe interés nacional. Es su interés y nuestro interés. La seguridad nacional - ¿la seguridad de quién? Defensa nacional: ¿defensa de quién? Todas esas palabras y frases son usadas para tratar de cercarnos con un lindo lazo inmenso, para que todos supongamos que los que dirigen nuestro país se preocupan de nuestros intereses. Es muy importante comprender que: no, no les preocupan nuestros intereses.
Escucharás a un muchacho que se va a Iraq. Recuerdo escuchar lo mismo de un muchacho que se fue a Vietnam. Y un periodista se acerca al muchacho y le dice: "Sabes, joven, te vas, ¿qué piensas y por qué lo haces?" Y el muchacho dice: "Lo hago por mi país." No, él no lo hace por su país. Y ahora, ella, tampoco lo hace por su país. La gente que parte a la guerra no combate por su país. No, no le hacen ningún bien a su país. No hacen ningún bien a sus familias. Ciertamente no le hacen ningún bien a la gente de allá. Pero no lo hacen por su país. Lo hacen por su gobierno. Lo hacen por Bush. Sería más exacto decir: "Me voy a combatir por George Bush. Me voy a combatir por Cheney. Me voy a combatir por Rumsfeld. Me voy a combatir por Halliburton." Sí, eso sería decir la verdad.
Y en realidad, saber la historia de este país es saber que hemos tenido conflictos de interés en este país desde el comienzo mismo entre la gente que tiene la autoridad y la gente de a pie. No fuimos una gran familia feliz, la que libró la Revolución USamericana contra Inglaterra. Recuerdo, ya sabéis, en la escuela, parecía como si fuera así: están los patriotas, y estamos todos nosotros, trabajando, luchando juntos en Valley Forge y Bunker Hill, etcétera, contra los casacas rojas y los británicos, etcétera. Y no fue para nada así. No fue un país unido.
Washington tuvo que enviar generales al sur para usar la violencia contra los jóvenes a fin de obligarlos a entrar al servicio militar. Los soldados en el ejército revolucionario se amotinaron contra Washington, contra los oficiales, porque había un conflicto de clases en el ejército, exactamente como había habido conflictos de clases en todas las colonias antes de la Guerra Revolucionaria. Bueno, todo el que conoce a los militares, cualquiera que haya estado en las fuerzas armadas, sabe que las fuerzas armadas constituyen una sociedad de clases. Existen los soldados rasos, y existen los oficiales. Y en la Guerra Revolucionaria los soldados rasos no recibían zapatos, y no recibían vestimentas y no recibían alimentos, y no se les pagaba. Y los oficiales lo pasaban bien, vivían en esplendor. Y por lo tanto, los soldados se amotinaron, miles de ellos.
No recuerdo que me hayan enseñado alguna vez eso cuando estudié historia en la escuela, porque el mito se derrumbaría: ¡oh!, somos todos una gran familia feliz. ¿Quieres decir, también los esclavos negros? ¿Quieres decir incluyendo a los americanos nativos, a los que arrebatábamos la tierra, kilómetro tras kilómetro tras kilómetro? ¿Somos todos una gran familia feliz? Las mujeres, que fueron excluidas de todo esto, fueron – no, es muy importante que se comprenda ese hecho fundamental: los que dirigen el país y nosotros, nuestros intereses no son los mismos.
Así que, sí, la historia sirve para eso, para comprender – comprender que somos una nación como otras naciones, para comprender que no somos, de nuevo, como nos enseñan desde temprana edad, que somos los más grandes, que somos número uno, que somos los mejores. Y eso – se llama excepcionalismo USamericano en las ciencias sociales. USA es una excepción a la regla de las naciones. Es decir, la regla general de las naciones es que son bastante malas. Pero USA, nuestro país, nosotros somos buenos. Hacemos el bien en el mundo.
No hace mucho, estuve en un programa de radio, entrevistado por – era algo como una emisora comercial normal. Me gusta que me entrevisten las emisoras comerciales normales, donde el tipo realmente no sabe a quién ha invitado. Y dice: "Profesor Zinn, ¿no cree que USA ha sido, en general, una fuerza por el bien del mundo?" No, no, no. ¿Por qué no me preguntan: "Piensa que el Imperio británico fue una fuerza por el bien en África, o los belgas fueron una fuerza por el bien en Congo, o los franceses fueron una fuerza por el bien en Indochina? ¿Piensa que USA fue una fuerza por el bien cuando envió a los Marines a Centroamérica una y otra vez?" – No.
Pero existe esa noción de que somos diferentes. Somos los grandes – quiero decir, seguro, hay cosas muy grandes respecto a USA, pero no es lo que hicimos a otros países, ni lo que hicimos a los negros, ni lo que hicimos a los americanos nativos, ni lo que hicimos a la gente trabajadora en este país que sufrió días de doce horas hasta que se organizó y se rebeló y se alzó. No, tenemos que ser honestos con nosotros mismos.
Es algo muy duro: ser honesto hablando de nosotros mismos. Quiero decir, pero, uno es educado y uno dice: "Juro fidelidad," ya sabéis etc., etc., "libertad y justicia para todos," "Dios bendiga a USA," ¿Por qué nosotros? ¿Por qué nos bendice Dios? Quiero decir, ¿por qué nos elige para su bendición? ¿Por qué no: "Dios bendiga a todos"? Si, por cierto, ya sabéis – pero somos educados – si hubiésemos sido educados para comprender nuestra historia, sabríamos que no, somos como las demás naciones, sólo más todavía, porque somos más grandes y tenemos más cañones y más bombas, y por lo tanto somos capaces de más violencia. Podemos hacer lo que otros imperios no pudieron hacer en una medida semejante. Ya sabéis, somos ricos. Bueno, no todos. Algunos de nosotros lo son, ¿veis? Pero, no, tenemos que ser honestos.
¿No se une la gente a Alcohólicos Anónimos para poder ponerse de pie y ser honestos con ellos mismos? Tal vez deberíamos tener una organización llamada Imperialistas Anónimos, sabéis, y que los dirigentes del país se paren ahí en la televisión nacional y digan: "Buena, ya es hora, – hora de decir la verdad." Sería – no espero que suceda, pero sería refrescante.
Y entonces, si conociéramos esta historia, comprenderíamos cuántas veces se ha utilizado el miedo como una manera de hacer que la gente actúe contra sus propios intereses, para estimular la histeria y hacer que la gente haga cosas terribles a otra gente porque ha sido atemorizada. ¿No fueron el miedo y la histeria lo que motivó a las turbas linchadoras en el Sur? ¿No crearon miedo a la gente negra, histeria sobre la gente negra, que condujo a la gente blanca a cometer algunas de las cosas más atroces que han sido cometidas en nuestra historia? ¿Y no es hoy en día – no es miedo, miedo a los musulmanes, no sólo a los terroristas, en general? Desde luego, miedo a los terroristas, especialmente miedo a los musulmanes, ¿veis? Una especie muy fea de sentimiento que se inculca al pueblo USamericano, y crea una especie de histeria, que luego los capacita para controlar a la población y los capacita para enviarnos a una guerra tras la otra y a amenazar, sabéis, con una guerra más.
Y si supiéramos algo de historia, sabríamos de la histeria que acompañó la Guerra Fría, la histeria sobre el comunismo. No es que el comunismo no haya existido, exactamente como el terrorismo existe, sí. No es que el comunismo – el comunismo existía, y había una Unión Soviética y reprimía a su propio pueblo, y controlaba a Europa Oriental, pero hubo una exageración enorme de la amenaza soviética hasta el punto en que – ¡oh!, no es sólo que estuvieran en Europa Oriental. Es que, van a invadir Europa Occidental.
A propósito, no existe evidencia de eso. Los analistas de la CIA que eran especialistas en la Unión Soviética, salieron de sus escondites en los últimos años y dijeron que nunca hubo evidencia alguna de que la Unión Soviética fuera a invadir Europa Occidental. Pero la OTAN fue creada contra eso. Contra eso, USA acumuló un enorme arsenal nuclear.
Los soviéticos, siempre atrasados respecto a USA. Inflaron a los soviéticos como una amenaza, pero después de todo, ¿quién fue el primer en tener la bomba atómica? ¿Quién tenía más bombas atómicas que nadie? ¿Y cuál fue el único país que realmente lanzó bombas atómicas sobre gente normal en dos ciudades en Japón? Y así, nosotros que usamos la bomba atómica, nosotros que acumulamos bombas atómicas, creamos una histeria sobre países que tratan desesperadamente de alcanzarnos. Por cierto, Irán nunca nos alcanzará, y Corea del Norte nunca nos alcanzará. La Unión Soviética trató de hacerlo. Pero al crear esa amenaza monstruosa, tomamos billones de dólares de la riqueza de este país y los gastamos en presupuestos militares.
Y la histeria sobre el comunismo llegó a un punto en el que – y no hablo sólo de escolares que se escondían bajo sus pupitres, sabéis, porque los soviéticos iban a lanzar una bomba atómica. No había evidencia de que los soviéticos fueran a lanzar una bomba atómica. A propósito, hay evidencia de que el estado mayor conjunto, la gente bien arriba en el gobierno USamericano, en varias, varias ocasiones propuso una guerra preventiva, lanzando armas atómicas contra la Unión Soviética. Pero creamos una amenaza tan apocalíptica, tan omnipresente, que los niños, sí, se ocultaban bajo sus pupitres, y también de manera que cualquier cosa que ocurría en cualquier parte del mundo que no fuera del gusto de USA se convertía en parte de la amenaza comunista mundial.
Y así, para enfrentar eso, podíamos ir a cualquier país en Latinoamérica que quisiéramos. Y porque era una amenaza comunista, enviábamos un ejército a Vietnam, y morían varios millones de personas, porque Vietnam se convirtió en el símbolo de la amenaza comunista en el mundo. Cuando uno piensa en lo absurdo que fue preocuparse de que Vietnam, ya dividido entre un Norte comunista y un Sur anticomunista, preocuparse de que: ahora la mitad de ese pequeñísimo país va a ser comunista, y precisamente al norte de Vietnam, mil millones de personas habían adoptado el comunismo. Es algo un poco extraño.
Pero, sabéis, el pensamiento insólito es posible cuando creas miedo e histeria. Y enfrentamos, naturalmente, esa situación en la actualidad con todo este asunto del terrorismo. Y si se sumaran todas las veces que han utilizado la palabra "terrorismo" y "terror" en discursos de George Bush y de su gabinete, es un mantra que han creado para amedrentar al pueblo USamericano.
Creo que se está desgastando. Pienso que existe un comienzo de un cierto reconocimiento, y eso lleva al hecho de que la opinión pública se ha vuelto contra la guerra. La gente ya no cree que estemos luchando en Iraq para liberarnos del terrorismo, sabéis, porque la evidencia ha llegado a ser tan abrumadora que incluso los medios dominantes han informado – ya sabéis, la Evaluación Nacional de Inteligencia [NIE, por sus siglas en inglés]. Y son las propias agencias de inteligencia del gobierno que dicen que la guerra en Iraq causó un crecimiento de los grupos terroristas, ha aumentado la militancia y el radicalismo entre los grupos islámicos en Oriente Próximo.
Pero el terrorismo ha suplantado al comunismo en un intento por hacer que la gente haga cosas contra sus propios intereses, que haga cosas que enviarán a sus propios jóvenes a la guerra, a hacer cosas que causan el agotamiento de la riqueza del país con fines de guerra y para el enriquecimiento de los súper ricos. Y no hay que pensar demasiado en el terrorismo para darse cuenta de que cuando alguien habla de una guerra contra el terrorismo, está presentando una contradicción de los términos. ¿Cómo se puede librar una guerra contra el terrorismo, si la guerra misma es terrorismo? Porque – así se responde al terrorismo con terrorismo, y se multiplica el terrorismo en el mundo.
Y, por cierto, el terrorismo del que son capaces los gobiernos al ir a la guerra tiene una escala, mucho, mucho más grande que el terrorismo de al-Qaeda o de ese grupo o de aquel grupo u otro grupo. Los gobiernos son terroristas en una escala enormemente grande. USA ha estado involucrado en terrorismo contra Afganistán, contra Iraq, y ahora amenaza con extender su terrorismo a otros sitios en Oriente Próximo.
Y sería muy útil un poco de historia sobre el uso del miedo y de la histeria y un poco de historia de la Guerra Fría y de la histeria anticomunista para alertar a la gente sobre lo que nos pasa hoy en día. Quiero decir, con Irán, por ejemplo, es una vergüenza, y los medios han jugado una parte tan importante en esto, respecto al arma nuclear de Irán. Quieren un arma nuclear. No dicen que tienen un arma nuclear. Quieren un arma nuclear. También la quiero yo. Sí, es fácil querer un arma nuclear. Y pequeños países que enfrentan a enormes potencias militares y que no tienen posibilidad alguna de equiparar el poderío militar de esos países inmensos, siguen lo que fue la estrategia de USA: USA dijo: "Tenemos que tener un disuasivo." Cuántas veces os han dicho, cuando preguntáis: ¿Por qué tenemos 10.000 armas nucleares?" "Tenemos que tener un disuasivo." Bueno, lo que quieren es un disuasivo: un arma nuclear.
No es esa situación con Iraq, quiero decir Condoleezza Rice: "una nube en forma de hongo." Nosotros fuimos los únicos que crearon nubes en forma de hongo, sobre Hiroshima y Nagasaki. Iraq no estaba en condiciones de crear una nube en forma de hongo. Todos los expertos en Oriente Próximo y en armas atómicas dijeron: Iraq estaba a entre cinco y diez años de desarrollar un arma nuclear, pero nosotros estábamos creando una histeria sobre las armas nucleares.
Ahora hacemos lo mismo con Irán. Y el grupo Internacional de Energía Atómica de la ONU contradice directamente un informe del Congreso que habla del peligro de las armas nucleares de Irán, y el grupo internacional, que ha realizado muchas, muchas, inspecciones en Irán, dice..., bueno, tenéis que saber – y dan al pueblo USamericano una especie de educación a medias. Es decir, dicen, utilizan la frase: "¡Están enriqueciendo uranio! Bueno, eso me asusta. Están enriqueciendo uranio. No sé exactamente lo que quiere decir, pero asusta. Y luego lees el informe del grupo Internacional de Energía Atómica, y ves, bueno, sí, así es. Han enriquecido uranio hasta un 3,5%. Para tener un arma nuclear, tienen que enriquecerlo a un 90%. Están muy, muy lejos incluso de desarrollar un arma nuclear, pero la frase "uranio enriquecido" es repetida una y otra vez.
Y así, sí, necesitamos una cierta comprensión histórica, sí, sólo recordar Iraq, sólo recordar la histeria sobre Vietnam. ¡Dios mío, un comunista podía apoderarse de Vietnam del Sur! ¿Y entonces qué? Basta un saltito hasta San Francisco. No, algunos recordaréis que cuando Reagan apoyaba a los Contras en Nicaragua decía: "¿Veis dónde está Nicaragua? No les costaría mucho llegar a Texas." Me interrogué sobre eso. Y entonces me interrogué: ¿por qué iban a querer llegar a Texas los nicaragüenses? Y no es un insulto a Texas, pero – y una vez que llegaran a Texas, ¿qué iban a hacer? ¿Tomar un vuelo de United Airlines a Washington? ¿Qué harían? Pero, realmente, es muy importante saber algo de esa historia para ver cómo la histeria inhabilita por completo la consciencia sobre lo que sucede.
Sugeriría otra cosa. Me comienzo a preocupar por el tiempo que estoy usando. Bueno, en realidad, no me preocupa cuánto tiempo he usado. No me importa. Miro mi reloj para pretender que me preocupa. Y ya que no sé cuándo comencé, no puedo saber cuánto he estado hablando.
Pero en algún punto la guerra en Iraq llegará a su fin. En algún punto, USA hará en Iraq lo que hizo en Vietnam, después de decir. "Jamás nos iremos. Jamás nos iremos. Venceremos. Seguiremos por el mismo camino. No nos escaparemos." En algún punto, USA va a tener que escapar de Iraq, sabéis. Y lo va a hacer porque el sentimiento va a aumentar y aumentar y aumentar en este país y porque más y más soldados van a volver de Iraq y dirán: "No volveremos," y porque van a tener más y más problemas para aprovisionar a las fuerzas armadas en Iraq, y porque los padres de los jóvenes van a decir más y más: "no vamos a permitir que nuestros jóvenes vayan a la guerra por Bechtel y Halliburton. No vamos a hacerlo." Así que en algún punto, sí, en algún punto vamos a hacer lo que ellos dicen que no debemos hacer: escapar.
No tenemos que escapar. Podemos irnos tranquilamente. Irnos lentamente. Terminar, pero irnos, lo más rápido posible, porque allá no hacemos nada bueno. No ayudamos a solucionar la situación. No llevamos la paz. No llevamos una democracia. No llevamos estabilidad. Llevamos la violencia y el caos. Estamos provocando todo eso, y la gente muere todos los días. Cuando un dirigente demócrata dice: "Pienso que deberíamos retirarnos el 14 de marzo de 2000-y-lo-que-sea." Sabéis, sí, cada día desde ahora hasta que más gente muera, y más gente pierda brazos o piernas o la vista. Y así, es intolerable. Y así, tenemos que hacer todo lo que podamos.
Y en el caso de Vietnam, en un cierto momento el gobierno se dio cuenta de que no podía continuar la guerra. Los soldados volvían de Vietnam y se oponían a la guerra. No podían convencer a la gente de que se uniera a la ROTC [Cuerpo de Adiestramiento para Oficiales de la Reserva]. Demasiados huían a Canadá. Demasiados no se alistaban. Finalmente, tuvieron que eliminar el servicio militar obligatorio. Perdían el apoyo de la población. Perdían el apoyo de los militares. Y al llegar un cierto punto: No.
Y va a ocurrir algo similar. Y mientras antes ayudemos a que ocurra, desde luego, tanto mejor. Mientras más vayamos a las universidades – sabéis, hay una cosa muy práctica, una cosa muy práctica que cualquiera puede hacer, y es, ir a su colegio local y asegurarse de que todos los padres y todos los chicos en los colegios comprendan que no tienen que dar su información a los reclutadores militares, sabéis. Y más y más tienen equipos de personas que contrarrestan la propaganda de los reclutadores militares.
Sabéis, tienen problemas. Se están volviendo desesperados por el reclutamiento para las fuerzas armadas, hacen toda clase de cosas y, por cierto, se concentran – envían a sus reclutadores militares a las escuelas más pobres, porque saben que los chicos de clase trabajadora son los más vulnerables, los más necesitados, los que, sabéis – necesitan una educación, necesitan una capacitación, etc. Y así, tratan de acosar a la clase trabajadora. Eugene Debs dijo – si no les importa que cite a Eugene Debs – pero Eugene Debs dijo en un discurso durante la Primera Guerra Mundial, que lo llevó a la cárcel: "La clase de los amos siempre ha comenzado las guerras. La clase trabajadora siempre ha librado las guerras." Y, por cierto, así ha sido permanentemente. Así que en algún momento nos iremos de Iraq.
Pero quiero sugerir una cosa: tenemos que pensar más allá de Iraq, e incluso más allá de Irán. No queremos tener que luchar contra esta guerra, y luego contra esa guerra y después contra la guerra siguiente. No queremos tener una sucesión interminable de movimientos contra la guerra. Cansa. Y tenemos que pensar y hablar y educar respecto a la abolición de la guerra en sí.
El otro día estaba hablando con mi peluquero, porque siempre discutimos la política mundial. Y es totalmente impredecible políticamente, como la mayoría de los peluqueros. Dijo: "Howard, sabes, tú y yo estamos en desacuerdo en muchas cosas, pero en una cosa estamos de acuerdo: la guerra no soluciona nada." Y yo pensé: "Sí." A la gente no le cuesta comprender eso.
Y, de nuevo, la historia es útil. Hemos tenido una historia de guerra tras guerra tras guerra tras guerra. ¿Qué han solucionado? ¿Qué han logrado? Incluso la Segunda Guerra Mundial, la "guerra buena," la guerra en la que fui voluntario, la guerra en la que lancé bombas, la guerra después de la que, sabéis, recibí una carta del general Marshall, general de generales, una carta que me dirigió personalmente, y a 16 millones más, en la que dijo: "Hemos ganado la guerra. Será un nuevo mundo." Bueno, por cierto, no fue un nuevo mundo. No ha sido un nuevo mundo. Guerra tras guerra tras guerra.
Hay ciertas... – Salí de esa guerra, la guerra a la que me había presentado como voluntario, la guerra en la que fui un cabo artillero entusiasta, salí de esa guerra con ciertas ideas, que recién se desarrollaron gradualmente a fines de la guerra, ideas sobre la guerra. Una, que la guerra corrompe a todo el que se involucra. La guerra emponzoña a todo el que se involucra. Comenzáis como muchachos buenos, como lo hicimos en la Segunda Guerra Mundial. Ellos son los malos. Ellos son los fascistas. ¿Qué podría ser peor? Así que, ellos son los malos, nosotros somos los buenos. Y a medida que continúa la guerra, los buenos comienzan a comportarse como los malos. Puedes rastrear eso hasta la Guerra del Peloponeso. Puedes rastrearlo hasta los buenos, los atenienses, y los malos, los espartanos. Y después de poco, los atenienses se hicieron implacables y crueles, como los espartanos.
Es lo que hicimos en la Segunda Guerra Mundial. Nosotros, después que Hitler cometió sus atrocidades, cometimos las nuestras. Ya saben, nuestra matanza de 600.000 civiles en Japón, nuestra matanza de probablemente un número igual de civiles en Alemania. No eran Hitler, no eran Tojo. No eran – no, eran sólo gente de a pie, como nosotros somos gente de a pie que vive en un país que es un país saqueador, y ellos vivían en países que eran países saqueadores, y fueron atrapados en lo que fuera y tuvieron miedo de protestar. Y no sé, llegué a la conclusión, sí, de que la guerra emponzoña a todos.
Y la guerra – es algo importante que hay que recordar – que cuando vas a la guerra contra un tirano – y fue una de sus afirmaciones: "¡Oh!, vamos a librarnos de Sadam Husein," lo que fue, desde luego, absurdo. No les preocupaba - ¿se preocupó nuestro gobierno de que Sadam Husein tiranizara a su propio pueblo? Le ayudamos a tiranizar a su pueblo. Le ayudamos a matar con gas a los kurdos. Le ayudamos a acumular armas de destrucción masiva, realmente.
Y la gente que matas en una guerra son las víctimas del tirano. La gente que matamos en Alemania eran víctimas de Hitler. La gente que matamos en Japón eran víctimas del Ejército Imperial de Japón. Y la gente que muere en las guerras es más y más y más gente que no está en las fuerzas armadas. Tal vez sepáis lo del diferente ratio de muertes de civiles a militares en la guerra, cómo en la Primera Guerra Mundial, fueron diez militares muertos por un muerto civil; en la Segunda Guerra Mundial, fue 50:50, la mitad militares, la mitad civiles; en Vietnam, fue de un 70% de civiles y un 30% de militares, y en las guerras posteriores, es de un 80% y de un 85% de civiles.
Hace algunos años me hice amigo de un cirujano militar italiano llamado Gino Strada. Pasó diez, quince años operando a víctimas de la guerra en todo el mundo. Y escribió un libro sobre el tema: "Green Parrots: Diary of a War Surgeon." Dijo que de todos los pacientes que operó en Iraq y Afganistán y en todas partes, un 85% eran civiles, y un tercio de estos, niños. Si comprendéis, y si la gente comprende, y si corréis la voz de esa comprensión que sea lo que sea lo que os dije sobre la guerra y cómo debemos ir a la guerra, y sea cual sea la amenaza o sea cual sea el objetivo – una democracia o la libertad – siempre será una guerra contra niños. Son los que morirán en gran número.
Así que, la guerra – bueno, Einstein lo dijo después de la Primera Guerra Mundial. Dijo: "La guerra no puede ser humanizada. Sólo puede ser abolida." La guerra tiene que ser abolida, sabéis. Y es – sé que son pocas las probabilidades de éxito, pero hay que hacerlo, tenéis que comenzar a hacerlo. También el fin de la esclavitud en este país en los años treinta del Siglo XIX tenía pocas probabilidades de éxito, pero la gente siguió tratando, y tardó 30 años, pero se eliminó la esclavitud. Y podemos ver lo mismo una y otra vez. Así que tenemos una tarea por delante. Tenemos muchas cosas que hacer.
Una de las cosas que podemos aprender de la historia es que la historia no es sólo una historia de cosas que nos han sido infligidas por los que mandan. La historia es también una historia de resistencia. Es una historia de gente que sufre la tiranía durante décadas, pero que termina por alzarse y derrocar al dictador. Lo hemos visto en un país tras el otro, una sorpresa tras la otra. Gobernantes que parecen tener un control total, de repente se despiertan un día, y hay un millón de personas en las calles, y toman sus maletas y se van. Sucedió en las Filipinas, en Yemen, en todas partes, en Nepal. Un millón en la calle, y entonces el gobernante tiene que irse. De manera que, eso es lo que queremos lograr en este país.
Todo lo que hacemos es importante. Casa cosita que hacemos, cada piquete en el que marchamos, cada carta que escribimos, cada acto de desobediencia civil en el que participamos, cada reclutador con el que hablamos, cada padre con el que hablamos, cada soldado con el que hablamos, cada persona joven con la que hablamos, todo lo que hacemos en clase, fuera de clase, todo lo que hacemos por un mundo diferente, es importante, aunque en el momento parezca fútil, porque es como se produce el cambio. El cambio sucede cuando millones de personas hacen pequeñas cosas, que en ciertos momentos de la historia se suman, y entonces sucede algo bueno y algo importante.
Gracias.
Y Göring dijo: "¡Vaya! Por cierto, la gente no quiere guerra. ¿Por qué algún pobre diablo iba a querer arriesgar su vida en una guerra? Pero, después de todo, los que determinan la política son los dirigentes del país. Siempre se puede llevar a la gente a seguir las órdenes de los dirigentes. Basta con decirle que está siendo atacada y con denunciar a los pacifistas por falta de patriotismo. Funciona igual en cualquier país."
Me interesó esa última línea: "Funciona igual en cualquier país." Quiero decir, aquí, esos son los nazis. Ese es el régimen fascista. Nosotros somos una democracia. Pero funciona del mismo modo en cualquier país, no importa cómo se llame. Si se llama Estado totalitario o se llama democracia, funciona del mismo modo, es decir, los dirigentes del país pueden engatusar, o coercer y seducir a la gente hacia la guerra, asustándola, diciéndole que está en peligro, y amenazándola y coaccionándola, que si no participa, será considerar antipatriótica. Y es lo que sucedió en realidad en este país después del 11-S. Y es lo que sucedió después de que Bush presentó el fantasma de las armas de destrucción masiva en Iraq y logró que el pueblo USamericano lo siguiera por un tiempo.
Pero la pregunta es, ¿cómo se salieron con la suya? ¿Y la prensa? ¿Y los medios? ¿No es tarea de la prensa, no es la tarea de los medios, no es la tarea del periodismo, sacar a la luz lo que hacen los gobiernos? ¿No aprenden los periodistas de I.F. Stone, quien dijo: "Recordad sólo dos palabras," dijo a los jóvenes que estudiaban periodismo. Dijo: "Recordad sólo dos palabras: los gobiernos mienten". Bueno, pero los medios no lo percibieron. Los medios han hecho el juego, y abrazaron la idea de las armas de destrucción masiva. Recordaréis cuando Colin Powell fue a Naciones Unidas, justo antes del inicio de la guerra de Iraq, y presentó a la ONU esa letanía de armamentos que Iraq poseía, según él, y dio grandes detalles sobre cuantos bidones de esto y cuántas toneladas de aquello, y así por el estilo. Y el día después, la prensa brilló en sus elogios. No realizó su trabajo de cuestionar. No hizo su trabajo de preguntar: "¿Dónde? ¿Cuál es su evidencia? ¿Dónde obtuvo esta información? ¿Con quién habló? ¿Cuáles son sus fuentes?"
¿No lo que uno aprende como novato en la universidad? "Oiga: ¿cuáles son sus fuentes? ¿Dónde están sus notas al pie?" No, no. No, no. Todo lo que hicieron – el Washington Post dijo: "Es difícil imaginar cómo hay quien pueda dudar de que Iraq posee armas de destrucción masiva." Y el New York Times, sabéis, estaba fuera de sí de admiración por Colin Powell. Desde luego, resultó que nada era verdad, resultó que todo era mentira. Pero la prensa no hizo su trabajo, y como resultado, el pueblo USamericano, mirando televisión, leyendo los periódicos, no tuvo una fuente alternativa de información, ninguna opinión alternativa, ningún análisis crítico alternativo sobre lo que estaba sucediendo.
Y la pregunta es: ¿por qué creyó, a pesar de todo, la gente lo que leyó en la prensa, y por qué creyó lo que vio en la televisión? Y yo argumentaría que tiene algo que ver con una pérdida de la historia, tiene algo que ver con, bueno, lo que Studs Terkel llamó la "amnesia nacional," sea el olvido de la historia o el aprendizaje de mala historia, el aprendizaje del tipo de historia que se recibe, de que Colón fue un héroe, y que Teddy Roosevelt es un héroe, y que Andrew Jackson es un héroe, y todos esos tipos que fueron presidentes y generales e industriales, y suma y sigue. Ellos son los grandes – son los que hicieron grande a USA, y USA siempre ha hecho cosas buenas en el mundo. Y hemos tenido nuestros problemitas, por cierto – como la esclavitud, por ejemplo, ya sabéis – pero los superamos, ya sabéis. No, no esa clase de historia.
Si el pueblo USamericano conociera realmente la historia, si aprendiera la historia, si las instituciones educacionales hicieran su trabajo, si la prensa hiciera su trabajo dando a la gente una perspectiva histórica, la gente comprendería. Cuando el presidente se pone ante el micrófono, dice que tenemos que ir a la guerra por esto o aquello, por la libertad o por la democracia, o porque estamos en peligro, y así sucesivamente, si la gente estuviera respaldada por algo de historia, sabría cuántas veces los presidentes han anunciado a la nación: tenemos que ir a la guerra por éste o aquel motivo. Sabrían que el presidente Polk dijo: "¡Oh!, tenemos que ir a la guerra contra México, porque, bueno, hubo un incidente allá en la frontera, y nuestro honor exige que vayamos a la guerra."
Sabría, si supiera algo de historia, cómo el presidente McKinley llevó a la nación a la guerra contra España y Cuba, diciendo: "¡Oh!, vamos a liberar a los cubanos del control español." Y en realidad, había un poco de verdad en eso: llegamos, luchamos contra España, sacamos a España de Cuba, los liberamos de España, pero no de nosotros. Y así, se fue España, y entró la United Fruit, y luego los bancos USamericanos y las corporaciones USamericanas.
Y si la gente conociera su historia, sabría, sabríais, que el presidente McKinley dijo
cuando – cuando el ejército de USA ya estaba en las Filipinas y la armada USamericana ya estaba en las Filipinas, y Theodore Roosevelt, uno de nuestros grandes héroes presidenciales, ansiaba la guerra, la gente sabría que McKinley, quien no sabía dónde estaban las Filipinas, pero a menudo los presidentes necesitan que los instruyan y les digan dónde está una cosa. Ya sabéis, George Bush: "Esto es Iraq es." Lyndon Johnson: "El golfo de Tonkin está aquí." Ya sabéis, lo necesitan.
Y el presidente – la gente sabría, si conociera la historia, lo que dijo el presidente McKinley: "Vamos a las Filipinas a civilizar y a cristianizar a los filipinos." Y si conociera su historia, si los libros de historia hablaran un poco de la guerra en las Filipinas a comienzos del Siglo XX, en lugar de, como lo hacen los libros de historia – pasan tanto tiempo hablando de la Guerra Hispano-USamericana, que duró tres meses – y no hablan casi nada de la guerra en las Filipinas, una guerra sangrienta que duró, ¡Oh!, siete años, e incluyó masacres y el exterminio de poblaciones. Esa historia no aparece. Ya sabéis, habíamos civilizado y cristianizado a los filipinos y establecido nuestro control.
La gente sabría, al escuchar al presidente diciendo: "Vamos a llevar la democracia a Oriente Próximo," sabría cuántas veces llevamos la democracia a otros países que invadimos. Sabría si llevamos la democracia a Chile, cuando derrocamos un gobierno democráticamente elegido en Chile en 1973. Sabría cómo llevamos la democracia a Guatemala cuando derrocamos, de nuevo, un gobierno democráticamente elegido, - ¡oh!, amamos las elecciones democráticas, adoramos las elecciones libres, excepto cuando van por el camino equivocado. Y entonces enviamos a nuestro ejército o a la CIA o a agentes secretos para derrocar al gobierno.
Si la gente conociera esa historia, nunca le creería un solo instante al presidente Bush, cuando dice, ¡oh!, vamos a Iraq, sabéis, por ése o aquel motivo y la libertad y la democracia, y son una amenaza. Quiero decir, requiere – sí, requiere una cierta comprensión histórica para ser escéptico sobre las cosas que las autoridades os dicen.
Cuando se sabe historia, se sabe que los gobiernos mienten, como dijo I.F. Stone. Los gobiernos mienten permanentemente. Bueno, no sólo el gobierno de USA. Es simplemente la naturaleza de los gobiernos. Bueno, tienen que mentir. Quiero decir, los gobiernos en general no representan a las sociedades que gobiernan. Ya que no representan al pueblo y ya que actúan contra los intereses del pueblo, la única manera como se mantienen en el poder es mintiendo al pueblo. Si le dijeran la verdad al pueblo, no durarían mucho tiempo. Así que la historia puede ayudar a comprender el engaño y a ser escéptico y a no apresurarse a apoyar cualquier cosa que te dice el gobierno.
Y si sabes algo de historia, tal vez comprenderás algo aún más elemental: que la cuestión de la mentira sobre esta guerra o de la mentira sobre esta invasión, la mentira sobre esta intervención, comprenderías una especie de hecho fundamental sobre la sociedad, e incluyo a nuestra sociedad: que los intereses del gobierno y los intereses del pueblo no son lo mismo. Es muy importante saberlo, porque la cultura trata trabajosamente de persuadirnos de que todos tenemos un interés común. Si utilizan el lenguaje "interés nacional" – no existe interés nacional. Es su interés y nuestro interés. La seguridad nacional - ¿la seguridad de quién? Defensa nacional: ¿defensa de quién? Todas esas palabras y frases son usadas para tratar de cercarnos con un lindo lazo inmenso, para que todos supongamos que los que dirigen nuestro país se preocupan de nuestros intereses. Es muy importante comprender que: no, no les preocupan nuestros intereses.
Escucharás a un muchacho que se va a Iraq. Recuerdo escuchar lo mismo de un muchacho que se fue a Vietnam. Y un periodista se acerca al muchacho y le dice: "Sabes, joven, te vas, ¿qué piensas y por qué lo haces?" Y el muchacho dice: "Lo hago por mi país." No, él no lo hace por su país. Y ahora, ella, tampoco lo hace por su país. La gente que parte a la guerra no combate por su país. No, no le hacen ningún bien a su país. No hacen ningún bien a sus familias. Ciertamente no le hacen ningún bien a la gente de allá. Pero no lo hacen por su país. Lo hacen por su gobierno. Lo hacen por Bush. Sería más exacto decir: "Me voy a combatir por George Bush. Me voy a combatir por Cheney. Me voy a combatir por Rumsfeld. Me voy a combatir por Halliburton." Sí, eso sería decir la verdad.
Y en realidad, saber la historia de este país es saber que hemos tenido conflictos de interés en este país desde el comienzo mismo entre la gente que tiene la autoridad y la gente de a pie. No fuimos una gran familia feliz, la que libró la Revolución USamericana contra Inglaterra. Recuerdo, ya sabéis, en la escuela, parecía como si fuera así: están los patriotas, y estamos todos nosotros, trabajando, luchando juntos en Valley Forge y Bunker Hill, etcétera, contra los casacas rojas y los británicos, etcétera. Y no fue para nada así. No fue un país unido.
Washington tuvo que enviar generales al sur para usar la violencia contra los jóvenes a fin de obligarlos a entrar al servicio militar. Los soldados en el ejército revolucionario se amotinaron contra Washington, contra los oficiales, porque había un conflicto de clases en el ejército, exactamente como había habido conflictos de clases en todas las colonias antes de la Guerra Revolucionaria. Bueno, todo el que conoce a los militares, cualquiera que haya estado en las fuerzas armadas, sabe que las fuerzas armadas constituyen una sociedad de clases. Existen los soldados rasos, y existen los oficiales. Y en la Guerra Revolucionaria los soldados rasos no recibían zapatos, y no recibían vestimentas y no recibían alimentos, y no se les pagaba. Y los oficiales lo pasaban bien, vivían en esplendor. Y por lo tanto, los soldados se amotinaron, miles de ellos.
No recuerdo que me hayan enseñado alguna vez eso cuando estudié historia en la escuela, porque el mito se derrumbaría: ¡oh!, somos todos una gran familia feliz. ¿Quieres decir, también los esclavos negros? ¿Quieres decir incluyendo a los americanos nativos, a los que arrebatábamos la tierra, kilómetro tras kilómetro tras kilómetro? ¿Somos todos una gran familia feliz? Las mujeres, que fueron excluidas de todo esto, fueron – no, es muy importante que se comprenda ese hecho fundamental: los que dirigen el país y nosotros, nuestros intereses no son los mismos.
Así que, sí, la historia sirve para eso, para comprender – comprender que somos una nación como otras naciones, para comprender que no somos, de nuevo, como nos enseñan desde temprana edad, que somos los más grandes, que somos número uno, que somos los mejores. Y eso – se llama excepcionalismo USamericano en las ciencias sociales. USA es una excepción a la regla de las naciones. Es decir, la regla general de las naciones es que son bastante malas. Pero USA, nuestro país, nosotros somos buenos. Hacemos el bien en el mundo.
No hace mucho, estuve en un programa de radio, entrevistado por – era algo como una emisora comercial normal. Me gusta que me entrevisten las emisoras comerciales normales, donde el tipo realmente no sabe a quién ha invitado. Y dice: "Profesor Zinn, ¿no cree que USA ha sido, en general, una fuerza por el bien del mundo?" No, no, no. ¿Por qué no me preguntan: "Piensa que el Imperio británico fue una fuerza por el bien en África, o los belgas fueron una fuerza por el bien en Congo, o los franceses fueron una fuerza por el bien en Indochina? ¿Piensa que USA fue una fuerza por el bien cuando envió a los Marines a Centroamérica una y otra vez?" – No.
Pero existe esa noción de que somos diferentes. Somos los grandes – quiero decir, seguro, hay cosas muy grandes respecto a USA, pero no es lo que hicimos a otros países, ni lo que hicimos a los negros, ni lo que hicimos a los americanos nativos, ni lo que hicimos a la gente trabajadora en este país que sufrió días de doce horas hasta que se organizó y se rebeló y se alzó. No, tenemos que ser honestos con nosotros mismos.
Es algo muy duro: ser honesto hablando de nosotros mismos. Quiero decir, pero, uno es educado y uno dice: "Juro fidelidad," ya sabéis etc., etc., "libertad y justicia para todos," "Dios bendiga a USA," ¿Por qué nosotros? ¿Por qué nos bendice Dios? Quiero decir, ¿por qué nos elige para su bendición? ¿Por qué no: "Dios bendiga a todos"? Si, por cierto, ya sabéis – pero somos educados – si hubiésemos sido educados para comprender nuestra historia, sabríamos que no, somos como las demás naciones, sólo más todavía, porque somos más grandes y tenemos más cañones y más bombas, y por lo tanto somos capaces de más violencia. Podemos hacer lo que otros imperios no pudieron hacer en una medida semejante. Ya sabéis, somos ricos. Bueno, no todos. Algunos de nosotros lo son, ¿veis? Pero, no, tenemos que ser honestos.
¿No se une la gente a Alcohólicos Anónimos para poder ponerse de pie y ser honestos con ellos mismos? Tal vez deberíamos tener una organización llamada Imperialistas Anónimos, sabéis, y que los dirigentes del país se paren ahí en la televisión nacional y digan: "Buena, ya es hora, – hora de decir la verdad." Sería – no espero que suceda, pero sería refrescante.
Y entonces, si conociéramos esta historia, comprenderíamos cuántas veces se ha utilizado el miedo como una manera de hacer que la gente actúe contra sus propios intereses, para estimular la histeria y hacer que la gente haga cosas terribles a otra gente porque ha sido atemorizada. ¿No fueron el miedo y la histeria lo que motivó a las turbas linchadoras en el Sur? ¿No crearon miedo a la gente negra, histeria sobre la gente negra, que condujo a la gente blanca a cometer algunas de las cosas más atroces que han sido cometidas en nuestra historia? ¿Y no es hoy en día – no es miedo, miedo a los musulmanes, no sólo a los terroristas, en general? Desde luego, miedo a los terroristas, especialmente miedo a los musulmanes, ¿veis? Una especie muy fea de sentimiento que se inculca al pueblo USamericano, y crea una especie de histeria, que luego los capacita para controlar a la población y los capacita para enviarnos a una guerra tras la otra y a amenazar, sabéis, con una guerra más.
Y si supiéramos algo de historia, sabríamos de la histeria que acompañó la Guerra Fría, la histeria sobre el comunismo. No es que el comunismo no haya existido, exactamente como el terrorismo existe, sí. No es que el comunismo – el comunismo existía, y había una Unión Soviética y reprimía a su propio pueblo, y controlaba a Europa Oriental, pero hubo una exageración enorme de la amenaza soviética hasta el punto en que – ¡oh!, no es sólo que estuvieran en Europa Oriental. Es que, van a invadir Europa Occidental.
A propósito, no existe evidencia de eso. Los analistas de la CIA que eran especialistas en la Unión Soviética, salieron de sus escondites en los últimos años y dijeron que nunca hubo evidencia alguna de que la Unión Soviética fuera a invadir Europa Occidental. Pero la OTAN fue creada contra eso. Contra eso, USA acumuló un enorme arsenal nuclear.
Los soviéticos, siempre atrasados respecto a USA. Inflaron a los soviéticos como una amenaza, pero después de todo, ¿quién fue el primer en tener la bomba atómica? ¿Quién tenía más bombas atómicas que nadie? ¿Y cuál fue el único país que realmente lanzó bombas atómicas sobre gente normal en dos ciudades en Japón? Y así, nosotros que usamos la bomba atómica, nosotros que acumulamos bombas atómicas, creamos una histeria sobre países que tratan desesperadamente de alcanzarnos. Por cierto, Irán nunca nos alcanzará, y Corea del Norte nunca nos alcanzará. La Unión Soviética trató de hacerlo. Pero al crear esa amenaza monstruosa, tomamos billones de dólares de la riqueza de este país y los gastamos en presupuestos militares.
Y la histeria sobre el comunismo llegó a un punto en el que – y no hablo sólo de escolares que se escondían bajo sus pupitres, sabéis, porque los soviéticos iban a lanzar una bomba atómica. No había evidencia de que los soviéticos fueran a lanzar una bomba atómica. A propósito, hay evidencia de que el estado mayor conjunto, la gente bien arriba en el gobierno USamericano, en varias, varias ocasiones propuso una guerra preventiva, lanzando armas atómicas contra la Unión Soviética. Pero creamos una amenaza tan apocalíptica, tan omnipresente, que los niños, sí, se ocultaban bajo sus pupitres, y también de manera que cualquier cosa que ocurría en cualquier parte del mundo que no fuera del gusto de USA se convertía en parte de la amenaza comunista mundial.
Y así, para enfrentar eso, podíamos ir a cualquier país en Latinoamérica que quisiéramos. Y porque era una amenaza comunista, enviábamos un ejército a Vietnam, y morían varios millones de personas, porque Vietnam se convirtió en el símbolo de la amenaza comunista en el mundo. Cuando uno piensa en lo absurdo que fue preocuparse de que Vietnam, ya dividido entre un Norte comunista y un Sur anticomunista, preocuparse de que: ahora la mitad de ese pequeñísimo país va a ser comunista, y precisamente al norte de Vietnam, mil millones de personas habían adoptado el comunismo. Es algo un poco extraño.
Pero, sabéis, el pensamiento insólito es posible cuando creas miedo e histeria. Y enfrentamos, naturalmente, esa situación en la actualidad con todo este asunto del terrorismo. Y si se sumaran todas las veces que han utilizado la palabra "terrorismo" y "terror" en discursos de George Bush y de su gabinete, es un mantra que han creado para amedrentar al pueblo USamericano.
Creo que se está desgastando. Pienso que existe un comienzo de un cierto reconocimiento, y eso lleva al hecho de que la opinión pública se ha vuelto contra la guerra. La gente ya no cree que estemos luchando en Iraq para liberarnos del terrorismo, sabéis, porque la evidencia ha llegado a ser tan abrumadora que incluso los medios dominantes han informado – ya sabéis, la Evaluación Nacional de Inteligencia [NIE, por sus siglas en inglés]. Y son las propias agencias de inteligencia del gobierno que dicen que la guerra en Iraq causó un crecimiento de los grupos terroristas, ha aumentado la militancia y el radicalismo entre los grupos islámicos en Oriente Próximo.
Pero el terrorismo ha suplantado al comunismo en un intento por hacer que la gente haga cosas contra sus propios intereses, que haga cosas que enviarán a sus propios jóvenes a la guerra, a hacer cosas que causan el agotamiento de la riqueza del país con fines de guerra y para el enriquecimiento de los súper ricos. Y no hay que pensar demasiado en el terrorismo para darse cuenta de que cuando alguien habla de una guerra contra el terrorismo, está presentando una contradicción de los términos. ¿Cómo se puede librar una guerra contra el terrorismo, si la guerra misma es terrorismo? Porque – así se responde al terrorismo con terrorismo, y se multiplica el terrorismo en el mundo.
Y, por cierto, el terrorismo del que son capaces los gobiernos al ir a la guerra tiene una escala, mucho, mucho más grande que el terrorismo de al-Qaeda o de ese grupo o de aquel grupo u otro grupo. Los gobiernos son terroristas en una escala enormemente grande. USA ha estado involucrado en terrorismo contra Afganistán, contra Iraq, y ahora amenaza con extender su terrorismo a otros sitios en Oriente Próximo.
Y sería muy útil un poco de historia sobre el uso del miedo y de la histeria y un poco de historia de la Guerra Fría y de la histeria anticomunista para alertar a la gente sobre lo que nos pasa hoy en día. Quiero decir, con Irán, por ejemplo, es una vergüenza, y los medios han jugado una parte tan importante en esto, respecto al arma nuclear de Irán. Quieren un arma nuclear. No dicen que tienen un arma nuclear. Quieren un arma nuclear. También la quiero yo. Sí, es fácil querer un arma nuclear. Y pequeños países que enfrentan a enormes potencias militares y que no tienen posibilidad alguna de equiparar el poderío militar de esos países inmensos, siguen lo que fue la estrategia de USA: USA dijo: "Tenemos que tener un disuasivo." Cuántas veces os han dicho, cuando preguntáis: ¿Por qué tenemos 10.000 armas nucleares?" "Tenemos que tener un disuasivo." Bueno, lo que quieren es un disuasivo: un arma nuclear.
No es esa situación con Iraq, quiero decir Condoleezza Rice: "una nube en forma de hongo." Nosotros fuimos los únicos que crearon nubes en forma de hongo, sobre Hiroshima y Nagasaki. Iraq no estaba en condiciones de crear una nube en forma de hongo. Todos los expertos en Oriente Próximo y en armas atómicas dijeron: Iraq estaba a entre cinco y diez años de desarrollar un arma nuclear, pero nosotros estábamos creando una histeria sobre las armas nucleares.
Ahora hacemos lo mismo con Irán. Y el grupo Internacional de Energía Atómica de la ONU contradice directamente un informe del Congreso que habla del peligro de las armas nucleares de Irán, y el grupo internacional, que ha realizado muchas, muchas, inspecciones en Irán, dice..., bueno, tenéis que saber – y dan al pueblo USamericano una especie de educación a medias. Es decir, dicen, utilizan la frase: "¡Están enriqueciendo uranio! Bueno, eso me asusta. Están enriqueciendo uranio. No sé exactamente lo que quiere decir, pero asusta. Y luego lees el informe del grupo Internacional de Energía Atómica, y ves, bueno, sí, así es. Han enriquecido uranio hasta un 3,5%. Para tener un arma nuclear, tienen que enriquecerlo a un 90%. Están muy, muy lejos incluso de desarrollar un arma nuclear, pero la frase "uranio enriquecido" es repetida una y otra vez.
Y así, sí, necesitamos una cierta comprensión histórica, sí, sólo recordar Iraq, sólo recordar la histeria sobre Vietnam. ¡Dios mío, un comunista podía apoderarse de Vietnam del Sur! ¿Y entonces qué? Basta un saltito hasta San Francisco. No, algunos recordaréis que cuando Reagan apoyaba a los Contras en Nicaragua decía: "¿Veis dónde está Nicaragua? No les costaría mucho llegar a Texas." Me interrogué sobre eso. Y entonces me interrogué: ¿por qué iban a querer llegar a Texas los nicaragüenses? Y no es un insulto a Texas, pero – y una vez que llegaran a Texas, ¿qué iban a hacer? ¿Tomar un vuelo de United Airlines a Washington? ¿Qué harían? Pero, realmente, es muy importante saber algo de esa historia para ver cómo la histeria inhabilita por completo la consciencia sobre lo que sucede.
Sugeriría otra cosa. Me comienzo a preocupar por el tiempo que estoy usando. Bueno, en realidad, no me preocupa cuánto tiempo he usado. No me importa. Miro mi reloj para pretender que me preocupa. Y ya que no sé cuándo comencé, no puedo saber cuánto he estado hablando.
Pero en algún punto la guerra en Iraq llegará a su fin. En algún punto, USA hará en Iraq lo que hizo en Vietnam, después de decir. "Jamás nos iremos. Jamás nos iremos. Venceremos. Seguiremos por el mismo camino. No nos escaparemos." En algún punto, USA va a tener que escapar de Iraq, sabéis. Y lo va a hacer porque el sentimiento va a aumentar y aumentar y aumentar en este país y porque más y más soldados van a volver de Iraq y dirán: "No volveremos," y porque van a tener más y más problemas para aprovisionar a las fuerzas armadas en Iraq, y porque los padres de los jóvenes van a decir más y más: "no vamos a permitir que nuestros jóvenes vayan a la guerra por Bechtel y Halliburton. No vamos a hacerlo." Así que en algún punto, sí, en algún punto vamos a hacer lo que ellos dicen que no debemos hacer: escapar.
No tenemos que escapar. Podemos irnos tranquilamente. Irnos lentamente. Terminar, pero irnos, lo más rápido posible, porque allá no hacemos nada bueno. No ayudamos a solucionar la situación. No llevamos la paz. No llevamos una democracia. No llevamos estabilidad. Llevamos la violencia y el caos. Estamos provocando todo eso, y la gente muere todos los días. Cuando un dirigente demócrata dice: "Pienso que deberíamos retirarnos el 14 de marzo de 2000-y-lo-que-sea." Sabéis, sí, cada día desde ahora hasta que más gente muera, y más gente pierda brazos o piernas o la vista. Y así, es intolerable. Y así, tenemos que hacer todo lo que podamos.
Y en el caso de Vietnam, en un cierto momento el gobierno se dio cuenta de que no podía continuar la guerra. Los soldados volvían de Vietnam y se oponían a la guerra. No podían convencer a la gente de que se uniera a la ROTC [Cuerpo de Adiestramiento para Oficiales de la Reserva]. Demasiados huían a Canadá. Demasiados no se alistaban. Finalmente, tuvieron que eliminar el servicio militar obligatorio. Perdían el apoyo de la población. Perdían el apoyo de los militares. Y al llegar un cierto punto: No.
Y va a ocurrir algo similar. Y mientras antes ayudemos a que ocurra, desde luego, tanto mejor. Mientras más vayamos a las universidades – sabéis, hay una cosa muy práctica, una cosa muy práctica que cualquiera puede hacer, y es, ir a su colegio local y asegurarse de que todos los padres y todos los chicos en los colegios comprendan que no tienen que dar su información a los reclutadores militares, sabéis. Y más y más tienen equipos de personas que contrarrestan la propaganda de los reclutadores militares.
Sabéis, tienen problemas. Se están volviendo desesperados por el reclutamiento para las fuerzas armadas, hacen toda clase de cosas y, por cierto, se concentran – envían a sus reclutadores militares a las escuelas más pobres, porque saben que los chicos de clase trabajadora son los más vulnerables, los más necesitados, los que, sabéis – necesitan una educación, necesitan una capacitación, etc. Y así, tratan de acosar a la clase trabajadora. Eugene Debs dijo – si no les importa que cite a Eugene Debs – pero Eugene Debs dijo en un discurso durante la Primera Guerra Mundial, que lo llevó a la cárcel: "La clase de los amos siempre ha comenzado las guerras. La clase trabajadora siempre ha librado las guerras." Y, por cierto, así ha sido permanentemente. Así que en algún momento nos iremos de Iraq.
Pero quiero sugerir una cosa: tenemos que pensar más allá de Iraq, e incluso más allá de Irán. No queremos tener que luchar contra esta guerra, y luego contra esa guerra y después contra la guerra siguiente. No queremos tener una sucesión interminable de movimientos contra la guerra. Cansa. Y tenemos que pensar y hablar y educar respecto a la abolición de la guerra en sí.
El otro día estaba hablando con mi peluquero, porque siempre discutimos la política mundial. Y es totalmente impredecible políticamente, como la mayoría de los peluqueros. Dijo: "Howard, sabes, tú y yo estamos en desacuerdo en muchas cosas, pero en una cosa estamos de acuerdo: la guerra no soluciona nada." Y yo pensé: "Sí." A la gente no le cuesta comprender eso.
Y, de nuevo, la historia es útil. Hemos tenido una historia de guerra tras guerra tras guerra tras guerra. ¿Qué han solucionado? ¿Qué han logrado? Incluso la Segunda Guerra Mundial, la "guerra buena," la guerra en la que fui voluntario, la guerra en la que lancé bombas, la guerra después de la que, sabéis, recibí una carta del general Marshall, general de generales, una carta que me dirigió personalmente, y a 16 millones más, en la que dijo: "Hemos ganado la guerra. Será un nuevo mundo." Bueno, por cierto, no fue un nuevo mundo. No ha sido un nuevo mundo. Guerra tras guerra tras guerra.
Hay ciertas... – Salí de esa guerra, la guerra a la que me había presentado como voluntario, la guerra en la que fui un cabo artillero entusiasta, salí de esa guerra con ciertas ideas, que recién se desarrollaron gradualmente a fines de la guerra, ideas sobre la guerra. Una, que la guerra corrompe a todo el que se involucra. La guerra emponzoña a todo el que se involucra. Comenzáis como muchachos buenos, como lo hicimos en la Segunda Guerra Mundial. Ellos son los malos. Ellos son los fascistas. ¿Qué podría ser peor? Así que, ellos son los malos, nosotros somos los buenos. Y a medida que continúa la guerra, los buenos comienzan a comportarse como los malos. Puedes rastrear eso hasta la Guerra del Peloponeso. Puedes rastrearlo hasta los buenos, los atenienses, y los malos, los espartanos. Y después de poco, los atenienses se hicieron implacables y crueles, como los espartanos.
Es lo que hicimos en la Segunda Guerra Mundial. Nosotros, después que Hitler cometió sus atrocidades, cometimos las nuestras. Ya saben, nuestra matanza de 600.000 civiles en Japón, nuestra matanza de probablemente un número igual de civiles en Alemania. No eran Hitler, no eran Tojo. No eran – no, eran sólo gente de a pie, como nosotros somos gente de a pie que vive en un país que es un país saqueador, y ellos vivían en países que eran países saqueadores, y fueron atrapados en lo que fuera y tuvieron miedo de protestar. Y no sé, llegué a la conclusión, sí, de que la guerra emponzoña a todos.
Y la guerra – es algo importante que hay que recordar – que cuando vas a la guerra contra un tirano – y fue una de sus afirmaciones: "¡Oh!, vamos a librarnos de Sadam Husein," lo que fue, desde luego, absurdo. No les preocupaba - ¿se preocupó nuestro gobierno de que Sadam Husein tiranizara a su propio pueblo? Le ayudamos a tiranizar a su pueblo. Le ayudamos a matar con gas a los kurdos. Le ayudamos a acumular armas de destrucción masiva, realmente.
Y la gente que matas en una guerra son las víctimas del tirano. La gente que matamos en Alemania eran víctimas de Hitler. La gente que matamos en Japón eran víctimas del Ejército Imperial de Japón. Y la gente que muere en las guerras es más y más y más gente que no está en las fuerzas armadas. Tal vez sepáis lo del diferente ratio de muertes de civiles a militares en la guerra, cómo en la Primera Guerra Mundial, fueron diez militares muertos por un muerto civil; en la Segunda Guerra Mundial, fue 50:50, la mitad militares, la mitad civiles; en Vietnam, fue de un 70% de civiles y un 30% de militares, y en las guerras posteriores, es de un 80% y de un 85% de civiles.
Hace algunos años me hice amigo de un cirujano militar italiano llamado Gino Strada. Pasó diez, quince años operando a víctimas de la guerra en todo el mundo. Y escribió un libro sobre el tema: "Green Parrots: Diary of a War Surgeon." Dijo que de todos los pacientes que operó en Iraq y Afganistán y en todas partes, un 85% eran civiles, y un tercio de estos, niños. Si comprendéis, y si la gente comprende, y si corréis la voz de esa comprensión que sea lo que sea lo que os dije sobre la guerra y cómo debemos ir a la guerra, y sea cual sea la amenaza o sea cual sea el objetivo – una democracia o la libertad – siempre será una guerra contra niños. Son los que morirán en gran número.
Así que, la guerra – bueno, Einstein lo dijo después de la Primera Guerra Mundial. Dijo: "La guerra no puede ser humanizada. Sólo puede ser abolida." La guerra tiene que ser abolida, sabéis. Y es – sé que son pocas las probabilidades de éxito, pero hay que hacerlo, tenéis que comenzar a hacerlo. También el fin de la esclavitud en este país en los años treinta del Siglo XIX tenía pocas probabilidades de éxito, pero la gente siguió tratando, y tardó 30 años, pero se eliminó la esclavitud. Y podemos ver lo mismo una y otra vez. Así que tenemos una tarea por delante. Tenemos muchas cosas que hacer.
Una de las cosas que podemos aprender de la historia es que la historia no es sólo una historia de cosas que nos han sido infligidas por los que mandan. La historia es también una historia de resistencia. Es una historia de gente que sufre la tiranía durante décadas, pero que termina por alzarse y derrocar al dictador. Lo hemos visto en un país tras el otro, una sorpresa tras la otra. Gobernantes que parecen tener un control total, de repente se despiertan un día, y hay un millón de personas en las calles, y toman sus maletas y se van. Sucedió en las Filipinas, en Yemen, en todas partes, en Nepal. Un millón en la calle, y entonces el gobernante tiene que irse. De manera que, eso es lo que queremos lograr en este país.
Todo lo que hacemos es importante. Casa cosita que hacemos, cada piquete en el que marchamos, cada carta que escribimos, cada acto de desobediencia civil en el que participamos, cada reclutador con el que hablamos, cada padre con el que hablamos, cada soldado con el que hablamos, cada persona joven con la que hablamos, todo lo que hacemos en clase, fuera de clase, todo lo que hacemos por un mundo diferente, es importante, aunque en el momento parezca fútil, porque es como se produce el cambio. El cambio sucede cuando millones de personas hacen pequeñas cosas, que en ciertos momentos de la historia se suman, y entonces sucede algo bueno y algo importante.
Gracias.
Fuente: Rebelion, traducido por Germán Leyens
Obra escrita por Howard Zinn, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Boston
Resumen de Jesús Mario Murillo
La manera oficial como nos enseñan la Historia de Colombia es igual aquí en los Estados Unidos. Desde el descubrimiento, en el que nos muestran a Cristóbal Colón como un héroe osado y magnánimo que en compañía de unos cuantos valientes españoles nos trajo la lengua castellana, la raza blanca y la religión. Y luego los fundadores, próceres y padres de la Patria.
Pero lo que en realidad más preocupaba a Colón era ¿dónde está el oro? Había convencido a los reyes de España a que financiaran su expedición a estas tierras. En las Indias orientales habría riquezas: el oro y las especias.
Cuando los barcos se acercaron a tierra, los indios arawaks les dieron la bienvenida nadando hacia los buques para recibirles. No conocían el hierro pero llevaban diminutos ornamentos de oro en las orejas.
Este hecho tuvo terribles consecuencias: Colón apresó a varios de ellos para que le guiaran a dónde estaba el oro. Allí comenzó la gran persecución por el oro y poco a poco llevó al exterminio de la gran población indígena por parte de los conquistadores sedientos de riqueza. La cruel política iniciada por Colón y continuada por sus sucesores desembocó en un genocidio completo. Tanto en la tierras del sur como en las del norte. Lo que hizo Colón con los arawaks de las Islas Antillas, Cortés lo hizo con los aztecas de México, Pizarro con los incas del Perú y los colonos ingleses de Virginia y Massachussets con los indios powhatanos y pequotes.
Resumen de Jesús Mario Murillo
La manera oficial como nos enseñan la Historia de Colombia es igual aquí en los Estados Unidos. Desde el descubrimiento, en el que nos muestran a Cristóbal Colón como un héroe osado y magnánimo que en compañía de unos cuantos valientes españoles nos trajo la lengua castellana, la raza blanca y la religión. Y luego los fundadores, próceres y padres de la Patria.
Pero lo que en realidad más preocupaba a Colón era ¿dónde está el oro? Había convencido a los reyes de España a que financiaran su expedición a estas tierras. En las Indias orientales habría riquezas: el oro y las especias.
Cuando los barcos se acercaron a tierra, los indios arawaks les dieron la bienvenida nadando hacia los buques para recibirles. No conocían el hierro pero llevaban diminutos ornamentos de oro en las orejas.
Este hecho tuvo terribles consecuencias: Colón apresó a varios de ellos para que le guiaran a dónde estaba el oro. Allí comenzó la gran persecución por el oro y poco a poco llevó al exterminio de la gran población indígena por parte de los conquistadores sedientos de riqueza. La cruel política iniciada por Colón y continuada por sus sucesores desembocó en un genocidio completo. Tanto en la tierras del sur como en las del norte. Lo que hizo Colón con los arawaks de las Islas Antillas, Cortés lo hizo con los aztecas de México, Pizarro con los incas del Perú y los colonos ingleses de Virginia y Massachussets con los indios powhatanos y pequotes.
“Quiero hacer resaltar aquí, dice el autor, no es el hecho de que debamos acusar, juzgar y condenar a Colón in absentia, al contar la historia. Ya pasó el tiempo de hacerlo: sería un inútil ejercicio académico de moralista. Quiero hacer hincapié en que todavía nos acompaña la costumbre de aceptar las atrocidades como el precio deplorable pero necesario que hay pagar por el progreso (Hiroshima y Vietnam, por ejemplo, para salvar la civilización)".
Jamestown, la primera colonia permanente de los ingleses en las Américas, se estableció dentro del territorio de una confederación india liderada por el jefe Powhatan. Este observó la colonización inglesa de sus tierras, pero no atacó manteniendo una posición de calma. Cuando los ingleses sufrieron la hambruna de 1610 se acercaron a los indios para poder comer. Surgieron conflictos así que los ingleses creyéndose humillados enviaron soldados para “vengarse". Atacaron un poblado indio y mataron a quince indios, quemaron sus casas, cortaron el trigo y se llevaron en barcos a la reina de la tribu y a sus hijos, y acabaron por tirar los hijos por la borda,"haciéndoles saltar la tapa de los sesos en el agua". A la reina se la llevaron para asesinarla a navajazos. Doce años después, los indios alarmados por el crecimiento de los poblados ingleses intentaron eliminarlos de una vez por todas. Hicieron una incursión en la que mataron 347 personas. Desde entonces se declaró una guerra sin cuartel.
Al no poder esclavizar a los indios, y no pudiendo convivir con ellos, los ingleses decidieron exterminarlos. Según el historiador Edmund Morgan, “en el plazo de dos o tres años desde la masacre, los ingleses habían vengado varias veces todas las muertes de ese día".
Powhatan había dirigido una petición a John Smith pidiéndole por favor, que los dejaran en paz, ¿por qué toman Uds. por la fuerza lo que podrían obtener por vía pacífica? ¿por qué quieren destruir lo que los abastece de alimento? ¿por qué nos tienen envidia? Estamos desarmados y dispuestos a dar lo que nos pidan si vienen en son de amistad.
Detrás de la invasión inglesa de Norteamérica, detrás de las masacre de indios, detrás de sus engaños y su brutalidad, yacía ese poderoso y especial impulso moralmente ambiguo, la necesidad de espacio, de tierras, el deseo de propiedad y de dominio.
Los “sacrificados" fueron los indios. No les dieron derecho a tomar la decisión. Más allá de todo ello, ¿cómo podemos estar seguros de que lo que se destruyó fuese inferior?
Colón y sus sucesores no aterrizaban en un desierto baldío; poblado por más de 75 millones de personas de las cuales 25 millones estaban en América del Norte. Donde eran más igualitarias las relaciones humanas que en Europa y donde las relaciones entre hombres, mujeres, niños y naturaleza quizás estaban más noblemente concebidas que en ningún otro punto del globo. John Collier, un estudioso americano que convivió con los indios comentó de su espíritu: “Si pudiéramos adoptarlo nosotros, habría una tierra eternamente inagotable y una paz que duraría por los siglos de los siglos".
“No hay en la historia mundial en el que el racismo haya tenido un papel tan importante y durante tanto tiempo como en los Estados Unidos". Son 350 años de menosprecio, odio, piedad o paternalismo hacia los negros. Y por extensión hacia otras razas que no sea la blanca. Ahí entraba el indio como raza inferior. Al no poderlo esclavizar, los ingleses acudieron a la importación de esclavos africanos.
Todo lo malo: los robos, los homicidios, las violaciones, eran culpa de los indios. Los indios eran los malos de la película. Hay que mirar el viejo cine. Y los negros la gente mas vulgar e ignorante que no merecían otra cosa que ser esclavos.
Los padres de la patria que redactaron la Constitución, supuestamente modelo para los demás países del mundo, hablaron de la igualdad de todos los hombres, pero no incluyeron a los indios, ni a las mujeres ni a los negros. Tampoco a los blancos pobres. Solo tenían derecho al voto los blancos con propiedad territorial. El Congreso Continental estaba dominado por los ricos. Morgan resume la tipología clasista de la revolución en estas palabras:"El hecho de que las clases bajas estuvieran involucradas en el conflicto era por lo general una lucha por los puestos de mando y el poder entre los miembros de la clase privilegiada: los nuevos contra los ya establecidos".
Jackson en su mensaje al Congreso en 1830, señaló el hecho de que los choctaws y los chicasawas ya había mostrado su conformidad con el éxodo hacia el Oeste. “Nadie puede atribuirse una disposición más amistosa hacia los indios que yo…y ahora nos proponemos adquirir los territorios ocupados por los pieles rojas del Sur y del Oeste con intercambios justos…" decía.
Los indios comenzaron a morirse de hambre en el camino. Habían salido de un estado general de relativa abundancia a uno de desdicha general y necesidad. Decía un coronel del ejército: “Están cabizbajos, aterrorizados, sumisos y deprimidos, con la sensación de que no tienen protección en los Estados Unidos ni capacidad para autoprotegerse".
¿Y qué pasó con los negros? El apoyo de los Estados Unidos a la esclavitud estaba basada en un hecho incontrastable: en 1790 el sur producía mil toneladas anuales de algodón. En 1860 la cifra había subido a un millón y en el mismo período se tiempo se pasó de 500 mil esclavos a 4 millones.
Sus condiciones de vida iban de mal en peor. John Brown se levantó en rebelión en 1857. Fue ahorcado por el estado de Virginia con la aprobación del gobierno nacional. Era ese mismo gobierno quien tímidamente aplicaba la ley que tenía que acabar con el comercio de los esclavos.
Lincoln le decía a un amigo: “Confieso que odio ver cazadas a las pobres criaturas…pero me muerdo la lengua y guardo silencio". Se oponía a la esclavitud pero no podía ver a los negros como a sus iguales. En Charleston, sur de Illinois, dijo en 1858: “No estoy ni nunca he estado a favor de equiparar social y políticamente a las razas blanca y negra (aplausos); que no estoy, ni nunca he estado, a favor de dejar votar ni formar parte de los jurados a los negros, ni dejarles ocupar puestos en la administración, ni de casarse con blancos". Hizo la guerra de secesión no tanto para liberar a los negros como para combinar los intereses de los muy ricos y los de los negros en un momento en que esos intereses se encontraron. Y pudo vincular estos dos intereses con los de un sector creciente de americanos: los nuevos ricos blancos, de clase media con sus ambiciones económicas e inquietudes políticas.
Estados Unidos se preocuparon de salvar las democracias en el mundo: por eso invadieron a México, (“No tomamos nada por conquista, gracias a Dios",le dijo el General Taylor al Presidente Polk), a las Filipinas, a Cuba, a Nicaragua, a Vietnam, a Panamá, a Grenada, y ahora a Iraq.
Entraron a la primera Guerra Mundial para afianzar su poder y luego a la segunda Guerra para consagrarse como los defensores de la libertad y lograr la hegemonía como el país más poderoso y "magnánimo" del mundo.
La idea de “los salvadores" ha sido incorporada a toda la cultura, más allá del fenómeno político. Algunos americanos rechazan esa idea y se rebelan. Hasta ahora estas rebeliones han sido reprimidas. Las rebeliones de los negros nunca tuvieron éxito. Fue necesaria la intervención bélica a nivel federal para lograr la abolición de los esclavos. El sistema americano es el sistema de control más ingenioso de la historia mundial.
En un país tan rico en recursos naturales, talento y mano de obra, el sistema puede distribuir la riqueza justa a la cantidad de personas justa para contener el descontento de una minoría molesta. Es un país tan poderoso, tan grande y que tanto agrada a tantos de sus ciudadanos, que puede permitirse el lujo de conceder la libertad de disidencia a una pequeña minoría que no está satisfecha. Ahí está Hollywood crítico, las uniones , las grandes manifestaciones contra la guerra y las marchas por la reforma migratoria. Nada cambia. El gobierno sigue impertérrito: “Yo soy el que hago las decisiones" dijo Bush ahora con su “nuevo" plan para Iraq.
Sigue un 1% de la nación poseyendo la tercera parte de la riqueza. Sigue el presupuesto de la defensa el más alto de todos los países de la tierra. Con ese dinero se podrían resolver los más graves problemas de la humanidad. Pero enriquece más a los que tienen. Las leyes son hechas por ese 1% y a su favor. Todo lo que va contra sus intereses es “ilegal".
La esperanza es la América Latina.
Jamestown, la primera colonia permanente de los ingleses en las Américas, se estableció dentro del territorio de una confederación india liderada por el jefe Powhatan. Este observó la colonización inglesa de sus tierras, pero no atacó manteniendo una posición de calma. Cuando los ingleses sufrieron la hambruna de 1610 se acercaron a los indios para poder comer. Surgieron conflictos así que los ingleses creyéndose humillados enviaron soldados para “vengarse". Atacaron un poblado indio y mataron a quince indios, quemaron sus casas, cortaron el trigo y se llevaron en barcos a la reina de la tribu y a sus hijos, y acabaron por tirar los hijos por la borda,"haciéndoles saltar la tapa de los sesos en el agua". A la reina se la llevaron para asesinarla a navajazos. Doce años después, los indios alarmados por el crecimiento de los poblados ingleses intentaron eliminarlos de una vez por todas. Hicieron una incursión en la que mataron 347 personas. Desde entonces se declaró una guerra sin cuartel.
Al no poder esclavizar a los indios, y no pudiendo convivir con ellos, los ingleses decidieron exterminarlos. Según el historiador Edmund Morgan, “en el plazo de dos o tres años desde la masacre, los ingleses habían vengado varias veces todas las muertes de ese día".
Powhatan había dirigido una petición a John Smith pidiéndole por favor, que los dejaran en paz, ¿por qué toman Uds. por la fuerza lo que podrían obtener por vía pacífica? ¿por qué quieren destruir lo que los abastece de alimento? ¿por qué nos tienen envidia? Estamos desarmados y dispuestos a dar lo que nos pidan si vienen en son de amistad.
Detrás de la invasión inglesa de Norteamérica, detrás de las masacre de indios, detrás de sus engaños y su brutalidad, yacía ese poderoso y especial impulso moralmente ambiguo, la necesidad de espacio, de tierras, el deseo de propiedad y de dominio.
Los “sacrificados" fueron los indios. No les dieron derecho a tomar la decisión. Más allá de todo ello, ¿cómo podemos estar seguros de que lo que se destruyó fuese inferior?
Colón y sus sucesores no aterrizaban en un desierto baldío; poblado por más de 75 millones de personas de las cuales 25 millones estaban en América del Norte. Donde eran más igualitarias las relaciones humanas que en Europa y donde las relaciones entre hombres, mujeres, niños y naturaleza quizás estaban más noblemente concebidas que en ningún otro punto del globo. John Collier, un estudioso americano que convivió con los indios comentó de su espíritu: “Si pudiéramos adoptarlo nosotros, habría una tierra eternamente inagotable y una paz que duraría por los siglos de los siglos".
“No hay en la historia mundial en el que el racismo haya tenido un papel tan importante y durante tanto tiempo como en los Estados Unidos". Son 350 años de menosprecio, odio, piedad o paternalismo hacia los negros. Y por extensión hacia otras razas que no sea la blanca. Ahí entraba el indio como raza inferior. Al no poderlo esclavizar, los ingleses acudieron a la importación de esclavos africanos.
Todo lo malo: los robos, los homicidios, las violaciones, eran culpa de los indios. Los indios eran los malos de la película. Hay que mirar el viejo cine. Y los negros la gente mas vulgar e ignorante que no merecían otra cosa que ser esclavos.
Los padres de la patria que redactaron la Constitución, supuestamente modelo para los demás países del mundo, hablaron de la igualdad de todos los hombres, pero no incluyeron a los indios, ni a las mujeres ni a los negros. Tampoco a los blancos pobres. Solo tenían derecho al voto los blancos con propiedad territorial. El Congreso Continental estaba dominado por los ricos. Morgan resume la tipología clasista de la revolución en estas palabras:"El hecho de que las clases bajas estuvieran involucradas en el conflicto era por lo general una lucha por los puestos de mando y el poder entre los miembros de la clase privilegiada: los nuevos contra los ya establecidos".
Jackson en su mensaje al Congreso en 1830, señaló el hecho de que los choctaws y los chicasawas ya había mostrado su conformidad con el éxodo hacia el Oeste. “Nadie puede atribuirse una disposición más amistosa hacia los indios que yo…y ahora nos proponemos adquirir los territorios ocupados por los pieles rojas del Sur y del Oeste con intercambios justos…" decía.
Los indios comenzaron a morirse de hambre en el camino. Habían salido de un estado general de relativa abundancia a uno de desdicha general y necesidad. Decía un coronel del ejército: “Están cabizbajos, aterrorizados, sumisos y deprimidos, con la sensación de que no tienen protección en los Estados Unidos ni capacidad para autoprotegerse".
¿Y qué pasó con los negros? El apoyo de los Estados Unidos a la esclavitud estaba basada en un hecho incontrastable: en 1790 el sur producía mil toneladas anuales de algodón. En 1860 la cifra había subido a un millón y en el mismo período se tiempo se pasó de 500 mil esclavos a 4 millones.
Sus condiciones de vida iban de mal en peor. John Brown se levantó en rebelión en 1857. Fue ahorcado por el estado de Virginia con la aprobación del gobierno nacional. Era ese mismo gobierno quien tímidamente aplicaba la ley que tenía que acabar con el comercio de los esclavos.
Lincoln le decía a un amigo: “Confieso que odio ver cazadas a las pobres criaturas…pero me muerdo la lengua y guardo silencio". Se oponía a la esclavitud pero no podía ver a los negros como a sus iguales. En Charleston, sur de Illinois, dijo en 1858: “No estoy ni nunca he estado a favor de equiparar social y políticamente a las razas blanca y negra (aplausos); que no estoy, ni nunca he estado, a favor de dejar votar ni formar parte de los jurados a los negros, ni dejarles ocupar puestos en la administración, ni de casarse con blancos". Hizo la guerra de secesión no tanto para liberar a los negros como para combinar los intereses de los muy ricos y los de los negros en un momento en que esos intereses se encontraron. Y pudo vincular estos dos intereses con los de un sector creciente de americanos: los nuevos ricos blancos, de clase media con sus ambiciones económicas e inquietudes políticas.
Estados Unidos se preocuparon de salvar las democracias en el mundo: por eso invadieron a México, (“No tomamos nada por conquista, gracias a Dios",le dijo el General Taylor al Presidente Polk), a las Filipinas, a Cuba, a Nicaragua, a Vietnam, a Panamá, a Grenada, y ahora a Iraq.
Entraron a la primera Guerra Mundial para afianzar su poder y luego a la segunda Guerra para consagrarse como los defensores de la libertad y lograr la hegemonía como el país más poderoso y "magnánimo" del mundo.
La idea de “los salvadores" ha sido incorporada a toda la cultura, más allá del fenómeno político. Algunos americanos rechazan esa idea y se rebelan. Hasta ahora estas rebeliones han sido reprimidas. Las rebeliones de los negros nunca tuvieron éxito. Fue necesaria la intervención bélica a nivel federal para lograr la abolición de los esclavos. El sistema americano es el sistema de control más ingenioso de la historia mundial.
En un país tan rico en recursos naturales, talento y mano de obra, el sistema puede distribuir la riqueza justa a la cantidad de personas justa para contener el descontento de una minoría molesta. Es un país tan poderoso, tan grande y que tanto agrada a tantos de sus ciudadanos, que puede permitirse el lujo de conceder la libertad de disidencia a una pequeña minoría que no está satisfecha. Ahí está Hollywood crítico, las uniones , las grandes manifestaciones contra la guerra y las marchas por la reforma migratoria. Nada cambia. El gobierno sigue impertérrito: “Yo soy el que hago las decisiones" dijo Bush ahora con su “nuevo" plan para Iraq.
Sigue un 1% de la nación poseyendo la tercera parte de la riqueza. Sigue el presupuesto de la defensa el más alto de todos los países de la tierra. Con ese dinero se podrían resolver los más graves problemas de la humanidad. Pero enriquece más a los que tienen. Las leyes son hechas por ese 1% y a su favor. Todo lo que va contra sus intereses es “ilegal".
La esperanza es la América Latina.
[DN! - traducido por M. Camps y Democracy Now!]
Howard Zinn, el legendario historiador, escritor y activista estadounidense falleció la semana pasada a los 87 años. Su obra más famosa es “La otra historia de Estados Unidos”. Zinn fue entrevistado por Democracy Now en mayo del año pasado y habló sobre su libro: “La idea de ‘La otra historia’ es ir más allá de lo que aprendí en la escuela o de lo que la mayoría de la gente aprendió en la escuela, y esa es la historia a través de los ojos de los presidentes y generales en las batallas libradas en la Guerra Civil. Y nosotros queremos las voces de la gente, de la gente común y corriente, rebeldes, disidentes, mujeres, negros, asiático-estadounidenses, inmigrantes, socialistas y anarquistas y los agitadores de todo tipo”.
Es pertinente escribir sobre la vida de Howard Zinn justo cuando comienza el llamado “Mes de la Historia Negra”. A pesar de que era blanco, Zinn escribió en forma elocuente sobre la lucha por los derechos civiles y también formó parte de ese movimiento. Hace cincuenta años, el 1° de febrero de 1960, cuatro estudiantes negros ingresaron en la tienda F.W. Woolworth de Greensboro, Carolina del Norte, y se sentaron en el mostrador que era “solo para blancos”. Se les negó el servicio, y regresaron día tras día. Cada día se les sumaban más personas. El movimiento contra la segregación en restaurantes se extendió a otras ciudades del Sur. En julio, el mostrador de Greensboro Woolworth estaba desegregado. Esta semana, se inauguró el Centro y Museo Internacional por los Derechos Civiles en el lugar donde se registró la protesta original.
En el momento de las protestas, Howard Zinn era profesor del Spelman College, una universidad históricamente de mujeres negras en Atlanta. Me contó por qué, luego de siete años de enseñar allí, fue despedido: “Durante las protestas, las estudiantes del Spelman College se alzaron, apartándose de ese ambiente tranquilo y controlado de la universidad. Fueron a la ciudad, fueron arrestadas y regresaron motivadas y decididas a cambiar las condiciones de su vida en la universidad que eran muy, pero muy anticuadas. Vivían en una especie de convento. Entonces se rebelaron contra la administración, las apoyé en su rebelión, y eso fue demasiado para la administración de la universidad.”
Zinn escribió en el epílogo de ‘La otra historia’: “Recién cuando entré al cuerpo docente del Spelman College fue…que comencé a leer a historiadores afroestadounidenses que nunca habían aparecido en mi lista de lecturas en la enseñanza secundaria. En ninguna etapa de mi formación en historia había aprendido acerca de las masacres de los negros, que sucedieron una y otra vez a lo largo de la historia estadounidense, en medio del silencio de un gobierno nacional comprometido por la Constitución a proteger la igualdad de derechos para todos”.
La escritora ganadora del Premio Pulitzer y autora de “El color púrpura”, Alice Walker, fue alumna de Zinn en Spelman. Dijo que Howard Zinn fue uno de sus profesores más divertidos. Recordó por qué había sido expulsado de Spelman hace décadas “Lo expulsaron porque nos amaba, y nos mostraba ese amor simplemente al estar con nosotros. Amaba a sus alumnos. No veía por qué debíamos ser ciudadanos de segunda clase. No veía por qué no podíamos comer donde queríamos y dormir donde queríamos, ni estar con la gente que queríamos estar. Entonces el estaba con nosotros”.
Hace algunos años, Zinn fue invitado a Spelman para dar el discurso de la ceremonia de graduación de ese año y recibir un título honorario.
El reconocido lingüista y disidente político Noam Chomsky, era un viejo amigo de Zinn: “La frase de él que siempre resuena en mi cabeza es su admiración y su estudio detallado de lo que denominó ‘las innumerables pequeñas acciones de gente desconocida’ que provocaron esos grandes momentos que forman parte del registro histórico, un registro que simplemente no se puede comenzar a entender a menos que se tengan en cuenta esas innumerables pequeñas acciones. Y él no solo escribió acerca de ellas en forma elocuente, sino que además participó en ellas”.
Howard Zinn editó, junto con Anthony Arnove, el libro “Las voces de la otra historia de Estados Unidos”, que recopila discursos, cartas y otros materiales originales de esos “desconocidos” que formaron este país. A partir del libro se hizo un documental con la participación de celebridades, que se estrenó en el History Channel apenas semanas antes de la muerte de Zinn. Matt Damon, el productor ejecutivo, le dio una gran difusión popular a ‘La otra historia’ en la famosa película ‘En busca del destino’ (Good Will Hunting, en inglés), cuando su personaje, Will, le recomienda el libro a su psiquiatra. Matt Damon fue vecino de Zinn en Newton, Massachusetts, y lo conocía desde los 10 años.
En mayo del año pasado, cuando entrevisté a Zinn, reflexionó sobre los primeros meses de gestión de Barack Obama: “Ojalá el Presidente Obama escuchara con atención a Martin Luther King. Estoy seguro de que le rinde homenaje verbal, como hace todo el mundo, a Martin Luther King, pero debería pensar antes de enviar misiles a Pakistán, antes de acordar este enorme presupuesto militar, antes de enviar soldados a Afganistán. Debería preguntarse: ‘¿Qué haría Martin Luther King? ¿Qué diría Martin Luther King de esto?’ Y si escuchara a King, sería un presidente diferente del que está resultando ser hasta ahora. Creo que debemos hacer que Obama mantenga su promesa de ser diferente y osado, y producir un cambio. Hasta ahora no ha cumplido esa promesa”. Howard Zinn, 1922 – 2010, te extrañaremos.
Murió el historiador y activista norteamericano Howard Zinn 28 de enero 2010
Santa Mónica, EU. Howard Zinn, profesor y activista político y autor de A People’s History of the United States y que se convirtió en uno de los principales vendedores de textos de izquierda, murio este miércoles en Santa Mónica, California.
Tenía 87 años de edad y vivía en Auburndale, Massachussets.
Fue un gran defensor de la liberación de los Cinco cubanos presos en Estados Unidos, cuyo encarcelamente consideraba “un ejemplo vergonzoso de injusticia en nuestro país" y “un acto de crueldad imperdonable".
En 1980 publicó A People’s History con poca promoción y un tiraje de 5 mi ejemplares, que se convirtió en un éxito de ventas, atrajo a una amplia audiencia de boca en boca y llegó al millón de ventas en 2003. Aunque el profesor Zinn estuvo escribiendo para un publico en general, su libro sirvió para enseñar en la preparatoria y colegios en todo el país, y numerosas editoriales lo publicaron, incluyendo Voices of a People’s History, una novela gráfica para jóvenes.
A People’s History es una historia desde la izquierda. Zinn acusó a Christopher Columbus y otros exploradores de cometer genocidio, desbarató a los presidentes desde Andrew Jackson a Franklin Roosevelt y celebró a los trabajadores, feministas y opositores a la guerra.
Zinn incomodaba hasta a los historiadores liberales. El enseñó por años en la Universidad de Boston. Arthur M. Schlesinger Jr. Una vez dijo que “Sé que piensa que soy un peligroso reaccionario. Y yo no lo tomo muy en serio. El es polémico, no un historiador.
Durante una entrevista con The Associated Press, Zinn reconoció que él no estaba tratando de escribir una historia objetiva o una completa. El llamó a su libro es una respuesta a los trabajos tradicionales, el primer capítulo, no el último de un nuevo tipo de historia.
“No hay tales cosas como una compelta historia, cada historia esta incompleta", dijo el profesor. “Mi idea fue que el punto de vista ortodoxo ha sido ya usado miles de veces".
A People’s History tuvo muchos admiradores famosos, inlcuyendo a los actores Matt Damon y Ben Affleck. Los dos crecieron cerca de Profesor Zinn, eran amigos de la familia y sacaron el libro en su premiada por la Academia guión de Good Will Hunting.
Oliver Stone era un fanático, como Bruce Springsteen, cuyo sombrío Nebraska álbum fue inspirado en parte por A People’s History. El libro fue la base de un documental de 2007, Profit Motive and The Whispering Wind, e incluso hasta en The Sopranos, en la mano del hijo de Tony, AJ
Zinn era un hombre de aspecto imponente, alto y fuerte con el pelo ondulado. Tenía experiencia hablando en público, fue modesto y era agradable en persona, más interesado en la persuasión que en la confrontación.
Nació en Nueva York en 1922, Zinn fue el hijo de inmigrantes judíos que de niño vivió en una zona venida a menos en Brooklyn y respondió enérgicamente a las novelas de Charles Dickens. A los 17 años, empujado por algunos jóvenes comunistas en su barrio, asistió a una reunión política en Times Square.
“De repente, oí el sonido de las sirenas, y mire alrededor y vi a los policías a caballo, galopando hacia la multitud y pegarle a la gente", dijo a la AP “No podía creerlo".
“Y luego estaba herido. Me di vuelta y me dejó inconsciente. Me desperté un poco después en un portal, con Times Square, en silencio de nuevo, extraño, de ensueño, como si nada hubiera ocurrido. Yo estaba ferozmente indignado.
Durante la Guerra continuó su educación. Deseoso de ayudar a acabar con los nazis, se unió al Cuerpo Aéreo del Ejército en 1943. Realizo misiones en toda Europa, recibió la Medalla Aérea, pero más tarde se cuestionó acerca de lo que significaba. De vuelta a casa, reunió a sus medallas y documentos, y los puso en una carpeta y escribió en la parte superior: “Nunca más".
Estudió en la New York University y Columbia University, donde recibió un Doctorado en Historia. En 1956, se le ofreció la Presidencia del Departamento de Historia y Ciencias Sociales en Spelman College, un colegio de mujeres negras en la Atlanta segregada.
Durante el movimiento de derechos civiles, el Profesor Zinn, animó a sus estudiantes a solicitar libros en las bibliotecas públicas segregadas y ayudó a coordinar las visitas a las cafeterías que segrefgaban en la ciudad. También publicó varios artículos, incluyendo un extraño ataque en la administración Kennedy, acusándolo de ser demasiado lento para proteger a los negros.
Él fue amado por los estudiantes - entre ellos una joven Alice Walker, quien más tarde escribió The Color Purple -, pero no por los administradores. En 1963, Spelman lo despidió por “insubordinación". (Zinn fue un crítico de que la escuela no participara en el movimiento de derechos civiles.) Sus años en la Universidad de Boston estuvieron marcados por la oposición a la guerra de Vietnam y por las pugnas con el presidente de la escuela , John Silber.
Zinn, profesor retirado en 1988, el paso su último día de clase en el piquete con los estudiantes en apoyo de una huelga de enfermeras en el campus. Con los años, él continuó dando clases en las escuelas y y se presentaba en los mítines y los piquetes.
Además de A People’s History, escribió varios libros, incluyendo The Southern Mystique, LaGuardia in Congress, y las memorias “No se puede ser neutral en un tren en movimiento", el título de un documental de 2004 acerca de Zinn narrado por Damon. También escribió tres obras de teatro.
(Con información de AP y Cubadebate)
www.cubadebate.cu
A juicio de Noam Chomsky, su colega y amigo rescataba las raíces de las luchas colectivas
Por David Brooks - La Jornada
El historiador rebelde Howard Zinn, quien falleció ayer a los 87 años, dedicó su vida a narrar, nutrir y provocar los milagros que rescatan a la humanidad del cinismo, la opresión y la injusticia.
Con su libro A People’s History of the United States (publicado por primera vez en 1980, y que cuenta ya con varias ediciones actualizadas), que suma millones de lectores, cambió la narrativa de este país. En lugar de la historia oficial de presidentes y poderosos, Zinn relató otra en que los protagonistas son los sindicalistas radicales, los esclavos en rebelión, los indígenas, las mujeres, los activistas de los derechos civiles y contra las guerras. Con este libro y otros 20, además de cientos de artículos y discursos, Zinn rescata la memoria de las luchas colectivas y sus héroes, derrotando así la política oficial de promover la amnesia nacional.
La obra de Zinn fue inseparable de su manera de vivir, declaró hoy Noam Chomsky, en entrevista con La Jornada. Agregó que su proyecto básico consistía en "sacar desde lo profundo a incontables personas desconocidas, cuyas acciones son las raíces de los grandes hechos que se registran en los libros de historia. Su visión era que si uno suprime las raíces, tal como se hace convencionalmente, no sólo fracasa en entender qué ocurrió, sino también anula el poder de las personas, ya que no se les permite alcanzar el entendimiento de que son ellas las que pueden cambiar las cosas".
Chomsky subrayó que "ese trabajo está ligado a su propia vida, eso hacía", y recordó la participación directa de Zinn en los movimientos de derechos civiles, antibélicos y laborales. "No puedo decir cuántas veces estuvimos juntos en manifestaciones, cuántas veces nos arrestaron a ambos", rememoró su colega y amigo.
"Hasta sus últimos días, continuó trabajando, viajando, siempre muy optimista", cuenta Chomsky, y eso a pesar de graves problemas físicos que tuvo al final. "Fue encantador. Un ser humano único, no creo que haya muchos como él", concluyó.
Como maestro universitario –primero en Spelman College, en Atlanta, y después en Boston University– e intelectual, Zinn se dedicaba a generar el cuestionamiento del poder. "Yo deseaba que mis estudiantes se fueran de mis clases no sólo mejor informados, sino más preparados para abandonar la seguridad del silencio, más preparados para responder en voz alta, para actuar contra la injusticia donde ésta se presentara. Esto, claro, era una receta para atraer problemas", escribió.
Sus alumnos, tanto los que asistieron a sus clases como los que leyeron sus libros o lo escuchaban en conferencias, foros, acciones de protesta y congresos, están por todo el mundo. El deseo de Zinn era que se volvieran parte de la historia de rebeldía contra la injusticia, la guerra y la opresión. Es decir, el historiador rebelde los invitaba a hacer historia.
Entre quienes se cuentan como sus discípulos hay figuras famosas, como la escritora Alice Walker (El color púrpura, alumna de Zinn en Spelman College), quien hoy, en entrevista con el noticiario Democracy Now habló de la enorme vitalidad de su maestro y de su valentía no sólo en las aulas sino en acciones callejeras con sus estudiantes. Además, dijo, "mi profesor era una de las personas más graciosas que jamás he conocido, y solía decir las cosas más extraordinarias en los momentos más sorprendentes".
Otros que lo consideran "su maestro", y quienes participaron en proyectos con él, incluyen al actor Matt Damon (creció como su vecino), Bruce Springsteen (dicen que su disco Nebraska fue influido por los escritos de Zinn), Tom Morello, el cantautor Steve Earle, y actores como Sean Penn, Danny Glover, Tim Robbins, Morgan Freeman y Marisa Tomei, entre otros. Pero tiene millones de admiradores más que no son famosos, algunos que han descubierto otra historia, contada desde abajo por primera vez, a través de su obra; otros que han aceptado su invitación a la disidencia, la resistencia y la rebeldía. A sus 87 años, Zinn era uno de los pocos intelectuales que gozaban de la confianza y respeto de los jóvenes en este país.
Hijo de trabajadores europeos judíos inmigrantes, Zinn fue criado en colonias proletarias de Brooklyn, y después de casarse vivió en el Lower East Side de Manhattan. Trabajador en el puerto de Nueva York, en los astilleros y como cargador en almacenes, son algunos de los oficios que ejerció mientras estudiaba en las universidades de Nueva York y Columbia (donde recibió su doctorado en historia, con una tesis sobre el político progresista Fiorello LaGuardia).
Se sumó a la guerra contra el fascismo y fue bombardero durante la Segunda Guerra Mundial. Pero al visitar los lugares que atacaron desde los cielos, especialmente después de enterarse de las terroríficas consecuencias de la bomba atómica en Japón, Zinn decidió que toda guerra es injustificable, y por el resto de su vida se dedicó a esta causa. Junto con Chomsky, fue uno de los primeros intelectuales en sumarse al movimiento contra la guerra en Vietnam.
Zinn cuenta que conoció a Chomsky en 1964 cuando ambos viajaron a Missisipi para protestar contra la detención de activistas de derechos civiles, y que después el movimiento antiguerra los acerco más y desde entonces habían sido amigos.
En 1967, el dramaturgo e historiador publicó Vietnam: la lógica del retiro, el primer libro sobre el tema en hacer un llamado a un retiro inmediato e incondicional de tropas. Junto con el famoso sacerdote católico radical Daniel Berrigan, viajaron a Vietnam del Norte en 1968 para recibir a los primeros tres prisioneros de guerra entregados por las fuerzas de liberación. Fue en la casa de Zinn donde Daniel Ellsberg, el funcionario del Departamento de Defensa que se volteó contra la guerra, escondió los que serían llamados los Pentagon Papers antes de ser publicados en los medios de comunicación nacionales, documentos secretos oficiales que demostraban el fracaso de la guerra cuya publicación fue un paso decisivo para marcar el principio del fin de ese conflicto bélico.
En sus últimos años gozó en crear otras maneras de hacer contemporáneas las voces disidentes y rebeldes del pasado a través de películas, obras en vivo y por televisión y el universo cibernético.
Realizó una serie de "lecturas" en voz alta por el país con reconocidos actores, poetas y músicos. Se tomaban turnos para leer, declamar o cantar selecciones de figuras rebeldes conocidas y desconocidas de la historia de Estados Unidos, todo esto introducido por Zinn. Discursos, cartas, ensayos y canciones de lucha, ira, denuncia y gritos por la justicia y contra las guerras a lo largo de la historia de este país resonaban ahí. Así, convocó a los héroes populares del pasado para guiar, apoyar y alentar a los héroes del presente en el movimiento de resistencia en Estados Unidos.
Un documental que registra este esfuerzo acaba de salir a la venta, The People Speak. La película fue presentada el año pasado en el festival de Sundance, y después en la ciudad de Nueva York, antes de ser trasmitido a escala nacional en diciembre por la televisora History Channel.
En uno de estos encuentros, en Nueva York hace un par de años, Zinn introdujo el espectáculo así: “Éstas son las voces no de la historia oficial, sino de los que han resistido, de los disidentes, gente trabajadora, socialistas, anarquistas, los que se opusieron al establishment en nombre de la paz y la justicia para todos. Ellos son voz de los desafiadores, porque esa es la que necesitamos. Tenemos que alentar a la gente a desafiar este sistema, tenemos que hacer algo, esto es más bien un llamado a la acción.
www.jornada.unam.mx
Por David Brooks - La Jornada
El historiador rebelde Howard Zinn, quien falleció ayer a los 87 años, dedicó su vida a narrar, nutrir y provocar los milagros que rescatan a la humanidad del cinismo, la opresión y la injusticia.
Con su libro A People’s History of the United States (publicado por primera vez en 1980, y que cuenta ya con varias ediciones actualizadas), que suma millones de lectores, cambió la narrativa de este país. En lugar de la historia oficial de presidentes y poderosos, Zinn relató otra en que los protagonistas son los sindicalistas radicales, los esclavos en rebelión, los indígenas, las mujeres, los activistas de los derechos civiles y contra las guerras. Con este libro y otros 20, además de cientos de artículos y discursos, Zinn rescata la memoria de las luchas colectivas y sus héroes, derrotando así la política oficial de promover la amnesia nacional.
La obra de Zinn fue inseparable de su manera de vivir, declaró hoy Noam Chomsky, en entrevista con La Jornada. Agregó que su proyecto básico consistía en "sacar desde lo profundo a incontables personas desconocidas, cuyas acciones son las raíces de los grandes hechos que se registran en los libros de historia. Su visión era que si uno suprime las raíces, tal como se hace convencionalmente, no sólo fracasa en entender qué ocurrió, sino también anula el poder de las personas, ya que no se les permite alcanzar el entendimiento de que son ellas las que pueden cambiar las cosas".
Chomsky subrayó que "ese trabajo está ligado a su propia vida, eso hacía", y recordó la participación directa de Zinn en los movimientos de derechos civiles, antibélicos y laborales. "No puedo decir cuántas veces estuvimos juntos en manifestaciones, cuántas veces nos arrestaron a ambos", rememoró su colega y amigo.
"Hasta sus últimos días, continuó trabajando, viajando, siempre muy optimista", cuenta Chomsky, y eso a pesar de graves problemas físicos que tuvo al final. "Fue encantador. Un ser humano único, no creo que haya muchos como él", concluyó.
Como maestro universitario –primero en Spelman College, en Atlanta, y después en Boston University– e intelectual, Zinn se dedicaba a generar el cuestionamiento del poder. "Yo deseaba que mis estudiantes se fueran de mis clases no sólo mejor informados, sino más preparados para abandonar la seguridad del silencio, más preparados para responder en voz alta, para actuar contra la injusticia donde ésta se presentara. Esto, claro, era una receta para atraer problemas", escribió.
Sus alumnos, tanto los que asistieron a sus clases como los que leyeron sus libros o lo escuchaban en conferencias, foros, acciones de protesta y congresos, están por todo el mundo. El deseo de Zinn era que se volvieran parte de la historia de rebeldía contra la injusticia, la guerra y la opresión. Es decir, el historiador rebelde los invitaba a hacer historia.
Entre quienes se cuentan como sus discípulos hay figuras famosas, como la escritora Alice Walker (El color púrpura, alumna de Zinn en Spelman College), quien hoy, en entrevista con el noticiario Democracy Now habló de la enorme vitalidad de su maestro y de su valentía no sólo en las aulas sino en acciones callejeras con sus estudiantes. Además, dijo, "mi profesor era una de las personas más graciosas que jamás he conocido, y solía decir las cosas más extraordinarias en los momentos más sorprendentes".
Otros que lo consideran "su maestro", y quienes participaron en proyectos con él, incluyen al actor Matt Damon (creció como su vecino), Bruce Springsteen (dicen que su disco Nebraska fue influido por los escritos de Zinn), Tom Morello, el cantautor Steve Earle, y actores como Sean Penn, Danny Glover, Tim Robbins, Morgan Freeman y Marisa Tomei, entre otros. Pero tiene millones de admiradores más que no son famosos, algunos que han descubierto otra historia, contada desde abajo por primera vez, a través de su obra; otros que han aceptado su invitación a la disidencia, la resistencia y la rebeldía. A sus 87 años, Zinn era uno de los pocos intelectuales que gozaban de la confianza y respeto de los jóvenes en este país.
Hijo de trabajadores europeos judíos inmigrantes, Zinn fue criado en colonias proletarias de Brooklyn, y después de casarse vivió en el Lower East Side de Manhattan. Trabajador en el puerto de Nueva York, en los astilleros y como cargador en almacenes, son algunos de los oficios que ejerció mientras estudiaba en las universidades de Nueva York y Columbia (donde recibió su doctorado en historia, con una tesis sobre el político progresista Fiorello LaGuardia).
Se sumó a la guerra contra el fascismo y fue bombardero durante la Segunda Guerra Mundial. Pero al visitar los lugares que atacaron desde los cielos, especialmente después de enterarse de las terroríficas consecuencias de la bomba atómica en Japón, Zinn decidió que toda guerra es injustificable, y por el resto de su vida se dedicó a esta causa. Junto con Chomsky, fue uno de los primeros intelectuales en sumarse al movimiento contra la guerra en Vietnam.
Zinn cuenta que conoció a Chomsky en 1964 cuando ambos viajaron a Missisipi para protestar contra la detención de activistas de derechos civiles, y que después el movimiento antiguerra los acerco más y desde entonces habían sido amigos.
En 1967, el dramaturgo e historiador publicó Vietnam: la lógica del retiro, el primer libro sobre el tema en hacer un llamado a un retiro inmediato e incondicional de tropas. Junto con el famoso sacerdote católico radical Daniel Berrigan, viajaron a Vietnam del Norte en 1968 para recibir a los primeros tres prisioneros de guerra entregados por las fuerzas de liberación. Fue en la casa de Zinn donde Daniel Ellsberg, el funcionario del Departamento de Defensa que se volteó contra la guerra, escondió los que serían llamados los Pentagon Papers antes de ser publicados en los medios de comunicación nacionales, documentos secretos oficiales que demostraban el fracaso de la guerra cuya publicación fue un paso decisivo para marcar el principio del fin de ese conflicto bélico.
En sus últimos años gozó en crear otras maneras de hacer contemporáneas las voces disidentes y rebeldes del pasado a través de películas, obras en vivo y por televisión y el universo cibernético.
Realizó una serie de "lecturas" en voz alta por el país con reconocidos actores, poetas y músicos. Se tomaban turnos para leer, declamar o cantar selecciones de figuras rebeldes conocidas y desconocidas de la historia de Estados Unidos, todo esto introducido por Zinn. Discursos, cartas, ensayos y canciones de lucha, ira, denuncia y gritos por la justicia y contra las guerras a lo largo de la historia de este país resonaban ahí. Así, convocó a los héroes populares del pasado para guiar, apoyar y alentar a los héroes del presente en el movimiento de resistencia en Estados Unidos.
Un documental que registra este esfuerzo acaba de salir a la venta, The People Speak. La película fue presentada el año pasado en el festival de Sundance, y después en la ciudad de Nueva York, antes de ser trasmitido a escala nacional en diciembre por la televisora History Channel.
En uno de estos encuentros, en Nueva York hace un par de años, Zinn introdujo el espectáculo así: “Éstas son las voces no de la historia oficial, sino de los que han resistido, de los disidentes, gente trabajadora, socialistas, anarquistas, los que se opusieron al establishment en nombre de la paz y la justicia para todos. Ellos son voz de los desafiadores, porque esa es la que necesitamos. Tenemos que alentar a la gente a desafiar este sistema, tenemos que hacer algo, esto es más bien un llamado a la acción.
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Etiquetas:
historiografía estadounidense,
marxismo
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