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domingo, junio 15, 2014

Intelectuales y pasiones políticas. La Gran Guerra confirmó a un buen lote de intelectuales en el papel de sacerdotes y codificadores de sus mitos



 13 JUN 2014 - 20:14 CET tomado de http://internacional.elpais.com/internacional/2014/06/13/actualidad/1402683241_683178.html

Escribía Julien Benda en 1927 que uno de los grandes títulos del siglo XX en la historia moral de la humanidad habría de ser el de “siglo de la organización intelectual de los odios políticos”. Achacaba Benda ese dudoso honor al hecho de que un gran número de intelectuales había desertado de los valores universalistas de la verdad, la justicia y la razón para ponerse al servicio de la pasión particularista de la nación. La fascinación que sobre los intelectuales ejercía aquella pasión nacional constituía, según titulaba Benda su célebre panfleto, La trahison des clercs.
La traición comenzó pronto, desde el mismo momento en que cientos de intelectuales saltaron a la escena pública en defensa del honor de Francia frente a quienes habían firmado la acusación contra la injusta condena, sostenida en una mentira, del capitán Dreyfus por un tribunal militar.
Es la pasión política que convierte la nación en una religión en cuyo altar se sacrifica la verdad, la justicia y la razón
Pero esta traición no pasa de un juego de niños si se compara con lo que ocurrirá en las primeras semanas de la Gran Guerra, cuando la fabricación del estereotipo nacional del enemigo disolvió las diferencias de clase y situación social para fundirlas en la unión sagrada contra el invasor. Nada menos que 93 intelectuales alemanes, entre ellos varios premios Nobel de física, química y medicina, no dudaron en recurrir a las más burdas mentiras y al más repugnante racismo con el propósito de limpiar “el honor de Alemania”. En un manifiesto Al mundo civilizado, y ante las protestas contra la destrucción de Lovaina, la crema de la intelectualidad alemana rechazó la idea de comprar la derrota de su nación “por el coste de salvar una obra de arte”, y reafirmó la voluntad del Ejército alemán fundido en un todo con el pueblo de llevar “a cabo esta guerra hasta el final como una nación civilizada”.
Fue, como ha recordado Peter Novick, el primer ejemplo escandaloso de cooperación de académicos del más alto nivel en la propaganda en tiempos de guerra. Y fue, en efecto, la Gran Guerra la partera de la nación como la más fuerte y destructora de las pasiones políticas que habrá contemplado la historia de Europa, y la que confirmó a un buen lote de intelectuales en el papel de sacerdotes y codificadores de sus mitos: la identificación del otro como enemigo al que es preciso humillar y destruir al tiempo que se afirma la propia diferencia; la invención de un pasado nacional como territorio mítico poblado de personajes legendarios; la creación de un habitus racial o étnico con el propósito de disolver las diferencias de rango, de posición y de clase para fundirlas en la unión sagrada de una patria a la que ofrendar la vida. Es la pasión política, pasión de poder, que convierte la nación en una religión en cuyo altar se sacrifica la verdad, la justicia y la razón. El resultado de este sacrificio es bien conocido: un ascenso imparable de los nacionalismos y la consiguiente devastación de Europa.
En España, veinte años después de que la Gran Guerra hubiera recorrido la mitad de su camino,otra guerra, de alpargatas y fusil en sus primeras semanas, de tanques y aviones después, servirá también de acelerado proceso de nacionalización, solo que aquí el otro a exterminar vivía entre el nosotros exterminador, en el piso de abajo o a pocas manzanas de distancia. Y como, según advirtiera Antonio Machado, la retórica en las guerras civiles es la misma para los dos beligerantes, la española fue vivida retóricamente por cada uno de ellos como una guerra contra el invasor, asumiendo los intelectuales de cada parte, orgánicos o no, la tarea de constructores de sendas naciones, de la que solo una podría levantarse con el santo y seña de la única y verdadera España. Venció la Nación católica, que condenó a la Antiespaña al exterminio y al exilio. 
Algo tendrá que ver con esa identificación de nación y religión el hecho de que cuando los jóvenes universitarios e intelectuales comenzaron a dar la cara en sus protestas contra la represión y la conculcación de derechos y libertades, el lenguaje de nación, propio de intelectuales en guerra, dejara paso a un lenguaje de democracia, carente de pasión nacional: la nación brilla por su ausencia en los manifiestos firmados por intelectuales en los años cincuenta y sesenta. Por eso, una vez promulgada la Constitución, solo pudimos apelar a ella, y no a la nación, como base común a todos. Y es evidente que si —por decirlo con palabras de Habermas— hubiéramos aprendido a entender, a la luz de una historia repleta de catástrofes nacionales, como un logro histórico el Estado social y democrático de Derecho que de la Constitución fue el mejor resultado, aun con sus carencias y límites, otro gallo hoy nos cantaría.
Los intelectuales han sido decisivos para transformar comunidades de lengua en comunidades de cultura
Pero no ha sido así, y en que no lo haya sido tienen mucha parte los intelectuales que durante un tiempo, cuando eran jóvenes y el futuro una revolución pendiente, hablaron el lenguaje de democracia y libertad; luego, cuando se hicieron mayores y el presente era una pugna por el poder, recurrieron al lenguaje de nación e identidad. La participación de intelectuales en los procesos de construcción nacional ha sido decisiva en la transformación de comunidades de lengua en comunidades de cultura para saltar de ahí a comunidades políticas que se identifican como comunidades de destino, por decirlo ahora con palabras de Max Weber, no muy diferentes de las de Otto Bauer. Un territorio, una lengua, una cultura, una identidad, una nación, un pasado con sentido y un destino que es un Estado, un poder: todo uno y todo contra el otro, que vuelve a ser el enemigo al que es preciso humillar para mejor acusarlo de las supuestas desventuras propias.
Contaba Michael Ignatieff que en todos los lugares a los que había viajado con el propósito de entender las raíces de los conflictos étnicos, había encontrado la misma situación: aquellos que creen que una nación debe ser el hogar de todos sin distinción de raza, color o religión, y aquellos que pretenden que la nación sea el hogar de gente como ellos. Ignatieff sabía de qué lado estaba, pero terminaba su viaje con una reflexión desoladora: también sabía cuál era el lado que iba ganando la batalla. Sin duda, el que Julien Benda había bautizado como el del odio político intelectualmente organizado. Frente a eso, al viejo intelectual solo le queda esgrimir un argumento en desuso: su compromiso con la verdad, la justicia y la razón por encima de cualquier pasión política. Son valores que no sirven para tocar poder, pero tal vez algo valgan todavía para evitar las catástrofes provocadas por la pasión de nación

viernes, julio 26, 2013

Althusser



De
Althusser mucho que decir: algunos de mis profesores indicaban su excesivo estructuralismo; otros sus enfermedades psiquiátricas o otros, por dicha los menos el asesinato de un esposa.

Sin embargo, otros profesores nos pusieron a leer sus líneas de trabajo sobre la dominación, el poder o la hegemonía, si bien es cierto sus análisis eran muy mecánicos, fue la vía que comencé aprender sobre el control social.

Al igual que Michel Foucault le guardo gran respeto por su preocupación por comprender el poder y la dominación; además de la gran capacidad de Althusser y Foucault por hacer grandes preguntas, aunque la multiplicidad de vías de resistencia, los intersticios del poder y los diferentes ritmos y configuraciones mediadas por los sectores subalternos hagan que sus análisis deban ser revisados al calor de la realidad, no dejan por eso de ser grandes teóricos de lo social y con ello creadores de grandes espacios para problemáticas que debe responder el historiador.

Antonio Gramsci


Sin duda Antonio Gramsci puede considerarse la antítesis de Althusser, tal vez por la capacidad que ofrece el concepto gramsciano de la hegemonía para dar cuenta de la multiplicidad de vías de resistencia, los intersticios del poder y como poder conquistar la legitimidad, los diferentes ritmos y configuraciones mediadas por los sectores subalternos y el papel de los intelectuales en la conquista del poder y la conciencia social.

Las lecturas de los cuadernos de la cárcel fueron esenciales en la época de grado. Más aún cuando las lecturas de Gramsci eran mediadas por Norberto Bobbio.

Eric Hobsbawm en su libro “Cómo cambiar el mundo” rinde un justo homenaje al impacto de Gramsci en las ciencias sociales y en la historia.

Dos artículos interesantes son
http://www.gramscimania.info.ve/2012/02/el-gramsci-de-eric-hobsbawm.html

http://www.gramscimania.info.ve/2012/12/norberto-bobbio-y-la-concepcion.html

martes, julio 02, 2013

Nicos Poulantzas un verdadero dolor de cabeza para entender la conformación del Estado que debe estudiarse



Nicos Poulantzas un verdadero dolor de cabeza para entender la conformación del Estado. En un curso de teoría social con el profesor Jaime Delgado me hizo trizas, pues además de entender a Poulantzas había que asimilar los principios teóricos de Georg Lukács; Oscar Oszlak, Antonio Gramsci, y Karl Korsch, entre otros. El curso me exigió lectura atenta, pues don Jaime siempre exigía más comprensión, más análisis, más interpretación. Si bien, de todos ellos sólo Antonio Gramsci sobrevivió a la crítica de la historia cultural contra los estudios estructurales y de la conformación del Estado, en mayúscula, gracias a su concepto de hegemonía. Sin duda, hoy por hoy debe retomarse el tema del Estado y la configuración de las clases dominantes, el poder y la hegemonía.

Las constantes relecturas de Franz Hinkelammert me hacen recordar aquellas profundas lecturas de Poulantzas Lukács; Oszlak, Gramsci, Marx, Therborn, Anderson y Korsch, entre otros.

Y si se quiere añorar las grandes discusiones sobre la dominación ....


Una pequeña compilación de Poulantzas se puede bajar de http://es.scribd.com/doc/143027892/Nicos-Poulantzas-the-Poulantzas-Reader-Marxism-BookFi-org

domingo, junio 23, 2013

Mary Nash "Presencia y protagonismo: aspectos de la historia de la mujer" marcó una época en los estudios del genero para muchos estudiantes de historia.




Si Joan Scott fue importante. La antología de Mary Nash "Presencia y protagonismo: aspectos de la historia de la mujer" marcó una época en los estudios del genero para muchos estudiantes de historia.

Una extraordinaria entrevista titulada "Repensar la historia desde la perspectiva de género: el gran desafío. Entrevista a Mary Nash" fue realizada por la investigadora costarricense Ruth Cubillo Paniagua. La misma se puede descargar en el siguiente sitio http://revistahistoria.historia.ucr.ac.cr/index.php/numeros-anteriores/2

Vilar no sólo es un gran historiador económico, sino un GRAN HISTORIADOR.



La historia económica era obligatoria en mi época de pre grado. Henri Pirenne (el cual tiene Cio Abarca un enlace para descargarlo) Pierre Chaunu, Ernest Labrousse y Earl Hamilton, entre otros.

Sin embargo, para desgracia de ellos, la primera gran lectura de historia económica fue Oro y Moneda de Pierre Vilar (es.scribd.com/doc/37202995/Vilar-Pierre-Oro-y-moneda-en-la-Historia-1450-1920-1969). La monumental obra fue leída de tapa a tapa en tres días. Cada anotación sobre los precios, los problemas económicos, las tribulaciones de los teólogos con su monetarismo, y las implicaciones en la toma de decisiones eran una nota obligada para tener en cuenta.

Crecimiento y desarrollo y en especial el capítulo "El tiempo del Quijote" hacían ver que la historia económica se podía disfrutar, entender y principalmente vincular con el drama humano.

Tal vez, por eso en lo personal Vilar no sólo es un gran historiador económico, sino un GRAN HISTORIADOR.

El libro "Métodos de las ciencias sociales" de Duverger un libro de cabecera




En los cursos de teoría y métodos en historia de mediados de 1980 se puso de moda los análisis de contendio no gramaticales o sociológicos . El libro "Métodos de las ciencias sociales" fue una guía impresindible algunos historiadores costarricenses como Emel Sibaja, Rodrigo Quesada, José Daniel Gil, Jaime Delgado y otros produjeron valiosas tesis de licenciatura que hoy son ejemplo de como seguir exitosamente una metodología de análisis.

El libro "Métodos de las ciencias sociales" lo conservó como un libro de cabecera y como un punto de referencia para analizar quién dice, cómo lo dice, cuándo lo dice, porqué lo dice y a quién se lo dice. Las categorías tipo, estereotipos y mensajes ideológicos y su confrontación con la realidad son puntos de referencia para incluso analizar las posiciones de hsitoriadores que muchas veces manifiestan no tener componentes ideológicos en su discurso.

Göran Therborn toda una experiencia en estudios de pre grado



Primer año de carrera, primer curso en el primer semestre y en las dos primeras semanas enfrentarse al libro ¿Cómo domina la clase dominante?. Aparatos de Estado y poder estatal en el feudalismo, el socialismo y el capitalismo” de Göran Therborn toda una experiencia. Pues en ese curso había que leer a Agnes Heller, Harvy Cox, Michel Foucault, Louis Althusser La ideología Alemana; Jean Franco, Irvin Goffman, y otros más. En todos con grandes y complejas categorías formales del mundo cotidiano y su asimilación por los sujetos sociales. Sobrevivir un reto y desde entonces la conciencia de que se aprende a cada instante y con cada lectura, pero principalmente que en el mercado intelectual no todo está dicho y el compromiso de historiar las grandes categorías para interpretar con sentido de incidencia social.

¿Cómo domina la clase dominante?. Es un trabajo que trata de construir un análisis comparado a través de una tipología sistemática de las diferencias entre el Estado feudal, el Estado capitalista y el Estado socialista, a partir de un agudo estudio que abarca desde las monarquías de la Europa medieval hasta los actuales regímenes de Rusia, la Europa oriental y China, pasando por las democracias burguesas occidentales del siglo XX.

El poder de Estado y las vías por las que se ejerce la dominación de clase son la problemática central sin duda ¿Cómo domina la clase dominante?. Es una lectura que invita a realizar análisis comparados de y desde Centroamérica para entender el autoritarismo, las dictaduras y la compleja cultura de dominación en el istmo. Una relectura crítica y actualizada de ¿Cómo domina la clase dominante?. Se convierte en algo obligado para los estudiantes de ciencias sociales, pero principalmente de historia, máxime si se quiere examinar los principales formatos de dominación, de autoridad, hegemonía, de representación y los procesos de mediación en el ejercicio del poder de Estado.



Por si interesa acá hay unos enlaces de sus trabajos http://es.scribd.com/doc/138908063/Goran-Therborn-La-Ideologia-Del-Poder-y-El-Poder-de-La-Ideologia


http://es.scribd.com/doc/144453354/Therborn-cap2-Como-identificar-a-la-clase-dominante


http://es.scribd.com/doc/144449816/THERBORN-G-La-Trama-Del-Neoliberalismo

   

Otro historiador que visitó Costa Rica en el marco de encuentros por la historia fue el doctor Frédéric Chauvaud



Otro historiador que visitó Costa Rica en el marco de encuentros por la historia fue el doctor Frédéric Chauvaud. Universidad de Poitiers. Un interesante artículo fue publicado en la Revista de Historia.

El artículo adjunto revela como desde Centroamérica es posible discutir problemáticas como el poder, el control, los mecanismos de identidad, entre otros.

El artículo de Chauvaud se puede bajar en esta dirección:
http://revistahistoria.historia.ucr.ac.cr/Numeros%20Anteriores/Vol.47/Art.6%20Vol.47.pdf

El extraordinario Michel Vovelle



El extraordinario Michel Vovelle de la Sorbona de París es uno de esos cultores de la historia de las mentalidades que dejó huella no sólo por libros y sus enfoques metodológicos, sino también por su don de maestro.

Gracias al doctor José Daniel Gil Zúñiga, quien convirtió a la ciudad de Heredia en un gran centro de discusión historiográfico, se pudo conocer en persona al gran Michell Vovelle y otros historiadores como Marc Dufumier de INA-PG Francia, Ramón Garrabou de la Universidad Autónoma de Barcelona, la Martine Segalen de la Universidad de París, Ramón Villares de la Universidad de Santiago de Compostela, Dulce Freire de la Universidad Nova de Lisboa, Frédéric Chauvad Universidad de Poitiers Francia, Inés Fonseca de la Universidad Nova de Lisboa, Ricardo García Cárcel Universidad Autónoma de Barcelona, Juan Pedro Viqueira del Colegio de México y Clive Emsley de la Open University de Gran Bretaña, Jaime Contreras de la Universidad de Alcalá, Beatriz Bragoni de la Universidad de Santiago de Compostela y el Fréderic Chauvad de la Universidad de Poitiers, entre otros muchos más.

Vovelle un ejemplo a seguir….

Agnes Heller




Esta valiosa investigadora alimentó algunos historiadores costarricenses que encontraban en la cotidianiedad mecanismos para comprender el poder. La vasta obra no llegó al istmo centroamericano, pero cuatro obras se reprodujeron en fotocopias de libros localizados en bibliotecas personales y de las universidades públicas-

Las obras Historia y vida cotidiana: aportación a la sociología socialista ; Teoría de las necesidades en Marx; Teoría de la historia y Sociología de la vida cotidiana fueron fuente de inspiración.

Para muchos que leían sus trabajos Agnes Heller fue una intelectual que nunca se reconoció físicamente. Valga este espacio para recordarla y para retomar su obra, ahora mucha presente en la internet.

Carlos Barros. Uno de los creadores del bello sueño llamado HDebate




Carlos Barros. Un historiador que ha creado un bello sueño de mantener una historia académica pero sin despreciar los procesos sociales y el compromiso con la realidad. El proyecto Manifiesto de Historia es un ejemplo de este compromiso.

Ojalá la idea de un proyecto historiográfico nunca se acabe...


http://www.h-debate.com/Spanish/manifiesto/idiomas_manf/manifiesto_had_esp.htm
— con Carlos Barros.

Marc Bloch, Pierre Vilar: historiadores y ciudadanos


Un artículo que recuerda que la historia no es sólo historizar por historizar. La historia comprometida se abre paso entre aquellos que creen que la historia tiene al menos un propósito: servir al ejercicio de la ciudadanía crítica


Marc Bloch, Pierre Vilar: historiadores y ciudadanos

Arón Cohen, Rafael G. Peinado Santaella,
www.marcbloch.fr/



La Cátedra Antonio Domínguez Ortiz de la Universidad de Granada (Secretariado de Extensión Universitaria) ha programado una serie de cuatro conferencias, entre el 30 de marzo y el 25 de abril, sobre los historiadores Marc Bloch y Pierre Vilar. La primera, el jueves próximo a las 19h30 en la Facultad de Ciencias Políticas, correrá a cargo de Étienne Bloch, hijo del historiador.
Podrían darse muchas razones para abordar dentro de un mismo ciclo de conferencias distintos aspectos de las trayectorias de estos dos grandísimos maestros de la historiografía francesa que, por su influencia y prestigio, lo son también de la historiografía mundial. Marc Bloch (1886-1944) y Pierre Vilar (1906-2003) destacan como exponentes de dos de las más brillantes generaciones de historiadores que ha dado el país vecino. Ambos, cada uno desde sus campos de investigación y reflexión propios, hicieron aportaciones cruciales a la historiografía : a la historia entendida sobre todo como un modo de análisis , imprescindible para todo aquél que pretenda comprender las sociedades humanas y sus cambios. Pero, por otra parte, en las circunstancias que les tocó vivir, cada uno de ellos hizo de su coherencia intelectual un ejercicio de coherencia cívica.

Marc Bloch, el insigne medievalista, es el autor de Reyes y siervos (1920), libro del que la Editorial Universidad de Granada y el Servei de Publicacions de la Universitat de València acaban de coeditar una traducción española que será presentada al inicio de la conferencia de Étienne Bloch. El autor, entre otras obras, de Los reyes taumaturgos (1924), Los caracteres originales de la historia rural francesa (1931) y La sociedad feudal (1939-1940) fue, por otra parte, el soldado francés que se hizo acreedor a los reconocimientos y ascensos en la Gran Guerra ; el mismo que, a petición propia, volvió a ser movilizado en agosto de 1939 como capitán de estado mayor ; que, en julio de 1940, tras el armisticio e inmediatamente antes de su exclusión inicial (luego dejada en suspenso « por servicios excepcionales a Francia ») de la función pública, por su origen judío, por parte del régimen colaboracionista de Vichy, se negó a aceptar la capitulación ante la Alemania nazi y no tardó en militar activamente en la Resistencia. Detenido el 8 de marzo de 1944, sufrió la tortura a manos de la Gestapo y murió fusilado tres meses después.
Marc Bloch fue, con Lucien Febvre, el fundador de los célebres Annales , la revista desde la que ambos sentaron los principios de una decisiva renovación de los modos de « hacer » la historia : una historia-problema, que no puede concebirse sin un « cuestionario » bien pensado, pues los documentos sólo dan respuestas cuando se les interroga desde hipótesis de trabajo ; historia de las sociedades y los grupos sociales, permanentemente en búsqueda de las articulaciones cambiantes entre lo económico, lo social, lo político, lo mental, en lugar de encerrar estos diversos planos de las realidades humanas en compartimentos estancos.

Pierre Vilar puso al servicio de esta concepción de la historia una exigencia teórica absolutamente excepcional. El geógrafo que fue Pierre Vilar en sus comienzos se convirtió en el historiador de Cataluña en la España moderna (1962), una investigación inmensa sobre « los fundamentos económicos de las estructuras nacionales » : un ejercicio magistral de la « historia total » a la que consagró su larga carrera de historiador. Nunca abandonó su interés por Cataluña y por España, ya fuera en trabajos de enorme calado metodológico o en síntesis sugestivas como su pequeña Historia de España , tan esclarecedora todavía cuando está cerca de cumplir sus 60 años.

« Pensar históricamente » fue una práctica a la que Pierre Vilar se entregó hasta el final de su vida. Bajo ese título, en una última obra suya (1995, 1997), de reflexiones sobre sus propios recuerdos, leemos el siguiente comentario : « La evolución de la humanidad no ha conllevado, de momento, una adecuación correcta de la ciencia a la moral ». De momento , porque el historiador sabe bien que cualquier pretensión de dar por acabadas las evoluciones sociales es ideológica. Es el mismo tipo de análisis que subyacía en la pregunta que, siendo oficial del ejército francés, había dirigido a su captor alemán en 1940 : « En historia, señor coronel, ¿hay derrotas definitivas? ». No puede extrañar que Pierre Vilar reconociera en Marc Bloch al historiador de la generación precedente que le inspiraba, a la vez, « mayor admiración intelectual y mayor veneración moral ».

« Pertenezco – leemos en un texto escrito en circunstancias trágicas por Marc Bloch, en el verano de 1940 ( La extraña derrota ) – a una generación que tiene mala conciencia (...) No nos atrevimos a ponernos en la plaza pública, a ser la voz que grita (...) Preferimos confinarnos en la temerosa quietud de nuestros talleres. ¡Que nuestros menores nos perdonen la sangre que tenemos en las manos! ». Medio siglo después, la memoria autocrítica de Pierre Vilar sobre esa misma época no era más autocomplaciente : « no haber sabido » detectar con suficiente prontitud algunos signos o no haber captado toda la envergadura de sus consecuencias, es un reproche insistentemente expresado en las páginas de Pensar históricamente . Le produce, escribió, « vergüenza intelectual », y en algún caso llega a calificarlo de « ceguera criminal ». Más allá de los juicios morales, estas frases traducen la exigencia de una historia puesta al servicio del análisis científico de las sociedades.
Hace muy pocos días, un joven profesor de sociología de la Universidad de Chile, Manuel Guerrero Antequera, impartió en la Universidad de Granada una conferencia extraordinaria por varios conceptos. Su padre, profesor también y conocido opositor a la dictadura chilena, fue secuestrado y salvajemente asesinado hace veintiún años por agentes de la dictadura, cuando él era un adolescente de 14 : « (…) lo impensable (se refería al terrorismo de Estado) pasó. Había que pensarlo, hay que pensarlo ». Comprender por qué ocurrió puede no bastar para evitar nuevos dramas humanos, sobre todo si esa comprensión no se transmite y extiende suficientemente en las sociedades, pero es condición necesaria para ello.

De esta magnitud es el imperativo cívico de una ciencia verdaderamente social .





http://www.marcbloch.fr/L3-cycle-ES.htm