ENTREVISTA: SLAVOJ ZIZEK Contra el goce
Candidato a presidente por Eslovenia y pensador de renombre mundial, Zizek critica el dictamen social que impone al individuo la "obligación de disfrutar."
Fuente: Clarín.com
JOSE FERNANDEZ VEGA.
Recién llegado a Buenos Aires para dar una serie de conferencias en la Facultad de Filosofía (UBA), la Biblioteca Nacional y el Malba bajo el auspicio de Ñ, Slavoj Zizek, prestigioso ensayista esloveno, autor de unos cincuenta libros, hizo gala de su proverbial humor y habló sobre los límites de la democracia liberal y del comunismo. Además, criticó el mandato actual que culpabiliza al que no goza "lo suficiente" y a esta sociedad permisiva que, paradójicamente, es "la que nos regula como nunca antes".
—A 20 años de la recuperación de la democracia en la Argentina, se afianzaron las libertades, pero la mitad del país se hundió en la pobreza. Este contraste no es sólo local ¿A qué atribuye esta tensión contemporánea entre libertad e igualdad?
—Si lo que entendemos por democracia es su variante liberal, hoy dominante, la triste conclusión es que en general está produciendo mayor desigualdad. Las razones son complejas. Tras la desaparición de la izquierda como fuerza política que pretendía un cambio de sistema social surgió una nueva izquierda, que en Europa se denominó "tercera vía" (con Blair, Schröeder y otros). Irónicamente, se basa en lo siguiente: el capitalismo ganó, por eso no nos tenemos que meter con la economía. Recuerdo que en una época se hablaba del socialismo con rostro humano; ellos ofrecen un capitalismo con rostro humano. Dicen que pueden mejorar la salud, por ejemplo, sin perturbar el funcionamiento del mercado. Esta nueva izquierda es la que mejor representa los intereses del conjunto del capitalismo. En contraste, y para decirlo de manera tosca pero cierta, por lo común la nueva derecha sólo representa los intereses de ciertos sectores del capital. En EE.UU. es evidente que Clinton fue mejor vocero del interés general del capitalismo que los republicanos, quienes están mucho más vinculados a ciertas industrias de visión mas conservadora. Aunque para llegar al poder estos conservadores deben también apelar a algunos sectores de los trabajadores; "vamos a proteger a nuestros obreros, al trabajo nacional contra los inmigrantes". Esta es actualmente la primera gran paradoja. En la segunda paradoja ustedes, los argentinos, no son una excepción sino la regla. La democracia, para volverse popular, tuvo que flirtear un poco con cierta forma de populismo autoritario. Esta fue la experiencia que ustedes tuvieron hace medio siglo con Perón. Si se quiere ir un poco más allá en las reivindicaciones populistas, incluso cuando sean apenas demagógicas, surge de inmediato una tensión con la democracia liberal. Creo que el mundo está llegando de nuevo a esa situación. Ya logramos la democracia liberal estándar, pero esto no conduce de manera automática a una mayor igualdad. Desde una mirada histórica, pareciera que las reivindicaciones sociales —un mejor sistema de salud y demás— se conquistaron de un modo algo más violento y muy raramente mediante la formas normales de la democracia. Esto no descarta a la democracia. Sólo quiero señalar que, para mí, la experiencia latinoamericana es crucial, y que la igualdad no es un componente esencial del proyecto liberal de democracia, como lo es, por ejemplo, la libertad individual.
—En el socialismo real, según escribió usted, el ideal era la construcción de un "hombre nuevo", pero quienes creyeron honestamente en él terminaron siendo considerados como individuos peligrosos por el sistema, que en realidad exigía ciudadanos complacientes.
—Claro. Hay gente que cree que en este sentido el socialismo fue un enorme fracaso. Nadie se tomó en serio el verdadero propósito. No fue un fracaso: verdaderamente querían eso. Eslovenia es un pequeño país, una especie de pueblo grande donde nos conocemos todos. Dos o tres personas próximas a mí perdieron su trabajo en el comité central del partido por tomarse demasiado en serio el ideal de "hombre nuevo".
—¿Y cuál sería el ideal humano que corresponde a nuestra democracia liberal y a su cultura posmoderna? ¿Y qué es lo que se pretende con ese ideal?
—Está muy de moda decir que la desintegración del comunismo en 1989 significó el fin de la utopía y el ingreso a un mundo "post-ideológico". Sin embargo, los años 90 señalaron el surgimiento de una auténtica utopía. Con el capitalismo liberal ya tenían la fórmula. Todo lo que necesitaban entonces era difundir una actitud posmoderna: nada de identidades fijas. Esa fue la utopía. Si el 11 de setiembre de 2001 tiene un significado simbólico, es justamente el de marcar el final de esta utopía. De manera que, para mí, la verdadera utopía fue la de los años 90. Teníamos todas las respuestas. Debíamos olvidar la revolución porque vivíamos en el mejor sistema posible. Lo que nos hacía falta era más tolerancia, multiculturalismo, libertad sexual. Esto terminó el 11 de setiembre. Pero hay otro aspecto importante. Muchos izquierdistas, bajo la influencia del posmodernismo, piensan que estos valores —multiplicidad, libertad para elegir y reinventarnos a nosotros mismos— constituyen actitudes subversivas y revolucionarias, como si el poder defendiera aún valores conservadores.
—¿Y no es verdad?
—No. Para decirlo de una manera pasada de moda, todos esos valores posmodernos son los de la ideología dominante: olvídate de los viejos objetivos políticos, ahora eres libre de dedicar tu vida al sólo propósito de realizarte a todo nivel, desde llenarte de dinero hasta hacer el amor más seguido, pero también en un sentido espiritual. Miremos un poco hacia el campo del arte: ¿Adónde quedaron aquellos buenos tiempos en que el arte oficial era conservador y la vanguardia se dedicaba a provocar a la gente? En la colección Saatchi de Londres, que integra el circuito cultural establecido, se pueden ver obras perturbadoras como videos de colonoscopías, mierda, lo que se nos ocurra. Mi ejemplo preferido es el de esa pequeña ciudad estadounidense, cuyo nombre no recuerdo, donde domina una izquierda que defiende esa idea de potenciar todo tipo de deseos personales. ¿Es que acaso los necrófilos no son víctimas de una clara marginación? ¿No es nuestro deber como sociedad facilitarles ciertos cuerpos para su placer? Esta es una falsa permisividad en mi opinión. Falsa en dos niveles. Primero, resulta evidente que en nuestra vida personal somos libres de hacer lo que nos venga en gana, pero ¿qué decisiones son las que realmente importan?
—¿Y cuáles son?
—Por ejemplo, si tratamos de nacionalizar un banco descargarán sobre nosotros los peores insultos: populistas, comunistas, es decir que no serán tan permisivos en ese plano. Segundo, ¿no hay acaso en esta supuesta permisividad un mandato oculto proveniente de lo que en psicoanálisis llamamos el "super yo"? Se trata de una verdadera obligación: "¡debes gozar!". Se impone la diversión, porque de lo contrario nos sentimos culpables. Es como una moral kantiana al revés. En otros tiempos la obligación moral era llevar una vida "decente". Si traicionabas a tu esposa, te sentías culpable por buscar el placer. Ahora se trata de lo contrario, si no buscas el placer, si no estás dispuesto a gozar, te sientes culpable. Y no estoy hablando de una hipótesis abstracta. Me encuentro todo el tiempo con psicoanalistas que me dicen que ésa es la razón por la cual la gente acude a la consulta. Se sienten culpables de no gozar lo suficiente. La gran paradoja es que el deber de nuestros días no impone la obediencia y el sacrificio, sino más bien el goce y la buena vida. Y quizá se trate de un mandato mucho más cruel. Probablemente el discurso psicoanalítico es el único que hoy propone la máxima: "gozar no es obligatorio, te está permitido no gozar". La paradoja de la sociedad permisiva es que nos regula como nunca antes. Yo no confío en esa idea liberal según la cual el Estado fue superado por el mercado, por las grandes compañías. Nunca antes un aparato estatal fue más fuerte ni tuvo un control más absoluto sobre su propia población que el de EE.UU. hoy. No digo que sea tan malo como el estalinismo, sino que dispone de nuevas tecnologías. ¿Sabe cuál era el problema del estalinismo? Aplicaban un terror ciego porque el gran trauma de los dirigentes era que no sabían lo que estaba pasando, no lo podían controlar todo. De allí la demanda por encontrar traidores y hacer purgas todo el tiempo. Se hallaban en pánico permanente; en los años 1930 se encontraban en medio del caos total y por eso aplicaban el terror arbitrario. No hay necesidad de algo así en EE.UU., porque saben qué está pasando. Encuentro un poco ridículo todo ese discurso sobre la desaparición del Estado. Desde luego que desaparecen algunos servicios, como el de salud por ejemplo, pero el aparato represivo, la inteligencia, la policía son más fuertes que nunca.
ZIZEK DIXIT: "LA PARADOJA DE LA SOCIEDAD PERMISIVA ES QUE NOS REGULA COMO NUNCA ANTES
Blog de historia social desarrollado por el Dr. Juan José Marín con el fin de establecer un espacio de diálogo y trabajo colectivo
jueves, septiembre 30, 2010
miércoles, agosto 18, 2010
Comunicado Escuela Historia, CIHAC y Posgrado: La Democracia y la Universidad pública en Costa Rica.
Comunicado Escuela Historia, CIHAC y Posgrado: La Democracia y la Universidad pública en Costa Rica.
Documento Comunicado Escuela Historia y CIHAC y Posgrado en formato pdf
Dr. Ronny Viales Hurtado, Director Escuela de Historia
Dr. Juan José Marín Hernández, Director CIHAC
Dr. David Díaz Arias, Director Posgrado Centroamericano en Historia
En Costa Rica, en la segunda mitad del siglo XX, se construyó un régimen de bienestar que transformó la visión del país, que fue pensado y ejecutado por una diversidad de actores sociales, que llegaron a acuerdos relevantes. Entre esos acuerdos podemos ubicar la creación de la Universidad de Costa Rica en 1940. Durante estos 70 años de existencia, la Universidad de Costa Rica, al igual que las otras universidades públicas, además de cumplir sus funciones de docencia, y de formación de los profesionales y de las profesionales que han contribuido al desarrollo de nuestro país; de investigación y de acción social, se ha convertido en uno de los pilares fundamentales de la institucionalidad democrática que se consolidó después de los acontecimientos bélicos acaecidos en 1948.
Uno de los elementos centrales que se han perdido de vista en varias de las manifestaciones públicas con respecto a la negociación del FEES, es el papel fundamental de la Universidad de Costa Rica en la democratización del país. La Universidad de Costa Rica ha contribuido a la consolidación de la democracia costarricense, por medio de la generación de pensamiento crítico, de alternativas de desarrollo científico, tecnológico y económico; de la consolidación de una cultura política de tolerancia y de solidaridad; del fomento de las artes y de las letras y de la equidad en el sistema de salud, que han transformado nuestra identidad nacional.
En este contexto, la lucha por un presupuesto justo es también la lucha por el mantenimiento de un orden democrático y solidario, que genera diferentes posibilidades de movilidad social ascendente y que garantiza que la justicia social no se verá amenazada por un pensamiento único que trata de justificar un nuevo orden social por medio del desmantelamiento del bienestar existente, con argumentos mercantilistas que ya han sido superados en varios países de América Latina.
Desde la Escuela de Historia de la Universidad de Costa Rica, fundada en la década de 1940, hemos contribuido con la sociedad costarricense de diversas maneras, mediante el trabajo en la formación de profesionales en los campos de la Historia, de la Archivística y de los docentes especializados en la Enseñanza de los Estudios Sociales y de la Educación Cívica. Los profesionales formados en esta Escuela, han obtenido el reconocimiento internacional y los docentes y las docentes, han recibido, en su gran mayoría, el apoyo institucional para obtener sus posgrados en las universidades costarricenses y en universidades internacionales de calidad reconocida. La Acción Social de la Escuela de Historia, se lleva a cabo por medio de dos trabajos comunales universitarios y de dos programas de extensión docente, así como de varios proyectos particulares, que rescatan la historia local, regional y nacional costarricense y que garantizan la actualización permanente de nuestros graduados y de los graduados de otras universidades del país.
La plataforma virtual Methexis, ha permitido llevar los conocimientos producidos a todo el país, bajo una filosofía de acceso abierto, como lo demuestra la existencia de una revista académica digital llamada Diálogos, que se ha publicado por más de una década, por lo que se ha convertido en una publicación pionera. Las plataformas docentes de la Escuela de Historia han coadyuvado al logro de este fin. Esta trayectoria nos ha permitido contar con tres Bachilleratos universitarios, tres Licenciaturas, tres Maestrías y un Doctorado, que han recibido la acreditación regional centroamericana. La Maestría en Estudios Contemporáneos de América Latina, de reciente creación, permitirá a los alumnos y a las alumnas, bajo la coordinación del Sistema de Estudios de Posgrado de la Universidad de Costa Rica, tener la opción de obtener su título europeo, en convenio con la Universidad Complutense de Madrid.
Hoy que se acentúa la privatización en la elaboración de libros, de programas y de capacitaciones dentro del Ministerio de Educación Pública, es notable el trabajo prospectivo realizado en los productos creados desde la Escuela de Historia, el CIHAC y el Posgrado Centroamericano en Historia. Estas unidades académicas han brindado propuestas alternativas que fomentan la discusión, la colaboración y un esfuerzo honesto y comprometido con la relación investigación – docencia, donde el más reciente esfuerzo es “cívica en red” (http://www.civicaenred.com/) y el conjunto de textos que llevaran la licencia creative commons (de libre reimpresión sin fines comerciales) de varios libros para la enseñanza de la Cívica.
El otro elemento central de este proceso es la investigación. Ya varios colegas de otras áreas del conocimiento se han referido al papel vital que juega la Universidad de Costa Rica en la producción de conocimiento en Costa Rica en particular y en Centroamérica en general. Pero conviene al respecto plantear la relación entre la investigación y la educación que reciben los estudiantes en la Universidad de Costa Rica. Así, esa relación es un elemento a resaltar como primordial, pues permite a educandos tener como profesores a los más prestigiosos científicos nacionales en todas las áreas en que investiga la Universidad: ciencias sociales, ciencias, artes, literatura y salud. Así, los estudiantes tienen en sus clases la posibilidad de recibir un conocimiento actualizado, de primer nivel y de primera mano, es decir, de la mano de los investigadores que producen ese conocimiento.
Durante sus 35 años de existencia, el CIHAC ha desarrollado una intensa labor de análisis de la realidad costarricense y centroamericana, la cual se refleja en las colecciones Historia de Costa Rica, Istmo y Nueva Historia; una revista coeditada con la Universidad Nacional y plataformas de investigación colaborativas con decenas de documentos, archivos y bases de datos. La producción ha sumado casi cuatrocientas publicaciones, sin contar varios centenares de artículos, reseñas y recopilaciones documentales editadas en revistas nacionales e internacionales. Para efectos de facilitar la investigación, recientemente se han rescatado archivos fotográficos, bases de datos y documentos de los que dan fe los repositorios de libre acceso on line. Todo ello ha pretendido potenciar a la historia como una variable de análisis y como un insumo para concientizar de las necesidades de llevar el arte, las ciencias y la cultura a todos los costarricenses, contribuyendo a una memoria colectiva creada por todos los que a lo largo de nuestra historia han contribuido a construir nuestro país.
La Universidad de Costa Rica y las universidades públicas pertenecientes al Consejo Nacional de Rectores, han sido pieza clave en la movilización social de la clase media y de los sectores populares costarricenses. Sin el sistema de educación pública superior que representan las universidades públicas, una buena parte de las clases profesionales costarricenses nunca hubiesen tenido la oportunidad de obtener un título universitario. De hecho, gracias a ese sistema que permite que estudiantes de escasos recursos tengan la mejor educación superior de Centroamérica, varios de esos estudiantes tienen más de un título universitario porque han podido no sólo acceder al bachillerato universitario sino también a un posgrado (maestría o incluso doctorado). Y ese aspecto es tan importante que ha sido determinante en buena medida de la paz social y de la cultura democrática de la que se gloria el gobierno costarricense. En este momento de negociación del FEES, la Universidad de Costa Rica puede decir que una buena parte de la histórica movilidad social del país (al menos en los últimos setenta años) ha sido una de las principales formas en que le ha devuelto a la sociedad costarricense la inversión que ha hecho en ella.
Ya ha sido ampliamente demostrado que existe una trayectoria histórica de dependencia que ayuda a explicar nuestra situación actual, por lo que la sociedad costarricense no puede darse el lujo de perder su memoria histórica, mucho menos cuando los argumentos en contra de la formación profesional y de la investigación en estos campos se reducen a criterios centrados en la eficiencia del mercado, planteamiento que ha fracasado en varios países. El reto de la Escuela de Historia, del Centro de Investigaciones Históricas de América Central y del Posgrado Centroamericano en Historia, es el de consolidar el trabajo interdisciplinario con miras a colaborar con la búsqueda de propuestas que nos lleven a la cohesión social, en este contexto de desigualdad que ha consolidado el modelo neoliberal en nuestro país.
Ciudad Universitaria Rodrigo Facio, 17 de agosto de 2010.
Dr. Ronny Viales Hurtado, Director Escuela de Historia
Dr. Juan José Marín Hernández, Director CIHAC
Dr. David Díaz Arias, Director Posgrado Centroamericano en Historia
En Costa Rica, en la segunda mitad del siglo XX, se construyó un régimen de bienestar que transformó la visión del país, que fue pensado y ejecutado por una diversidad de actores sociales, que llegaron a acuerdos relevantes. Entre esos acuerdos podemos ubicar la creación de la Universidad de Costa Rica en 1940. Durante estos 70 años de existencia, la Universidad de Costa Rica, al igual que las otras universidades públicas, además de cumplir sus funciones de docencia, y de formación de los profesionales y de las profesionales que han contribuido al desarrollo de nuestro país; de investigación y de acción social, se ha convertido en uno de los pilares fundamentales de la institucionalidad democrática que se consolidó después de los acontecimientos bélicos acaecidos en 1948.
Uno de los elementos centrales que se han perdido de vista en varias de las manifestaciones públicas con respecto a la negociación del FEES, es el papel fundamental de la Universidad de Costa Rica en la democratización del país. La Universidad de Costa Rica ha contribuido a la consolidación de la democracia costarricense, por medio de la generación de pensamiento crítico, de alternativas de desarrollo científico, tecnológico y económico; de la consolidación de una cultura política de tolerancia y de solidaridad; del fomento de las artes y de las letras y de la equidad en el sistema de salud, que han transformado nuestra identidad nacional.
En este contexto, la lucha por un presupuesto justo es también la lucha por el mantenimiento de un orden democrático y solidario, que genera diferentes posibilidades de movilidad social ascendente y que garantiza que la justicia social no se verá amenazada por un pensamiento único que trata de justificar un nuevo orden social por medio del desmantelamiento del bienestar existente, con argumentos mercantilistas que ya han sido superados en varios países de América Latina.
Desde la Escuela de Historia de la Universidad de Costa Rica, fundada en la década de 1940, hemos contribuido con la sociedad costarricense de diversas maneras, mediante el trabajo en la formación de profesionales en los campos de la Historia, de la Archivística y de los docentes especializados en la Enseñanza de los Estudios Sociales y de la Educación Cívica. Los profesionales formados en esta Escuela, han obtenido el reconocimiento internacional y los docentes y las docentes, han recibido, en su gran mayoría, el apoyo institucional para obtener sus posgrados en las universidades costarricenses y en universidades internacionales de calidad reconocida. La Acción Social de la Escuela de Historia, se lleva a cabo por medio de dos trabajos comunales universitarios y de dos programas de extensión docente, así como de varios proyectos particulares, que rescatan la historia local, regional y nacional costarricense y que garantizan la actualización permanente de nuestros graduados y de los graduados de otras universidades del país.
La plataforma virtual Methexis, ha permitido llevar los conocimientos producidos a todo el país, bajo una filosofía de acceso abierto, como lo demuestra la existencia de una revista académica digital llamada Diálogos, que se ha publicado por más de una década, por lo que se ha convertido en una publicación pionera. Las plataformas docentes de la Escuela de Historia han coadyuvado al logro de este fin. Esta trayectoria nos ha permitido contar con tres Bachilleratos universitarios, tres Licenciaturas, tres Maestrías y un Doctorado, que han recibido la acreditación regional centroamericana. La Maestría en Estudios Contemporáneos de América Latina, de reciente creación, permitirá a los alumnos y a las alumnas, bajo la coordinación del Sistema de Estudios de Posgrado de la Universidad de Costa Rica, tener la opción de obtener su título europeo, en convenio con la Universidad Complutense de Madrid.
Hoy que se acentúa la privatización en la elaboración de libros, de programas y de capacitaciones dentro del Ministerio de Educación Pública, es notable el trabajo prospectivo realizado en los productos creados desde la Escuela de Historia, el CIHAC y el Posgrado Centroamericano en Historia. Estas unidades académicas han brindado propuestas alternativas que fomentan la discusión, la colaboración y un esfuerzo honesto y comprometido con la relación investigación – docencia, donde el más reciente esfuerzo es “cívica en red” (http://www.civicaenred.com/) y el conjunto de textos que llevaran la licencia creative commons (de libre reimpresión sin fines comerciales) de varios libros para la enseñanza de la Cívica.
El otro elemento central de este proceso es la investigación. Ya varios colegas de otras áreas del conocimiento se han referido al papel vital que juega la Universidad de Costa Rica en la producción de conocimiento en Costa Rica en particular y en Centroamérica en general. Pero conviene al respecto plantear la relación entre la investigación y la educación que reciben los estudiantes en la Universidad de Costa Rica. Así, esa relación es un elemento a resaltar como primordial, pues permite a educandos tener como profesores a los más prestigiosos científicos nacionales en todas las áreas en que investiga la Universidad: ciencias sociales, ciencias, artes, literatura y salud. Así, los estudiantes tienen en sus clases la posibilidad de recibir un conocimiento actualizado, de primer nivel y de primera mano, es decir, de la mano de los investigadores que producen ese conocimiento.
Durante sus 35 años de existencia, el CIHAC ha desarrollado una intensa labor de análisis de la realidad costarricense y centroamericana, la cual se refleja en las colecciones Historia de Costa Rica, Istmo y Nueva Historia; una revista coeditada con la Universidad Nacional y plataformas de investigación colaborativas con decenas de documentos, archivos y bases de datos. La producción ha sumado casi cuatrocientas publicaciones, sin contar varios centenares de artículos, reseñas y recopilaciones documentales editadas en revistas nacionales e internacionales. Para efectos de facilitar la investigación, recientemente se han rescatado archivos fotográficos, bases de datos y documentos de los que dan fe los repositorios de libre acceso on line. Todo ello ha pretendido potenciar a la historia como una variable de análisis y como un insumo para concientizar de las necesidades de llevar el arte, las ciencias y la cultura a todos los costarricenses, contribuyendo a una memoria colectiva creada por todos los que a lo largo de nuestra historia han contribuido a construir nuestro país.
La Universidad de Costa Rica y las universidades públicas pertenecientes al Consejo Nacional de Rectores, han sido pieza clave en la movilización social de la clase media y de los sectores populares costarricenses. Sin el sistema de educación pública superior que representan las universidades públicas, una buena parte de las clases profesionales costarricenses nunca hubiesen tenido la oportunidad de obtener un título universitario. De hecho, gracias a ese sistema que permite que estudiantes de escasos recursos tengan la mejor educación superior de Centroamérica, varios de esos estudiantes tienen más de un título universitario porque han podido no sólo acceder al bachillerato universitario sino también a un posgrado (maestría o incluso doctorado). Y ese aspecto es tan importante que ha sido determinante en buena medida de la paz social y de la cultura democrática de la que se gloria el gobierno costarricense. En este momento de negociación del FEES, la Universidad de Costa Rica puede decir que una buena parte de la histórica movilidad social del país (al menos en los últimos setenta años) ha sido una de las principales formas en que le ha devuelto a la sociedad costarricense la inversión que ha hecho en ella.
Ya ha sido ampliamente demostrado que existe una trayectoria histórica de dependencia que ayuda a explicar nuestra situación actual, por lo que la sociedad costarricense no puede darse el lujo de perder su memoria histórica, mucho menos cuando los argumentos en contra de la formación profesional y de la investigación en estos campos se reducen a criterios centrados en la eficiencia del mercado, planteamiento que ha fracasado en varios países. El reto de la Escuela de Historia, del Centro de Investigaciones Históricas de América Central y del Posgrado Centroamericano en Historia, es el de consolidar el trabajo interdisciplinario con miras a colaborar con la búsqueda de propuestas que nos lleven a la cohesión social, en este contexto de desigualdad que ha consolidado el modelo neoliberal en nuestro país.
Ciudad Universitaria Rodrigo Facio, 17 de agosto de 2010.
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miércoles, agosto 11, 2010
La Fabrique scolaire de l’histoire, un libro para reflexionar y actuar
La Fabrique scolaire de l’histoire, un libro para reflexionar y actuar
Tomado de http://www.rebelion.org/noticia.php?id=111168
Vladislav Marjanović
Tlaxcala
Traducido por Guillermo F. Parodi y editado por Manuel Talens
La verdad es que no se hubiera podido encontrar un mejor título para un libro sobre la enseñanza de la Historia en las escuelas francesas. En efecto, esta recopilación de artículos de especialistas en la materia, publicado en 2009 por la editorial Agone, bajo la dirección de Laurence de Cock y de Emmanuelle Picard, pone el dedo en una llaga ya bien purulenta de la educación escolar: la degradación sistemática del tratamiento de la Historia en la sociedad contemporánea. Se trata de un trabajo del “Comité de Vigilancia sobre el uso público de la Historia”, fundado en Francia en 2005 con el objetivo de reaccionar contra la instrumentalización del pasado.
El objetivo que tiene en su punto de mira es la situación en Francia. Pero puede muy bien ser la de todos los demás países, puesto que, ¿cuál hoy es el lugar de la Historia en nuestro bonito mundo global, si no el de un pariente pobre cuyo nombre no se menciona en los discursos oficiales sobre la financiación de la investigación científica?
Lamentablemente, la Historia no produce mercancías que puedan venderse y no mueve dinero. Una sociedad basada en estos principios puede incluso considerarla superflua.
Pero no es ese el problema que los autores de los textos publicados en la “La Fábrica escolar de la historia” han elegido resaltar. Lo que les preocupa es la forma en que la Historia se ha enseñado y se sigue enseñando. La conclusión es abrumadora: no fueron ni los científicos, ni los pedagogos quienes tuvieron la última palabra en la elaboración de los programas de historia, sino el Estado o, en particular, los círculos gubernamentales, que decidían en función de lo que consideraban su interés. Sólo cambiaron los objetivos del programa y su carácter. De la historia de los eventos, sobre todo políticos, en la cual se exigía de los alumnos el conocimiento preciso de nombres, fechas y lugares, se pasó a una historia de las representaciones y de los grandes temas. Desde entonces, se hace hincapié en las imágenes y las memorias en detrimento del acontecimiento, en lo político, en lo económico y en lo social. Así pues, en el primer caso, aprendían datos presentados en una continuidad, lo cual permitía fijar el lugar de los acontecimientos, pero por necesidades (políticas), si era necesario, se los deformaba o simplemente se los omitía. En el otro caso, la línea de evolución histórica se quiebra para beneficiar temas “transversales” y de “largo alcance”. Este enfoque, en apariencia más imparcial, ofrece pocas referencias que permitan comprender las causas de los eventos en toda su complejidad y permite que la manipulación de la Historia quede prácticamente intacta.
Pese a que los métodos de enseñanza hayan cambiado, el alumno en nada se beneficia. Al contrario, incluso ha salido perdiendo, dado que la enseñanza moderna favorece las generalizaciones al jugar con las “imágenes” y la sensibilización, en detrimento del análisis y la expresión. Por otra parte, la tendencia de los jefes de Estado a dar directivas sobre la interpretación de la Historia no ha desaparecido. Los presidentes Chirac y Sarkozy no dudaron en indicar a los historiadores que deben tener en cuenta el aspecto positivo del colonialismo. Incluso, se votó una ley (la ley del 23 de febrero de 2005 “sobre el papel positivo de la presencia francesa en ultramar”), retirada más tarde bajo la presión de la opinión pública. El hecho de que la enseñanza de la historia esté dirigida por los representantes del Estado, a veces por los de más alto nivel (como fue el caso de Georges Pompidou a principios de los años setenta), que no son ni historiadores ni pedagogos, no tuvo en el fondo más que un solo objetivo: el de impedir la formación de un espíritu crítico a fin de modelar una opinión pública a su gusto con un uso engañoso de los modelos y representaciones del pasado. He ahí, entonces, esas “ilusiones y desilusiones de la novela nacional”, como sugiere el subtítulo de la “Fábrica escolar de la Historia”.
Sin embargo pese a ser su lectura muy interesante e instructiva, los autores omiten en el libro la propuesta de alternativas. Así es difícil discernir qué métodos, qué pedagogía, permitirían reemplazar a la “Fábrica escolar de la Historia” ahora existente. La lectura de este libro deja la impresión de que los autores no parecen suficientemente interesados en la estructura mental de los escolares. Deberían haber tener en cuenta que la tierna edad de los estudiantes no les permite desarrollar un espíritu crítico sobre representaciones demasiado conceptuales. Sin el conocimiento de los hechos y de su encadenamiento, ¿cómo orientarse en el tiempo y en el espacio, cómo obtener las referencias y cómo comprender el mensaje que les lega el pasado? Para lograrlo ¿no será necesaria una narración simple y fácil de comprender? Los académicos de marca mayor tanto como los funcionarios de los ministerios que diseñan la enseñanza de la Historia en las escuelas tienen a menudo la tendencia a olvidar que los jóvenes prefieren el relato histórico en el que los eventos se encadenan y de los que querrían conocer la continuación, en vez de una presentación estática de los hechos, incluso si están respaldados por ilustraciones, mapas y estadísticas. Igualmente, el conocimiento de los protagonistas, de sus actos y motivaciones los motiva más que la exposición despersonalizada de grandes movimientos de pueblos y civilizaciones. Mediante esa argucia podría facilitarse enormemente el desarrollo de la argumentación y el espíritu crítico. ¿Por qué, entonces, no usarla?
Ahora bien, si una sociedad teme el desarrollo del espíritu crítico, y prefiere empobrecerlo, incluso hasta destruirlo, la mejor forma de lograrlo es privando a las nuevas generaciones de la capacidad de argumentar, sobre la base del conocimiento de los hechos históricos, del contexto de la época y de los intereses (ajenos a la moral) que los animan. Cuanto menos se conoce el pasado, menos se comprende el presente, se es también menos maduro como individuo o ciudadano y, a causa de ello, la posibilidad de que haya tentativas de cambiar el orden existente disminuye. La disminución de los cursos de Historia en la enseñanza escolar y la preferencia otorgada a los aspectos culturales sobre los que afectan a los intereses políticos y económicos ¿no concuerdan con esta lógica? Los autores de la “Fábrica de la Historia”, que, sin embargo, han indicado claramente cómo a lo largo del tiempo se manipulaba el discurso sobre la historia colonial, incluso sobre la Revolución francesa, parecen no atreverse a ir tan lejos en sus análisis. Perderá el tiempo quien busque palabras como “la manipulación de las mentes”, “propaganda” o “mitología política”. No encontrará ni la reflexión sobre el papel de los grupos industriales, de los círculos financieros, de las compañías multinacionales en la formación de la sociedad moderna y su impacto sobre la enseñanza de la Historia. No hay ninguna referencia al problema de la avidez por el poder, de la riqueza material, de la influencia del poder, de la irracionalidad de la dominación que, en nombre de las ideologías, incluidas las religiones, minan desde siempre la humanización de la sociedad. Probablemente, los autores, prefieren evitar que los traten de adeptos a las teorías de la conspiración. Pero, por otra parte, incluso si no ponen en evidencia explícitamente el tema de la descomposición del relato histórico como consecuencia de la mundialización mercantil, el contenido de sus trabajos deja percibir que de eso se trata.
El problema, al menos, está planteado. Queda pendiente encontrar la solución. No sólo en Francia, sino en todos los países del mundo. Puesto que la “Fabrica de la Historia” funciona en todas partes y la instrumentación de los dramas continúa. Después del bicentenario, La Revolución Francesa se ve privada de su importancia, el Holocausto convertido en tabú, los gulags ignorados y las masacres a ciegas de civiles, en los Balcanes o en África, seleccionadas y en caso necesario denominadas “genocidios” a fin de permitir que la “comunidad internacional” intervenga en esas zonas y que las multinacionales se establezcan allí. La Historia debe reaprenderse para que pueda responder a la misión de la que ha sido privada hasta el presente, a saber, la de orientar la vida de las generaciones futuras. Pero mientras se la siga “fabricando” ese objetivo no podrá alcanzarse. El mérito de “La Fábrica escolar de la Historia” consiste, sin embargo, en haber demostrado la perversidad de este método aplicado por el Estado en nombre de intereses muy ajenos a los científicos o pedagógicos. En ese sentido se trata de un libro que invita a reflexionar y a actuar.
Fuente: http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=885
Tomado de http://www.rebelion.org/noticia.php?id=111168
Vladislav Marjanović
Tlaxcala
Traducido por Guillermo F. Parodi y editado por Manuel Talens
La verdad es que no se hubiera podido encontrar un mejor título para un libro sobre la enseñanza de la Historia en las escuelas francesas. En efecto, esta recopilación de artículos de especialistas en la materia, publicado en 2009 por la editorial Agone, bajo la dirección de Laurence de Cock y de Emmanuelle Picard, pone el dedo en una llaga ya bien purulenta de la educación escolar: la degradación sistemática del tratamiento de la Historia en la sociedad contemporánea. Se trata de un trabajo del “Comité de Vigilancia sobre el uso público de la Historia”, fundado en Francia en 2005 con el objetivo de reaccionar contra la instrumentalización del pasado.
El objetivo que tiene en su punto de mira es la situación en Francia. Pero puede muy bien ser la de todos los demás países, puesto que, ¿cuál hoy es el lugar de la Historia en nuestro bonito mundo global, si no el de un pariente pobre cuyo nombre no se menciona en los discursos oficiales sobre la financiación de la investigación científica?
Lamentablemente, la Historia no produce mercancías que puedan venderse y no mueve dinero. Una sociedad basada en estos principios puede incluso considerarla superflua.
Pero no es ese el problema que los autores de los textos publicados en la “La Fábrica escolar de la historia” han elegido resaltar. Lo que les preocupa es la forma en que la Historia se ha enseñado y se sigue enseñando. La conclusión es abrumadora: no fueron ni los científicos, ni los pedagogos quienes tuvieron la última palabra en la elaboración de los programas de historia, sino el Estado o, en particular, los círculos gubernamentales, que decidían en función de lo que consideraban su interés. Sólo cambiaron los objetivos del programa y su carácter. De la historia de los eventos, sobre todo políticos, en la cual se exigía de los alumnos el conocimiento preciso de nombres, fechas y lugares, se pasó a una historia de las representaciones y de los grandes temas. Desde entonces, se hace hincapié en las imágenes y las memorias en detrimento del acontecimiento, en lo político, en lo económico y en lo social. Así pues, en el primer caso, aprendían datos presentados en una continuidad, lo cual permitía fijar el lugar de los acontecimientos, pero por necesidades (políticas), si era necesario, se los deformaba o simplemente se los omitía. En el otro caso, la línea de evolución histórica se quiebra para beneficiar temas “transversales” y de “largo alcance”. Este enfoque, en apariencia más imparcial, ofrece pocas referencias que permitan comprender las causas de los eventos en toda su complejidad y permite que la manipulación de la Historia quede prácticamente intacta.
Pese a que los métodos de enseñanza hayan cambiado, el alumno en nada se beneficia. Al contrario, incluso ha salido perdiendo, dado que la enseñanza moderna favorece las generalizaciones al jugar con las “imágenes” y la sensibilización, en detrimento del análisis y la expresión. Por otra parte, la tendencia de los jefes de Estado a dar directivas sobre la interpretación de la Historia no ha desaparecido. Los presidentes Chirac y Sarkozy no dudaron en indicar a los historiadores que deben tener en cuenta el aspecto positivo del colonialismo. Incluso, se votó una ley (la ley del 23 de febrero de 2005 “sobre el papel positivo de la presencia francesa en ultramar”), retirada más tarde bajo la presión de la opinión pública. El hecho de que la enseñanza de la historia esté dirigida por los representantes del Estado, a veces por los de más alto nivel (como fue el caso de Georges Pompidou a principios de los años setenta), que no son ni historiadores ni pedagogos, no tuvo en el fondo más que un solo objetivo: el de impedir la formación de un espíritu crítico a fin de modelar una opinión pública a su gusto con un uso engañoso de los modelos y representaciones del pasado. He ahí, entonces, esas “ilusiones y desilusiones de la novela nacional”, como sugiere el subtítulo de la “Fábrica escolar de la Historia”.
Sin embargo pese a ser su lectura muy interesante e instructiva, los autores omiten en el libro la propuesta de alternativas. Así es difícil discernir qué métodos, qué pedagogía, permitirían reemplazar a la “Fábrica escolar de la Historia” ahora existente. La lectura de este libro deja la impresión de que los autores no parecen suficientemente interesados en la estructura mental de los escolares. Deberían haber tener en cuenta que la tierna edad de los estudiantes no les permite desarrollar un espíritu crítico sobre representaciones demasiado conceptuales. Sin el conocimiento de los hechos y de su encadenamiento, ¿cómo orientarse en el tiempo y en el espacio, cómo obtener las referencias y cómo comprender el mensaje que les lega el pasado? Para lograrlo ¿no será necesaria una narración simple y fácil de comprender? Los académicos de marca mayor tanto como los funcionarios de los ministerios que diseñan la enseñanza de la Historia en las escuelas tienen a menudo la tendencia a olvidar que los jóvenes prefieren el relato histórico en el que los eventos se encadenan y de los que querrían conocer la continuación, en vez de una presentación estática de los hechos, incluso si están respaldados por ilustraciones, mapas y estadísticas. Igualmente, el conocimiento de los protagonistas, de sus actos y motivaciones los motiva más que la exposición despersonalizada de grandes movimientos de pueblos y civilizaciones. Mediante esa argucia podría facilitarse enormemente el desarrollo de la argumentación y el espíritu crítico. ¿Por qué, entonces, no usarla?
Ahora bien, si una sociedad teme el desarrollo del espíritu crítico, y prefiere empobrecerlo, incluso hasta destruirlo, la mejor forma de lograrlo es privando a las nuevas generaciones de la capacidad de argumentar, sobre la base del conocimiento de los hechos históricos, del contexto de la época y de los intereses (ajenos a la moral) que los animan. Cuanto menos se conoce el pasado, menos se comprende el presente, se es también menos maduro como individuo o ciudadano y, a causa de ello, la posibilidad de que haya tentativas de cambiar el orden existente disminuye. La disminución de los cursos de Historia en la enseñanza escolar y la preferencia otorgada a los aspectos culturales sobre los que afectan a los intereses políticos y económicos ¿no concuerdan con esta lógica? Los autores de la “Fábrica de la Historia”, que, sin embargo, han indicado claramente cómo a lo largo del tiempo se manipulaba el discurso sobre la historia colonial, incluso sobre la Revolución francesa, parecen no atreverse a ir tan lejos en sus análisis. Perderá el tiempo quien busque palabras como “la manipulación de las mentes”, “propaganda” o “mitología política”. No encontrará ni la reflexión sobre el papel de los grupos industriales, de los círculos financieros, de las compañías multinacionales en la formación de la sociedad moderna y su impacto sobre la enseñanza de la Historia. No hay ninguna referencia al problema de la avidez por el poder, de la riqueza material, de la influencia del poder, de la irracionalidad de la dominación que, en nombre de las ideologías, incluidas las religiones, minan desde siempre la humanización de la sociedad. Probablemente, los autores, prefieren evitar que los traten de adeptos a las teorías de la conspiración. Pero, por otra parte, incluso si no ponen en evidencia explícitamente el tema de la descomposición del relato histórico como consecuencia de la mundialización mercantil, el contenido de sus trabajos deja percibir que de eso se trata.
El problema, al menos, está planteado. Queda pendiente encontrar la solución. No sólo en Francia, sino en todos los países del mundo. Puesto que la “Fabrica de la Historia” funciona en todas partes y la instrumentación de los dramas continúa. Después del bicentenario, La Revolución Francesa se ve privada de su importancia, el Holocausto convertido en tabú, los gulags ignorados y las masacres a ciegas de civiles, en los Balcanes o en África, seleccionadas y en caso necesario denominadas “genocidios” a fin de permitir que la “comunidad internacional” intervenga en esas zonas y que las multinacionales se establezcan allí. La Historia debe reaprenderse para que pueda responder a la misión de la que ha sido privada hasta el presente, a saber, la de orientar la vida de las generaciones futuras. Pero mientras se la siga “fabricando” ese objetivo no podrá alcanzarse. El mérito de “La Fábrica escolar de la Historia” consiste, sin embargo, en haber demostrado la perversidad de este método aplicado por el Estado en nombre de intereses muy ajenos a los científicos o pedagógicos. En ese sentido se trata de un libro que invita a reflexionar y a actuar.
Fuente: http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=885
martes, agosto 10, 2010
Muere el historiador Tony Judt, historiador y experto en cuestiones europeas
El historiador Tony Judt muere a los 62 años tras luchar contra la enfermedad de Lou Gehrig
Democracy Now
Tony Judt, ampliamente considerado como uno de los historiadores más importantes de la Europa actual, murió el viernes, dos años después de que se le diagnosticara la enfermedad de Lou Gehrig. Posiblemente lo más polémico de Judt sean sus críticas hacia Israel. Durante su adolescencia fue un firme partidario del sionismo y pasó muchos veranos en un kibbutz en Israel. Pero en 2003 hizo la conocida crítica a Israel en términos de anacronismo y esbozó una justificación para una solución del problema mediante un estado secular y binacional de palestinos e israelíes. Mostramos algunos fragmentos de sus comentarios durante un debate celebrado en 2006 sobre el poder del lobby israelí.
Fuente: http://www.democracynow.org/es/programas/2010/8/9#historian_tony_judt_62_dies_after
Tony Judt, historiador y experto en cuestiones europeas
Su crónica 'Posguerra' es un análisis monumental del continente desde 1945
DAVID ALANDETE 08/08/2010
Tomado de http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Tony/Judt/historiador/experto/cuestiones/europeas/elpepusoc/20100808elpepusoc_1/Tes
Tony Judt, uno de los historiadores e investigadores de la Europa de finales del siglo XX más respetados en su profesión, falleció este viernes en su residencia de Nueva York, según confirmó la Universidad de Nueva York, para la que trabajaba como profesor. Tenía 62 años y había padecido, durante casi dos años, los devastadores efectos de la enfermedad de Lou Gehrig, o esclerosis lateral amiotrófica.
Prisionero en su propio cuerpo
Tormenta en torno a Tony Judt
Noche
Judt nació en el seno de una familia judía de Reino Unido en 1948. En su juventud vivió en un kibutz en Israel. La experiencia en la granja colectiva constituyó una etapa importante de su formación y le marcó como sionista de izquierdas durante algunos años. Llegó a servir como conductor voluntario en la Guerra de los Seis Días que enfrentó a Israel con la coalición de países árabes en 1967.
Aquel fervor sionista de juventud, sin embargo, no le duró mucho. Pronto cambió su izquierdismo con toques radicales por unas posturas más socialdemócratas. Y en sus textos criticó no solo el poder y la prominencia internacional de Estados Unidos, sino el peso de las instituciones judías dentro de la arquitectura política norteamericana.
Su obra más famosa, publicada en 2005, es Posguerra: Una historia de Europa desde 1945, una crónica monumental del continente en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. En su análisis, Judt afirma que la cooperación de los países europeos en los 30 años posteriores a la caída de Adolf Hitler da muestra de que el pacifismo y el multilateralismo pueden engendrar una estabilidad y una prosperidad duraderas. Con Posguerra quedó finalista al Premio Pulitzer en 2006.
"América tendría el mayor Ejército y China crearía más productos, y más baratos", escribe en la conclusión del libro. "Pero ni América ni China disponían de un modelo útil que sirviera para la emulación universal. A pesar de los horrores de su reciente pasado, y en gran medida gracias a ellos, eran los europeos los que ahora estaban genuinamente posicionados para ofrecerle al mundo algún modesto consejo sobre cómo evitar repetir los errores del pasado. Pocos lo habrían dicho hace 60 años, pero puede que el siglo XXI pertenezca aún a los europeos".
Era profesor de la Universidad de Nueva York desde 1987. En esa institución ayudó a fundar el Instituto Remarque, donde investigaba y enseñaba historia reciente de Europa. Judt cuenta nueve libros, sobre todo análisis respetados en ese campo. Aparte, colaboraba con la revista New York Review of Books, en la que consagró su cambio de ideas sobre el conflicto árabe-israelí . En un polémico análisis de 2003, proclamó que Israel era un "anacronismo" y pidió la creación de un estado binacional repartido entre árabes y judíos. Uno de sus últimos artículos defendía que las críticas a los actos de fuerza del Ejecutivo de Israel no están motivadas por el antisemitismo y que, además, el abuso de este calificativo es peligroso para la memoria del Holocausto.
En otoño de 2008 se le diagnosticó esclerosis lateral amiotrófica (ELA), que provoca una progresiva parálisis de los músculos. Se trata de la misma enfermedad degenerativa que padece el científico Stephen Hawking. Judt estaba paralizado de cuello para abajo. Le costaba tragar, hablar, incluso sujetar la mandíbula. Necesitaba ayuda para prácticamente todo.
A lo largo de sus últimos meses, escribió acerca de su enfermedad y sobre sus impresiones de la vida, lo que supuso un giro a su carrera y la inauguración de una nueva etapa de reflexiones muchos más personales. En cuestión de meses, Tony Judt se convirtió en cuadripléjico, necesitado de un tubo de oxígeno para respirar. Su mente, sin embargo, estaba intacta, y siguió produciendo sus lúcidos análisis sin mella alguna, casi hasta su último día de vida.
Prisionero en su propio cuerpo
El pasado enero EL PAÍS publicó el relato en primera persona del día a día de la enfermedad de Tony Judt. Estos son algunos extractos de su experiencia.
"Padezco un trastorno neuromotor, en mi caso una variante de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA): la enfermedad de Lou Gehrig...".
"Los rasgos distintivos de la ELA —la menos habitual de esta familia de enfermedades neuromusculares— son que no hay pérdida de sensación (lo cual tiene sus ventajas y sus desventajas) y que no hay dolor. Por consiguiente, al contrario que en casi cualquier otra enfermedad grave o mortal, aquí uno tiene la posibilidad de contemplar a sus anchas y con unas incomodidades mínimas el catastrófico avance de su propio deterioro...".
"Es verdad que esta enfermedad tiene una dimensión enriquecedora: gracias a mi imposibilidad de tomar notas o prepararlas, mi memoria —que ya era bastante buena— ha mejorado considerablemente, con la ayuda de técnicas adaptadas del "palacio de la memoria" descrito de forma tan intrigante por Jonathan Spence. Pero es bien sabido que las pequeñas satisfacciones que compensan por algo son pasajeras. No tiene nada de bueno estar encerrado en un traje de hierro, frío e implacable. Los placeres de la agilidad mental están sobrevalorados, como es inevitable —me parece ahora—, por quienes no dependen exclusivamente de ellos. Lo mismo se puede decir, en gran parte, de las palabras de ánimo bienintencionadas que sugieren que encontremos compensaciones no físicas cuando lo físico falla. Es inútil. Una pérdida es una pérdida, y no se gana nada llamándola con un nombre más bonito. Mis noches son interesantes; pero podría vivir muy bien sin ellas.
Democracy Now
Tony Judt, ampliamente considerado como uno de los historiadores más importantes de la Europa actual, murió el viernes, dos años después de que se le diagnosticara la enfermedad de Lou Gehrig. Posiblemente lo más polémico de Judt sean sus críticas hacia Israel. Durante su adolescencia fue un firme partidario del sionismo y pasó muchos veranos en un kibbutz en Israel. Pero en 2003 hizo la conocida crítica a Israel en términos de anacronismo y esbozó una justificación para una solución del problema mediante un estado secular y binacional de palestinos e israelíes. Mostramos algunos fragmentos de sus comentarios durante un debate celebrado en 2006 sobre el poder del lobby israelí.
Fuente: http://www.democracynow.org/es/programas/2010/8/9#historian_tony_judt_62_dies_after
Tony Judt, historiador y experto en cuestiones europeas
Su crónica 'Posguerra' es un análisis monumental del continente desde 1945
DAVID ALANDETE 08/08/2010
Tomado de http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Tony/Judt/historiador/experto/cuestiones/europeas/elpepusoc/20100808elpepusoc_1/Tes
Tony Judt, uno de los historiadores e investigadores de la Europa de finales del siglo XX más respetados en su profesión, falleció este viernes en su residencia de Nueva York, según confirmó la Universidad de Nueva York, para la que trabajaba como profesor. Tenía 62 años y había padecido, durante casi dos años, los devastadores efectos de la enfermedad de Lou Gehrig, o esclerosis lateral amiotrófica.
Prisionero en su propio cuerpo
Tormenta en torno a Tony Judt
Noche
Judt nació en el seno de una familia judía de Reino Unido en 1948. En su juventud vivió en un kibutz en Israel. La experiencia en la granja colectiva constituyó una etapa importante de su formación y le marcó como sionista de izquierdas durante algunos años. Llegó a servir como conductor voluntario en la Guerra de los Seis Días que enfrentó a Israel con la coalición de países árabes en 1967.
Aquel fervor sionista de juventud, sin embargo, no le duró mucho. Pronto cambió su izquierdismo con toques radicales por unas posturas más socialdemócratas. Y en sus textos criticó no solo el poder y la prominencia internacional de Estados Unidos, sino el peso de las instituciones judías dentro de la arquitectura política norteamericana.
Su obra más famosa, publicada en 2005, es Posguerra: Una historia de Europa desde 1945, una crónica monumental del continente en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. En su análisis, Judt afirma que la cooperación de los países europeos en los 30 años posteriores a la caída de Adolf Hitler da muestra de que el pacifismo y el multilateralismo pueden engendrar una estabilidad y una prosperidad duraderas. Con Posguerra quedó finalista al Premio Pulitzer en 2006.
"América tendría el mayor Ejército y China crearía más productos, y más baratos", escribe en la conclusión del libro. "Pero ni América ni China disponían de un modelo útil que sirviera para la emulación universal. A pesar de los horrores de su reciente pasado, y en gran medida gracias a ellos, eran los europeos los que ahora estaban genuinamente posicionados para ofrecerle al mundo algún modesto consejo sobre cómo evitar repetir los errores del pasado. Pocos lo habrían dicho hace 60 años, pero puede que el siglo XXI pertenezca aún a los europeos".
Era profesor de la Universidad de Nueva York desde 1987. En esa institución ayudó a fundar el Instituto Remarque, donde investigaba y enseñaba historia reciente de Europa. Judt cuenta nueve libros, sobre todo análisis respetados en ese campo. Aparte, colaboraba con la revista New York Review of Books, en la que consagró su cambio de ideas sobre el conflicto árabe-israelí . En un polémico análisis de 2003, proclamó que Israel era un "anacronismo" y pidió la creación de un estado binacional repartido entre árabes y judíos. Uno de sus últimos artículos defendía que las críticas a los actos de fuerza del Ejecutivo de Israel no están motivadas por el antisemitismo y que, además, el abuso de este calificativo es peligroso para la memoria del Holocausto.
En otoño de 2008 se le diagnosticó esclerosis lateral amiotrófica (ELA), que provoca una progresiva parálisis de los músculos. Se trata de la misma enfermedad degenerativa que padece el científico Stephen Hawking. Judt estaba paralizado de cuello para abajo. Le costaba tragar, hablar, incluso sujetar la mandíbula. Necesitaba ayuda para prácticamente todo.
A lo largo de sus últimos meses, escribió acerca de su enfermedad y sobre sus impresiones de la vida, lo que supuso un giro a su carrera y la inauguración de una nueva etapa de reflexiones muchos más personales. En cuestión de meses, Tony Judt se convirtió en cuadripléjico, necesitado de un tubo de oxígeno para respirar. Su mente, sin embargo, estaba intacta, y siguió produciendo sus lúcidos análisis sin mella alguna, casi hasta su último día de vida.
Prisionero en su propio cuerpo
El pasado enero EL PAÍS publicó el relato en primera persona del día a día de la enfermedad de Tony Judt. Estos son algunos extractos de su experiencia.
"Padezco un trastorno neuromotor, en mi caso una variante de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA): la enfermedad de Lou Gehrig...".
"Los rasgos distintivos de la ELA —la menos habitual de esta familia de enfermedades neuromusculares— son que no hay pérdida de sensación (lo cual tiene sus ventajas y sus desventajas) y que no hay dolor. Por consiguiente, al contrario que en casi cualquier otra enfermedad grave o mortal, aquí uno tiene la posibilidad de contemplar a sus anchas y con unas incomodidades mínimas el catastrófico avance de su propio deterioro...".
"Es verdad que esta enfermedad tiene una dimensión enriquecedora: gracias a mi imposibilidad de tomar notas o prepararlas, mi memoria —que ya era bastante buena— ha mejorado considerablemente, con la ayuda de técnicas adaptadas del "palacio de la memoria" descrito de forma tan intrigante por Jonathan Spence. Pero es bien sabido que las pequeñas satisfacciones que compensan por algo son pasajeras. No tiene nada de bueno estar encerrado en un traje de hierro, frío e implacable. Los placeres de la agilidad mental están sobrevalorados, como es inevitable —me parece ahora—, por quienes no dependen exclusivamente de ellos. Lo mismo se puede decir, en gran parte, de las palabras de ánimo bienintencionadas que sugieren que encontremos compensaciones no físicas cuando lo físico falla. Es inútil. Una pérdida es una pérdida, y no se gana nada llamándola con un nombre más bonito. Mis noches son interesantes; pero podría vivir muy bien sin ellas.
Prólogo a la edición rusa de "Las venas abiertas de América Latina"
Prólogo a la edición rusa de "Las venas abiertas de América Latina"
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=111119
Oleg Yasinsky
Rebelión
Aunque según las crónicas, los primeros europeos que llegaron a América trataron de convencer a sus habitantes de que “el principio fue el verbo”, esta historia empezó con silencio. Como el petróleo de hoy, el oro de ayer definía sus prioridades, y las bocas de las víctimas quedaron mudas frente la barbarie que todavía no tenía nombre en idiomas de estas tierras. Luego los herederos de los verdugos inventarán la prensa, cuyo trabajo consistirá en callar lo importante. El silencio mezclado con sangre llegó a ser la principal amalgama en cinco siglos de esta historia ajena, impuesta a los latinoamericanos.
La admisión a la civilización costó a los indígenas decenas de millones de vidas. Los historiadores más moderados dicen que de los 100 millones de seres humanos que habitaban el continente al momento de su “descubrimiento”, quedaron un siglo después 40 millones. Otros afirman que antes de la llegada de las carabelas de Colon, en América vivían 70 millones de indígenas y pasados cien años ya no eran más de tres millones y medio. Los terceros están convencidos de que durante los primeros 130 años de la conquista fueron aniquilados no menos de un 95% de aborígenes americanos. Independientemente de quien tenga razón hay algo fuera de discusión, la humanidad no conoce mayor genocidio que éste. Para solucionar el problema de fuerza del trabajo, generado por el exterminio de los indios, traían a América esclavos africanos y de 60 millones, metidos por los negreros en las calas, vivos al destino llegaron no más de 10 millones.
Así empezaba esta historia. A las tierras conquistadas les faltó el vocablo capaz de transmitir tanto dolor. Luego hubo mucho silencio, manos ajenas, amaneceres inútiles, noches de nuevo, sueños premonitores, cataclismos de todo tipo, tiempo detenido en la espera, muertes y nacimientos. No fueron Hitler ni Stalin los que inventaron los primeros campos de concentración, ya en el siglo XIX los zoológicos humanos, donde se mostraban familias enteras de “salvajes”, fueron parte importante en las exposiciones universales de Londres y París. Si una vez la ilustrada diosa Europa salió a encontrar su felicidad montando al toro Zeus desde la festiva espuma mediterránea, a América Latina concebida en el abrazo entre el violador y su víctima, le tocó nacer de las olas donde se mezcló sangre de tres continentes. El don del habla volvía de a poco, junto con el don de la mirada. Para darse cuenta de su propia existencia ella necesitaba verse. Las palabras se hacían espejos. Uno de ellos llegó a ser este libro.
Para “Las Venas Abiertas de América Latina” parece que nadie todavía ha logrado encontrar una definición acabada. Un ensayo periodístico, un breve curso de economía, un análisis poético de la política, un análisis político de la cultura, una denuncia, una declaración de amor a un continente entero y sobre todo: un diálogo con el lector.
Sobre este texto, escrito en 1971, no existen opiniones neutras. Ningún otro libro sobre la historia económica del continente fue leído por millones de personas en tantos idiomas; ninguno tuvo tantas reediciones y tantas prohibiciones; para unos éste llegó a ser el mejor libro sobre América Latina, y para otros un peligroso material subversivo.
En lugar de cifras y notas en estas páginas están la vida y la muerte, las voces del pasado advirtiendo sobre el futuro, héroes anónimos, campos de minas y tesoros, colores, olores y paisajes de un mundo, donde lejos de crónicas oficiales y cámaras de televisión sigue la historia, la lucha por la dignidad.
Este libro es necesario para entender el sentido de los actuales cambios políticos del continente y descubrir las causas del nacimiento de sus nuevas fuerzas y movimientos sociales. Es la más completa y honesta narración sobre las semillas de los brotes de hoy y a la vez, un intento por recuperar las páginas arrancadas de la historia, reestablecer nexos entre acontecimientos y generaciones, devolver el sentido a las víctimas del pasado y una vez más, recordar que cada uno de nosotros y toda nuestra sociedad puede y debe ser mejor.
¿De qué nos sirve este libro, escrito ayer sobre Latinoamérica? Tal vez, si al principio de la Perestroika muchos de nosotros lo hubiésemos leído, la historia de nuestro país sería diferente. “Las venas abiertas de América Latina” es un antídoto perfecto para el veneno informativo vertido por los ex funcionarios del partido y sus nuevos jefes. Les urgía convencernos de nuestra inferioridad frente al resto del mundo, para luego sugerir una pronta integración al sistema mundial de mercado, como nuestra única salvación y que la sagrada propiedad privada era la principal garantía de todas nuestras libertades. Enturbiar las aguas estancadas del gerontocrático socialismo “real” no fue difícil y una exuberante pesca les fue asegurada.
Si miramos hoy el territorio que hasta hace poco se llamaba Unión Soviética, frente a nuestros ojos se abrirá un cuadro que dista mucho de los milagros que nos prometieron durante la destrucción del país. Veremos la tragedia de la provincia con sus campesinos hoy inútiles para los economistas; el Cáucaso ensangrentado; Ucrania desgarrada por las mafias de sus políticos… el fondo de todo esto puede ser el humo negro de los tubos de gas, parecidos a mástiles de banderas piratas triunfalmente clavados en las entrañas de nuestra patria, que llegaron a ser botín de un puñado de villanos. Y además, escuelas, hospitales y centros de ciencias, convertidos en mercadería de un gran hipermercado llamado país, y la principal herramienta educacional de la modernidad, televisión…
Si pudiéramos ver todo esto, y luego cruzando el océano miráramos desde arriba a América Latina, tal vez lo que más nos impresionaría sería lo parecido del panorama: los mismos territorios sin fin y la misma increíble diversidad de paisajes, una mezcla entre varias culturas y tradiciones, un mundo de gigantesco potencial natural y humano que llegó a ser tierra ajena para la mayoría de sus propios hijos.
Una patria donde todo lo ajeno, desde los nombres hasta las ideas, es un sinónimo de progreso y todo lo propio es un indicador de atraso.
Una tierra fabulosamente rica y alienada… Las carreteras que dividen el continente, construidas desde lugares de la extracción de sus principales tesoros hacia los puertos, para que como se cuenta en este libro, la riqueza de la tierra genere la miseria de sus habitantes… La emigración como el camino más seguro de escape a la pobreza o como sinónimo de una carrera profesional ideal… La fuga de los cerebros, de las manos, de la sangre… Es América Latina… la que está mucho más cerca de nosotros, de aquella que indican los mapas…
En el año 2010 Rusia gastará en imagen país más que en la lucha contra el desempleo, que a principios de año llegó, según los datos oficiales, al 9,2% de la población económicamente activa. Los canales centrales de televisión gastan la mayor parte de sus noticieros en notas positivas sobre el poder, que controla casi por completo todos los medios de comunicación.
Las pérdidas demográficas durante las dos décadas de reformas económicas son comparables a las bajas de un país en guerra. Desde 1989 hasta el año 2009 la mortalidad superaba la natalidad y desde 1990 hasta el 2010 la población de la Federación de Rusia descendió de 147 a 142 millones, o sea, estaba disminuyendo con la velocidad de un cuarto de millón de personas por año.
Antes del inicio de las reformas el PIB de la URSS era el segundo del mundo y en 1985 correspondía a un 40% del PIB de los Estados Unidos de América. Nos convencían que la causa principal de nuestro atraso e ineficiencia era el socialismo “que obliga a Rusia a mantener las empobrecidas economías de otras repúblicas del país”. 17 años después de la desarticulación de la URSS y del socialismo, el PIB de Rusia ocupó el octavo lugar y correspondía en el año 2008 a menos de un 30% del PIB de los Estados Unidos.
Prometiéndonos una sociedad de las posibilidades ilimitadas, olvidaron avisarnos de la posibilidad de que en Rusia actual podría haber más niños huérfanos que en los años de la Segunda Guerra Mundial: ahora son más de 700.000 frente a 678.000 en la década de los 40. En el año 1989 había 87.000. Dos tercios de ellos son huérfanos sociales, es decir, sus padres están vivos. El país otrora “más lector del mundo” hoy día tiene dos millones de adolescentes analfabetos. Un 34% de rusos con título universitario nunca leyó un libro que no fuese de su especialidad, y según la última encuesta tampoco muestra interés en ello.
En los absurdos conflictos internos del espacio postsoviético murieron cientos de miles de personas, en su gran mayoría civiles. Y existen todas las razones para suponer que las verdaderas causas de estas guerras no son ni étnicas ni religiosas, todas fueron desatadas conscientemente por las nuevas elites políticas que persiguen sus fines. Imagínense lo peor y no se equivocarán. Durante la presidencia del principal zar democrático Boris Yeltzin, la aviación rusa bombardeaba Grozny, ciudad rusa y capital de la Autonomía Chechena. Después se enviaban millones para su reconstrucción. Luego de nuevo caían bombas. Era no más que una de las tantas maneras para acumulación primaria de capitales.
Antes de Yeltzin, el último que bombardeó ciudades de su propio país fue el tirano nicaragüense Anastasio Somoza y esto sucedió durante la rebelión popular de 1979. Un colega de Somoza, el sangriento dictador chileno Augusto Pinochet, padre espiritual de muchos reformadores “demócratas” postsoviéticos, solía decir que “hay que cuidar a los ricos para que den más”. Él afirmaba que mientras más ricos fuesen los ricos, más tocaría a los pobres. Su legado se hizo realidad en la Rusia postcomunista. El actual estado ruso, liberado de sus pesadas obligaciones con los ciudadanos, demuestra una conmovedora preocupación por los millonarios. Y esto da frutos. Si en el año 2000 entre los millonarios en dólares no hubo ni un solo ruso, ya en el 2006 aparecieron 33 (tres cuartos de ellos hicieron su fortuna vendiendo petróleo, gas y metales). Hoy ya son 62, 12 de los cuales trabajan en el Duma Estatal (Parlamento) y en el Consejo de la Federación, tal vez ayudando al país a mantener el segundo lugar después de Estados Unidos por el número de billonarios.
Mientras la elite económica, que corresponde aproximadamente a un millón y medio de personas, disfruta los niveles más altos del consumo, dos tercios de los rusos ven la jubilación como una catástrofe.
Armando el escenario con decoraciones patrióticas y hablando del renacimiento nacional, el poder no nos cuenta que la deuda externa de la Federación de Rusia entre el año 2003 y el 2008 se triplicó y llegó a la cifra de 471.000 millones de dólares. La deuda externa de la URSS heredada a Rusia en 1991 era de 95.000 millones de dólares.
La lucha por restaurar el capitalismo en la URSS se hizo bajo lemas de la democratización del poder y la participación ciudadana en procesos políticos. Dos décadas después del inicio de las reformas, un 85% de ciudadanos de Rusia democrática no ve posibilidad alguna para influir en las decisiones del estado y un 77% de la población cree no estar preparada para participar en la vida política del país. ¿Este infantilismo ciudadano está en la sangre del pueblo?, como trata de convencernos el poder, ¿o es resultado de un sistemático trabajo de los medios de comunicación y organismos represivos castradores del activismo social?
Para reformatear el disco duro de los pueblos que empezaban a despertar, el mensaje cultural de las dictaduras latinoamericanas estaba claro y consistía en anular en los ciudadanos el interés por la política. Para mantenerse y perdurar, el poder necesitaba convencer a sus víctimas de que toda la política es algo sucio y que la gente decente debería mantener distancia de todo esto, pues los ejemplos nunca faltan. Los nuevos maestros siguiendo los nuevos programas escolares se apresuran en presentar la cobardía como la prudencia y el oportunismo como el pragmatismo. Cuando, como resultado de este proceso reeducativo, en la sociedad se acumula suficiente estupidez y cinismo, se abre el circo de la democracia donde por una nueva orden de los de arriba, los payasos y los domadores invitarán a los de abajo a su rol de actores secundarios.
El análisis político de los últimos 500 años de historia latinoamericana sugerido por el autor de “Las Venas Abiertas….” es una importante clave para comprender la lógica de los últimos 20 años en la historia rusa. Y no sólo. Este libro lo necesitamos también para que viendo los clichés sobre “la orientación europea” y “los valores occidentales”, no nos olvidemos del precio humano que pagó y sigue pagando el “tercer mundo” por los logros del mundo “primero”. Para preguntarnos por quiénes fueron numerados nuestros mundos y para no creer que el destino final de la humanidad es el juego de la “guerra de las civilizaciones”, un término nazi inventado por el actual poder planetario para dividir y reinar. Y para que criticando con razón la trágica experiencia del así llamado “socialismo real”, no caigamos una vez más en la trampa de idealizar la más canibalesca de las construcciones sociales: el capitalismo.
“Las Venas Abiertas de América Latina” fue leído por diferentes generaciones. No podemos medir con precisión la influencia de los libros en la historia, pero parece evidente que bajo un notorio impacto de la palabra de Galeano se formaron muchos de los actuales dirigentes políticos de la región, y algunas de las venas de América Latina ya no sangran más.
Si en los tiempos de La Conquista el genocidio de los indios se llamaba en la neolengua de los invasores “la pacificación”, la actual guerra informativa contra el gobierno venezolano suele llamarse “lucha por la democracia”. Suponiendo que queda todavía alguien en pleno uso de sus facultades mentales capaz de creer que los funcionarios del Departamento del Estado de los EEUU realmente están preocupados por la democracia en Cuba o en Venezuela. Los partidos políticos de la oposición venezolana tienen tan baja popularidad que desde hace tiempo su rol tomó la televisión privada, hablando de la “locura” del “dictador”. La principal “locura” de Chávez es ser el primer presidente que cumple sus compromisos electorales y encabeza reformas que favorecen a la mayor parte de la población y no a los grupos económicos. Los horrores de esta “dictadura” son varios, como por ejemplo: cerca de un 80% de los medios de comunicación venezolanos siguen perteneciendo a la oposición, en las cárceles no hay ni un solo preso político y las numerosas campañas electorales, reconocidas como transparentes por todos los observadores internacionales, siguen ganando los partidarios del socialismo. La principal diferencia con la mayoría de las democracias vecinas está en que dentro de este proceso político participan cada vez más los ciudadanos comunes. Mientras tanto el gobierno de los EEUU acusa a Venezuela de “intervenir en los asuntos de los vecinos”. Esta “intervención” consiste en el apoyo político y financiero a proyectos de integración en la región. La oposición, que es la ex elite política del país, maldice a Chávez por “entregar el dinero de nuestro petróleo a los indios y mendigos”. Respecto a lo anterior, los campesinos venezolanos dicen que “nuestros hermanos necesitan ayuda y nuestro principal deber cristiano es compartir con el prójimo”.
Una de las “víctimas” del “imperialismo venezolano” llegó a ser Bolivia, el país más indígena de América, donde en enero del año 2006 llegó al poder Evo Morales, el primer indígena presidente, quien dice que va a “mandar obedeciendo”, como hablan los zapatistas mexicanos, también que el socialismo no es un producto importado desde Europa, sino una norma de vida en los antiguos pueblos americanos, y esto significa que las riquezas de la madre tierra, como agua y aire, no pueden pertenecer a nadie. Y él no sólo habla. A pesar del chantaje y las amenazas, Bolivia recuperó sus principales riquezas minerales: gas, petróleo y estaño. Por sus yacimientos este país es el más rico en la región, pero durante todo el siglo XX entre los pobres vecinos fue el más pobre. En Bolivia donde los pueblos originarios son la mayoría absoluta, casi un tercio de la población indígena fue completamente analfabeta y cerca de la mitad no tuvo acceso a la salud. Aún más, ni siquiera tenían documentos de identidad.
Antes de terminar el tercer año de este gobierno, Bolivia con ayuda de Cuba y Venezuela logró reducir el analfabetismo de 16% a 1,7%. Si desde el año 2003 al 2005 en el país se construyeron 187 escuelas nuevas, en los primeros dos años del gobierno de Evo se construyeron 426. Si en el 2005 los bolivianos recibieron 1,3 millones de consultas medicas gratuitas, en el 2008 la cifra fue ya de 15,8 millones.
El crecimiento económico llegó en el año 2008 a un 6,1%: el récord histórico desde la proclamación de la independencia. La reserva nacional de divisa aumentó más de seis veces en comparación con el nivel promedio del período entre 1996 y 2005. El saldo positivo del presupuesto nacional, que apareció el año 2006 por primera vez en las últimas décadas, al año siguiente llegó a un 5,2% y la recaudación de los impuestos aumentó dos veces y media. Como resultado de la nacionalización de la industria de hidrocarburos, la ganancia de Bolivia sólo en la primera mitad del 2008 llegó a 2.627 millones de dólares en comparación con los 565 millones de todo el 2004, período anterior a la nacionalización, o sea la diferencia es casi de uno a diez.
Durante los primeros dos años y medio del gobierno de Evo, los campesinos bolivianos recibieron del estado 737.029 hectáreas de tierra, dando como resultado que en la actualidad casi no quedan campesinos sin tierra. Para entender el nivel de apoyo que tiene este gobierno, recordemos que en el período anterior, desde 1996 hasta el año 2005, los campesinos recibieron sólo 36.814 ha. de tierra o el equivalente a un 5% de lo que les fue entregado ahora. Además de la tierra los campesinos recibieron maquinaria agrícola, créditos estatales sin interés y ayuda de especialistas. En la lucha contra el narcotráfico se logró más que durante toda la anterior historia del país, pero esta vez sin reprimir sino generando para los campesinos otras alternativas de ingresos.
¿Por qué en los medios de comunicación rusos e internacionales no hay lugar para este tipo de noticias? ¿Por qué para explicar el apoyo popular a “los regímenes populistas de izquierda” la prensa rusa habla tanto de “los lumpen” o “grupos marginales” y tan poca atención da a los temas de fondo?
En los cambios sucedidos en el mundo desde el tiempo en que se escribió “Las Venas Abiertas de América Latina” podríamos destacar tres momentos clave: primero, la autodestrucción de la URSS y luego la caída de los “socialismos reales” de Europa Oriental, rechazados por la mayoría de la población de estos países; segundo, lo que se hizo evidente aproximadamente una década después del primero, es el fracaso de las reformas neoliberales en América Latina, hace poco impuestos como una panacea y el único camino para el desarrollo, también rechazado por los habitantes de la mayor parte de los países de la región; y tercero, el más interesante y que resultó ser consecuencia directa de los primeros dos: la aparición en los países de América Latina de nuevas fuerzas sociales que por una vía democrática llegan al poder y empiezan a construir una alternativa. Considerando la ausencia de modelos listos y la inexistencia, en este proceso, de los “hermanos mayores”, este proyecto resulta ser genuinamente latinoamericano y aparte del marxismo clásico es influenciado por las tradiciones comunitarias indígenas y numerosas corrientes cristianas de “la iglesia popular”. Este complejo y contradictorio proceso con todos sus altos y bajos es lo más significativo en la actualidad latinoamericana.
En el pasado siglo XX los movimientos de liberación nacional fueron acusados de esconder “la mano de Moscú” o de implantar “ideas traídas desde fuera”. En estos días, cuando se abrieron varios archivos soviéticos y algunos norteamericanos, los historiadores han comprobado que aparte de la conocida ayuda económica y militar a Cuba, no existió prácticamente ninguna intromisión soviética en los asuntos de América Latina. Pero junto con eso, también es evidente otra cosa. La historia rusa y soviética causó un gran impacto en la región. Como la luz de una estrella lejana y apagada, la cultura rusa, de la que cada vez queda menos en su territorio original, sigue llegando a nuevas generaciones de latinoamericanos. Y cuesta imaginar los actuales procesos en la región, sin la carga humanista de la literatura rusa y sin el desafío histórico al capitalismo hecho alguna vez por un lejano país euroasiático.
Tal vez estos invisibles hilos de cercanía y simpatía mutua son el material más sólido en el tejido del futuro que será resultado de la acción o la inacción del presente. Tal vez a Rusia actual le serviría mirarse al espejo de América Latina, que hoy está dispuesta a devolver una parte de la deuda humana recibida en el pasado reciente. Tal vez, aparte de un merecido lugar en el estante o en el corazón, este libro en Rusia, como alguna vez en América Latina, servirá para algo más importante, algo por lo que se escribían y se escriben los mejores libros: para la construcción de un mundo sin venas abiertas.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
rCR
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=111119
Oleg Yasinsky
Rebelión
Aunque según las crónicas, los primeros europeos que llegaron a América trataron de convencer a sus habitantes de que “el principio fue el verbo”, esta historia empezó con silencio. Como el petróleo de hoy, el oro de ayer definía sus prioridades, y las bocas de las víctimas quedaron mudas frente la barbarie que todavía no tenía nombre en idiomas de estas tierras. Luego los herederos de los verdugos inventarán la prensa, cuyo trabajo consistirá en callar lo importante. El silencio mezclado con sangre llegó a ser la principal amalgama en cinco siglos de esta historia ajena, impuesta a los latinoamericanos.
La admisión a la civilización costó a los indígenas decenas de millones de vidas. Los historiadores más moderados dicen que de los 100 millones de seres humanos que habitaban el continente al momento de su “descubrimiento”, quedaron un siglo después 40 millones. Otros afirman que antes de la llegada de las carabelas de Colon, en América vivían 70 millones de indígenas y pasados cien años ya no eran más de tres millones y medio. Los terceros están convencidos de que durante los primeros 130 años de la conquista fueron aniquilados no menos de un 95% de aborígenes americanos. Independientemente de quien tenga razón hay algo fuera de discusión, la humanidad no conoce mayor genocidio que éste. Para solucionar el problema de fuerza del trabajo, generado por el exterminio de los indios, traían a América esclavos africanos y de 60 millones, metidos por los negreros en las calas, vivos al destino llegaron no más de 10 millones.
Así empezaba esta historia. A las tierras conquistadas les faltó el vocablo capaz de transmitir tanto dolor. Luego hubo mucho silencio, manos ajenas, amaneceres inútiles, noches de nuevo, sueños premonitores, cataclismos de todo tipo, tiempo detenido en la espera, muertes y nacimientos. No fueron Hitler ni Stalin los que inventaron los primeros campos de concentración, ya en el siglo XIX los zoológicos humanos, donde se mostraban familias enteras de “salvajes”, fueron parte importante en las exposiciones universales de Londres y París. Si una vez la ilustrada diosa Europa salió a encontrar su felicidad montando al toro Zeus desde la festiva espuma mediterránea, a América Latina concebida en el abrazo entre el violador y su víctima, le tocó nacer de las olas donde se mezcló sangre de tres continentes. El don del habla volvía de a poco, junto con el don de la mirada. Para darse cuenta de su propia existencia ella necesitaba verse. Las palabras se hacían espejos. Uno de ellos llegó a ser este libro.
Para “Las Venas Abiertas de América Latina” parece que nadie todavía ha logrado encontrar una definición acabada. Un ensayo periodístico, un breve curso de economía, un análisis poético de la política, un análisis político de la cultura, una denuncia, una declaración de amor a un continente entero y sobre todo: un diálogo con el lector.
Sobre este texto, escrito en 1971, no existen opiniones neutras. Ningún otro libro sobre la historia económica del continente fue leído por millones de personas en tantos idiomas; ninguno tuvo tantas reediciones y tantas prohibiciones; para unos éste llegó a ser el mejor libro sobre América Latina, y para otros un peligroso material subversivo.
En lugar de cifras y notas en estas páginas están la vida y la muerte, las voces del pasado advirtiendo sobre el futuro, héroes anónimos, campos de minas y tesoros, colores, olores y paisajes de un mundo, donde lejos de crónicas oficiales y cámaras de televisión sigue la historia, la lucha por la dignidad.
Este libro es necesario para entender el sentido de los actuales cambios políticos del continente y descubrir las causas del nacimiento de sus nuevas fuerzas y movimientos sociales. Es la más completa y honesta narración sobre las semillas de los brotes de hoy y a la vez, un intento por recuperar las páginas arrancadas de la historia, reestablecer nexos entre acontecimientos y generaciones, devolver el sentido a las víctimas del pasado y una vez más, recordar que cada uno de nosotros y toda nuestra sociedad puede y debe ser mejor.
¿De qué nos sirve este libro, escrito ayer sobre Latinoamérica? Tal vez, si al principio de la Perestroika muchos de nosotros lo hubiésemos leído, la historia de nuestro país sería diferente. “Las venas abiertas de América Latina” es un antídoto perfecto para el veneno informativo vertido por los ex funcionarios del partido y sus nuevos jefes. Les urgía convencernos de nuestra inferioridad frente al resto del mundo, para luego sugerir una pronta integración al sistema mundial de mercado, como nuestra única salvación y que la sagrada propiedad privada era la principal garantía de todas nuestras libertades. Enturbiar las aguas estancadas del gerontocrático socialismo “real” no fue difícil y una exuberante pesca les fue asegurada.
Si miramos hoy el territorio que hasta hace poco se llamaba Unión Soviética, frente a nuestros ojos se abrirá un cuadro que dista mucho de los milagros que nos prometieron durante la destrucción del país. Veremos la tragedia de la provincia con sus campesinos hoy inútiles para los economistas; el Cáucaso ensangrentado; Ucrania desgarrada por las mafias de sus políticos… el fondo de todo esto puede ser el humo negro de los tubos de gas, parecidos a mástiles de banderas piratas triunfalmente clavados en las entrañas de nuestra patria, que llegaron a ser botín de un puñado de villanos. Y además, escuelas, hospitales y centros de ciencias, convertidos en mercadería de un gran hipermercado llamado país, y la principal herramienta educacional de la modernidad, televisión…
Si pudiéramos ver todo esto, y luego cruzando el océano miráramos desde arriba a América Latina, tal vez lo que más nos impresionaría sería lo parecido del panorama: los mismos territorios sin fin y la misma increíble diversidad de paisajes, una mezcla entre varias culturas y tradiciones, un mundo de gigantesco potencial natural y humano que llegó a ser tierra ajena para la mayoría de sus propios hijos.
Una patria donde todo lo ajeno, desde los nombres hasta las ideas, es un sinónimo de progreso y todo lo propio es un indicador de atraso.
Una tierra fabulosamente rica y alienada… Las carreteras que dividen el continente, construidas desde lugares de la extracción de sus principales tesoros hacia los puertos, para que como se cuenta en este libro, la riqueza de la tierra genere la miseria de sus habitantes… La emigración como el camino más seguro de escape a la pobreza o como sinónimo de una carrera profesional ideal… La fuga de los cerebros, de las manos, de la sangre… Es América Latina… la que está mucho más cerca de nosotros, de aquella que indican los mapas…
En el año 2010 Rusia gastará en imagen país más que en la lucha contra el desempleo, que a principios de año llegó, según los datos oficiales, al 9,2% de la población económicamente activa. Los canales centrales de televisión gastan la mayor parte de sus noticieros en notas positivas sobre el poder, que controla casi por completo todos los medios de comunicación.
Las pérdidas demográficas durante las dos décadas de reformas económicas son comparables a las bajas de un país en guerra. Desde 1989 hasta el año 2009 la mortalidad superaba la natalidad y desde 1990 hasta el 2010 la población de la Federación de Rusia descendió de 147 a 142 millones, o sea, estaba disminuyendo con la velocidad de un cuarto de millón de personas por año.
Antes del inicio de las reformas el PIB de la URSS era el segundo del mundo y en 1985 correspondía a un 40% del PIB de los Estados Unidos de América. Nos convencían que la causa principal de nuestro atraso e ineficiencia era el socialismo “que obliga a Rusia a mantener las empobrecidas economías de otras repúblicas del país”. 17 años después de la desarticulación de la URSS y del socialismo, el PIB de Rusia ocupó el octavo lugar y correspondía en el año 2008 a menos de un 30% del PIB de los Estados Unidos.
Prometiéndonos una sociedad de las posibilidades ilimitadas, olvidaron avisarnos de la posibilidad de que en Rusia actual podría haber más niños huérfanos que en los años de la Segunda Guerra Mundial: ahora son más de 700.000 frente a 678.000 en la década de los 40. En el año 1989 había 87.000. Dos tercios de ellos son huérfanos sociales, es decir, sus padres están vivos. El país otrora “más lector del mundo” hoy día tiene dos millones de adolescentes analfabetos. Un 34% de rusos con título universitario nunca leyó un libro que no fuese de su especialidad, y según la última encuesta tampoco muestra interés en ello.
En los absurdos conflictos internos del espacio postsoviético murieron cientos de miles de personas, en su gran mayoría civiles. Y existen todas las razones para suponer que las verdaderas causas de estas guerras no son ni étnicas ni religiosas, todas fueron desatadas conscientemente por las nuevas elites políticas que persiguen sus fines. Imagínense lo peor y no se equivocarán. Durante la presidencia del principal zar democrático Boris Yeltzin, la aviación rusa bombardeaba Grozny, ciudad rusa y capital de la Autonomía Chechena. Después se enviaban millones para su reconstrucción. Luego de nuevo caían bombas. Era no más que una de las tantas maneras para acumulación primaria de capitales.
Antes de Yeltzin, el último que bombardeó ciudades de su propio país fue el tirano nicaragüense Anastasio Somoza y esto sucedió durante la rebelión popular de 1979. Un colega de Somoza, el sangriento dictador chileno Augusto Pinochet, padre espiritual de muchos reformadores “demócratas” postsoviéticos, solía decir que “hay que cuidar a los ricos para que den más”. Él afirmaba que mientras más ricos fuesen los ricos, más tocaría a los pobres. Su legado se hizo realidad en la Rusia postcomunista. El actual estado ruso, liberado de sus pesadas obligaciones con los ciudadanos, demuestra una conmovedora preocupación por los millonarios. Y esto da frutos. Si en el año 2000 entre los millonarios en dólares no hubo ni un solo ruso, ya en el 2006 aparecieron 33 (tres cuartos de ellos hicieron su fortuna vendiendo petróleo, gas y metales). Hoy ya son 62, 12 de los cuales trabajan en el Duma Estatal (Parlamento) y en el Consejo de la Federación, tal vez ayudando al país a mantener el segundo lugar después de Estados Unidos por el número de billonarios.
Mientras la elite económica, que corresponde aproximadamente a un millón y medio de personas, disfruta los niveles más altos del consumo, dos tercios de los rusos ven la jubilación como una catástrofe.
Armando el escenario con decoraciones patrióticas y hablando del renacimiento nacional, el poder no nos cuenta que la deuda externa de la Federación de Rusia entre el año 2003 y el 2008 se triplicó y llegó a la cifra de 471.000 millones de dólares. La deuda externa de la URSS heredada a Rusia en 1991 era de 95.000 millones de dólares.
La lucha por restaurar el capitalismo en la URSS se hizo bajo lemas de la democratización del poder y la participación ciudadana en procesos políticos. Dos décadas después del inicio de las reformas, un 85% de ciudadanos de Rusia democrática no ve posibilidad alguna para influir en las decisiones del estado y un 77% de la población cree no estar preparada para participar en la vida política del país. ¿Este infantilismo ciudadano está en la sangre del pueblo?, como trata de convencernos el poder, ¿o es resultado de un sistemático trabajo de los medios de comunicación y organismos represivos castradores del activismo social?
Para reformatear el disco duro de los pueblos que empezaban a despertar, el mensaje cultural de las dictaduras latinoamericanas estaba claro y consistía en anular en los ciudadanos el interés por la política. Para mantenerse y perdurar, el poder necesitaba convencer a sus víctimas de que toda la política es algo sucio y que la gente decente debería mantener distancia de todo esto, pues los ejemplos nunca faltan. Los nuevos maestros siguiendo los nuevos programas escolares se apresuran en presentar la cobardía como la prudencia y el oportunismo como el pragmatismo. Cuando, como resultado de este proceso reeducativo, en la sociedad se acumula suficiente estupidez y cinismo, se abre el circo de la democracia donde por una nueva orden de los de arriba, los payasos y los domadores invitarán a los de abajo a su rol de actores secundarios.
El análisis político de los últimos 500 años de historia latinoamericana sugerido por el autor de “Las Venas Abiertas….” es una importante clave para comprender la lógica de los últimos 20 años en la historia rusa. Y no sólo. Este libro lo necesitamos también para que viendo los clichés sobre “la orientación europea” y “los valores occidentales”, no nos olvidemos del precio humano que pagó y sigue pagando el “tercer mundo” por los logros del mundo “primero”. Para preguntarnos por quiénes fueron numerados nuestros mundos y para no creer que el destino final de la humanidad es el juego de la “guerra de las civilizaciones”, un término nazi inventado por el actual poder planetario para dividir y reinar. Y para que criticando con razón la trágica experiencia del así llamado “socialismo real”, no caigamos una vez más en la trampa de idealizar la más canibalesca de las construcciones sociales: el capitalismo.
“Las Venas Abiertas de América Latina” fue leído por diferentes generaciones. No podemos medir con precisión la influencia de los libros en la historia, pero parece evidente que bajo un notorio impacto de la palabra de Galeano se formaron muchos de los actuales dirigentes políticos de la región, y algunas de las venas de América Latina ya no sangran más.
Si en los tiempos de La Conquista el genocidio de los indios se llamaba en la neolengua de los invasores “la pacificación”, la actual guerra informativa contra el gobierno venezolano suele llamarse “lucha por la democracia”. Suponiendo que queda todavía alguien en pleno uso de sus facultades mentales capaz de creer que los funcionarios del Departamento del Estado de los EEUU realmente están preocupados por la democracia en Cuba o en Venezuela. Los partidos políticos de la oposición venezolana tienen tan baja popularidad que desde hace tiempo su rol tomó la televisión privada, hablando de la “locura” del “dictador”. La principal “locura” de Chávez es ser el primer presidente que cumple sus compromisos electorales y encabeza reformas que favorecen a la mayor parte de la población y no a los grupos económicos. Los horrores de esta “dictadura” son varios, como por ejemplo: cerca de un 80% de los medios de comunicación venezolanos siguen perteneciendo a la oposición, en las cárceles no hay ni un solo preso político y las numerosas campañas electorales, reconocidas como transparentes por todos los observadores internacionales, siguen ganando los partidarios del socialismo. La principal diferencia con la mayoría de las democracias vecinas está en que dentro de este proceso político participan cada vez más los ciudadanos comunes. Mientras tanto el gobierno de los EEUU acusa a Venezuela de “intervenir en los asuntos de los vecinos”. Esta “intervención” consiste en el apoyo político y financiero a proyectos de integración en la región. La oposición, que es la ex elite política del país, maldice a Chávez por “entregar el dinero de nuestro petróleo a los indios y mendigos”. Respecto a lo anterior, los campesinos venezolanos dicen que “nuestros hermanos necesitan ayuda y nuestro principal deber cristiano es compartir con el prójimo”.
Una de las “víctimas” del “imperialismo venezolano” llegó a ser Bolivia, el país más indígena de América, donde en enero del año 2006 llegó al poder Evo Morales, el primer indígena presidente, quien dice que va a “mandar obedeciendo”, como hablan los zapatistas mexicanos, también que el socialismo no es un producto importado desde Europa, sino una norma de vida en los antiguos pueblos americanos, y esto significa que las riquezas de la madre tierra, como agua y aire, no pueden pertenecer a nadie. Y él no sólo habla. A pesar del chantaje y las amenazas, Bolivia recuperó sus principales riquezas minerales: gas, petróleo y estaño. Por sus yacimientos este país es el más rico en la región, pero durante todo el siglo XX entre los pobres vecinos fue el más pobre. En Bolivia donde los pueblos originarios son la mayoría absoluta, casi un tercio de la población indígena fue completamente analfabeta y cerca de la mitad no tuvo acceso a la salud. Aún más, ni siquiera tenían documentos de identidad.
Antes de terminar el tercer año de este gobierno, Bolivia con ayuda de Cuba y Venezuela logró reducir el analfabetismo de 16% a 1,7%. Si desde el año 2003 al 2005 en el país se construyeron 187 escuelas nuevas, en los primeros dos años del gobierno de Evo se construyeron 426. Si en el 2005 los bolivianos recibieron 1,3 millones de consultas medicas gratuitas, en el 2008 la cifra fue ya de 15,8 millones.
El crecimiento económico llegó en el año 2008 a un 6,1%: el récord histórico desde la proclamación de la independencia. La reserva nacional de divisa aumentó más de seis veces en comparación con el nivel promedio del período entre 1996 y 2005. El saldo positivo del presupuesto nacional, que apareció el año 2006 por primera vez en las últimas décadas, al año siguiente llegó a un 5,2% y la recaudación de los impuestos aumentó dos veces y media. Como resultado de la nacionalización de la industria de hidrocarburos, la ganancia de Bolivia sólo en la primera mitad del 2008 llegó a 2.627 millones de dólares en comparación con los 565 millones de todo el 2004, período anterior a la nacionalización, o sea la diferencia es casi de uno a diez.
Durante los primeros dos años y medio del gobierno de Evo, los campesinos bolivianos recibieron del estado 737.029 hectáreas de tierra, dando como resultado que en la actualidad casi no quedan campesinos sin tierra. Para entender el nivel de apoyo que tiene este gobierno, recordemos que en el período anterior, desde 1996 hasta el año 2005, los campesinos recibieron sólo 36.814 ha. de tierra o el equivalente a un 5% de lo que les fue entregado ahora. Además de la tierra los campesinos recibieron maquinaria agrícola, créditos estatales sin interés y ayuda de especialistas. En la lucha contra el narcotráfico se logró más que durante toda la anterior historia del país, pero esta vez sin reprimir sino generando para los campesinos otras alternativas de ingresos.
¿Por qué en los medios de comunicación rusos e internacionales no hay lugar para este tipo de noticias? ¿Por qué para explicar el apoyo popular a “los regímenes populistas de izquierda” la prensa rusa habla tanto de “los lumpen” o “grupos marginales” y tan poca atención da a los temas de fondo?
En los cambios sucedidos en el mundo desde el tiempo en que se escribió “Las Venas Abiertas de América Latina” podríamos destacar tres momentos clave: primero, la autodestrucción de la URSS y luego la caída de los “socialismos reales” de Europa Oriental, rechazados por la mayoría de la población de estos países; segundo, lo que se hizo evidente aproximadamente una década después del primero, es el fracaso de las reformas neoliberales en América Latina, hace poco impuestos como una panacea y el único camino para el desarrollo, también rechazado por los habitantes de la mayor parte de los países de la región; y tercero, el más interesante y que resultó ser consecuencia directa de los primeros dos: la aparición en los países de América Latina de nuevas fuerzas sociales que por una vía democrática llegan al poder y empiezan a construir una alternativa. Considerando la ausencia de modelos listos y la inexistencia, en este proceso, de los “hermanos mayores”, este proyecto resulta ser genuinamente latinoamericano y aparte del marxismo clásico es influenciado por las tradiciones comunitarias indígenas y numerosas corrientes cristianas de “la iglesia popular”. Este complejo y contradictorio proceso con todos sus altos y bajos es lo más significativo en la actualidad latinoamericana.
En el pasado siglo XX los movimientos de liberación nacional fueron acusados de esconder “la mano de Moscú” o de implantar “ideas traídas desde fuera”. En estos días, cuando se abrieron varios archivos soviéticos y algunos norteamericanos, los historiadores han comprobado que aparte de la conocida ayuda económica y militar a Cuba, no existió prácticamente ninguna intromisión soviética en los asuntos de América Latina. Pero junto con eso, también es evidente otra cosa. La historia rusa y soviética causó un gran impacto en la región. Como la luz de una estrella lejana y apagada, la cultura rusa, de la que cada vez queda menos en su territorio original, sigue llegando a nuevas generaciones de latinoamericanos. Y cuesta imaginar los actuales procesos en la región, sin la carga humanista de la literatura rusa y sin el desafío histórico al capitalismo hecho alguna vez por un lejano país euroasiático.
Tal vez estos invisibles hilos de cercanía y simpatía mutua son el material más sólido en el tejido del futuro que será resultado de la acción o la inacción del presente. Tal vez a Rusia actual le serviría mirarse al espejo de América Latina, que hoy está dispuesta a devolver una parte de la deuda humana recibida en el pasado reciente. Tal vez, aparte de un merecido lugar en el estante o en el corazón, este libro en Rusia, como alguna vez en América Latina, servirá para algo más importante, algo por lo que se escribían y se escriben los mejores libros: para la construcción de un mundo sin venas abiertas.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
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