miércoles, agosto 11, 2010

La Fabrique scolaire de l’histoire, un libro para reflexionar y actuar

La Fabrique scolaire de l’histoire, un libro para reflexionar y actuar



Tomado de http://www.rebelion.org/noticia.php?id=111168

Vladislav Marjanović

Tlaxcala

Traducido por Guillermo F. Parodi y editado por Manuel Talens

La verdad es que no se hubiera podido encontrar un mejor título para un libro sobre la enseñanza de la Historia en las escuelas francesas. En efecto, esta recopilación de artículos de especialistas en la materia, publicado en 2009 por la editorial Agone, bajo la dirección de Laurence de Cock y de Emmanuelle Picard, pone el dedo en una llaga ya bien purulenta de la educación escolar: la degradación sistemática del tratamiento de la Historia en la sociedad contemporánea. Se trata de un trabajo del “Comité de Vigilancia sobre el uso público de la Historia”, fundado en Francia en 2005 con el objetivo de reaccionar contra la instrumentalización del pasado.

El objetivo que tiene en su punto de mira es la situación en Francia. Pero puede muy bien ser la de todos los demás países, puesto que, ¿cuál hoy es el lugar de la Historia en nuestro bonito mundo global, si no el de un pariente pobre cuyo nombre no se menciona en los discursos oficiales sobre la financiación de la investigación científica?

Lamentablemente, la Historia no produce mercancías que puedan venderse y no mueve dinero. Una sociedad basada en estos principios puede incluso considerarla superflua.

Pero no es ese el problema que los autores de los textos publicados en la “La Fábrica escolar de la historia” han elegido resaltar. Lo que les preocupa es la forma en que la Historia se ha enseñado y se sigue enseñando. La conclusión es abrumadora: no fueron ni los científicos, ni los pedagogos quienes tuvieron la última palabra en la elaboración de los programas de historia, sino el Estado o, en particular, los círculos gubernamentales, que decidían en función de lo que consideraban su interés. Sólo cambiaron los objetivos del programa y su carácter. De la historia de los eventos, sobre todo políticos, en la cual se exigía de los alumnos el conocimiento preciso de nombres, fechas y lugares, se pasó a una historia de las representaciones y de los grandes temas. Desde entonces, se hace hincapié en las imágenes y las memorias en detrimento del acontecimiento, en lo político, en lo económico y en lo social. Así pues, en el primer caso, aprendían datos presentados en una continuidad, lo cual permitía fijar el lugar de los acontecimientos, pero por necesidades (políticas), si era necesario, se los deformaba o simplemente se los omitía. En el otro caso, la línea de evolución histórica se quiebra para beneficiar temas “transversales” y de “largo alcance”. Este enfoque, en apariencia más imparcial, ofrece pocas referencias que permitan comprender las causas de los eventos en toda su complejidad y permite que la manipulación de la Historia quede prácticamente intacta.

Pese a que los métodos de enseñanza hayan cambiado, el alumno en nada se beneficia. Al contrario, incluso ha salido perdiendo, dado que la enseñanza moderna favorece las generalizaciones al jugar con las “imágenes” y la sensibilización, en detrimento del análisis y la expresión. Por otra parte, la tendencia de los jefes de Estado a dar directivas sobre la interpretación de la Historia no ha desaparecido. Los presidentes Chirac y Sarkozy no dudaron en indicar a los historiadores que deben tener en cuenta el aspecto positivo del colonialismo. Incluso, se votó una ley (la ley del 23 de febrero de 2005 “sobre el papel positivo de la presencia francesa en ultramar”), retirada más tarde bajo la presión de la opinión pública. El hecho de que la enseñanza de la historia esté dirigida por los representantes del Estado, a veces por los de más alto nivel (como fue el caso de Georges Pompidou a principios de los años setenta), que no son ni historiadores ni pedagogos, no tuvo en el fondo más que un solo objetivo: el de impedir la formación de un espíritu crítico a fin de modelar una opinión pública a su gusto con un uso engañoso de los modelos y representaciones del pasado. He ahí, entonces, esas “ilusiones y desilusiones de la novela nacional”, como sugiere el subtítulo de la “Fábrica escolar de la Historia”.

Sin embargo pese a ser su lectura muy interesante e instructiva, los autores omiten en el libro la propuesta de alternativas. Así es difícil discernir qué métodos, qué pedagogía, permitirían reemplazar a la “Fábrica escolar de la Historia” ahora existente. La lectura de este libro deja la impresión de que los autores no parecen suficientemente interesados en la estructura mental de los escolares. Deberían haber tener en cuenta que la tierna edad de los estudiantes no les permite desarrollar un espíritu crítico sobre representaciones demasiado conceptuales. Sin el conocimiento de los hechos y de su encadenamiento, ¿cómo orientarse en el tiempo y en el espacio, cómo obtener las referencias y cómo comprender el mensaje que les lega el pasado? Para lograrlo ¿no será necesaria una narración simple y fácil de comprender? Los académicos de marca mayor tanto como los funcionarios de los ministerios que diseñan la enseñanza de la Historia en las escuelas tienen a menudo la tendencia a olvidar que los jóvenes prefieren el relato histórico en el que los eventos se encadenan y de los que querrían conocer la continuación, en vez de una presentación estática de los hechos, incluso si están respaldados por ilustraciones, mapas y estadísticas. Igualmente, el conocimiento de los protagonistas, de sus actos y motivaciones los motiva más que la exposición despersonalizada de grandes movimientos de pueblos y civilizaciones. Mediante esa argucia podría facilitarse enormemente el desarrollo de la argumentación y el espíritu crítico. ¿Por qué, entonces, no usarla?

Ahora bien, si una sociedad teme el desarrollo del espíritu crítico, y prefiere empobrecerlo, incluso hasta destruirlo, la mejor forma de lograrlo es privando a las nuevas generaciones de la capacidad de argumentar, sobre la base del conocimiento de los hechos históricos, del contexto de la época y de los intereses (ajenos a la moral) que los animan. Cuanto menos se conoce el pasado, menos se comprende el presente, se es también menos maduro como individuo o ciudadano y, a causa de ello, la posibilidad de que haya tentativas de cambiar el orden existente disminuye. La disminución de los cursos de Historia en la enseñanza escolar y la preferencia otorgada a los aspectos culturales sobre los que afectan a los intereses políticos y económicos ¿no concuerdan con esta lógica? Los autores de la “Fábrica de la Historia”, que, sin embargo, han indicado claramente cómo a lo largo del tiempo se manipulaba el discurso sobre la historia colonial, incluso sobre la Revolución francesa, parecen no atreverse a ir tan lejos en sus análisis. Perderá el tiempo quien busque palabras como “la manipulación de las mentes”, “propaganda” o “mitología política”. No encontrará ni la reflexión sobre el papel de los grupos industriales, de los círculos financieros, de las compañías multinacionales en la formación de la sociedad moderna y su impacto sobre la enseñanza de la Historia. No hay ninguna referencia al problema de la avidez por el poder, de la riqueza material, de la influencia del poder, de la irracionalidad de la dominación que, en nombre de las ideologías, incluidas las religiones, minan desde siempre la humanización de la sociedad. Probablemente, los autores, prefieren evitar que los traten de adeptos a las teorías de la conspiración. Pero, por otra parte, incluso si no ponen en evidencia explícitamente el tema de la descomposición del relato histórico como consecuencia de la mundialización mercantil, el contenido de sus trabajos deja percibir que de eso se trata.

El problema, al menos, está planteado. Queda pendiente encontrar la solución. No sólo en Francia, sino en todos los países del mundo. Puesto que la “Fabrica de la Historia” funciona en todas partes y la instrumentación de los dramas continúa. Después del bicentenario, La Revolución Francesa se ve privada de su importancia, el Holocausto convertido en tabú, los gulags ignorados y las masacres a ciegas de civiles, en los Balcanes o en África, seleccionadas y en caso necesario denominadas “genocidios” a fin de permitir que la “comunidad internacional” intervenga en esas zonas y que las multinacionales se establezcan allí. La Historia debe reaprenderse para que pueda responder a la misión de la que ha sido privada hasta el presente, a saber, la de orientar la vida de las generaciones futuras. Pero mientras se la siga “fabricando” ese objetivo no podrá alcanzarse. El mérito de “La Fábrica escolar de la Historia” consiste, sin embargo, en haber demostrado la perversidad de este método aplicado por el Estado en nombre de intereses muy ajenos a los científicos o pedagógicos. En ese sentido se trata de un libro que invita a reflexionar y a actuar.

Fuente: http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=885

martes, agosto 10, 2010

Muere el historiador Tony Judt, historiador y experto en cuestiones europeas

El historiador Tony Judt muere a los 62 años tras luchar contra la enfermedad de Lou Gehrig


Democracy Now

Tony Judt, ampliamente considerado como uno de los historiadores más importantes de la Europa actual, murió el viernes, dos años después de que se le diagnosticara la enfermedad de Lou Gehrig. Posiblemente lo más polémico de Judt sean sus críticas hacia Israel. Durante su adolescencia fue un firme partidario del sionismo y pasó muchos veranos en un kibbutz en Israel. Pero en 2003 hizo la conocida crítica a Israel en términos de anacronismo y esbozó una justificación para una solución del problema mediante un estado secular y binacional de palestinos e israelíes. Mostramos algunos fragmentos de sus comentarios durante un debate celebrado en 2006 sobre el poder del lobby israelí.
Fuente: http://www.democracynow.org/es/programas/2010/8/9#historian_tony_judt_62_dies_after


Tony Judt, historiador y experto en cuestiones europeas

Su crónica 'Posguerra' es un análisis monumental del continente desde 1945
DAVID ALANDETE 08/08/2010


Tomado de http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Tony/Judt/historiador/experto/cuestiones/europeas/elpepusoc/20100808elpepusoc_1/Tes

Tony Judt, uno de los historiadores e investigadores de la Europa de finales del siglo XX más respetados en su profesión, falleció este viernes en su residencia de Nueva York, según confirmó la Universidad de Nueva York, para la que trabajaba como profesor. Tenía 62 años y había padecido, durante casi dos años, los devastadores efectos de la enfermedad de Lou Gehrig, o esclerosis lateral amiotrófica.
Prisionero en su propio cuerpo

Tormenta en torno a Tony Judt

Noche

Judt nació en el seno de una familia judía de Reino Unido en 1948. En su juventud vivió en un kibutz en Israel. La experiencia en la granja colectiva constituyó una etapa importante de su formación y le marcó como sionista de izquierdas durante algunos años. Llegó a servir como conductor voluntario en la Guerra de los Seis Días que enfrentó a Israel con la coalición de países árabes en 1967.

Aquel fervor sionista de juventud, sin embargo, no le duró mucho. Pronto cambió su izquierdismo con toques radicales por unas posturas más socialdemócratas. Y en sus textos criticó no solo el poder y la prominencia internacional de Estados Unidos, sino el peso de las instituciones judías dentro de la arquitectura política norteamericana.

Su obra más famosa, publicada en 2005, es Posguerra: Una historia de Europa desde 1945, una crónica monumental del continente en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. En su análisis, Judt afirma que la cooperación de los países europeos en los 30 años posteriores a la caída de Adolf Hitler da muestra de que el pacifismo y el multilateralismo pueden engendrar una estabilidad y una prosperidad duraderas. Con Posguerra quedó finalista al Premio Pulitzer en 2006.

"América tendría el mayor Ejército y China crearía más productos, y más baratos", escribe en la conclusión del libro. "Pero ni América ni China disponían de un modelo útil que sirviera para la emulación universal. A pesar de los horrores de su reciente pasado, y en gran medida gracias a ellos, eran los europeos los que ahora estaban genuinamente posicionados para ofrecerle al mundo algún modesto consejo sobre cómo evitar repetir los errores del pasado. Pocos lo habrían dicho hace 60 años, pero puede que el siglo XXI pertenezca aún a los europeos".

Era profesor de la Universidad de Nueva York desde 1987. En esa institución ayudó a fundar el Instituto Remarque, donde investigaba y enseñaba historia reciente de Europa. Judt cuenta nueve libros, sobre todo análisis respetados en ese campo. Aparte, colaboraba con la revista New York Review of Books, en la que consagró su cambio de ideas sobre el conflicto árabe-israelí . En un polémico análisis de 2003, proclamó que Israel era un "anacronismo" y pidió la creación de un estado binacional repartido entre árabes y judíos. Uno de sus últimos artículos defendía que las críticas a los actos de fuerza del Ejecutivo de Israel no están motivadas por el antisemitismo y que, además, el abuso de este calificativo es peligroso para la memoria del Holocausto.

En otoño de 2008 se le diagnosticó esclerosis lateral amiotrófica (ELA), que provoca una progresiva parálisis de los músculos. Se trata de la misma enfermedad degenerativa que padece el científico Stephen Hawking. Judt estaba paralizado de cuello para abajo. Le costaba tragar, hablar, incluso sujetar la mandíbula. Necesitaba ayuda para prácticamente todo.

A lo largo de sus últimos meses, escribió acerca de su enfermedad y sobre sus impresiones de la vida, lo que supuso un giro a su carrera y la inauguración de una nueva etapa de reflexiones muchos más personales. En cuestión de meses, Tony Judt se convirtió en cuadripléjico, necesitado de un tubo de oxígeno para respirar. Su mente, sin embargo, estaba intacta, y siguió produciendo sus lúcidos análisis sin mella alguna, casi hasta su último día de vida.

Prisionero en su propio cuerpo

El pasado enero EL PAÍS publicó el relato en primera persona del día a día de la enfermedad de Tony Judt. Estos son algunos extractos de su experiencia.

"Padezco un trastorno neuromotor, en mi caso una variante de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA): la enfermedad de Lou Gehrig...".

"Los rasgos distintivos de la ELA —la menos habitual de esta familia de enfermedades neuromusculares— son que no hay pérdida de sensación (lo cual tiene sus ventajas y sus desventajas) y que no hay dolor. Por consiguiente, al contrario que en casi cualquier otra enfermedad grave o mortal, aquí uno tiene la posibilidad de contemplar a sus anchas y con unas incomodidades mínimas el catastrófico avance de su propio deterioro...".

"Es verdad que esta enfermedad tiene una dimensión enriquecedora: gracias a mi imposibilidad de tomar notas o prepararlas, mi memoria —que ya era bastante buena— ha mejorado considerablemente, con la ayuda de técnicas adaptadas del "palacio de la memoria" descrito de forma tan intrigante por Jonathan Spence. Pero es bien sabido que las pequeñas satisfacciones que compensan por algo son pasajeras. No tiene nada de bueno estar encerrado en un traje de hierro, frío e implacable. Los placeres de la agilidad mental están sobrevalorados, como es inevitable —me parece ahora—, por quienes no dependen exclusivamente de ellos. Lo mismo se puede decir, en gran parte, de las palabras de ánimo bienintencionadas que sugieren que encontremos compensaciones no físicas cuando lo físico falla. Es inútil. Una pérdida es una pérdida, y no se gana nada llamándola con un nombre más bonito. Mis noches son interesantes; pero podría vivir muy bien sin ellas.

Prólogo a la edición rusa de "Las venas abiertas de América Latina"

Prólogo a la edición rusa de "Las venas abiertas de América Latina"

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=111119



Oleg Yasinsky

Rebelión
Aunque según las crónicas, los primeros europeos que llegaron a América trataron de convencer a sus habitantes de que “el principio fue el verbo”, esta historia empezó con silencio. Como el petróleo de hoy, el oro de ayer definía sus prioridades, y las bocas de las víctimas quedaron mudas frente la barbarie que todavía no tenía nombre en idiomas de estas tierras. Luego los herederos de los verdugos inventarán la prensa, cuyo trabajo consistirá en callar lo importante. El silencio mezclado con sangre llegó a ser la principal amalgama en cinco siglos de esta historia ajena, impuesta a los latinoamericanos.

La admisión a la civilización costó a los indígenas decenas de millones de vidas. Los historiadores más moderados dicen que de los 100 millones de seres humanos que habitaban el continente al momento de su “descubrimiento”, quedaron un siglo después 40 millones. Otros afirman que antes de la llegada de las carabelas de Colon, en América vivían 70 millones de indígenas y pasados cien años ya no eran más de tres millones y medio. Los terceros están convencidos de que durante los primeros 130 años de la conquista fueron aniquilados no menos de un 95% de aborígenes americanos. Independientemente de quien tenga razón hay algo fuera de discusión, la humanidad no conoce mayor genocidio que éste. Para solucionar el problema de fuerza del trabajo, generado por el exterminio de los indios, traían a América esclavos africanos y de 60 millones, metidos por los negreros en las calas, vivos al destino llegaron no más de 10 millones.

Así empezaba esta historia. A las tierras conquistadas les faltó el vocablo capaz de transmitir tanto dolor. Luego hubo mucho silencio, manos ajenas, amaneceres inútiles, noches de nuevo, sueños premonitores, cataclismos de todo tipo, tiempo detenido en la espera, muertes y nacimientos. No fueron Hitler ni Stalin los que inventaron los primeros campos de concentración, ya en el siglo XIX los zoológicos humanos, donde se mostraban familias enteras de “salvajes”, fueron parte importante en las exposiciones universales de Londres y París. Si una vez la ilustrada diosa Europa salió a encontrar su felicidad montando al toro Zeus desde la festiva espuma mediterránea, a América Latina concebida en el abrazo entre el violador y su víctima, le tocó nacer de las olas donde se mezcló sangre de tres continentes. El don del habla volvía de a poco, junto con el don de la mirada. Para darse cuenta de su propia existencia ella necesitaba verse. Las palabras se hacían espejos. Uno de ellos llegó a ser este libro.

Para “Las Venas Abiertas de América Latina” parece que nadie todavía ha logrado encontrar una definición acabada. Un ensayo periodístico, un breve curso de economía, un análisis poético de la política, un análisis político de la cultura, una denuncia, una declaración de amor a un continente entero y sobre todo: un diálogo con el lector.

Sobre este texto, escrito en 1971, no existen opiniones neutras. Ningún otro libro sobre la historia económica del continente fue leído por millones de personas en tantos idiomas; ninguno tuvo tantas reediciones y tantas prohibiciones; para unos éste llegó a ser el mejor libro sobre América Latina, y para otros un peligroso material subversivo.

En lugar de cifras y notas en estas páginas están la vida y la muerte, las voces del pasado advirtiendo sobre el futuro, héroes anónimos, campos de minas y tesoros, colores, olores y paisajes de un mundo, donde lejos de crónicas oficiales y cámaras de televisión sigue la historia, la lucha por la dignidad.

Este libro es necesario para entender el sentido de los actuales cambios políticos del continente y descubrir las causas del nacimiento de sus nuevas fuerzas y movimientos sociales. Es la más completa y honesta narración sobre las semillas de los brotes de hoy y a la vez, un intento por recuperar las páginas arrancadas de la historia, reestablecer nexos entre acontecimientos y generaciones, devolver el sentido a las víctimas del pasado y una vez más, recordar que cada uno de nosotros y toda nuestra sociedad puede y debe ser mejor.

¿De qué nos sirve este libro, escrito ayer sobre Latinoamérica? Tal vez, si al principio de la Perestroika muchos de nosotros lo hubiésemos leído, la historia de nuestro país sería diferente. “Las venas abiertas de América Latina” es un antídoto perfecto para el veneno informativo vertido por los ex funcionarios del partido y sus nuevos jefes. Les urgía convencernos de nuestra inferioridad frente al resto del mundo, para luego sugerir una pronta integración al sistema mundial de mercado, como nuestra única salvación y que la sagrada propiedad privada era la principal garantía de todas nuestras libertades. Enturbiar las aguas estancadas del gerontocrático socialismo “real” no fue difícil y una exuberante pesca les fue asegurada.

Si miramos hoy el territorio que hasta hace poco se llamaba Unión Soviética, frente a nuestros ojos se abrirá un cuadro que dista mucho de los milagros que nos prometieron durante la destrucción del país. Veremos la tragedia de la provincia con sus campesinos hoy inútiles para los economistas; el Cáucaso ensangrentado; Ucrania desgarrada por las mafias de sus políticos… el fondo de todo esto puede ser el humo negro de los tubos de gas, parecidos a mástiles de banderas piratas triunfalmente clavados en las entrañas de nuestra patria, que llegaron a ser botín de un puñado de villanos. Y además, escuelas, hospitales y centros de ciencias, convertidos en mercadería de un gran hipermercado llamado país, y la principal herramienta educacional de la modernidad, televisión…

Si pudiéramos ver todo esto, y luego cruzando el océano miráramos desde arriba a América Latina, tal vez lo que más nos impresionaría sería lo parecido del panorama: los mismos territorios sin fin y la misma increíble diversidad de paisajes, una mezcla entre varias culturas y tradiciones, un mundo de gigantesco potencial natural y humano que llegó a ser tierra ajena para la mayoría de sus propios hijos.

Una patria donde todo lo ajeno, desde los nombres hasta las ideas, es un sinónimo de progreso y todo lo propio es un indicador de atraso.

Una tierra fabulosamente rica y alienada… Las carreteras que dividen el continente, construidas desde lugares de la extracción de sus principales tesoros hacia los puertos, para que como se cuenta en este libro, la riqueza de la tierra genere la miseria de sus habitantes… La emigración como el camino más seguro de escape a la pobreza o como sinónimo de una carrera profesional ideal… La fuga de los cerebros, de las manos, de la sangre… Es América Latina… la que está mucho más cerca de nosotros, de aquella que indican los mapas…

En el año 2010 Rusia gastará en imagen país más que en la lucha contra el desempleo, que a principios de año llegó, según los datos oficiales, al 9,2% de la población económicamente activa. Los canales centrales de televisión gastan la mayor parte de sus noticieros en notas positivas sobre el poder, que controla casi por completo todos los medios de comunicación.

Las pérdidas demográficas durante las dos décadas de reformas económicas son comparables a las bajas de un país en guerra. Desde 1989 hasta el año 2009 la mortalidad superaba la natalidad y desde 1990 hasta el 2010 la población de la Federación de Rusia descendió de 147 a 142 millones, o sea, estaba disminuyendo con la velocidad de un cuarto de millón de personas por año.

Antes del inicio de las reformas el PIB de la URSS era el segundo del mundo y en 1985 correspondía a un 40% del PIB de los Estados Unidos de América. Nos convencían que la causa principal de nuestro atraso e ineficiencia era el socialismo “que obliga a Rusia a mantener las empobrecidas economías de otras repúblicas del país”. 17 años después de la desarticulación de la URSS y del socialismo, el PIB de Rusia ocupó el octavo lugar y correspondía en el año 2008 a menos de un 30% del PIB de los Estados Unidos.

Prometiéndonos una sociedad de las posibilidades ilimitadas, olvidaron avisarnos de la posibilidad de que en Rusia actual podría haber más niños huérfanos que en los años de la Segunda Guerra Mundial: ahora son más de 700.000 frente a 678.000 en la década de los 40. En el año 1989 había 87.000. Dos tercios de ellos son huérfanos sociales, es decir, sus padres están vivos. El país otrora “más lector del mundo” hoy día tiene dos millones de adolescentes analfabetos. Un 34% de rusos con título universitario nunca leyó un libro que no fuese de su especialidad, y según la última encuesta tampoco muestra interés en ello.

En los absurdos conflictos internos del espacio postsoviético murieron cientos de miles de personas, en su gran mayoría civiles. Y existen todas las razones para suponer que las verdaderas causas de estas guerras no son ni étnicas ni religiosas, todas fueron desatadas conscientemente por las nuevas elites políticas que persiguen sus fines. Imagínense lo peor y no se equivocarán. Durante la presidencia del principal zar democrático Boris Yeltzin, la aviación rusa bombardeaba Grozny, ciudad rusa y capital de la Autonomía Chechena. Después se enviaban millones para su reconstrucción. Luego de nuevo caían bombas. Era no más que una de las tantas maneras para acumulación primaria de capitales.

Antes de Yeltzin, el último que bombardeó ciudades de su propio país fue el tirano nicaragüense Anastasio Somoza y esto sucedió durante la rebelión popular de 1979. Un colega de Somoza, el sangriento dictador chileno Augusto Pinochet, padre espiritual de muchos reformadores “demócratas” postsoviéticos, solía decir que “hay que cuidar a los ricos para que den más”. Él afirmaba que mientras más ricos fuesen los ricos, más tocaría a los pobres. Su legado se hizo realidad en la Rusia postcomunista. El actual estado ruso, liberado de sus pesadas obligaciones con los ciudadanos, demuestra una conmovedora preocupación por los millonarios. Y esto da frutos. Si en el año 2000 entre los millonarios en dólares no hubo ni un solo ruso, ya en el 2006 aparecieron 33 (tres cuartos de ellos hicieron su fortuna vendiendo petróleo, gas y metales). Hoy ya son 62, 12 de los cuales trabajan en el Duma Estatal (Parlamento) y en el Consejo de la Federación, tal vez ayudando al país a mantener el segundo lugar después de Estados Unidos por el número de billonarios.

Mientras la elite económica, que corresponde aproximadamente a un millón y medio de personas, disfruta los niveles más altos del consumo, dos tercios de los rusos ven la jubilación como una catástrofe.

Armando el escenario con decoraciones patrióticas y hablando del renacimiento nacional, el poder no nos cuenta que la deuda externa de la Federación de Rusia entre el año 2003 y el 2008 se triplicó y llegó a la cifra de 471.000 millones de dólares. La deuda externa de la URSS heredada a Rusia en 1991 era de 95.000 millones de dólares.



La lucha por restaurar el capitalismo en la URSS se hizo bajo lemas de la democratización del poder y la participación ciudadana en procesos políticos. Dos décadas después del inicio de las reformas, un 85% de ciudadanos de Rusia democrática no ve posibilidad alguna para influir en las decisiones del estado y un 77% de la población cree no estar preparada para participar en la vida política del país. ¿Este infantilismo ciudadano está en la sangre del pueblo?, como trata de convencernos el poder, ¿o es resultado de un sistemático trabajo de los medios de comunicación y organismos represivos castradores del activismo social?

Para reformatear el disco duro de los pueblos que empezaban a despertar, el mensaje cultural de las dictaduras latinoamericanas estaba claro y consistía en anular en los ciudadanos el interés por la política. Para mantenerse y perdurar, el poder necesitaba convencer a sus víctimas de que toda la política es algo sucio y que la gente decente debería mantener distancia de todo esto, pues los ejemplos nunca faltan. Los nuevos maestros siguiendo los nuevos programas escolares se apresuran en presentar la cobardía como la prudencia y el oportunismo como el pragmatismo. Cuando, como resultado de este proceso reeducativo, en la sociedad se acumula suficiente estupidez y cinismo, se abre el circo de la democracia donde por una nueva orden de los de arriba, los payasos y los domadores invitarán a los de abajo a su rol de actores secundarios.

El análisis político de los últimos 500 años de historia latinoamericana sugerido por el autor de “Las Venas Abiertas….” es una importante clave para comprender la lógica de los últimos 20 años en la historia rusa. Y no sólo. Este libro lo necesitamos también para que viendo los clichés sobre “la orientación europea” y “los valores occidentales”, no nos olvidemos del precio humano que pagó y sigue pagando el “tercer mundo” por los logros del mundo “primero”. Para preguntarnos por quiénes fueron numerados nuestros mundos y para no creer que el destino final de la humanidad es el juego de la “guerra de las civilizaciones”, un término nazi inventado por el actual poder planetario para dividir y reinar. Y para que criticando con razón la trágica experiencia del así llamado “socialismo real”, no caigamos una vez más en la trampa de idealizar la más canibalesca de las construcciones sociales: el capitalismo.

“Las Venas Abiertas de América Latina” fue leído por diferentes generaciones. No podemos medir con precisión la influencia de los libros en la historia, pero parece evidente que bajo un notorio impacto de la palabra de Galeano se formaron muchos de los actuales dirigentes políticos de la región, y algunas de las venas de América Latina ya no sangran más.

Si en los tiempos de La Conquista el genocidio de los indios se llamaba en la neolengua de los invasores “la pacificación”, la actual guerra informativa contra el gobierno venezolano suele llamarse “lucha por la democracia”. Suponiendo que queda todavía alguien en pleno uso de sus facultades mentales capaz de creer que los funcionarios del Departamento del Estado de los EEUU realmente están preocupados por la democracia en Cuba o en Venezuela. Los partidos políticos de la oposición venezolana tienen tan baja popularidad que desde hace tiempo su rol tomó la televisión privada, hablando de la “locura” del “dictador”. La principal “locura” de Chávez es ser el primer presidente que cumple sus compromisos electorales y encabeza reformas que favorecen a la mayor parte de la población y no a los grupos económicos. Los horrores de esta “dictadura” son varios, como por ejemplo: cerca de un 80% de los medios de comunicación venezolanos siguen perteneciendo a la oposición, en las cárceles no hay ni un solo preso político y las numerosas campañas electorales, reconocidas como transparentes por todos los observadores internacionales, siguen ganando los partidarios del socialismo. La principal diferencia con la mayoría de las democracias vecinas está en que dentro de este proceso político participan cada vez más los ciudadanos comunes. Mientras tanto el gobierno de los EEUU acusa a Venezuela de “intervenir en los asuntos de los vecinos”. Esta “intervención” consiste en el apoyo político y financiero a proyectos de integración en la región. La oposición, que es la ex elite política del país, maldice a Chávez por “entregar el dinero de nuestro petróleo a los indios y mendigos”. Respecto a lo anterior, los campesinos venezolanos dicen que “nuestros hermanos necesitan ayuda y nuestro principal deber cristiano es compartir con el prójimo”.


Una de las “víctimas” del “imperialismo venezolano” llegó a ser Bolivia, el país más indígena de América, donde en enero del año 2006 llegó al poder Evo Morales, el primer indígena presidente, quien dice que va a “mandar obedeciendo”, como hablan los zapatistas mexicanos, también que el socialismo no es un producto importado desde Europa, sino una norma de vida en los antiguos pueblos americanos, y esto significa que las riquezas de la madre tierra, como agua y aire, no pueden pertenecer a nadie. Y él no sólo habla. A pesar del chantaje y las amenazas, Bolivia recuperó sus principales riquezas minerales: gas, petróleo y estaño. Por sus yacimientos este país es el más rico en la región, pero durante todo el siglo XX entre los pobres vecinos fue el más pobre. En Bolivia donde los pueblos originarios son la mayoría absoluta, casi un tercio de la población indígena fue completamente analfabeta y cerca de la mitad no tuvo acceso a la salud. Aún más, ni siquiera tenían documentos de identidad.

Antes de terminar el tercer año de este gobierno, Bolivia con ayuda de Cuba y Venezuela logró reducir el analfabetismo de 16% a 1,7%. Si desde el año 2003 al 2005 en el país se construyeron 187 escuelas nuevas, en los primeros dos años del gobierno de Evo se construyeron 426. Si en el 2005 los bolivianos recibieron 1,3 millones de consultas medicas gratuitas, en el 2008 la cifra fue ya de 15,8 millones.

El crecimiento económico llegó en el año 2008 a un 6,1%: el récord histórico desde la proclamación de la independencia. La reserva nacional de divisa aumentó más de seis veces en comparación con el nivel promedio del período entre 1996 y 2005. El saldo positivo del presupuesto nacional, que apareció el año 2006 por primera vez en las últimas décadas, al año siguiente llegó a un 5,2% y la recaudación de los impuestos aumentó dos veces y media. Como resultado de la nacionalización de la industria de hidrocarburos, la ganancia de Bolivia sólo en la primera mitad del 2008 llegó a 2.627 millones de dólares en comparación con los 565 millones de todo el 2004, período anterior a la nacionalización, o sea la diferencia es casi de uno a diez.

Durante los primeros dos años y medio del gobierno de Evo, los campesinos bolivianos recibieron del estado 737.029 hectáreas de tierra, dando como resultado que en la actualidad casi no quedan campesinos sin tierra. Para entender el nivel de apoyo que tiene este gobierno, recordemos que en el período anterior, desde 1996 hasta el año 2005, los campesinos recibieron sólo 36.814 ha. de tierra o el equivalente a un 5% de lo que les fue entregado ahora. Además de la tierra los campesinos recibieron maquinaria agrícola, créditos estatales sin interés y ayuda de especialistas. En la lucha contra el narcotráfico se logró más que durante toda la anterior historia del país, pero esta vez sin reprimir sino generando para los campesinos otras alternativas de ingresos.

¿Por qué en los medios de comunicación rusos e internacionales no hay lugar para este tipo de noticias? ¿Por qué para explicar el apoyo popular a “los regímenes populistas de izquierda” la prensa rusa habla tanto de “los lumpen” o “grupos marginales” y tan poca atención da a los temas de fondo?



En los cambios sucedidos en el mundo desde el tiempo en que se escribió “Las Venas Abiertas de América Latina” podríamos destacar tres momentos clave: primero, la autodestrucción de la URSS y luego la caída de los “socialismos reales” de Europa Oriental, rechazados por la mayoría de la población de estos países; segundo, lo que se hizo evidente aproximadamente una década después del primero, es el fracaso de las reformas neoliberales en América Latina, hace poco impuestos como una panacea y el único camino para el desarrollo, también rechazado por los habitantes de la mayor parte de los países de la región; y tercero, el más interesante y que resultó ser consecuencia directa de los primeros dos: la aparición en los países de América Latina de nuevas fuerzas sociales que por una vía democrática llegan al poder y empiezan a construir una alternativa. Considerando la ausencia de modelos listos y la inexistencia, en este proceso, de los “hermanos mayores”, este proyecto resulta ser genuinamente latinoamericano y aparte del marxismo clásico es influenciado por las tradiciones comunitarias indígenas y numerosas corrientes cristianas de “la iglesia popular”. Este complejo y contradictorio proceso con todos sus altos y bajos es lo más significativo en la actualidad latinoamericana.

En el pasado siglo XX los movimientos de liberación nacional fueron acusados de esconder “la mano de Moscú” o de implantar “ideas traídas desde fuera”. En estos días, cuando se abrieron varios archivos soviéticos y algunos norteamericanos, los historiadores han comprobado que aparte de la conocida ayuda económica y militar a Cuba, no existió prácticamente ninguna intromisión soviética en los asuntos de América Latina. Pero junto con eso, también es evidente otra cosa. La historia rusa y soviética causó un gran impacto en la región. Como la luz de una estrella lejana y apagada, la cultura rusa, de la que cada vez queda menos en su territorio original, sigue llegando a nuevas generaciones de latinoamericanos. Y cuesta imaginar los actuales procesos en la región, sin la carga humanista de la literatura rusa y sin el desafío histórico al capitalismo hecho alguna vez por un lejano país euroasiático.

Tal vez estos invisibles hilos de cercanía y simpatía mutua son el material más sólido en el tejido del futuro que será resultado de la acción o la inacción del presente. Tal vez a Rusia actual le serviría mirarse al espejo de América Latina, que hoy está dispuesta a devolver una parte de la deuda humana recibida en el pasado reciente. Tal vez, aparte de un merecido lugar en el estante o en el corazón, este libro en Rusia, como alguna vez en América Latina, servirá para algo más importante, algo por lo que se escribían y se escriben los mejores libros: para la construcción de un mundo sin venas abiertas.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


rCR

domingo, julio 25, 2010

Joan W. Scott: el género como categoría para el análisis histórico

Posted by Anaclet Pons en Enero 9, 2009
Los historiadores americanos suelen empezar el año, como hemos anunciado, con su reunión anual. En esos primeros días, los allí reunidos despliegan una frenética actividad en todos los órdenes. El resto de asociados se solazan con las fiestas y repasan el último número de la American Historical Review, una publicación que aparece cada dos meses y cuyo último número corresponde a diciembre de 2008.
En esta ocasión, el tema central, lo que llaman el AHR Forum, está dedicado con toda justicia a Joan W. Scott:  “Revisiting Gender: A Useful Category of Historical Analysis”. Esto es lo que incluye:
Introduction
A History of “Gender”, a cargo de Joanne Meyerowitz, profesora de History and American Studies  en Yale
A Paradigm of Our Own: Joan Scott in Latin American History, de Heidi Tinsman, historiadora de la UCI
An Archipelago of Stories: Gender History in Eastern Europe, por Maria Bucur-Deckard, profesora asociada en Indiana
The Three Ages of Joan Scott, de Dyan Elliott, historiadora de la Northwestern
Chinese History: A Useful Category of Gender Analysis, por  Gail Hershatter (UCSC) y Wang Zheng (Ann Arbor)
Y, para concluir, Unanswered Questions, el texto de la misma  Joan W. Scott


Bien. Por si alguien no tiene acceso a ese número, les ofrezco algunos párrafos de este último artículo:
Cuando presenté mi artículo  sobre el “Género” a la AHR en 1986, su título era “¿Es el género una categoría útil para el análisis histórico?” Los editores me hicieron cambiarlo, poniendo el título en modo afirmativo,   porque, según me dijeron, las interrogaciones no estaban permitidas para rotular un  artículo. Diligentemente, cumplí con esa convención, aunque pensé que con la revisión perdía cierta fuerza retórica. Unos veinte años más tarde, los artículos preparados para este foro parecen responder afirmativamente a la pregunta, y lo hacen con una rica variedad de ejemplos extraídos de las últimas investigaciones históricas . Al mismo tiempo, sugieren que las cuestiones de género  nunca han sido respondidas por completo  y, de hecho, quiero insistir en que el término género sólo es útil como pregunta.
He leído los artículos, de modo que no sería de gran ayuda recordar  los ceños fruncidos  que saludaron la presentación inicial de mi  ensayo, en un seminario en el Instituto de Estudios Avanzados en el otoño de 1985.  Los historiadores de Princeton acudieron a oírme  hablar  -mi primera intervención como nueva integrante   del Instituto–  y los profesores, todos varones, estaban consternados. Con los brazos cruzados con fuerza sobre  sus pechos,  se mostraban a sí mismos  tan y tan lejos  en sus sillas que se quedaron sin  palabras. Más tarde, me llegaron algunos de sus   comentarios  por boca de algunas de mis amigas y colegas.  Eso es filosofía, no  historia, manifestaba Lawrence Stone a quien quisiera escucharle.   Me ahorré las reacciones más negativas, que eran evidentes en ese silencio ensordecedor. Evidentemente, la academia no estaba lista ni para el género ni para la teoría posestructuralista que me había servido para  formular esas ideas. Estaba conmocionada, pero impertérrita, pues  pensar en estas nuevas formas era demasiado interesante como para devolverme a la historia ortodoxa.
En las reunión de la American Historical Association de diciembre, la reacción al  texto fue  totalmente diferente: las respuestas de las feministas, de quienes se ocupaban de la historia de las mujeres, así como  de nuestro  creciente grupo de   seguidores, fueron críticas pero comprometidas. Estaba dando voz –no inventando– a algunas de las ideas y preguntas que el movimiento feminista había planteado, buscando formas de convertir las cuestiones políticas en  históricas. El ensayo era  una amalgama de dos tipos  de influencias  procedentes, por un lado, de la historia  y, por  otro, de la  literatura. Desde la historia, era producto de esas tempranas e increíbles   Berkshire Conferences on the History of Women de la década de los  setenta. Fue allí donde escuché por primera vez mencionar  las cuestiones de género, en una conversación con  Natalie Zemon Davis, quien nos recordó que “la mujer” siempre se definía  en relación con los hombres. “Nuestro objetivo”, dijo, “es comprender la importancia de los sexos, de los grupos de género en el pasado histórico. Nuestro objetivo es descubrir la gama de roles sexuales  y del simbolismo sexual en  distintas sociedades y épocas, para averiguar qué significado tienen y cómo funcionan para mantener el orden social o para promover el cambio ” (“Women’s History’ in Transition: The European Case”,  Feminist Studies 3, no. 3–4, 1976, pág. 90).   Del lado literario, era  resultado del tiempo que pasé en la  Brown University a principios de los ochenta, trabajando con feministas desde el posestructuralismo y la crítica psicoanalítica, como  Elizabeth Weed, Naomi Schor, Mary Anne Doane  y Ellen Rooney. Ellas me enseñaron cómo pensar operando de forma productiva con  la idea de diferencia, a comprender que las diferencias de sexo no estaban  establecidas de forma natural, sino que se habían generado  a través del lenguaje, y me enseñaron también a  analizar el lenguaje  como algo volátil, como un sistema mudable cuyos significados no pueden ser fijados de una vez por todas.
Creo que es justo que las autoras de los artículos que componen este forum nos recuerden que  no fui yo la que dio origen al concepto de género,  ni siquiera  entre los historiadores, y que mi papel fue el de ocupar un lugar en el que convergían  varias líneas de pensamiento. “Joan Scott” no es, desde esta perspectiva, una persona, sino un marcador, la representante de un esfuerzo colectivo en el que yo (Joan Scott,  la persona)  sólo era una parte. Probablemente esa sea la razón por la que el artículo ha perdurado:   había una resonancia familiar, incluso para los lectores que no estaban de acuerdo con todos sus argumentos y que no tenían intención de   seguir sus sugerencias. Estableció algunos términos con los que hemos tenido que lidiar,   algunas teorías con las que nos hemos tenido  comprometer y,  sobre todo, captó algo de la excitación de aquellos tiempos: un camino más allá de las ideas que se ha convertido en sofocante o rancio, abriéndonos a diversos  conocimientos que aún teníamos que producir. Hablar de  “Género” es plantearse problemas  históricos, no es un programa ni un tratado metodológico. Es sobre todo una invitación a pensar críticamente acerca de cómo los significados de los cuerpos sexuados   se producen, se despliegan  y cambian; y eso, a fin de cuentas,  es lo que explica  su longevidad.
(…)
El “lenguaje de género” no se puede  codificar en los diccionarios, ni su significado puede ser fácilmente asumido o traducido. No se reduce a ninguna cantidad conocida  de lo  masculino o femenino, de hombre o de mujer. Es precisamente ese significado particular el que necesitamos separar  en  los materiales históricos que examinamos. Cuando el género es una pregunta abierta sobre cómo se establecieron esos sentidos, lo que significaban  y en qué contextos, sigue siendo una categoría útil para el análisis histórico. Tal vez aquella pregunta, la  que tuve  que quitar en el título del artículo de  la AHR,  tendría que haberse  mantenido después de todo, aunque sólo fuera para recordarnos que el género es una pregunta que sólo se responde gradualmente  a través de las investigaciones de los estudiosos, los historiadores entre ellos”.
Hasta aquí. Aprovechemos la ocasión para citar el último libro de Scott, que crítica la norma francesa de 2004 que prohibía la manifestación externa de la filiación religiosa: The Politics of the Veil (PUP, 2007, 208 págs).
La autora sostiene que la ley es un síntoma dl e fracaso de Francia a la hora de integrar a sus antiguos colonizados  como ciudadanos de pleno derecho. Analiza asimismo la larga historia de racismo que hay tras la ley, así como  las barreras ideológicas que se levantan contra la asimilación musulmana. Por supuesto, subraya  las conflictivas aproximaciones  a la sexualidad que se sitúan en el centro del debate – cómo los  partidarios franceses de la prohibición ven la apertura  sexual  como   el estándar de la normalidad, la emancipación y la individualidad, mientras el pudor sexual implícito en el pañuelo sería prueba de que los musulmanes nunca pueden ser plenamente franceses. Scott sostiene que la norma,  alejada de la conciliación religiosa y las diferencias étnicas, sólo las exacerba. Muestra cómo la insistencia en la homogeneidad ya no es viable para Francia – ni para Occidente en general-  y cómo  crea el auténtico “choque de civilizaciones” que se dice que constituye la raíz de estas tensiones.
El volumen no tuvo una gran repercusión, pero al menos podemos citar un par de reseñas, una recogida en un medio  francés y otra en uno  anglosajón.

viernes, julio 23, 2010

ENTREVISTA: Historiador mexicano Juan Brom prevé crisis actuales pueden llevar a "nueva edad media", autor de De niño judío a comunista mexicano" (Grijalbo, 2010)

Julián Rodríguez Marín
Updated: 05/30/2010 08:53:36 AM PDT

México, 30 may (EFE).- La globalización de la economía ha llevado a que las crisis capitalistas actuales sean catástrofes cada vez mayores, por lo que de no encontrarse una salida democrática la humanidad entrará en una "nueva edad media" de represión, control antidemocrático o atraso, dijo a Efe el historiador Juan Brom.

El académico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) explicó que tras la desaparición de los llamados países socialistas el mundo actual ha entrado en una peligrosa situación de crisis permanentes en una o en otra región.

Según datos de los organismos mundiales, la crisis financiera y económica que estalló en 2008 ha costado al mundo más del 25 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) de los países desarrollados para salvar a los grandes corporativos financieros y las empresas trasnacionales.

"Se siente una desesperación mundial, es un descontento cada vez mas fuerte, pero no le veo una salida", explicó Brom, un estudioso de la historia que fue obligado con su familia a abandonar Alemania durante la persecución de los nazis contra los judíos y que desde hace más de seis décadas vive en México.

Brom, quien escribió su biografía política "De niño judío a comunista mexicano" (Grijalbo, 2010), indicó que actualmente existen numerosos grupos que buscan sin mucho éxito una salida democrática y socialista, "o como quiera llamarse" a las actuales crisis actuales.

"Esto llevará un tiempo muy largo, pero... o se
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encuentra una salida o nos vamos al desastre mundial, al exterminio de la humanidad o una nueva edad media, muy prolongada y muy dolorosa", advirtió.

Brom explicó que el término "nueva edad media" comprende una nueva etapa milenaria mundial con un "régimen muy cerrado, muy autoritario", aunque muy eficiente en términos de control que impida la discusión, el debate o los movimientos sociales, similares a lo que ocurrió en la edad media con cambios muy lentos y con un control ideológico muy estricto.

Agregó que este control es muy posible debido a que los medios técnicos actuales permiten controles totales que ni los nazis o los servicios soviéticos imaginaron.

"Los nazis y los soviéticos utilizaban tarjetas para vigilar a la gente, ahora los sistemas automatizados permiten contar con información detallada de millones de personas en unos cuantos disquitos", indicó.

Brom indicó que para salvar a la humanidad es necesario que la sociedad genere un gran movimiento mundial que ofrezca una salida a los problemas actuales, pero no una salida capitalista, pues ya se ha visto que el sistema actual no puede ofrecer más que desempleo y explotación constante, expoliación de los recursos del planeta, y condena a la mayoría de la población a la pobreza.

No obstante, advirtió que este es un tema de largo plazo, debido a que la inmensa mayoría de la población no aspira actualmente a una sociedad socialista o a algún nuevo sistema con ese u otro nombre.

Agregó que los pronósticos del intelectual estadounidense Alvin Toffler sobre la desaparición del capitalismo en los próximos 300 años tiene mucho de especulación y consideró que la humanidad no puede aguantar otros tres siglos de crisis permanentes como las actuales, "pues revienta".

Explicó que se requiere que la sociedad tenga el dominio de sus recursos básicos, "no el control de un pequeño taller o micro empresa, sino de los medios fundamentales y que organice la producción y la distribución en beneficio de toda la humanidad".

Añadió que esto puede hacerse en un gran país o en varios países desarrollados, aunque no se pueden predecir las vías para lograr esa meta, que ya fue intentada por otras naciones pero fracasaron y se desviaron del camino.

No obstante, aclaró que no es la primera vez que un movimiento avanzado fracasa, y citó como ejemplo que la democracia en Francia tardó un siglo en consolidarse, ya que tras la Revolución francesa de 1789 logró su instauración completa en 1870. EFE

Juan Brom Offenbacher (nacido en Alemania) es un profesor de historia, enfocándose en historia universal y ciencias políticas, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Obtuvo su licenciatura, maestría, y doctorado en historia universal en esta misma universidad.[1] En 1986 fue distinguido con el Premio UNAM en docencia en Ciencias Sociales, y en 2001 fue honrado con el título más alto de la universidad, el de profesor emérito, tras 40 años de docencia. Actualmente vive en la México, D. F.

Su investigación académica se basa principalmente en historia general de México, Latinoamérica y la Unión Europea, principalmente Alemania. Ha escrito varios libros de historia que han vendido miles de copias, destacando por su escritura analítica y comprensible de la historia, en pos de la máxima objetividad y de que el lector reflexione y elabore su propio criterio.[1]

Respecto a su orientación política, en un especial sobre su vida en el canal de televisión de la UNAM, dijo ser un "comunista sin partido", preocupado desde su etapa universitaria por conocer las causas sociales, políticas, y económicas, y también por la "permanencia y continuidad de las luchas del pueblo mexicano".[1] Afirma asimismo que ""la actividad principal de toda sociedad es la producción de los bienes necesarios para su subsistencia; para los primeros hombres, ésta no sólo era la actividad principal, sino casi la única y en su sentido más elemental: la obtención de los medios físicamente indispensables para la vida".[2]

Brom se ha interesado también por otras causas y luchas políticas como la liberación de cinco cubanos presos en los Estados Unidos y la del corresponsal Fredy Muñoz, la criminalización de TeleSUR, y la censura contra Ignacio Ramonet y Ramón Chao, padre del cantante Manu Chao.

Obras
Brom, Juan (2009). De niño judío alemán a comunista mexicano: Una autobiografía política, México: Grijalbo Mondadori. ISBN 9786074299090.
Brom, Juan y Duval, Dolores (1998). Esbozo de historia de México, México: Grijalbo. ISBN 978-970-780-445-6.
Brom, Juan (2007). Esbozo de historia universal, México: Grijalbo. ISBN 978-970-780-832-4.
Brom, Juan (2003). Para comprender la historia, México: Grijalbo. ISBN 970-05-1586-9.