lunes, marzo 02, 2009

Reseña del libro de Kaye, H.J., Los historiadores marxistas británicos: un análisis introductorio.



Historia Actual Online
Publicación: Asociación de Historia Actual
ISSN: 1696-2060
Número 6 (Invierno 2005), 218-220


Kaye, H.J., Los historiadores marxistas británicos: un análisis introductorio. Zaragoza, Prensas Universitarias, 1989, 240 pp.

Alejandro Estrella González1
(1) Universidad de Cádiz, Spain

Recibido: 21 Noviembre 2004 Revisado: 14 Diciembre 2004 Aceptado: 15 Enero 2005 Publicación Online: 15 Febrero 2005

Reseña de Libros

Harvey J. Kaye, profesor de la Universidad de Wisconsin, publicó en 1984 este excelente texto en el que se aborda el estudio de una de las grandes escuelas historiográficas del siglo XX. La Universidad de Zaragoza se encargó de presentarlo al público castellano en 1989, con edición y presentación a cargo de Julián Casanova. El comentario de una obra, escrita ahora hace 17 años, quizá pueda parecer inadecuado en pos de un intercambio historiográfico actualizado. No obstante, Harvey J. Kaye, intervino en Julio de 1999 en el II Congreso Internacional de Historia a Debate con una conferencia titulada Fanning the Spark of Hope in the Past: The British Marxist Historians, en la que consideraba vigentes los argumentos fundamentales de la obra en cuestión. Por ello y dado el contexto historiográfico en el que nos encontramos de reformulación y búsqueda de nuevos paradigmas, no resulta superfluo retomar un estudio de tales características.

En líneas generales el libro está concebido como una contribución al proceso de simbiosis que estaba acaeciendo en los 80 entre la historia y la sociología, plasmándose en un progresivo desarrollo de la historia social y de la sociología histórica. Es en este espacio interdisciplinar en el que debemos ubicar la obra y por tanto el tema que trata: es decir, ¿cuál ha sido la aportación de los historiadores marxistas británicos al respecto? Para responder a esta cuestión, la obra es estructurada en siete capítulos, de los cuales, el primero, supone un esbozo general en el que se van a trazar las líneas fundamentales que la articulan. Los capítulos 2 al 6 se centran en, posiblemente, los cinco integrantes más representativos de la tradición: M. Dobb, R. Hilton, C. Hill, E. Hobsbawm y E.P. Thompson, respectivamente. Finalmente en el capítulo 7 Kaye desarrolla lo que considera es la aportación colectiva de la escuela a la historiografía y a la teoría social.

Por tanto, sin descartar el tratamiento de las importantes aportaciones individuales, Kaye va a proponer que los historiadores marxistas británicos representan "en su conjunto -en el sentido más estricto- una tradición teórica"; lo cual se convierte en la hipótesis fundamental de la obra y, desde luego, en la más polémica. De hecho el autor está especialmente interesado en defender una línea de continuidad teórica e historiográfica entre los diversos integrantes de la tradición, frente a aquellos que suponen una ruptura entre Dobb (economicismo) y Thompson (culturalismo). En defensa de esta hipótesis Kaye propone dos tipos de argumentos: por un lado aquellas preocupaciones que han compartido a lo largo de sus investigaciones, por otro la aportación colectiva a la historiografía y a la teoría social. Entre los primeros se destaca el hecho de que los historiadores marxistas británicos hayan sido partícipes de una problemática teórica común en el ámbito del marxismo, a saber, superar la estricta noción económica de clase y trascender los problemas planteados por la metáfora base/superestructura. Por otro lado, también habrían compartido una problemática histórica común. Desde diferentes ámbitos y cronologías, en sus estudios históricos subyace el tema de los orígenes, desarrollo y expansión del capitalismo, abordado no sólo en su vertiente económica, sino concebido como un profundo cambio social en su sentido más amplio. Por lo que respecta a la aportación colectiva de la tradición, y como ya señalábamos, esta es tratada en el capítulo 7, por lo que nos referiremos a ella posteriormente.

El capítulo 2 está dedicado a la figura de Maurice Dobb, el más veterano de los integrantes de la escuela y por tanto primera referencia de la misma. En concreto Kaye se centra en la obra Studies in the Development of Capitalism[1], revalorizando su fuerza innovadora al colocarla en el contexto en el que fue escrita. Se destaca así su vocación interdisciplinar, el intento de comprobar y ampliar el análisis propuesto por Marx en relación a los orígenes y al desarrollo del capitalismo, así como el de analizar dicha transición mediante el estudio de la lucha de clases, ampliando la perspectiva económica a una político-económica de mayor cobertura. La visión de Dobb dio origen durante varias décadas a interesantes debates sobre la transición del feudalismo al capitalismo, siendo recogidas en este capítulo algunas de las aportaciones más destacadas. Por tanto, para Kaye, nos encontraríamos no sólo ante el pionero teórico de la escuela, sino que, dada la temática de Studies, nos encontraríamos también ante el pionero "histórico".

El capítulo 3 aborda la obra del medievalista Rodney Hilton. Kaye destaca su contribución en la reconceptualización del feudalismo como sistema dinámico determinado por la lucha de clases. Hilton consideraría que el "móvil principal" del cambio social del medioevo fue la lucha de clases entre señores y campesinos, con lo que inevitablemente se enfrenta al "mito del campesino pasivo". Dentro de este análisis se hace necesario reconsiderar el papel del campesinado como clase, otorgándole la capacidad de acción política, es decir, concibiéndolo como agente histórico en procesos determinantes de la Inglaterra medieval.

El capítulo 4 está dedicado a la figura de Cristopher Hill y sus estudios sobre la Inglaterra del XVII, en concreto sobre la Revolución inglesa. Para Kaye, la aportación histórica más importante de Hill es haber concebido la Revolución como una revolución social en sentido amplio, antes que político/institucional. Hill considera que se trata de una revolución burguesa que impulsaría fuertemente el desarrollo del capitalismo, a la vez que pretende rescatar la existencia de una "revolución democrática", frustrada, dentro del propio proceso. De esta manera lo que Hill desarrolla es una interpretación social de la revolución inglesa basada en un análisis de la lucha de clases, una interpretación que "no se limita a ser política, económica o religiosa, sino más bien integrante de todos estos aspectos".

En el capítulo 5 se examina la obra de Eric Hobsbawm, especialmente sus aportaciones al estudio de la clase obrera, el campesinado y la historia mundial. Respecto a las primeras se destaca el haber conseguido desplazar el foco de atención del estudio institucional al de la experiencia obrera en su totalidad. Por otro lado, para Kaye, Hobsbawm es el gran especialista de "los rebeldes primitivos", contribuyendo a la reconceptualización de lo político más allá de como tradicionalmente se había entendido. Finalmente, con respecto a la historia mundial se señala como gran logro el haber ampliado y desarrollado los argumentos de Dobb sobre la transición al capitalismo. En una obra tan heterogénea y prolífica, Kaye pretende encontrar el elemento que unifica la labor de Hobsbawm y lo encuentra en su preocupación por concebir el desarrollo del capitalismo en su totalidad, considerando el análisis de la lucha de clases como núcleo del proceso histórico.

El capítulo 6 aborda la figura de E.P. Thompson, posiblemente el más polémico de los integrantes de la tradición. De hecho frente a los estudios que tienden a tratar aisladamente la obra de Thompson, Kaye está interesado en demostrar que sus escritos deben ser considerados en términos de la tradición marxista británica. Para Kaye no hay duda de que sus aportaciones empíricas y teóricas en relación a la formación y la conciencia de clase, siempre han sido escritas bajo la teoría de la determinación de clases. Bajo este enfoque se hace un recorrido por los estudios históricos de Thompson, centrados en el siglo XVIII y XIX, así como por sus polémicos escritos sobre historiografía y teoría social, en los que, según Kaye, se presenta de la forma más explícita la teoría de la determinación de clases.

Finalmente en el capítulo 7 y a modo de conclusión, se examina la contribución colectiva de los historiadores marxistas británicos. A parte de compartir preocupaciones teóricas e históricas, Kaye defiende que los historiadores marxistas británicos han desarrollado una aproximación común al debate teórico, desde la perspectiva que denomina "análisis de la lucha de clases". Tres son los aspectos que Kaye destaca al respecto. En primer lugar se considera que los marxistas británicos han ampliado el concepto de clase, desplazando el estudio desde al análisis de clases hasta el análisis de la lucha de clases. La huida de todo planteamiento sustancialista y ahistórico lleva a los marxistas británicos a concebir las clases como relaciones y procesos históricos. Esto supone dar prioridad analítica e histórica al concepto de "lucha de clases" frente al de clase social. Las clases no existen per se, se buscan y pasan a luchar entre sí, sino que es a partir del proceso de lucha y bajo circunstancias históricas específicas, como la clase -en sentido pleno, con conciencia de clase- ha surgido, o más bien, se ha hecho. En segundo lugar la ampliación supone distanciar el enfoque de la lucha de clases del determinismo económico superando el modelo base/superestructura, lo que, a juicio de Kaye y gracias al concepto de "experiencia", no implica romper con el postulado marxista de que "el ser social determina la conciencia social". Finalmente y como consecuencia de lo anterior, la categoría de modo de producción es redefinida e historizada, de manera que las relaciones sociales de producción son concebidas "simultáneamente como económicas, políticas, culturales y morales". Intimamente relacionada con este tipo de análisis, Kaye destaca las importantes contribuciones realizadas al desarrollo del análisis histórico denominado "historia de abajo a arriba". A diferencia de otro tipo de aproximaciones a dicha problemática -como la realizada por Annales, la teoría de la modernización o la denominada radical-populista- los marxistas británicos estarían especialmente interesados en la relación histórica entre "los de arriba y los de abajo", en otras palabras, el conflicto; a la vez que buscarían dilucidar la experiencia de las clases populares como agente histórico, antes que como víctimas pasivas de la historia. Finalmente Kaye no deja pasar por alto la contribución de esta tradición a la cultura política británica contemporánea, destacando que por medio de sus escritos han participado en la formación de "una conciencia histórica socialista y democrática".

NOTAS

[1] Cf. Dobb, M., Studies in the Development of Capitalism, New York, International Publishers, 1947.

domingo, marzo 01, 2009

En la muerte de Victor Kiernan, historiador marxista, escritor y lingüista que desafió el credo imperialista de Tariq Alí



En la muerte de Victor Kiernan, historiador marxista, escritor y lingüista que desafió el credo imperialista
Tariq Alí · · · · ·

01/03/09




Victor Kiernan, profesor emérito de Historia moderna en la Universidad de Edimburgo, fue un erudito historiador marxista con un amplísimo abanico de intereses que, virtualmente, abarcaba todos los continentes. Su pasión intelectual se distribuía a partes iguales entre la historia y la política radical, las lenguas clásicas y la literatura universal.

Su interés por las lenguas comenzó a desarrollarse en su hogar, en el Manchester meridional. Su padre trabajaba para el Manchester Ship Canal como traductor de castellano y portugués, y el joven Víctor se había hecho ya con estas lenguas antes de entrar en la Escuela de gramática de Manchester, en donde aprendió griego y latín. Su temprano amor por Horacio –su poeta favorito— fructificó en un libro posterior. Fue la Trinity College, en Cambridge, en donde estudió historia. Imbuido del ambiente antifascista y como tantos otros, adhirió al Partido Comunista británico.

A diferencia de otros distinguidos colegas suyos en el grupo de historiadores del Partido Comunista fundado en 1946 (Eric Hobsbawm, Christopher Hill, Rodney Hilton, Edward Thompson), Kiernan escribió mucho sobre países y culturas muy alejados de Gran Bretaña y Europa. Los párrafos que abren un ensayo sobre la monarquía escrito en 1989 y publicado en la New Left Review ofrecen una buena cata del hombre que los escribió:

“En China, un trono inmemorial se desplomó en 1911; India tiró a la papelera sus rajás y nawabs no bien ganó su independencia en 1947; en Etiopía, el León de Judea ha terminado por dejar de rugir. La monarquía sobrevive en raros rincones de Asia; y en Japón y Gran Bretaña. En Asia, la santidad ha sido a menudo hereditaria, y puede reportar unos confortables ingresos para los remotos descendientes de los hombres santos; en Europa, la monarquía hereditaria tiene algo de ese carácter numinoso. En ambos casos, ha funcionado la oscura percepción de un flujo invisible de fuerzas vitales que pasan de generación en generación, vinculando las series infinitas. Un sentimiento muy primitivo puede asomar inopinadamente debajo del chaleco civilizado.

“Nociones derivadas de una magia antigua ayudaron a los monarcas absolutos europeos a convencer a los contribuyentes de que todo el bienestar de un país, y aun su supervivencia, estaba uncido a quien era su caudillo por la gracia de Dios. Los emperadores mogoles aparecían a diario por el balcón para que sus súbditos, al verlos, quedaran satisfechos y convencidos de que las cosas iban bien. Los príncipes rajput cabalgaban a diario por sus pequeñas capitales por idéntica razón. Desde entonces, ha desaparecido todo vestigio de importancia práctica de la corona para el bienestar público, pero, de uno u otro modo, en Gran Bretaña, la existencia de la Familia Real parece sugerir subliminalmente a las gentes que todo va a ir bien para todos… Las cosas de hoy en día pueden ser de arcaica raigambre; por otro lado, las cosas antiguas no son a menudo sino inventos relativamente recientes, y el sentimiento monárquico en la Gran Bretaña de nuestros días es, por mucho, un producto artificial.”

El conocimiento que de la India tenía Kiernan era de primera mano. Estuvo allí entre 1938 y 1946, estableciendo contacto y organizando círculos de estudio con comunistas locales y enseñando en Aitchison College (antes, Chiefs College), una institución creada para educar a la nobleza india conforme al programa sugerido por Lord Macaulay. Lo que los estudiantes –la mayoría, botarates sin nada en la cabeza— sacaron de Kiernan nunca se ha sabido a ciencia cierta, pero uno o dos de los mejores abrazaron luego ideas políticas radicales. Reconforta pensar que, a lo mejor, fue gracias a Kiernan. La experiencia le enseñó mucho sobre el imperialismo, y en un rimero de libros asombrosamente bien escritos, se explayó sobre los orígenes y la evolución del Imperio Norteamericano, sobre la colonización española de la América meridional y sobre otros imperios europeos.

Llegó a hablar con fluidez persa y urdu, y tuvo encuentros con Iqbal y el joven Faiz, dos de los mayores poetas que ha producido la India septentrional. Tradujo a ambos al inglés, lo que no jugó un papel menor en la ampliación de su audiencia en una época en que las lenguas imperiales eran totalmente dominantes. Su interpretación de Shakespeare ha sido muy subestimada, pero si se incorporara a la bibliografía de los cursos académicos, sería un sanísimo antídoto contra la momificación.

Se casó con la bailarina y activista teatral Shanta Gandhi en 1938 en Bombay, pero se separaron antes de que Kiernan abandonara la India en 1946. Casi cuarenta años después, casó con Heather Massey. Cuando coincidí con él poco después, me confesó que el matrimonio lo había rejuvenecido intelectualmente. Los escritos posteriores de Kiernan lo confirmaron.

Se mantuvo durante toda su vida tenazmente fiel a las ideas marxistas, mas sin traza de rigidez ni ademán de malhumor. No era hombre de rebajarse al último grito de la moda, y despreció la ola postmodernista que, trocando la historia por trivialidades, se abatió sobre la vida académica en los 80 y los 90. Indignado con los comentarios triunfalistas dominantes que proclamaban las virtudes del capitalismo, escribió una concluyente refutación de los mismos, “”El capitalismo moderno y sus pastores”, publicada también por la New Left Review en octubre de 1990:

“El capital mercantil y el capital usurero han sido ubicuos, pero, por sí mismos, no han aportado cambio significativo alguno al mundo. Es el capital industrial el que ha traído consigo un cambio revolucionario, el que se convirtió en la vía de una tecnología científica capaz de transformar la agricultura, no menos que la industria; la sociedad, no menos que la economía. El capitalismo industrial asomó por aquí y por allí antes del siglo XIX, pero, al menos como fenómeno de cierta envergadura, parece haber sido rechazado como si de un injerto extraño se tratara, como algo demasiado innatural para lograr difusión. Ha sido una rara aberración en el discurrir de los asuntos humanos, una mutación abrupta. Se precisaron fuerzas ajenas a la vida económica para afianzarlo; sólo circunstancias muy complejas, excepcionales, pudieron engendrar, o mantener vivo, el espíritu empresarial. Siempre ha habido formas mucho más fáciles de ganar dinero que la inversión industrial a largo plazo y el horrísono rechinar de la maquinaria fabril. [El banquero] J.P. Morgan prefería quedarse sentado en un saloncito trasero de Wall Street fumando habanos y jugando al solitario, esperando a que el dinero viniera a él. Los ingleses, primeros en descubrir la vía industrial, no tardaron mucho en desertar de ella, trocándola por parecidos saloncitos en la City [financiera de Londres], o buscando vías laterales, atajos o Eldorados coloniales.”

La crisis actual no le habrá sorprendido en absoluto. Como si lo estuviera oyendo: el capital ficticio carece de futuro.

Tariq Ali es miembro del consejo editorial de SIN PERMISO. Su último libro publicado es The Duel: Pakistan on the Flight Path of American Power [hay traducción castellana en Alianza Editorial, Madrid,2008: Pakistán en el punto de mira de Estados Unidos: el duelo].

Traducción para www.sinpermiso.info: Mínima Estrella

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The Independent, 20 febrero 2009

Guías de lectura... libros prohibidos del Opus


Guías de lectura
Josep Fontana · · · · ·

01/03/09




Agradezco mucho a Manuel Rivas que me haya descubierto una guía de libros prohibidos, la del Opus, que desconocía. Debo admitir que, tras haber fracasado en el intento de leer Camino, no suelo frecuentar la literatura de la secta. Pero esto de un índice de lecturas condenadas es algo muy distinto y lo buscaré con interés, porque estoy seguro de que voy a descubrir en él muchos libros que merece la pena leer.

Me gustan los libros prohibidos, que son los que expresan las ideas del futuro que no acepta todavía el orden establecido, pero que ayudarán a construir el mundo de mañana. Como sucedió, por ejemplo, con l'Encyclopédie de Diderot, que, pese a las condenas y prohibiciones de que fue objeto, consiguió extender su influencia por toda Europa y ayudó a cambiar el mundo. Por lo menos en lo que se refiere a la parte más o menos racional de la especie humana, en la que no figuran, evidentemente, los redactores de índices de libros prohibidos.

Confieso que he aprendido mucho del Index librorum prohibitorum del Vaticano en su edición de 1948, que se mantuvo en vigor hasta 1966. Allí se prohíbe la lectura, bajo pena de excomunión, de Erasmo, Montaigne, Diderot, Hume, Balzac, Sartre, Spinoza, Tom Paine y de la mayor parte de los libros que importa haber leído. Se puede recomendar, por ello, a los jóvenes para que lo utilicen como un manual de las lecturas necesarias.

De un estilo semejante eran las listas de libros destinados a la quema por el nazismo o las que estableció Roy Cohn, el equívoco abogado colaborador de McCarthy -judío y antisemita a la vez- que inspeccionó las bibliotecas públicas de las Casas de América en Europa y dijo haber descubierto en ellas 30.000 libros procomunistas que había que retirar, incluyendo obras de Hemingway, Arthur Miller o Mark Twain (en especial aquel nefando cuento rojo que es El hombre que corrompió a una ciudad), con la desafortunada consecuencia de que algunas de las obras que hizo depurar, como La montaña mágica, La teoría de la relatividad o las de Freud eran las mismas que los nazis habían quemado unos años antes.

Pocos libros me han enseñado tanto acerca de la literatura universal como las Lecturas buenas y malas del padre Garmendi de Otaola, S.I. Allí se aprende que La Regenta "rebosa porquerías, vulgaridades y cinismo", o que Tolstói "es un incrédulo, racionalista, anarquista, nihilista, que declara guerra al cristianismo, porque éste enseña el amor a la patria", lo cual, como se ve, es un certero análisis de Guerra y paz.

Otro tanto diría de las listas de libros prohibidos de la España franquista, donde el entusiasmo por quemar y destruir libros llegó al extremo: en los primeros días del "alzamiento" el Abc de Sevilla publicaba una noticia que decía: "Los falangistas, al día siguiente de iniciarse el Alzamiento, recogieron en kioskos y librerías centenares de ejemplares, que fueron quemados como merecían". La incoherencia y la estupidez, propias de los censores de todos los tiempos y creencias, resultarían evidentes cuando se hicieran las listas oficiales, destinadas a depurar las bibliotecas públicas, con indicaciones tan extraordinarias como una que determinaba la obligación de eliminar del todo "la mal llamada literatura rusa", fuese roja o blanca.

En la primera revisión de bibliotecas que conozco, que es la de Valladolid en 1937, se prohíbe la mayor parte de Azorín, todo Baroja, Blasco Ibáñez, las poesías de Espronceda, Goethe, Kant, la Carmen de Merimée, la mayor parte de Gabriel Miró, Pardo Bazán, Pérez Galdós incluyendo algunos Episodios nacionales, La Celestina, las fábulas de Lafontaine, El Libro de Buen Amor, Valera, Valle-Inclán, etcétera. En las primeras listas de libros prohibidos en Barcelona, que le pasaron a mi padre en 1939 para que expurgase su librería -que, entretanto, hubo de permanecer cerrada durante meses-, figuraban Gandhi, Gogol, Maeterlinck, los hermanos Heinrich y Thomas Mann, Pascal (!), Rabelais, William Blake, Darwin (¡faltaría!) y, sorprendentemente, las novelas de Emilio Salgari, que eran toleradas en Valladolid pero estaban prohibidas en Barcelona.

Me gustan también otro tipo de guías que os informan de libros que no han sido prohibidos por la autoridad, sino relegados al olvido por el consentimiento general de la sociedad biempensante. Hay uno, realmente fascinante, que nos lleva por el mundo de lo que Raymond Queneau llamaba los "locos literarios". El diccionario de "locos literarios" de André Blavier, publicado en una colección que tiene un nombre tan prometedor como Le rappel au désordre, es un libro extraordinario. Los autores aparecen clasificados en él por actividades y materias. Hay los profetas, visionarios y mesías; los que se dedican a la cuadratura del círculo; los perseguidos y los perseguidores; los inventores, filántropos, sociólogos, etcétera. Toda clase de personajes singulares que exponen ideas fascinantes. Los profetas, por ejemplo, son impagables. Hay uno que asegura que Dios no es un puro espíritu, sino que vive arriba en los cielos, dotado de un cuerpo material, y que bebe, come y duerme igual que hacen los hombres. Y debía saber de qué hablaba, porque nos dice que él tenía contacto frecuente con el propio Dios. Hay otro que nos dice que "el reino de Dios es el reino de las cárceles" y que "antes del fin del mundo más de la mitad de la humanidad estará encerrada en cárceles". Una profecía que, si tenemos en cuenta que incluye en la categoría de cárceles los conventos, las escuelas, los seminarios, los cuarteles o las sectas, tal vez no sea tan loca como parece a primera vista.

En todo caso, una de las virtudes que tiene la lectura de este panorama de los locos literarios es la de convencernos de que las fronteras entre la normalidad y la locura son muy difusas y que tal vez sea razonable el consejo que se nos da en un grabado del siglo XVIII que figura al fin del libro: "El mundo está lleno de locos, y quien no quiera ver ninguno, que se quede en casa y rompa el espejo".

Tengo otras guías de este estilo, como The Chatto Book of Dissent, de Rosen y Widgery; Don't do it. A Dictionary of the Forbidden, de Philio Thody, junto a otras de carácter más informativo, como la Enciclopedia de la utopía, de los viajes extraordinarios y de la ciencia-ficción de Pierre Versins o el entrañable Dictionnaire rationaliste, entre cuyos autores figuran personajes como Langevin, Lévy-Bruhl o Jacques Proust.

Pero ninguno de ellos tiene la utilidad y el encanto de los índices de libros prohibidos, donde la estupidez de los censores resulta una guía segura para el hallazgo de la excelencia, que parecen oler igual que los cerdos descubren las trufas bajo tierra. ¡Benditos sean los censores que nos han descubierto tantos libros que merecía la pena leer! Y, de paso, gracias por haberme condenado. Son ya muchos los amigos que me han felicitado por esta distinción.

Josep Fontana, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO, es catedrático de Historia y director del Instituto Universitario de Historia Jaume Vicens i Vives de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona.

El País, 1 marzo 2009

KAOSENLARED.NET -- Victor Kiernan. Historiador de la visión global de los imperios, del marxismo, la política y la poesía





KAOSENLARED.NET -- Victor Kiernan. Historiador de la visión global de los imperios, del marxismo, la política y la poesía: "Victor Kiernan. Historiador de la visión global de los imperios, del marxismo, la política y la poesía
El marxismo y la irresistible amistad de los indios llevó a Victor a emplear uno de sus cuatro años de fellowship en el Trinity en visitar el subcontinente.
Eric Hobsbaw | Sinpermiso | 23-2-2009 | 218 lecturas
www.kaosenlared.net/noticia/victor-kiernan-historiador-vision-"



Victor Kiernan. Historiador de la visión global de los imperios, del marxismo, la política y la poesía
El marxismo y la irresistible amistad de los indios llevó a Victor a emplear uno de sus cuatro años de fellowship en el Trinity en visitar el subcontinente.
Eric Hobsbaw | Sinpermiso | 23-2-2009 | 218 lecturas
www.kaosenlared.net/noticia/victor-kiernan-historiador-vision-global-imperios-marxismo-politica-po

Victor Kiernan, que ha muerto a la edad de 95 años, fue hombre de gran encanto natural y un asombroso alcance en su erudición. Kiernan fue uno de los historiadores marxistas británicos de la década de 1930 y 1940. Si esta generación ha sido considerada por el destacado especialista académico alemán H. U. Wehler como el factor principal que explica "la repercusión mundial de la historiografía inglesa desde los años 60", se debió en buena parte a la influencia de Victor. Aportó a los debates del grupo de historiadores del Partido Comunista entre 1946 y 1956 la determinación persistente, si bien siempre cortés, de pensar por cuenta propia los problemas de la cultura y tradición de clase, cualquiera que fuese la postura ortodoxa. Siguió siendo leal al marxismo flexible y abierto del grupo al que tanto había contribuido.

Enormemente influyente gracias a sus obras sobre la era del imperialismo, fue también, casi sin duda, el único historiador que tradujo a poetas del siglo XX en lengua urdú y escribió un libro sobre Horacio, el poeta latino, cuyas obras, al igual que Witold Kula, el historiador marxista polaco, llevaba siempre consigo en sus viajes.


Como varios de sus contemporáneos entre los historiadores marxistas, tales como Christopher Hill, Rodney Hilton y Edward Thompson, provenía de un ambiente de inconformismo religioso. En su caso, de una familia congregacionista de clase media baja de Ashton-on-Mersey, aunque en su época de miembro del Trinity College de Cambridge usara su apellido irlandés como excusa para justificar su falta de celo por la monarquía británica.


Kiernan arribó al Trinity College procedente de un instituto de secundaria de Manchester en 1931 y allí permaneció durante siete años, primero como estudiante, después como licenciado e investigador y desde 1937, como miembro (fellow), siempre con excepcional brillantez. En 1934, año de su licenciatura (con las máximas calificaciones, en Historia), ingresó en el Partido Comunista, en el que permanecería 25 años. Su primer libro, British Diplomacy in China 1880-1885 (1939), ya anunciaba su interés sistemático por el mundo exterior a Europa.

A diferencia de su camarada del Trinity, John Cornford (1), sobre quien escribió con notable perspicacia, mantuvo un discreto perfil público entre los miembros del Partido Comunista en Cambridge. Sólo era probable que se lo encontrasen quienes mantenían algún interes especial, con su rostro juvenil encima de la bata, en medio de cordilleras de libros sobre el suelo del ático del Great Court del Trinity. Así fue, porque pronto pasó ocuparse del "grupo colonial", que oficialmente no existía, sucediendo en ello al canadiense E.H. Norman, posteriormente distinguido historiador del Japón, diplomático y finalmente víctima de la caza de brujas de McCarthy en los Estados Unidos, y primero de una serie de historiadores comunistas (y luego ex-comunistas) que se harían cargo de los "coloniales" -en su abrumadora mayoría del sur de Asia- hasta 1939.

El marxismo y la irresistible amistad de los indios llevó a Victor a emplear uno de sus cuatro años de fellowship en el Trinity en visitar el subcontinente. En teoría, se trataba de "observar la escena política de más de cerca y con planes de estudiarla históricamente", además de ser portador de un documento del Comintern para el Partido Comunista de la India.

Allí se quedaría hasta 1946, principalmente en calidad de profesor en un colegio sij y, un tanto inesperadamente, también en Lahore, del Atchinson College, bastión del raj (2) y sus rajás. Regresó "leyendo a Tucídides y su guerra del Peloponeso" en su camarote, con un cargamento de amistades, una pasión permanente por los grandes poetas (amén de progresistas) en lengua urdú, Iqbal y Faiz, a los que tradujo, y sin aparente vestigio de su breve matrimonio con Shanta Gandhi, a la que había conocido en Londres en 1938. Pocos de sus amigos británicos llegaron siquiera a saberlo ni esperaban ver a este prototipo de profesor solterón emparejado, hasta su segundo y afortunado matrimonio con Heather Massey en 1984.

Volvió al Trinity como comunista contumaz, pero crítico, con grandes planes para una obra marxista sobre Sakespeare. Su supervisor académico denunció su posición política cuando buscó trabajo en las universidades de Oxford and Cambridge, pero - así era la Gran Bretaña de 1948 - no le importó que tan encantador subversivo contaminase el departamento de Historia de la Universidad de Edinburgo. Allí permaneció hasta su jubilación de la cátedra en 1977, cómodo según todos los indicios, aunque no con el mundo cultural posterior a 1945, salvo por lo que respecta a cierta ciencia-ficción. De sus largos paseos en bicicleta por las Pentland (3) regresaba a su apartamento en la alto de unas austeras escaleras en la parte nueva de la ciudad, para escribir, entre otras cosas el diario que llevaba desde 1935, y asombrar a estudiantes y amigos admiradores al sorprenderse de que no supieran tanto como él.

Se asentó en la década de 1950 publicando sobre toda clase de temas: de Wordsworth a Faiz, del evangelismo a los mercenarios y la monarquía absoluta, los problemas del Asia indo-central, el Paraguay y la "guerra del Pacífico" de Chile, Peru y Bolivia, sin olvidar un estudio a fondo de la revolución española de 1854. En los años 60 descubrió un don único para formular preguntas de Historia y sugerir respuestas, aportando y encajando una variedad incomparable de erudición, constantemente ampliada gracias a que se trataba de uno de los grandes lectores de nuestro tiempo. Se convirtió en el maestro de la cita perfectamente escogida inserta en el estudio general, recatado pero inflexible, de una escena global. Ningún otro podría haber producido las extraordinarias obras sobre la era de los imperios occidentales que escribió desde mediados de la década de 1960, y por las que le recordará principalmente, en particular por The Lords of Human Kind: Black Man, Yellow Man and White Man in an Age of Empire (1969).


Con la edad se incrementó su producción y la variedad de sus escritos. Como coeditor de A Dictionary of Marxist Thought (1984), redactó entradas sobre agnosticismo, cristianismo, los imperios en la época de Marx, hinduismo, historiografía, intellectuales, Paul Lafargue, nacionalismo, M. N. Roy, religión, revolución y guerra. Antes de que terminase el siglo XX había publicado libros con temas como State and Society in Europe 1550-1650 (1980), The Duel in European History (1989), Tobacco: A History (1991), Shakespeare Poet and Citizen (1992), Eight Tragedies of Shakespeare (1996) y Horace Poetics & Politics (1999) sobre su admirado poeta.

Para celebrar su noventa cumpleaños, el futuro secretario general del Partido Comunista (marxista) de la India editó una selección de los escritos y recuerdos de Victor sobre el subcontinente más cercano a su corazón que cualquier otra parte del mundo del siglo XX.

Le sobrevive Heather, su mujer.

NOTAS:

(1) Poeta comprometido y destacado miembro del Partido Comunista en Cambridge, John Cornford murió en combate como miembro de la XIV Brigada Internacional durante la batalla de Lopera (Jaén) en diciembre de 1936.

(2) "Raj" es el nombre que recibía la administración colonial británica en el subcontinente indio.

(3) Las colinas Pentland, un gran parque regional en los alrededores de Edinburgo.


Eric Hobsbawm es el decano de la historiografía marxista británica. Uno de sus últimos libros es un volumen de memorias autobiográficas: Años interesantes, Barcelona, Critica, 2003.


Traducción para sinpermiso.info: Lucas Antón

Más información:
Memoria histórica
Opinión

Rebelion. La política del desastre económico


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La política del desastre económico

Immanuel Wallerstein
La Jornada




Todos los días leo que otro economista, periodista o funcionario del gobierno opina sobre la mejor manera de lograr una recuperación económica en éste o en otro país. No es necesario decir que tales remedios se contradicen, todos, unos con otros. Mas todos estos expertos parecen vivir en fantasilandia. Parecen creer que sus remedios funcionarán en un periodo de tiempo relativamente corto.

El hecho es que el mundo está apenas en el inicio de una depresión que durará bastante y que se pondrá mucho peor de lo que es ahora. El asunto inmediato para los gobiernos no es cómo recuperarnos, sino cómo sobrevivir al creciente enojo popular que, sin excepción, enfrentan todos.

Comencemos con las realidades económicas del presente. Casi todo el mundo –gobiernos, empresas, individuos– ha estado viviendo por encima de su ingreso durante los últimos 10 o 30 años, y lo ha hecho pidiendo prestado. El mundo se hizo frívolo con ingresos inflados y un consumo también inflado. Pero las burbujas tienen que estallar. Ahora, ésta ha estallado (o de hecho varias burbujas estallaron). La imposibilidad de continuar por este sendero ha penetrado en la conciencia y de repente todos se asustan de que se les agota el dinero real: gobiernos, empresas e individuos.

Cuando ese miedo se apodera de la gente, ésta deja de gastar y de prestar. Y cuando gastar y prestar bajan significativamente, las empresas dejan de producir o disminuyen su paso. Pueden cerrar por completo, o por lo menos despedir trabajadores. Esto es un círculo vicioso, debido a que cerrar o despedir trabajadores conduce a reducir la demanda real y causa una reticencia adicional a gastar o prestar. Se le llama depresión y deflación.

Hasta el momento, el gobierno de Estados Unidos, que todavía está en posición de pedir dinero prestado o imprimir dinero, intenta lanzar algún dinero nuevo a la circulación. Esto podría funcionar si el gobierno lanzara grandes cantidades de este dinero, y lo circulara sabiamente. Pero es muy probable que no lo haga con sabiduría. Y es muy probable que lanzar la cantidad que podría funcionar no signifique mucho más que crear otra burbuja. Y el dólar caería entonces mucho más rápido que las otras divisas, hundiendo el último soporte importante de la economía-mundo.

Entre tanto, hay menos y menos dinero para el consumo diario de todo tipo para 90 por ciento inferior de la población del mundo (y tampoco se ve muy bien la cosa para 10 por ciento superior). La gente comienza a inquietarse. Justo el pasado mes, hemos visto gente que protesta en las calles por las dificultades económicas, en un número creciente de países –Grecia, Rusia, Letonia, Gran Bretaña, Francia, Islandia, China, Corea del Sur, Guadalupe, Reunión, Madagascar, México– y probablemente en muchos más que no se notan aún en la prensa mundial. De hecho, ha estado relativamente leve hasta ahora, pero los gobiernos, todos, están en gran tensión.

¿Qué hacen los gobiernos cuando su principal preocupación es lidiar con el desasosiego interno? Tienen en realidad dos opciones: disparar a los manifestantes o apaciguarlos. Dispararles funciona solamente hasta cierto punto. Para empezar, los agentes de esta fuerza deben estar también lo suficientemente remunerados y deseosos de hacerlo. Y cuando hay un descalabro económico, arreglar esto no es fácil para los regímenes.

Entonces los regímenes comienzan a apaciguar a sus poblaciones. ¿Cómo? Primero que nada mediante el proteccionismo. Todo el mundo ha comenzado a quejarse del proteccionismo de los otros países. Pero los quejosos lo practican también. Y le sacarán mucho más provecho. Todos los economistas neoliberales nos dicen que el proteccionismo empeora la situación económica general. Tal vez eso sea cierto, pero es bastante irrelevante en lo político cuando hay gente en las calles que quiere empleos ¡ahora!

La segunda forma en que los gobiernos apaciguan cuando hay desasosiego es mediante las medidas de bienestar socialdemócrata. Pero para emprenderlas los gobiernos necesitan dinero. Y los gobiernos obtienen dinero de los impuestos. Todos los economistas neoliberales nos dicen que subir impuestos (de cualquier tipo) durante un descalabro económico torna la situación económico general aún más difícil. Eso puede ser cierto, pero en el corto plazo también eso es irrelevante. La cosa es que en un descalabro, la recepción de impuestos cae. Los gobiernos no pueden lidiar ni siquiera con los gastos actuales, ya no digamos con el pago de gastos mayores. Así que impondrán impuestos de un modo o de otro.

Finalmente, el tercer modo de apaciguar es mediante una saludable dosis de populismo. La brecha real de ingresos entre uno por ciento superior y 20 por ciento inferior dentro de los países y a escala mundial ha crecido enormemente en los últimos 30 años. La brecha se reducirá ahora a la más normal que existía en 1970, que sigue siendo muy grande, pero de algún modo menos escandalosa. Como tal, tenemos gobiernos que hablan ahora de un tope al ingreso para los banqueros, como sucede en Estados Unidos y Francia. O se puede procesar a la gente por corrupción, como en China.

Es un poco como estar en el sendero del tornado. Lo peor puede caerle a los gobierno de repente. Cuando eso ocurra, tendrán apenas unos minutos para refugiarse en sus sótanos. Cuando el tornado haya pasado, y si queda alguien vivo, uno sale a evaluar el daño. Resultará que los daños son muy extensos. Sí, puede uno reconstruir. Pero ahí es donde comienza la verdadera discusión. ¿Cómo puede uno reconstruir, y qué tan justamente uno comparte los beneficios de la reconstrucción?

¿Cuánto tiempo durará el sombrío panorama? Nadie lo sabe ni puede estar seguro, pero probablemente un buen número de años. Entretanto, los gobiernos enfrentan periodos electorales, y los votantes no serán afables con los gobernantes. El proteccionismo y los programas de bienestar socialdemócrata le sirven a los gobiernos del mismo modo que un sótano sirve durante un tornado. La cuasi nacionalización de los bancos es otro modo de refugiarse en los sótanos.

Lo que la gente debe pensar es qué vamos a hacer cuando emerjamos del sótano, cuando sea que esto ocurra, y prepararnos para ello. La pregunta fundamental es cómo vamos a reconstruir. Ésa será la batalla política real. El paisaje será poco familiar. Y toda nuestra retórica anterior será sospechosa. El punto clave que hay que reconocer es que reconstruir nos puede llevar a un mundo mucho mejor, pero también nos puede meter a uno peor. En cualquier caso, será uno muy diferente.

© Immanuel Wallerstein

Traducción: Ramón Vera Herrera

http://www.jornada.unam.mx/2009/02/28/index.php?section=opinion&article=024a1mun